Poemas de Conor O’Reilly

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Conor O’Reilly

 

En una tormenta de nieve cinco días antes de navidad

 

La manecilla grande llegó a las doce

mientras la pequeña decidió asentarse sobre las nueve;

el sol apenas había salido y la nieve primero

cayó con el resonar de las campanas.

Vino del oeste –no por donde dijo el meteorólogo–

sin un orden aparente y seguida de un

diluvio tumultuoso: las calles

congeladas, ahora endurecidas y compactas,

nos dejaron adentro (por lo tanto fuera)

del mundo a cinco minutos de distancia.

Los esqueletos de los rosales

se mantenían como índices de profundidad,

mientras el jardín parecía vaciarse

de todo lo que quedaba más allá.

El paisaje se había convertido en una pantalla

desentonada y hasta los cuervos

encontraron un lugar para pasar la tormenta.

 

Querido amigo, escribí al día siguiente,

puede que pasen días enteros antes de que esto

se aclare, o podría terminar hacia el mediodía;

el hielo aún se aferra a los coches,

el humo ni siquiera ha llegado

a lo alto de las chimeneas,

el sol del segundo día más corto

aún logra esconderse un momento

debajo de las nubes pesadas

pero no llegará más alto

ni calentará algún rostro esta mañana;

pero al iluminar develará

una multiplicidad de prismas en la nieve

indiscriminada que se desploma se tuerce,

asciende y cae, y así es

para todo: copos de nieve, hojas de otoño,

flores de cerezo, la riqueza, la salud de una nación,

el futuro y el producto de nuestros pecados.

 

El destino determinado por su constitución y lo que el viento trae.

 

 

Las manos que mecen las cunas

 

Las manos humanas dan vida,

calor a la helada pluma,

giran las perillas de puertas cerradas,

ayudan a levantar lo caído.

 

Las manos humanas quitan vida,

congelan lo que alguna vez fue cálido,

talan altos árboles de ramas robustas

para hacer prisiones con la madera descuartizada.

 

Las manos humanas se quedan en los bolsillos

jugando con el cambio,

se quedan a los costados cuando se necesitan alzadas

para golpear nubes en lugar de rascar muslos.

 

Las manos humanas son todas iguales,

encarnadas por cuatro dedos y un pulgar,

veloces escriben las reglas y las vidas

y aun así se acobardan ante el frío del día.

 

 

Traducción de Sergio Contla

 

 

Y ella partió

 

Y en sus lágrimas cuando salió del cuarto

con el azotar la puerta,

un último sollozo o suspiro

siguió su partida; «¿Acaso soy así?»

me había gritado por las razones

que las que se sintió obligada a partir.

 

Uno se sentó y el otro permaneció en el cuarto sin música;

uno esperando una respuesta a las palabras

desplegadas frente al otro, incluso

los grillos de afuera permanecieron

en una ansiedad callada pero menos dolorosa.

Los alientos de ambos no lograron ni siquiera un

susurro salvo por la exhalación ocasional,

y con suerte un resoplido disgustado

por no ofrecer más que tres palabras:

respuestas traducibles a un millón de lenguas

con sus respectivos dialectos,

pero exentas de los ánimos enardecidos,

la simplicidad, la emoción;

una raíz compleja que crece hacia lo profundo

del subsuelo –su subsuelo– y sobre

la tierra, hojas que no conversan.

 

Tartamudeé unas palabras,

«no me gusta cuando callas».

Una vez toqué la mano de un moribundo,

en mis manos un pájaro se retorció por última vez;

de no ser por los ojos que me miraban

mi puño no podría aferrarse mucho tiempo

sin el soporte de la gravedad

que insiste que hay un núcleo

que los músculos de los dedos

serían incapaces de agarrar.

 

 

 

 

Traducción conjunta de Hipatia Argüero, Sergio Contla, Zeidy Canales y Ana Laura Magis Weinberg

 

____________

Conor O’ Reilly es producto de la turbulenta década irlandesa de los 80. Originario de County Meath, ahora vive en Yongin, Corea del Sur, donde imparte inglés en la universidad de Kyunghee. Ha sido miembro activo por varios años de la comunidad creativa en Seúl. Ve sus poemas como una reflexión de sus propias experiencias e impresiones de haber vivido en y fuera de Irlanda.

 

Hipatia Argüero Mendoza (Ciudad de México, 1988) estudió Letras Inglesas en la UNAM. Es traductora y lectora por placer, aunque también por obligación. Le gustan los gatos y en general se la pasa bien. Busca fiesta. Si tienen fiesta avisen.

 

Zeidy Zady Canales Violante (Ciudad de México, 1988) es egresada de la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas. Su pasión por el amarillismo y la pornografía la llevó a interesarse en la literatura jacobina y el absurdismo, los cuales satisfacen su morbosidad con caché. Se dedica a la traducción y a horrorizar estudiantes de preparatoria con sus pecaminosos gustos literarios.

 

Sergio Contla Guerrero (Ciudad de México, 1984) ha vivido, vive y vivirá en la incertidumbre afectiva producida por su afición a la música y la literatura. Es egresado de la Escuela Superior de Música del INBA en guitarra clásica y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en Letras inglesas. Participa en un proyecto de investigación sobre estudios culturales estadounidenses en el CISAN-UNAM.

 

Ana Laura Magis Weinberg (Ciudad de México, 1988) estudia Letras Inglesas en la UNAM con afán de terminar lo antes posible. Es lectora profesional, traductora de hobby, y en sus ratos libres quisiera ser escritora.

 

 

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

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