¿Feminismo después de la orgía? Una respuesta desde México
Las nociones de simulacro y postorgía, formuladas por Jean Baudrillard en 1990, han servido como marco referencial para interpretar una buena cantidad de fenómenos sociales y culturales contemporáneos. ¿Qué tan válidas (o útiles) son esas nociones para analizar el concretísimo, crudo problema de los feminicidios en Ciudad Juárez? Helena López arroja luz sobre esta cuestión desde una perspectiva feminista.
Helena López
Ciudad Juárez. Agosto de 2008. La joven Rubí Frayre Escobedo es asesinada por su pareja Sergio Barraza.
Ciudad Juárez. Abril de 2010. Sergio Barraza es absuelto en primera instancia judicial y puesto en libertad.
Ciudad Juárez. 27 de mayo de 2010. Un tribunal de segunda instancia revoca la sentencia de abril y condena a Sergio Barraza a 50 años de cárcel por el homicidio de Rubí Frayre Escobedo. Hasta la fecha Sergio Barraza se encuentra prófugo de la justicia.
Chihuahua. 16 de diciembre de 2010. Marisela Escobedo Ortiz, madre de Rubí Frayre Escobedo, es asesinada de un disparo delante del Palacio de Gobierno mientras se manifestaba con varios familiares para pedir justicia por la muerte de su hija.
Los asesinatos impunes de estas mujeres son dos casos estremecedores que se suman a las aproximadamente 34,000 víctimas de feminicidio en México en los últimos 25 años (Martínez).[1] Un crimen que la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia tipifica en los siguientes términos:
Es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres.[2]
El feminismo ha formulado una explicación multicausal del feminicidio en México –un fenómeno por otro lado al alza en otros países de Latinoamérica y el mundo– a partir de la identificación y el análisis de elementos simbólicos y materiales.
A la luz de esta caracterización del feminicidio y, emplazada por la petición del equipo editorial de Cuadrivio a propósito de la posibilidad de «encontrar todavía referentes y significados objetivos»,[3] pretendo en las páginas que siguen examinar la siguiente pregunta: ¿En algún sentido es productiva la noción de post-orgía que Baudrillard formuló en 1990 en su La Transparencia del Mal. Ensayo sobre los Fenómenos Extremos?
En su ensayo de 1990 Baudrillard inscribe a las sociedades posmodernas en el orden de la post-orgía. Si la orgía fue, siguiendo su explicación, una suerte de liberación de viejos valores en nombre de aquéllos propuestos por el proyecto moderno –notablemente para los propósitos de este artículo «la liberación de la mujer» (Baudrillard: 9)–, entonces el clima cultural que le sigue puede calificarse de post-orgiástico. El mundo posmoderno respondería a un régimen de la simulación en el que «se ha impuesto la ley de la confusión de los géneros» (Baudrillard: 15) y, consecuentemente, se ha producido una crisis de significación que va de la mano de la cancelación de lo normativo. Si después de la orgía todo significado es inestable –pensemos en los reality shows cuyo formato se basa en revelaciones apoteósicas: el hijo que resulta homosexual, la amante secreta del marido, la hermana gemela desconocida– entonces no habría en principio lugar para la axiología. Ni bueno ni malo, ya que cualquier cosa puede convertirse en otra. Ésta es al menos la interpretación crítica de Baudrillard del mundo después de la orgía:
¿Es posible que todo sistema, todo individuo contenga la pulsión secreta de liberarse de su propia idea, de su propia esencia, para poder proliferar en todos los sentidos, extrapolarse en todas direcciones? Pero las consecuencias de esta disociación sólo pueden ser fatales. Una cosa que pierde su idea es como el hombre que ha perdido su sombra; cae en un delirio en el que se pierde (Baudrillard: 12-13).
Lo que está en juego, al menos para los propósitos de este artículo, es el tipo de herramientas analíticas que sean más adecuadas para entender las relaciones entre mujeres y hombres en México. O más concretamente, me interesa entender si en efecto en el contexto mexicano las prácticas e ideología de género ya no están sujetas al orden de lo real (de lo material si se quiere) porque han sido absorbidas por el orden del simulacro. Merece la pena atender en relación con este punto la tendencia a la universalización de determinados conceptos teóricos. Es muy significativo que La transparencia del mal asuma, casi sin vacilación, que la noción de post-orgía y la imaginación teórica que moviliza tienen una validez de aplicación universal. La producción de un conocimiento eurocéntrico no es desconocida en América Latina y otras regiones del sur. Y su vínculo con la economía y el poder coloniales –tanto en sus modalidades modernas como posmodernas– nos permite hablar de una auténtica colonialidad discursiva. En palabras de Ochy Curiel:
Un proceso de descolonización desde las experiencias situadas de las latinoamericanas y caribeñas supone entonces rescatar diversas propuestas epistemológicas y políticas relocalizando el pensamiento y la acción para anular la universalización, característica fundamental de la modernidad occidental (Curiel: 3).
La discriminación, el abuso y la violencia contra las mujeres en México se producen en determinadas condiciones locales. Si regresamos al caso del feminicidio con el que abrí estas páginas, el paradigma post-orgiástico a duras penas nos sirve para profundizar en un fenómeno tan grave y complejo como éste. Con esto no quiero decir que los medios de comunicación –especialmente en México dominados por el ya conocido duopolio y con el éxito popular de la prensa sensacionalista– no tengan una responsabilidad crucial en la difusión de discursos sexistas que re(producen) una ideología de género cómplice con los mismos crímenes que se reportan. En este sentido desde luego podemos decir que la simulación de lo atroz es una instancia de la realidad. Pero en modo alguno la agota. Por eso cuando Baudrillard continúa su argumentación afirmando que el cuerpo ya no es una metáfora de nada (Baudrillard: 13) se imponen varias preguntas: ¿Para quién? ¿Dónde? ¿En qué espacios geopolíticos del capitalismo? Precisamente con el objetivo de rectificar esta narrativa universalizante Sayak Valencia elabora un vocabulario que busca relocalizar los paisajes del capitalismo:
[…] con capitalismo gore nos referimos al derramamiento de sangre explícito e injustificado (como precio a pagar por el Tercer Mundo que se aferra a seguir las lógicas del capitalismo, cada vez más exigentes), al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con el crimen organizado, el género y los usos predatorios de los cuerpos, todo esto por medio de la violencia más explícita como herramienta de necroempoderamiento (Valencia: 15).
Esta modalidad de capitalismo, que Sayak Valencia denomina gore y que tiene todos los elementos aún de lo orgiástico, niega automáticamente la idea del cuerpo como metáfora. El cuerpo en la lógica gore de las periferias del capital, en México por ejemplo, es un cuerpo atravesado por distintos regímenes de vulnerabilidad: mujeres pobres, hombres pobres, mujeres indígenas, mujeres jóvenes, hombres y mujeres no heterosexuales. Ahora, y muy importante, para la efectiva compulsión agresora contra estos cuerpos precarios se necesita, como ha explicado brillantemente Rita Laura Segato, un entramado de complicidades con características concretas:
[los feminicidios] se entenderían como «crímenes de segundo Estado», pues como «segundo Estado» percibo la red de poder que, sin entrar en contradicción con los diversos gobiernos en turno en el control del aparato del Estado local, estatal y nacional, continúan dominando las estructuras administrativas con sede local. (…) Son crímenes que serían denominados de segundo Estado o crímenes de corporación, en los que prevalece la dimensión expresiva y genocida de la violencia (Segato: 46- 47).
En este contexto de alianzas patriarcales que convocan a distintos actores en lo que Segato llama una hermandad masculina, la apropiación violenta hasta la muerte de una clase de cuerpos y no de otra –la clase de los cuerpos de mujeres a menudo jóvenes y pobres– es una metáfora siniestra. Aquella que confirma un pacto de lealtad homoerótica, a través de la sangre de sus víctimas entre pares (Segato: 41).
Con esta breve reflexión sobre la pertinencia analítica de la noción de post-orgía para una práctica feminista que quiere no sólo entender sino también transformar una cultura que tolera, promueve y justifica la violencia contra las mujeres he querido llamar la atención sobre dos puntos. Uno. El riesgo que podemos correr al adoptar acríticamente nociones metropolitanas que quizás expliquen –o quizás no– con solvencia las realidades desde donde han sido pensadas. Pero que con problemas explican, cuando no imponen análisis filtrados por una mirada eurocéntrica, otras prácticas y fenómenos sociales. Dos. Sin desestimar la espectacularización de nuestra vida social parecería que el solo análisis post-orgiástico diluye la dimensión material que alimenta la simulación. Para el caso del feminicidio en México esta dimensión material involucra unas condiciones económicas e institucionales apenas reguladas que, precisamente por su disfuncionalidad, permiten el intercambio de los cuerpos de muchas mujeres que pierden sus vidas en estos ritos criminales que tienen muy poco de simulacro.
NOTAS
[1] Agradezco a Mariana Berlanga la información.
[2] Disponible en línea en http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV.pdf
[3] En la convocatoria para las colaboradoras invitadas a este número.
REFERENCIAS
Baudrillard, Jean. La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos. Barcelona: Anagrama, 1991.
Curiel, Ochy. «Descolonizando el feminismo: una perspectiva desde América Latina y el Caribe». Ponencia presentada en el Primer Coloquio Latinoamericano sobre Praxis y Pensamiento Feminista. Buenos Aires, junio de 2009. Disponible en línea en http://www.feministas.org/IMG/pdf/Ochy_Curiel.pdf
Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Disponible en línea en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV.pdf
Martínez, Fabiola. «34,000 feminicidios en 25 años revela [sic] que no se atiende el problema: ONU». La Jornada (8 de marzo de 2012). En http://www.jornada.unam.mx/2012/03/08/sociedad/046n2soc
Segato, Rita Laura. «¿Qué es un feminicidio? Notas para un debate emergente». En Belausteguigoitia, Marisa y Melgar, Lucía, eds. Fronteras, violencia, justicia: nuevos discursos. México: PUEG/Unifem, 2008: 35-48.
Valencia, Sayak. Capitalismo gore. Santa Cruz de Tenerife: Melusina, 2010.
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Helena López es doctora en Letras Hispánicas. Ha trabajado en distintas instituciones de educación superior de Francia y el Reino Unido. En la actualidad se desempeña como profesora e investigadora en el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la UNAM. Su último libro de próxima publicación, El clamor de las ruinas. Una interpretación cultural de las narrativas personales de exiliadas españolas en México, fue premiado en agosto de 2011 en la V convocatoria del Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas.












