Luis Guillermo Hernández, un ejemplo a seguir

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Lucia Gisel Rojas entrevista a uno de los periodistas más importantes de la ciudad de México sobre su carrera y su visión del periodismo mexicano actual.

 

 

Lucia Gisel Rojas Licea

 

Luis Guillermo Hernández es un periodista de la Ciudad de México, ganador de diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo en 2006 en la categoría de entrevista con «Los niños de la furia» y el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez en 2011 en prensa escrita con «La vida después de San Fernando».

Ha trabajado en radio para W Radio y Monitor, y en televisión para Televisa. Su trabajo periodístico ha sido publicado en diversos medios mexicanos, como los diarios El Universal, Reforma, El Independiente, El Centro y Diario Monitor. Ha colaborado con distintos portales digitales y realizado textos que han sido difundidos por revistas latinoamericanas como Expansión, SoHo, Quo, Día Siete y Domingo y otros que se incluyen en las antologías Generación ¡Bang! Los nuevos cronistas del narco en México, Entre las cenizas. Historias de vida en tiempos de muerte y 172 migrantes.

Desempeña su labor realizando notas, entrevistas, reportajes y crónicas en distintos periódicos; actualmente pública su trabajo en la revista Emeequis. En 2015 cumple 21 años ejerciendo su trabajo como periodista. «Cuando tú nacías yo comenzaba a utilizar mi grabadora como una extensión de mis oídos. He trabajado en todas las plataformas y creo, sinceramente, que me siento en el mejor momento de mi carrera», dice en entrevista.

—¿Por qué eligió la carrera de periodismo?

—Siempre me gustó leer. Fui un muchacho de bibliotecas, quizá por mi nula destreza para los deportes. En mi casa había muchos libros del holocausto judío, de la Segunda Guerra Mundial, que es un tema que le gustaba a mi mamá. Un día, como a los 16 años, llegó a mis manos un libro: La historia de Miguel Litín, Clandestino en Chile. Ese libro me cambió la vida en muchos sentidos.

—¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?

—Comencé a tropezones, como todos. Toqué puertas que se abrieron a medias. Trabajé un año en el periódico El Nacional, en el cual no recibí salario. Cuando se me ocurrió pedir un sueldo, me corrieron. Así entendí dos cosas: 1) Que el periodismo gobiernista no es lo mío, 2) Que en periodismo la dignidad y la entereza son valores fundamentales que te deben acompañar siempre.

—¿Por qué decidió crear el blog El oficio del reportero para publicar sobre diversos temas?

—Como soy freelance desde 2007, decidí crear un sitio para compilar mi trabajo disperso en distintos medios. En realidad, ese blog se convirtió en mi libreta de anotaciones. Con el tiempo, cuando algunos de los trabajos han alcanzado mayor repercusión, se convirtió también en mi oficina virtual: ahí recibo retroalimentación de la gente, sugerencias de temas, incluso tips o denuncias que luego convierto en historias. Es un gran instrumento.

—¿Cómo fue para usted colaborar con algunos de los mejores periodistas de México como Raymundo Riva Palacio, Miguel Castillo, Roberto Zamarripa, Marta Anaya?

—Aprendí de cada uno de ellos. En su momento pude conocer los aspectos del periodismo que me hacen ser quien soy. De Raymundo aprendí el valor de la investigación profunda, minuciosa, en el periodismo diario. De Miguel la destreza para retar al poder, confrontarlo con investigación, la libertad más absoluta que he conocido en el periodismo. De Roberto entendí que los géneros requieren destrezas y compromisos particulares. A Martha le debo mucho de la destreza de cronista que he podido aprender. Es una maestra del género y le debo mucho.

—¿Cuál ha sido su mejor experiencia al ejercer esta carrera?

—La posibilidad de que la gente me regale su tiempo para conocer su punto de vista, aspectos de su vida, testimonios. Creo firmemente que ése es el mejor regalo de un periodista: conocer a la gente, de todos tipos, y permitirte acercarte a sus vidas.

—¿Cómo ha repercutido ser periodista en su vida privada?

—Uno se convierte en periodista de todos los días y todas las horas. No es exageración, es una condición. Ir por la ciudad y ver una injusticia, encontrarte a un «famoso» en un aeropuerto, hallar un documento en una oficina, escuchar un «chisme» de alguien que trabaja en el gobierno, se convierten en hallazgos casuales que tú guardas, en tu bolsillo, para usarlos «cuando estés trabajando».

 

La entrevista y el reconocimiento

—¿Qué concepción tiene de la entrevista?

—Para mí la entrevista es el género «madre» del periodismo. Creo que es el principal instrumento de trabajo del periodista: la posibilidad de dialogar con el otro y entender (o no) sus razones. En una entrevista, el periodista pone en juego su capacidad de obtener información, empatía, sus propios prejuicios y los conceptos que tiene sobre los temas que indaga. Es un intercambio verbal maravilloso: la oportunidad de acercarnos al pensamiento del otro.

—¿Cómo aplica la entrevista en su trabajo?

—Para realizarla, se debe estar preparado. Incluso tratándose de un encuentro casual, el periodista debe contar con un contexto básico para interrogar, para inquirir, cuestionar y extraer del otro el mayor «jugo» informativo posible. Por ello es importante leer y estar perfectamente informado de todas las cuestiones posibles: el periodista de hoy ya no se puede dar el lujo de especializarse en sólo un área. Debes leer de todo, conocer de todo y estar «a las vivas» para el momento que ocurra. Con las entrevistas pactadas el trabajo previo es aún más minucioso, porque entonces tienes la obligación de documentarte a fondo, profusamente, de modo tal que al llegar a la entrevista conozcas todas las aristas de la persona a quien vas a entrevistar. Eso te permite desarrollar un diálogo pleno, abundante, rico en información.

«Los niños de la furia» es un texto conformado por un conjunto de diálogos con niños recluidos en un Centro de Atención para menores infractores, muestra la personalidad de los entrevistados, sus condiciones de vida y cómo llegaron hasta ese lugar. Está redactada en el argot de los entrevistados, su habla es muy repetitiva y limitada, producto de falta de educación por el maltrato que vivieron y algún efecto de las drogas que consumían. Fue publicada originalmente en tres números del Diario Monitor, sección El País, en enero de 2006.

—¿Cómo fueron las entrevistas para los «Los niños de la furia»?

—Intenté reflejar sus realidades profundas, más allá de la declaración. Me marcaron la vida y la carrera.

—¿Utiliza alguna metodología?

—No. Más bien, cuando gané el premio, entendí que debía comprometerme con mi profesión y con mi tarea, es decir, crear metodologías de trabajo, crear mecanismos de formación, buscar la profesionalización y el perfeccionamiento.

—¿Qué sintió al haber ganado el Premio Nacional de Periodismo por la entrevista de «Los niños de la furia»?

—Representó una sorpresa mayúscula, un regalo completamente inesperado y generoso. Pero sobre todo, me significó la adopción de un compromiso irrenunciable. Al ser otorgado por mis colegas y por los representantes de las universidades y de la sociedad, asumí que en ese momento adquiría también la obligación ética y moral de trabajar por mi profesión, de reflexionar sobre sus condiciones académicas, profesionales y éticas. Hacer algo al respecto. Con el premio en las manos, pensé: «bueno pues, si estos me están reconociendo, creo que debo corresponder a su espaldarazo con trabajo y reflexión más comprometidos».

 

Problemas y retos actuales en el periodismo

—¿Ha trabajado en otro país? ¿Qué diferencias encontró en el periodismo de ese país con el que se ejerce en México?

—He trabajado en otros países y creo que las grandes diferencias que he encontrado radican en la profesionalización de los periodistas. En México, un reportero de 40 años, como lo soy yo, es un reportero que entra en la vejez laboral. En otros países a esa edad comienza la verdadera carrera de los periodistas. La creación del Periodista Senior, que no existe en México, aprovecha experiencia y destrezas del periodista.

—¿Qué cree que se necesita para ser un buen periodista?

—Primeramente ética. Valores éticos y morales a prueba de todo, que te permitan entender que te debes a una sociedad, que tu trabajo es un bien social. Y que ese bien debe ser custodiado con honorabilidad, responsabilidad y compromiso. Aunque los salarios son distintos, creo que es una circunstancia menos importante que la creación de oportunidades de desarrollo para los periodistas.

—¿Qué problemas ha enfrentado al ser periodista?

—Cada día hay problemas. Los aprendes a solucionar. Una llamada de algún jefe de prensa. Una «sugerencia» verbal de modificar tu línea. Una amenaza abierta y directa. Un «no» a publicar ciertos temas. Cada una de esas cuestiones forma parte del día a día de un reportero y pasan a ser anécdotas que recuerdas con risa o con enfado.

—¿Cuáles cree que sean los retos que se les presentan a los nuevos periodistas?

—Revolucionar el medio. El periodismo está en crisis, se dice en todas partes, pero estoy seguro de que no: lo que está en crisis es cierto tipo de periodismo. El periodismo manso, el que se dobla ante el poder, el de López Dóriga, Marín, Alemán, Ferriz, Adela, Hiriart. El periodismo de precio fijo, el que cambia de visión con cada gobierno. Los jóvenes, los nuevos periodistas, deben imponer su visión y revolucionar los géneros, las tendencias, los modos de comunicar. En el mundo se ensayan nuevas narrativas que no se enseñan en la universidad y ellos, por su cuenta, deben buscar aprenderlas y aplicarlas. Es una tarea titánica pero pueden con ella.

—¿Qué les diría a los jóvenes que quieren ser periodistas?

—El periodismo es una profesión apasionante, maravillosa. No me concibo haciendo otra cosa. La posibilidad de contar lo que ocurre en el momento que te tocó vivir, el entrar en contacto con la gente y sus culturas, sus problemas, sus ideas, es el mejor regalo de la vida para los seres sociales que somos. Y corresponder a ese regalo significa comprometerte, a fondo, de cuerpo entero, para llevarlo a cabo.

 

 

 

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Lucia Gisel Rojas Licea (Distrito Federal, 1994) es estudiante de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Correo de contacto: lr_lucyg@hotmail.com

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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