The Legend of Zelda: una leyenda de leyendas

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The Legend of Zelda está habitado por personajes y escenarios que abrevan de las más diversas fuentes mitológicas. En este texto, Cristina Urrutia expone algunas de ellas y analiza una de las claves del éxito de este popular juego de Nintendo.

 

Cristina Urrutia Aldrete

 

 

Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka dieron justo en el clavo cuando crearon The legend of Zelda en 1986, pues, con el paso de los años, se ha transformado en una de las sagas más populares de videojuegos.

Su fama reside, en primer lugar, en que el juego se basa muchísimo en la lógica, y, en segundo lugar, en que sus autores lo han ido renovando de acuerdo con la consola de moda y con las nuevas generaciones de jugadores. Es por eso mismo que esta saga cuenta con una modesta cantidad de 14 títulos, publicados lo largo de 24 años, una reconocida trayectoria virtual que sólo es comparable con los juegos de Mario Bros, pero que en realidad muy pocos videojuegos han logrado.

El personaje principal de esta obra es Link, un chico que vive en un pueblo generalmente pacífico y, por algún azar del destino, termina siendo el héroe legendario que resuelve los problemas que azotan al reino de Hyrule. ¡Qué monótono suena! Si es así, entonces, ¿qué es lo que ha hecho que The Legend of Zelda haya perdurado al paso de los años? Es muy simple: se trata de las distintas influencias mitológicas que tanto Miyamoto como Tezuka han incorporado al juego. Eso es lo que hace que cada juego sea diferente y, por tanto, entretenido.

En el juego se hace uso de mitologías provenientes de distintas culturas, pero es aquí donde hacen una combinación perfecta; me permitiré tratar de demostrarlo analizando sólo algunos elementos importantes de su más reciente entrega: The Legend of Zelda:  Twilight princess.

 

Iniciaré con la problemática esencial de la obra: la invasión del mundo del Twilight al mundo de la luz; esto es llevado a cabo por Zant, considerado el rey de la oscuridad. La traducción de Twilight al español es crepúsculo, y esta palabra, traducida al nórdico, es Ragnarök, que no sólo se refiere a un fenómeno astronómico, sino que además simboliza el Crepúsculo de los dioses. Este término designa el fin del mundo para las culturas antiguas pertenecientes a los Países Bajos. La leyenda relata la batalla final entre la dualidad mal-bien, en la que predomina el mal, por primera vez. En Hyrule, los cuatro espíritus de la luz que rigen el mundo, Ordona, Faron, Eldin y Lanayru, son debilitados por la oscuridad; esto se relaciona con el Ragnarök, pues en este suceso el sol es devorado por Fenrir o Fenris, sumiendo al mundo en las tinieblas, y, también, la mayoría de los dioses son brutalmente asesinados. El único cambio que hay entre esta leyenda y el videojuego es que en éste último los dioses o espíritus de la luz se encuentran en un estado de pulsación de vida, es decir, no están del todo muertos.

Estos cuatro espíritus de la luz aparecen en forma de diferentes animales con un simbolismo totémico: Ordona es un venado; Faron, un lémur; Eldin, un búho y, finalmente, Lanayru, una serpiente. Me concentraré en el análisis de éste último. Si bien sabemos que en la cultura judeo-cristiana la serpiente está estrechamente asociada con el mal, en Mesoamérica esto no ocurría así; al contrario, este animal poseía una connotación divina, e incluso era uno de sus dioses principales: Quetzalcóatl, nombre que se traduce como serpiente emplumada. Los mexicas crearon a este dios a partir de un elemento fundamental para nuestra supervivencia, el agua, siendo así, en definición, un «espíritu de las aguas que avanza en la sinuosidad de los ríos»[1], arrastrándose como una serpiente.

Una situación que vale la pena resaltar es que el simbolismo de este animal no se limita a ser la representación de una sola deidad. Durante el videojuego, Link tiene que viajar a Gerudo Desert para encontrar el espejo de Twilight. Un poco antes del final de este templo nos encontramos con un gran monumento de una mujer rodeada en espiral por serpientes. Desde la mitología mesopotámica, la mujer y la serpiente tenían una fortísima conexión, pues ambas representan la fertilidad, cualidad que también posee Coatlicue, falda de serpientes; sin embargo, esta diosa no sólo representa la vida, sino que también está «relacionada […] al constante movimiento de la vida, decadencia y muerte, cambio de piel o de forma y follaje, movimiento sinuoso de lo que repta y se transforma»[2].

Otro  elemento importantísimo en el juego, y se trata del ya mencionado con anterioridad espejo del Twilight. Los espejos suelen ser como portales hacia otro mundo o dimensión; sin embargo, en la antigua Tenochtitlán existe un personaje que encarna este elemento: Tezcatlipoca. A este dios se le representa sin un pie, que es sustituido por un espejo de obsidiana; se le considera la deidad del engaño y la ilusión, debido a que está relacionado con la rotación del día y la noche, y los mexicas no sabían (¿quién lo sabe ahora?) en qué punto se acababa la realidad de un día y en cuál empezaba la ilusión; creían, en pocas palabras, que el movimiento de los astros era un espejismo; esta misma percepción se tiene en en el juego cuando Link viaja a Snowpeak Temple y se encuentra con que Yeta (femenino de Yeti, habitante de este lugar) está poseída por el espejo, pues le muestra cosas que son irreales.

Importante es, por supuesto, hablar acerca de la base de esta saga; estoy hablando de la Trifuerza. Se trata de tres cualidades que los dioses designan a tres elegidos; estas cualidades son: Fuerza, Coraje y Sabiduría; los elegidos se pueden distinguir por tener una marca en la piel en forma de triángulo. Link siempre es poseedor del Coraje, Zelda de la Sabiduría y Ganondorf de la Fuerza, cosa curiosa con la que podemos constatar que hasta los mismísimo dioses se equivocan, pues este último personaje es la concepción más elevada de maldad que existe dentro de este mundo virtual.

Sería ingenuo decir que esta tríada tiene sólo una vertiente mitológica, pues es un elemento que se repite en varias culturas; por ejemplo, en la cultura judeocristiana encontramos al Padre, Hijo y Espíritu Santo; con los nórdicos los principales dioses son tres: Odín, Thor y Balder; en la mitología Hindú tenemos a Brahma, Shiva y Visnú, y en la religión griega, a los tres grandes regidores del mundo: Zeus, Poseidón y Hades. El número tres ha sido un número cabalístico en muchas culturas.

En cada una de las múltiples aventuras a las que Link ha sido destinado, de alguna manera se adquiere un item especial; por ejemplo, en The Wind Waker, se consigue una especie de vara que le permite mover el viento a su gusto; en Ocarina of time –el título es más que obvio– posee una ocarina; sin embargo, en The Twilight Princess, no hay un elemento en sí: se trata más bien de una transformación, pues sobre el héroe cae una maldición que lo convierte en lobo cada vez que se encuentra en territorio invadido por el Twilight; lo curioso es que es esta misma mutación la que permite a los personajes importantes de Hyrule reconocer al elegido por los dioses, como es el caso de Zelda y Zant. El lobo en la mitología, la mayoría de las veces, posee una connotación maligna, pero hay algunas culturas que los consideran criaturas de buen augurio. Una de éstas puede ser la ya aludida cultura clásica, la cual asociaba la figura de esta bestia con el dios Apolo o Febo; además, estas criaturas pueden ser vistas en la oscuridad, por tanto son un «símbolo de luz»[3]. En la antigua China y en los pueblos mongoles este animal estaba asociado a los cuerpos celestes, de tal suerte que se le atribuía una estrella llamada Sirius[4]. Y por supuesto no podemos olvidar el mito fundacional de Roma, relato en el cual se narra la crianza de Rómulo y Remo por una loba, cosa que hace a esta criatura un símbolo importantísimo para el Imperio.

Durante su viaje, Link conocerá a mucha gente y luchará contra muchos seres repugnantes, pero existe un personaje que aparece a lo largo de la historia dos veces, una especie de duende que custodia el bosque de Faron. Nuestro protagonista se enfrenta a él dos veces: la primera, para encontrar la legítima espada del héroe de Hyrule, y la segunda, para encontrar el Templo del Tiempo. Este coqueto duende tiene la habilidad de hacer sonar una trompeta, y con las vibraciones puede controlar títeres hechos de madera; además, tiene en su poder una linterna, objeto que permite hallarlo fácilmente.

Este ser menudo surge de la combinación de dos criaturas existentes en la mitología nórdica: el duende y el gnomo, seres pequeños que gustan de la música y del baile, además de que ayudan a los humanos, pero suelen vivir en el hogar de éstos; por esta razón también le atribuyo a este personaje una naturaleza gnomezca, ya que estos seres viven en un medio natural, generalmente en los bosques[5].

A poco de terminar el juego, Link se encuentra con la problemática de que tendrá que viajar al cielo, literalmente hablando. Se dice que sólo aquél que posea conexión con los dioses podrá llegar (lo irónico aquí es que sólo se necesita dinero y un item llamado Dominion Road); lo remarcable aquí es el vínculo elegido-paraíso, puesto que es una constante que se da en otros casos, como con el profeta Jesús de Nazaret, ya que este señor tenía su puesto asegurado allá en las alturas incluso antes de nacer. Otro ejemplo son los guerreros que mueren en batalla y que llegan junto a Odín al glorioso Valhalla, lugar lleno de comida, bebida y mujeres, pero sólo accedes a este lugar demostrando  valentía en el campo de batalla; evidentemente no era fácil entrar. Lo mismo pasa con los griegos: los héroes se esmeran en obtener el reconocimiento de los dioses, pues con la anuencia de los supernos, los héroes pueden, al morir, aspirar a un sitio en el panteón olímpico.

Otra criatura mítica que hace su hermosa aparición de una manera muy sutil, es el hada. Estos seres pertenecen a la mitología céltica y nórdica; sin embargo, la palabra hada deriva la palabra griega hades, que quiere decir destino. No pretendo rastrear cuál fue la cultura creadora de estos seres, pues están presentes en casi toda Europa y la concepción de esta gente menuda cambia conforme a la región, así que, para evitar confusiones, se puede concluir que todas las culturas coinciden en algo: «descienden [sc. las hadas] directamente de los espíritus primitivos del planeta»[6].

Finalmente, hay que hablar de Ganondorf: sí, el villano que siempre está buscando el poder. Aparece en todos los juegos de Zelda; sin embargo, lo interesante es la mutabilidad que posee el oscuro personaje; lo explico: durante la batalla final sufre varias mutaciones, recordándonos a dos personajes mitológicos: el primero es Loki, dios de la mitología nórdica que era despreciado por ser tramposo y astuto. Una de las principales características de este personaje es convertirse en cualquier cosa que le venga a la mente, cualidad que se le adjudicaría también a nuestro segundo personaje, Satanás. Ambos, mutables y malvados por naturaleza, llevarán al mundo a su destrucción. No es de sorprenderse que Ganondorf tenga comportamientos similares.

Ahora bien, dentro de las transformaciones que este elegido por los dioses puede lograr, se encuentra su mutación en un bestia gigante mezcla de lobo y jabalí, cuyo nombre es Ganon. Esta fiera nos recuerda a Cerbero, perro protector de la entrada al Inframundo en la Grecia antigua, y también a Fenrir o Fenris, lobo gigante de la mitología nórdica, que será el devorador del sol y el responsable de la muerte de Odín durante el Ragnarök. Es gracias a la combinación de estos dos monstruos que surge Ganon, The beast of Twilight .

El viaje de Link no es diferente al de la multiplicidad de héroes que existen dentro de las mitologías; se trata de un viaje a un infierno «claramente iniciático, que comprende claramente la travesía de un río, de un puente y diversos obstáculos»[7], del cual sale vivo y, además, con una experiencia de auto comprensión y sabiduría.

Como mencioné al inicio de este texto: The Legend of Zelda se ha caracterizado por tener gran público, y este éxito reside en los obstáculos, aunque al final, los niveles son terminados más con maña que con fuerza.

 

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Cristina Urrutia Aldrete es estudiante de cuarto semestre en la licenciatura de Estudios y gestión de la cultura, pertenece al Consejo editorial de Cuadrivio. Tiene una vida demasiado voluble, a tal grado que cambia por cada día que pasa.

 

 

NOTAS


[1] Adela Fernández, Dioses prehispánicos de México, Panorama, México, 1992, p. 68

[2] íbid, P. 109

[3] Jean Chevalier, Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Herder, España, 6ª edición, 1999, p. 652

[4] íbíd, p. 653

[5]Mario Meunier , Mitología Nórdica, Libros de la esfinge, Argentina, 2006, p. 76

[6] Roberto Rosaspini Reynolds, El mágico mundo de las hadas, Continente, Argentina, 2006,  p. 4

[7] Georges Minois, Historia de los infiernos, Paidós Contextos, España, 1994, p. 38

 

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

2 comentarios

  1. Gablot ier Van

    marzo 19, 2015 at 9:04 am

    Una segunda precisión a la leyenda de la trifuerza que ya hizo Nat. No es que la trifueza se separe cada que entra alguien al reino sagrado (Sacred Realm) sino que, como explica Rauru en Ocarina of Time, si alguien que no es de corazón puro (o digno de poseer la trifuerza) entra en el reino sagrado, ésta se separa en tres partes.

  2. Nat

    abril 5, 2011 at 3:58 am

    La precisión que quiero hacer (a riesgo de parecer muy ñoña/nerd/geek) es sobre la leyenda de la Trifuerza que, como saben, es permanente en cada uno de los títulos. Se supone que cuando alguien entra al Reino Sagrado la Trifuerza se separa en tres partes (sabiduría, valor y poder) y cada parte busca a la persona que posea mayor virtud, en la mayoría de las historias son Zelda, Link y Ganon respectivamente los poseedores de esas virtudes, entonces, no es que las diosas se hayan equivocado con Ganon, si no más bien que ésta es la persona más virtuosa que ha encontrado el triángulo del poder. Esto es importante porque habla de la dualidad en la filosofía oriental en donde no se condena al lado negativo, oscuro, obsceno, etc. del mundo (como las energías del Yang) más bien se ve como parte de la totalidad del universo, por lo que las maldades de Ganon y sus intentos por hacerse del poder radican en que es únicamente virtuoso en el triángulo dorado del poder. Hago esta precisión porque existen diversos cuentos japoneses antiguos que hablan sobre las virtudes del poder y sus fracasos por la falta de equilibrio entre las energías del Ying y el Yang.

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