De la incomodidad

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Eduardo Cerdán

 

El mexicano Carlos Fonseca (1983), abogado de formación, acaba de publicar su libro Una ciudad incómoda, editado por el Proyecto Literal. Con este primer título compuesto por ocho relatos, el autor demuestra que tiene una mirada literaria notable, capaz de recoger esos momentos significativos que logran los buenos cuentos. Dentro de la tradición de escritores como el norteamericano Raymond Carver, los personajes de Carlos Fonseca son criaturas desasidas, carentes, que tropiezan con grietas aparentemente superficiales que, sin embargo, guardan problemas hondos e insertos en ambientes ordinarios. Todos los cuentos, incluso el único fantástico del volumen, parten de experiencias cotidianas que poco a poco se trastocan: ya se enrarecen, ya se agudizan. Es así como un mueble, una noche de sexo casual, un perro bailarín o los resultados laboratoriales de un extraño pueden detonar en los personajes grandes obsesiones sobre sí mismos y sobre sus relaciones.

En Una ciudad incómoda se aprecia el pulso de una generación, que Carlos Fonseca supo representar muy bien mediante algunas de sus preocupaciones más importantes, como las nuevas dinámicas familiares, el diálogo constante con la tecnología, la necesidad de hacer justicia por cuenta propia, la presión social que conmina a tomar una postura ante todo lo que ocurre en el mundo –cosa que conduce a varios excesos–, los modernos roles de género y las maneras diferentes de ejercer la masculinidad. Los hombres gozan de un protagonismo especial en el libro porque sus modos de conducirse subvierten los lugares comunes en torno a lo que debe ser un hombre: algo saludable no solo por el mérito estético en la construcción de los personajes, sino también a nivel ético. Asimismo, el humor dentro del libro sirve como otra herramienta para enfocar zonas molestas de una sociedad con la que el lector puede identificarse fácilmente: se trata de un humor amargo que, en vez de mover a la carcajada, logra sonrisas más bien catárticas.

Dueño de recursos narrativos propios de un escritor sólido y maduro, a Carlos Fonseca no le interesan los llamados grandes acontecimientos –que no los grandes temas, porque esos están ahí– y, aunque el título aparente lo contrario, tampoco los espacios específicos. «La ciudad podrá ser incómoda», concede uno de sus agonistas, «pero lo importante son las personas». Es precisamente ahí, en los vínculos interpersonales, donde se posa el interés primordial del libro.

Celebro enormemente a Carlos Fonseca, desde luego, y también al Proyecto Literal por arrojarse a algo que pocas editoriales practican: publicar el primer libro (de cuentos, por si fuera poco) de un escritor que, aunque novel, no balbucea; que, con voz firme y propia, habita el mundo de las palabras.

 

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Eduardo Cerdán (Xalapa, 1995), narrador y ensayista, es profesor adjunto en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de verano en la Fundación para las Letras Mexicanas, ha sido premiado en concursos nacionales de cuento y ha colaborado en publicaciones periódicas como la Revista de la Universidad de MéxicoLa Jornada SemanalConfabulario de El UniversalLetras LibresLiteral, SinEmbargo, Crítica y La Palabra y el Hombre. Ha participado en libros colectivos de cuentos mexicanos y latinoamericanos (UV, BUAP, UAM-X y Ediciones Cal y Arena), así como de ensayos sobre literatura hispánica (Sussex Press). Colabora en el Grupo Planeta México y edita la sección de narrativa en Cuadrivio. Textos suyos se han traducido al inglés y al francés. Twitter: @Eduardo_Cerdan.

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