Poemas de Alan Garvey
La Muerte viene a ti
La Muerte viene a ti con ojos abiertos,
brillantes y sin parpadear como los de tu enamorado
en los momentos de unión más profundos.
La Muerte está lista para hacerte la pregunta
para la cual sólo hay una respuesta
mientras te arropa un muro de contención,
acurrucas bajo un edredón o te arrodillas para rezar.
A la Muerte no le importa lo que te rodea:
peluches o alta fidelidad, sillones o una silla de bambú;
si tuviste tiempo de ir al baño
o no, y traes ropa interior limpia;
si cumpliste las promesas
que hiciste o si aún tienes algo más que decir.
La Muerte te toma como estés.
A la Muerte no le preocupa tu jardín
ni la carta que se quedó sin escribir;
si estás embarazada,
eres el único a cargo de un bebé
o si vas camino a casa para estar con tu familia,
atorado en el tráfico, sofocándote en un coche.
La Muerte no piensa en el futuro.
La Muerte no calcula con tanta anticipación.
La Muerte ha estado esperando este momento…
a que un interruptor se prenda al mismo tiempo que el gas,
a que tomes una curva en la noche
cuando la luz fría de una estrella perfora la obscuridad.
La Muerte está donde quiera que tú estés.
A la Muerte no le importan tus cicatrices
ni las palabras que se perdieron en tus labios
ni con quién estás.
La Muerte ha estado esperando esto
y no va a parpadear ni a retroceder.
La Muerte es a la que has esperado conocer
toda la vida, aquélla a quién no le importa lo que eres.
Algo que hacer
siguiendo a Stephen Dobyns
El perro a sus pies mira la puerta
del patio que deja respirar a la cocina
Nada, parece, podría hacerlo
salir, ni siquiera los gritos de niños lejanos,
un camión de bomberos de plástico sobre el cual
levantar la pata o un tráiler puesto de lado.
Ni siquiera una pista de algo que hacer
que para él pudiera valer la pena.
El plato medio lleno atrae a las moscas
quienes, al menos, tienen que esforzarse para comer
sin el lujo de la puerta del
refrigerador que regurgita al abrirse.
El perro somnambuela de vuelta al interior
de la sala y al sofá de ésta
mientras el hombre mira lo que queda
de su almuerzo: migajas en el plato,
grasa de hamburguesa coagulándose en un charco
que si fuera lo bastante grande podría reflejar su cara
y un frasco de pepinillos lo hacer desear
otro, de un metro ochenta, de formaldehído
con suficiente espacio para sentarse o poderse acurrucar.
Los días no pueden desafilar
siguiendo a Miklós Radnóti
Mi buen amigo se levantó y por eso le dispararon otra vez
por estar de impertinente (vivo y moviéndose).
El SS en su silla de montar jala las riendas
del caballo, el cielo se obscurece, un lastimero
reflejo de la escena a sus pies: un juicio
donde la verdad y la justicia están más allá de la prueba.
Caminamos, ¡no¡ cojeamos y tropezamos milla tras milla,
mientras los perros le ladran a las sombras en la distancia.
Pienso en las páginas que archivan;
con quién y dónde vivo. Pistones grasientos
pasan cada hora por nuestro hogar: los faroles vigilan la calle.
Los fólderes manila hacen su mejor esfuerzo por escuchar
las palabras que exhalamos, acercándose al latir del corazón
adentro uno del otro… aunque lejanos, recordamos
caminos que recorrimos juntos, comida frita para compartir
en un solo plato en los mercados navideños. Aunque inutilicen
mi carne separándola de los huesos, esta sacudida
pertenece (y siempre lo hará) a ti, esposa mía. Los días
de noviembre no pueden desafilar esta hoja, ni ninguna marcha forzada
a través del viento helado y de la lluvia. Por favor, no llores
si no regreso, y si construyen una iglesia
de odio: Mi honor es lealtad, sus dagas mienten
pero yo permanezco fiel a que aunque lleguen nuestra muertes
este maravilloso mundo doliente continúa: la obra aún viva permanece.
Traducción de Zeidy Canales
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Alan Garvey (Dublin, 1975) tiene un M.A. en creación literaria. Su trabajo ha sido publicado en varias revistas, entre ellas Crannóg, The Raintown Review, The SHop y The Stinging Gly. Fue incluido en la antología poética de Canadá e Irlanda, The Echoing Years. Su tercer poemario, Terror Háza, fue publicado en el 2009.
Zeidy Zady Canales Violante (Ciudad de México, 1988) es egresada de la carrera de Lengua y Literaturas Modernas Inglesas. Su pasión por el amarillismo y la pornografía la llevó a interesarse en la literatura jacobina y el absurdismo, los cuales satisfacen su morbosidad con caché. Se dedica a la traducción y a horrorizar estudiantes de preparatoria con sus pecaminosos gustos literarios.













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