La melodía de lo raro
Publicado el 02. sep, 2012 por Cuadrivio en Artes, Portafolio
Un análisis de los personajes emblemáticos de Tim Burton y de su incidencia en el cine del género fantástico
La gente se muere por bajar aquí.
Gutknecht en El cadáver de la novia
Cristina Urrutia Aldrete
El alcohol, el deslinde de las consecuencias y la evocación de los placeres son acciones que sólo pueden llevarse a cabo en el límite de la sociedad o falleciendo… al menos eso es lo que Tim Burton nos enseña.
Siendo uno de los directores más controversiales –incubado, sorprendentemente, en Disney–, y uno de los más cotizados en Hollywood, Burton ha logrado romper esquemas dentro del mundo del celuloide reviviendo antiguas técnicas e incorporando nuevas maneras de contar historias.
Desde su infancia demostró en numerosas ocasiones que desentonaba con el perfil de la sociedad americana, pues el consumo excesivo de filmes del género de terror y fantasía le otorgó otra perspectiva del mundo; misma perspectiva que sería muy criticada por las instituciones ya consolidadas en el séptimo arte. Esto cambiaría en el momento en que se le concediera un presupuesto de 60 mil dólares para rodar su primer cortometraje, Vincent, el cual se transformó en un éxito rotundo entre la crítica especializada.
Así nace un cineasta con prestigio «debido a los novedosos planteamientos que proponía en sus películas: personajes extraños y para nada estereotipados, terror con toques sarcásticos y humorísticos»[1], creando así una total revolución en la concepción del género fantástico.
Este análisis tiene como finalidad narrar y demostrar, a través de la exploración de sus más emblemáticos personajes y de la incidencia de éstos en el género fantástico, la ruptura que realizó Tim Burton en el cine, de tal manera que podamos entender el porqué del revuelo de este director en un medio tan difícil como es el del séptimo arte.
Unas cuantas delimitaciones
Para explicar la influencia que ha ejercido Burton sobre el cine fantástico es primordial explicar o tratar de delimitar el tema de lo fantástico.
Son numerosos los autores que tanto en la literatura como en el cine han ahondado en este tema; por ejemplo, tenemos a Harry Beleavan y Tzvetan Todorov, entre otros. Es bien sabido que esta cuestión es muy complicada de tratar debido a que las delimitaciones entre lo fantástico, lo milagroso, lo maravilloso, el terror, son muy difusas; sin embargo este tema no es el que nos incube en este escrito.
El cine de género fantástico se define como aquella «irrupción insólita de lo imaginario en lo real, es el reino del escándalo, de la rasgadura»[2]. Una vez obtenida la delimitación del mencionado tema, proseguiremos ahora al análisis de algunos de los personajes de Burton.
El loco desprestigiado
Tim Burton se ha caracterizado por crear personajes demasiado alejados de los parámetros tanto de Hollywood como de Disney, lo cual los hace tan especiales y entrañables para la audiencia.
Sus protagonistas se distinguen por ser entes incomprendidos, rechazados, algunas veces en su propia tierra, defensores de sus propias causas. Como dice Isabel García «sus “monstruos” son siempre criaturas mal entendidas que buscan formas de amar y ser aceptadas»[3].
Estas constantes las vemos repetidas en las creaciones originales de Burton; es decir, en las historias creadas propiamente por la mente del director y no en aquellas que le fueron impuestas como El planeta de los simios y Alicia en el país de las Maravillas.
Tomemos como muestra a cuatro de los personajes más emblemáticos del director: Beetlejuice, Eduardo manos de tijeras, Jack Skellington y Víctor van Dort.
Comencemos con el primer personaje que haría del cine de Burton algo único e inconfundible: Beetlejuice. Beetlejuice (como película) fue producida en 1988 y la historia llegó a manos del director debido a David Geffen, quien contaba con el guión incompleto de la historia pero que lo concluiría gracias a su alianza con Burton.
La historia trata acerca de un matrimonio recién fallecido que es condenado a deambular como fantasma en su antigua casa, la cual es comprada por una familia un tanto peculiar, pues está conformada por una mujer, Delia Deetz, ejemplo perfecto del snob artístico[4], su marido, un hombre común y corriente de nombre Charles Deetz, y su hija Lidia, quien con sus ropas estilo dark y su creencia en fantasmas y cosas sobrenaturales se aparta totalmente de las costumbres familiares.
Los espíritus de la casa intentan librarse de los nuevos inquilinos, pero les es imposible, pues no son capaces de asustar siquiera a Lidia, quien prácticamente se vuelve su amiga (relaciones que no deberían pasar entre vivos y muertos). Es aquí donde aparece Beetlejuice, un habitante del mundo de los fallecidos que ejerce la profesión de «bioexorcista», es decir, expulsa a los vivos de las casas habitadas por fantasmas.
Con un desaliñado traje a rayas, cabello verde fosforescente y tez nívea, el personaje más que provocarnos terror hace que nos riamos de él y con él de todas sus ocurrencias. En palabras de Marcos Arza, «el producto resultante fue un estrafalario espectro, que sin duda está más próximo a un extravagante y hortera showman de Las Vegas que a un terrible y amenazador ser de ultratumba. »[5]
Ya mencionábamos anteriormente que los personajes de Burton tienden a ser discriminados en una sociedad ajena a la suya, sin embargo, el caso de Beetlejuice es bastante curioso, pues no sólo es rechazado en el mundo de los vivos sino también en el de ultratumba.
Es así que este extravagante personaje se vuelve un marginado de ambos lugares, un espectro que viaja sin rumbo, lo cual deriva en una especie de desarraigo, situación causante de sus singulares acciones y de nuestras largas y profundas risotadas.
Anteriormente, Tim Burton ya había realizado Pee Wee’s Big Adventure, el cual fue un éxito en taquilla pero no le dio la libertad en el mundo tan estereotipado del cine como Beetlejuice.
Vayamos ahora con uno de sus personajes mejor logrados y su película más
aclamada: El joven manos de tijeras (Edward Scissorhands), cinta filmada en 1990, con el papel principal interpretado por quien sería de ahí en adelante su actor protagónico, Johnny Depp.
La historia de Eduardo es triste y conmovedora, el espectador no se puede reprimir aunque sea una lágrima ante la historia bien lograda que refleja nuestra decadente, mediocre y discriminatoria sociedad.
Eduardo es un hombre artificial creado por un científico loco (interpretado por Vincent Price), el cual nunca pudo ver terminada su creación debido a su muerte prematura, lo que trae como consecuencia la condena del personaje a vivir con enormes y filosas tijeras en lugar de manos.
La vida solitaria de Eduardo cambia cuando una vendedora de cosméticos llamada Pegg Boggs, toca el timbre de su enorme y lúgubre castillo. En un principio la mujer se sobresalta al ver a dicho individuo pero finalmente termina aceptando sus diferencias y lo lleva a vivir junto con ella y su familia. Aquí empieza la aventura de nuestro protagonista.
Insertado en un mundo totalmente ajeno al suyo en donde los colores chillones imperan, las sonrisas son falsas y la discriminación está tatuada en la sociedad, Eduardo comienza a ser visto como un fenómeno pero con el paso del tiempo se vuelve admirado por aquellos que susurraban a su espalda gracias a su gran talento para la jardinería y la peluquería. Es claro también que nuestro tierno monstruo hace lo posible por encajar gracias al motor impulsor que representa Kim Boggs (interpretada por Winona Ryder), la cual es hija de su protectora. Es en esta historia donde vemos el mejor ejemplo de la afirmación de Isabel García al decir que «los personajes que se perciben “sobrenaturales” hacen lo posible por adaptarse al que es considerado como un ambiente “normal”»[6].
Sin embargo, las cosas comienzan a ponerse truculentas cuando el prospecto de Kim no ve de buena manera lo que Eduardo está intentando hacer con «su chica». El desenlace de Eduardo es aquel que podemos dar por sentado en una sociedad como la nuestra para una criatura de este tipo: la persecución y finalmente la reclusión en su mundo de origen, pero esto es compensando por Burton al adjudicarle a Eduardo la autoría de las nevadas en la ciudad, una preciosa labor para un freak como él.
De nuevo aparece la constante de los personajes del cineasta, un ser incomprendido, que debe permanecer lejos de la sociedad, al menos de aquella conformada por los «normales»; pero a su vez una fuerte crítica del director hacia la colectividad, pues «Eduardo es un monstruo en apariencia, pero demuestra más humanidad que los propios humanos»[7].
Burton alcanza su objetivo: reflejar los sentimientos de un ser menospreciado y obligado a recluirse para no ser atacado.
Vamos ahora con uno de los personajes que ha causado más controversia pero que también ha entrado a nuestro imaginario colectivo de una manera masiva debido a la parafernalia mercadotécnica que lo rodea: Jack Skellington de El extraño mundo de Jack (The Nightmare Before Christmas).
La mayoría de los amantes al cine recordamos a este simpático esqueleto que retira su cabeza para recitar a Shakespeare y que un buen día tiene la ocurrencia de sustituir a Santa Claus en navidad.
Primero que nada hay que hablar un poco de este personaje tan querido; en primer lugar, Jakc es el rey de Halloween, un pequeño pueblo habitado por las más horrendas y extrañas criaturas que habitan en nuestra imaginación –y, tal vez, debajo de nuestra cama. Y en segundo lugar se distingue por ser un personaje curioso e inteligente.
La trama comienza cuando Jack, harto de su mundo monótono, incursiona en el colorido y brillante universo de la Navidad, el cual le parece fascinante y lo impele a guiar la siguiente celebración.
En este caso se da el mismo fenómeno que con Beetlejuice, pues el esqueleto también comienza a ser tratado de manera diferente dentro de su propio universo; Jack es un «personaje inadaptado a pesar de ser profeta en su tierra»[8], pero debido a su liderazgo las grotescas criaturas deciden acompañarlo en esta ingenua y arriesgada aventura.
A diferencia de los casos anteriores, Jack alcanza a rozar la gloria de penetrar en un contexto ajeno, pues de acuerdo con sus planes logra apropiarse de la navidad pero sus métodos no son los más adecuados: regalos que son del tipo de noche de brujas, esqueletos de renos tirando del carruaje y una figura espectral sustituyendo al bonachón Santa Claus; es evidente que la diversión no dura mucho pues el entusiasta esqueleto es derribado con balas de cañón por la sociedad aterrada, pero la experiencia vivida nadie se la quita y Jack lo menciona en su número musical creado por Danny Elfman:
Pues ¿qué más da?, al menos lo intenté,
Bien o mal, de alguna forma lo logré.
Por un momento ¡sí! al firmamento fui
Y así grandes historias se dirán de mí[9]
Por un instante, sólo uno, Burton nos regala la delicia de observar cómo «su mundo creativo de las tinieblas triunfa sobre la luz, el caos se impone al orden, exaltándose así los cultos paganos por encima de las creencias más conservadoras»[10].
Jack se vuelve un héroe tanto al lograr esa pequeña conquista como al regresar a su lugar de origen no con una enorme ranura en el rostro a manera de sonrisa; aunque lo cierto es que no le queda otra opción, pues «deambula por un mundo coloreado que no llega a comprender. La única solución que se le plantea es el retorno al lugar al que pertenece y eso es lo que hace»[11].
Finalmente llegamos a uno de los últimos personajes creado hasta este
momento por Burton. La historia de Víctor van Dort, el protagonista de El cadáver de la novia (The Corpse Bride), es la de un joven comprometido por la fuerza mediante un arreglo matrimonial entre familias; sin embargo, a diferencia de otras historias, en este caso ambos prometidos se gustan, pero Víctor es incapaz de pronunciar los votos matrimoniales y la boda es pospuesta. Por error, nuestro personaje le pide matrimonio al cuerpo putrefacto de una novia que le lleva al mundo de los muertos, la antítesis del de los vivos en el sentido de que «arriba la gente se preocupa del dinero, de ascender socialmente, de las apariencias; por el contrario, abajo ya no hay que aparentar y el ambiente festivo es la nota dominante de un mundo plagado de las más esperpénticas criaturas que podamos imaginar»[12].
En un principio Víctor está asustado y se siente fuera de lugar; con el paso del tiempo y unos cuantos intentos fallidos por regresar a su vida normal, comienza a tomarle gusto a aquel mundo lleno de diversión y bailes, a lo que se suma el hecho de que Victoria, su prometida mortal, está por casarse con otro hombre, así que acepta convertirse en el esposo de Emily (el cadáver), lo cual trae como consecuencia su inserción en el mundo de los muertos. Esta metamorfosis del pensamiento del personaje sigue el hilo conductor del filme, pero hay que recalcar que «esas criaturas de la noche facilitarán a Víctor una experiencia liberadora que le ayudará a sentirse interesado, que le ayudará a comprender lo lejos que se siente de las sociedad a la que pertenece»[13]. El sentimiento de ser ajeno a ambos mundos desaparece para Víctor, no sin que antes el espectador reciba la seña por parte del cineasta de que el inframundo es mejor, o al menos, más divertido que nuestra realidad. Esto lo vemos cuando la boda entre Emily y Víctor convoca a los rancios cuerpos del nivel superior y, al verlos, la gente sale despavorida por toda la ciudad. Como observa Marcos Arza, «los muertos no comprenden el porqué de ese miedo; ellos están encantados de reencontrarse con sus familiares vivos»[14].
La boda entre la zombi y el sujeto de sangre caliente no llega a concebirse pero la película posee un final feliz en el cual todos salen ganando.
Víctor regresa a su lugar de origen, pero a diferencia de los anteriores personajes, podemos decir que logró una conquista en ambos mundos y por lo tanto termina siendo un hombre totalmente diferente al del inicio de la película, un personaje que logra casarse con la mujer que ama y liberar un alma en pena.
Una pequeña ranura en la realidad
Ahora pasamos al punto en el que el concepto del género fantástico y el análisis de los personajes se unen para demostrar lo que Burton y su alocado mundo han hecho del cine fantástico.
Como ejemplo de la predilección del cineasta por este género a partir del concepto ya dado, podemos ver que en El cadáver de la novia Víctor es arrancado del mundo común y corriente para llegar al mundo subterráneo, el cual cumple con la función de lo imaginario. Es importante recalcar que para que una película sea catalogada en el género de lo fantástico no debe existir ninguna explicación racional del hecho sobrenatural[15].
Como podemos ver, el cine de Burton cumple estas condiciones debido a que en sus películas no da ninguna explicación a los fenómenos extraordinarios que tienen lugar, simplemente pasan.
Ahora bien, la controversia de las historias del cineasta recae, en realidad, en sus personajes monstruosos pues, a diferencia de muchísimos filmes grabados en celuloide a lo largo de la historia del séptimo arte, Burton nos regala la mirada de aquellos freaks incomprendidos de los cuales los personajes estereotipados y aburridos huyen. Por ejemplo tenemos el caso del estreno del Extraño mundo de Jack: «Cuando se estrenó la película buena parte del público se asombró […]; les pareció que había cosas demasiado terroríficas, demasiado horribles. A los niños les encantó, pero a los padres les pareció tremenda. Algo que estaba precisamente en el argumento de la película»[16]. En esta cita el mismo director nos relata su experiencia con esta destrucción de esquemas que realiza, pues mientras la audiencia estaba acostumbrada a ver películas en donde los monstruos (entiéndanse estos personajes no sólo como aquellos seres deformes sino como todos aquellos «que infringen las leyes de la normalidad»[17], llámese moral o física) son los malos y de los que hay que huir; en cambio Tim Burton muestra que la gente normal es la que realmente llega a ser cruel.
De esta manera Beetlejuice, Eduardo manos de tijeras, Jack Skellington y Víctor van Dort, son sólo algunos de los personajes que dan un giro de tuerca al cine del género fantástico al relatar la historia desde su perspectiva y demostrar que los temidos deberían ser los «normales».
La transgresión de la estructura y una versátil imaginación han convertido en Tim Burton uno de los directores más reconocidos a nivel mundial. Dichos elementos se ven reflejados en los excelentes personajes que labra con pulcritud y dedicación, en sus historias anormales e incoherentes que causan tal fascinación que son inconfundibles e incluso algunas veces el público le adjudica otros filmes, como fueron los casos de Coraline y la puerta secreta y 9.
Con una fuerte crítica hacia la humanidad –pues en sus películas no intenta otra cosa que recalcar el lado perverso de nuestra sociedad– Burton se quedará en los anales de las historias fílmicas gracias a Jack, Eduardo, Víctor, Beetlejuice (y algunos más que no fueron tratados en este escrito), y por la manera en que estos personajes nos muestran que «lo oscuro, lo macabro o lo diferente no tiene necesariamente que ser malo. De esta manera podemos recordar, también, con una pequeña risa demoniaca al estilo Skellington, que la imaginación puede cobrar vida.
NOTAS
[1] Marcos Arza, Marcos, Tim Burton, Madrid, Cátedra, 2010, p. 47.
[2] Solaz Frasquet, Lucía, Tim Burton y la construcción del universo fantástico, Valencia, Univeristat de Valencia, 2003, p. 198.
[3] García, Isabel, Tim Burton, el universo insólito, Valencia, Midnos Editorial, S.L., 1998, p.23.
[4] Marcos Arza, Marcos, op. cit., 2010, p.100.
[5] Ibíd., p. 104.
[6] García, Isabel, op. cit., 1998, p.17.
[7] Marcos Arza, Marcos, op. cit., 2010, p. 143.
[8] David G. Panadero y Miguel A. Parra, op. cit., 2008, p.193.
[9] Well, what the heck, I went and did my best / And, by god, I really tasted something swell / And for a moment, why, I even touched the sky / And at least I left some stories they can tell, I did.
[10] Panadero, David G. y Parra, Miguel A., op. cit., 2008, p. 197.
[11] García, Isabel, op. cit., 1998, p. 11.
[12] Marcos Arza, Marcos, op. cit., 2010, p. 295.
[13] Panadero, David G. y Parra, Miguel A., op. cit., 2008, p. 205.
[14] Marcos Arza, Marcos op. cit., 2010, p. 287.
[15] Ibíd., p.199.
[16] Tim Burton en Salisbury, Mark (edit.), Tim Burton por Tim Burton, Barcelona, Alba, 1995, p. 199.
[17] Solaz Frasquet, Lucía, op. cit., p.252.
_____________
Cristina Urrutia Aldrete (México, 1991) Gusta de los sobrenatural, del terror, horror y lo fantástico, básicamente todo lo que pueda provocarle un escalofrío escurrido por la espalda. Twitter: @harley_lilith.








Deja un comentario