Hugo Chávez: 14 años de batalla mediática
Publicado el 21. abr, 2013 por Cuadrivio en Política y sociedad
En el campo semántico de la democracia actual, los términos medios de comunicación y poderes fácticos, son fundamentales; la historia de la segunda mitad del siglo XX justifica con creces esta afirmación. Gerson López nos explica que en la Venezuela de Hugo Chávez, dichos términos fueron también una constante. Por medio de un detallado ejercicio cronológico, el autor aborda la conflictiva relación entre el recién fallecido ex presidente y el complejo aparato mediático de la nación bolivariana.
Gerson López
Escenas del pasado
Con la llegada de la democracia en 1958, los movimientos políticos se convirtieron, entre saltos y represiones, en las grandes fuerzas aglutinadoras de las masas del siglo XX venezolano. Entre éstos destacan dos: Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), partidos hegemónicos que dominaron durante casi 40 años el escenario político venezolano. Medios como la radio[1] y la televisión[2] apostaron por su consolidación y expansión, reflejando los equilibrios políticos de aquellos decenios. No obstante, eventos como la crisis financiera de los años ochenta (mejor conocida como el Viernes Negro de 1983), el estallido social o Caracazo de 1989 y los dos intentos de golpe de Estado de 1992 pesaron de forma significativa en la reconfiguración política de los imaginarios colectivos venezolanos y fungieron como alerta para un sistema de partidos que fue agotando su liderazgo, en la medida en la que los partidos dejaron de ser las importantes «correas de transmisión» entre el gobierno y la ciudadanía. En plena crisis de los años noventa, estos mismos medios hicieron eco de las denuncias que criticaban un sistema de liderazgos desgastado y plagado de debilidades institucionales, y se perfilaron, junto a otras instituciones, como los actores políticos más confiables del país.
La era Chávez y la credibilidad massmediática
El punto álgido de la crisis de representación se evidenció en las elecciones de 1998, cuando –por primera vez en la historia política del país– ganó la silla presidencial un candidato sin trayectoria en las tradicionales fuerzas hegemónicas de Acción Democrática y Copei. Hugo Chávez, apoyado por el Movimiento V República (MVR), luego de lanzarse a la palestra pública en sus dos desesperados y fallidos intentos por llegar al poder manu militari, logró conectar su discurso populista con el deseo de cambio y transformación de los venezolanos. En esa primera ocasión, obtuvo el 56. 2 por ciento de los votos.[3]
En medio de esta coyuntura, los medios contaban con una notable aceptación popular. De acuerdo con las encuestas que desde el año 2000 ha venido realizando la firma Datanálisis, en la última década del siglo XX y los primeros años del XXI, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación figuraban entre las instituciones con mayor credibilidad entre los venezolanos, mientras que los partidos políticos se ubicaron en los últimos puestos.[4] Este clima de confianza permitió que los medios fuesen ampliando su rango de acción en los primeros años de la presidencia de Hugo Chávez. Tal y como lo describe Andrés Cañizález: «Los venezolanos encontraron en estos medios los espacios de denuncia y demandas que no tenían en las instituciones. Esta debilidad del sistema político e institucional contribuyó a darle a los medios un poder mayor y por tanto una posibilidad más abierta de incidir en la agenda política del país».[5]
La creciente influencia de los medios en la agenda pública llevó, eventualmente, a un enfrentamiento con el poder político. El excesivo uso de cadenas por parte del presidente Chávez en abril de 2002[6] como instrumento para contrarrestar la cobertura de sucesos como los del 11-A,[7] representó el punto crítico de esta confrontación y el ejemplo más claro de una lucha maniquea de ambas partes por imponer su propia visión de país. Durante los sucesos del Paro petrolero (diciembre de 2002-enero de 2003), los medios saturaron el espacio informativo sin dar cabida a otros temas de interés para la ciudadanía. Esta acción, deliberada o no, en lugar de contribuir a la libre circulación de la información y el debate, incrementó las tensiones. Al centrar sus agendas en el desarrollo del Paro petrolero, los medios fijaron la atención de la audiencia en el ojo del problema, reforzando el clima de polarización que se venía gestando en el país. Andrés Cañizález realiza una descripción de los eventos ocurridos durante este periodo:
(…) cada canal presentaba una imagen del país; en una pantalla el paro era un éxito rotundo, y para eso nos mostraba calles del este capitalino; en la otra pantalla esta paralización era un fracaso estrepitoso, y también apelaba a imágenes, éstas de actividades en el oeste caraqueño o algunas zonas fuera de Caracas. La polarización se instaló de forma evidente también en el mundo massmediático venezolano.[8]
Los medios dejaron de ser, por lo tanto, mediadores para convertirse en protagonistas del juego político. Para Cañizález, en esta coyuntura el poder mediático pasó a ser el espacio desde el cual se constituía la estrategia política, modificando las ya de por sí complejas relaciones entre el poder político y los medios de comunicación.[9] Esta condición colocó a los medios dentro de una praxis peligrosa en la que reforzaron su papel de cajas de resonancia de las demandas ciudadanas, las cuales, sin embargo, al no tener la debida mediación institucional encargada de generar respuestas, quedaron sólo en el campo de la representación simbólica.
Los efectos de la polarización política sobre el ejercicio periodístico han sido notables. Medios y periodistas se han atrincherado en posiciones que excluyen la posibilidad de entender a su contraparte. La parcialidad política de los medios privados fue respondida por una igual toma de partido extrema por parte de los medios estatales.[10] Esta situación ha puesto en riesgo la estabilidad democrática y el derecho de la ciudadanía a una información libre, plural y sin distorsión por intereses políticos o económicos. Datanálisis, la encuestadora que venía midiendo la credibilidad de las instituciones, reflejó este cambio en la percepción popular, ubicando a los medios de comunicación en su encuesta del año 2004 en el séptimo lugar, luego de haber ocupado los primeros lugares de credibilidad institucional. Con estos resultados, la ciudadanía fijaba su posición sobre el papel desempeñado por los medios en los críticos y lamentables acontecimientos del bienio 2002-2003.
El proceso descrito con anterioridad nos obliga a reflexionar sobre el papel que medios, periodistas y políticos desempeñan en la sociedad y sobre las prácticas que legitiman o debilitan la salud democrática. Los medios y la clase política son necesarios en cualquier sociedad, cada uno en la función que por naturaleza le corresponde, pero cuando los papeles se invierten, se distorsionan o se polarizan producto de la lucha entre poderes, alentados por intereses políticos y económicos, el modelo de democracia pierde vigencia, se derruye e incluso se minimiza. En última instancia, es la ciudadanía la que sale desfavorecida, puesto que, a consecuencia de factores como la crisis institucional, la extrema polarización y politización de los espacios y la lucha entre poder político y mediático, sus demandas quedan sin respuestas.
Luchas de poder, ¿luchas simbólicas?
Aunque la mayoría de los medios apoyaron la campaña de Chávez en 1999, desde sus primeros años de gobierno, tras la aprobación de la primera Ley Habilitante del periodo,[11] comenzaron a gestarse las primeras diferencias. Las luchas de poder pueden identificarse a partir de las tensiones generadas en la relación medios-poder político,[12] en la que ambos actores tienen intereses no siempre coincidentes. A partir de esa disparidad, se puede llegar a producir una ruptura en las relaciones y, por tanto, un choque en el que los actores han confrontado su propio poder. Esa batalla simbólica –que se libró desde las imágenes, los fotogramas y los decibeles– entre poder político y medios de comunicación se ha dado con amplia ventaja para el primero, en la medida en que el andamiaje legal con el que cuenta limita el marco de acción sobre el que se desenvuelven los medios venezolanos.
Este avance del gobierno por cooptar gran parte del espacio mediático, utilizando y financiando a nuevos medios de comunicación y poniendo en marcha proyectos como el del satélite Miranda y el Simón Bolívar (Venesat-1),[13] forma parte de una estrategia que busca crear un andamiaje mediático supeditado a los intereses del Estado. En esta misma línea se inscriben, por ejemplo, la puesta en marcha en 2009 del impreso El Correo del Orinoco[14] y el espacio radial «Chávez de repente», que fue transmitido por las estatales Radio Nacional de Venezuela (RNV) y YVKE Mundial.
Estas iniciativas dibujaron el interés de la administración chavista por instaurar un monopolio informativo, neutralizando el quehacer comunicacional de los pocos medios privados que no se mostraron complacientes con el proceso bolivariano. En la actualidad, el Estado bolivariano posee 838 radios y televisoras[15] de las 938 que transmiten en el territorio nacional.[16] El catedrático Marcelino Bisbal ha identificado estas acciones dentro del esquema del «Estado-comunicador», que figura ya no como Estado-censor o Estado-represor, sino como un Estado-legalista que, en «situaciones extremas», tiene el mandato de sancionar jurídicamente, tal como lo hizo con el primer y segundo cierre de RCTV y con la salida del aire de 34 emisoras en 2009 por orden de Conatel.[17]
Estas restricciones tomaron cuerpo en la reforma contemplada en la llamada Ley Resorte, ahora denominada Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, la cual regula los contenidos de todos los medios, exceptuando los impresos. Esta reforma estipula tanto la obligatoriedad de la difusión de los mensajes y alocuciones del Estado y la prohibición de su interferencia (artículo 28) como la posible suspensión y revocatoria de la concesión por la difusión de mensajes que promuevan o hagan apología al delito, inciten a alteraciones del orden público, que puedan calificarse como discriminatorios, que puedan constituir manipulaciones mediáticas dirigidas a fomentar la zozobra en la ciudadanía o alterar el orden público, que atenten contra las buenas costumbres, inciten al magnicidio, constituyan propaganda de guerra, que estén destinados a desconocer las autoridades legítimamente constituidas, o falten el respeto a los poderes públicos o personas que ejerzan dichos cargos (artículo 29).[18]
Estos parámetros abiertamente subjetivos no muestran de forma explícita qué tipos de mensajes pueden clasificarse como generadores de zozobra entre la población y otorgan carta blanca al gobierno venezolano para imponer sanciones de forma discrecional. Otras limitaciones de esta naturaleza están contenidas en la Reforma Parcial del Código Orgánico Procesal Penal, la cual permite sancionar cualquier acto de repudio a un funcionario público o de crítica a las instituciones del Estado, convertir en delito las protestas y manifestaciones públicas, e impedir la difusión de informaciones que puedan causar pánico en la colectividad.[19]
Adicionalmente a estas regulaciones, a través de la Reforma Parcial a la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, el Estado planteó la creación del llamado «punto de interconexión o punto de acceso a la red de los proveedores de servicios de Internet en Venezuela con la finalidad de manejar el tráfico con origen y destino en Venezuela» (artículo 212),[20] cuyo objetivo central era fijar una especie de filtro para todas las conexiones a la web mediante un sólo nodo administrado por el Estado, lo que, en la práctica, permitiría un mayor control gubernamental en el acceso a los contenidos desde las redes venezolanas. El interés de Chávez por incursionar, incidir y controlar estas nuevas tecnologías se reflejó en el lanzamiento ‒en abril de 2010‒ de la cuenta @chavezcandanga en Twitter y en el impulso al proyecto de televisión digital venezolano, el cual dejaría fuera de la parrilla programática a Globovisión, único canal crítico al proceso.
En sus últimos años de gobierno, el ex presidente venezolano fue muy activo en Twitter, y sólo dejó de utilizar su cuenta con regularidad durante los últimos meses de su tratamiento en contra del cáncer.[21] A través de ella, el mandatario recibía al menos cien mensajes por segundo solicitando ayudas, créditos y trabajo, así como de ofrecimiento de proyectos. Esa conexión virtual se reforzó tras el lanzamiento de su blog personal (www.chavez.org.ve), portal creado para atender de manera más «segura», las peticiones de los venezolanos. Las viejas solicitudes escritas a mano sobre trozos de hojas, registradas en un gran archivo dentro del Palacio de Miraflores para su posterior respuesta (tal como lo mostró el documental La Revolución no será televisada (2002), de Kim Bartley y Donnacha Ó Briain), saltaron al plano de la virtualidad; dejaron de ser ese minúsculo, remarcado y entintado espacio de celulosa de un viejo árbol sobre el que reposó o reposaron varios deseos de superación, para convertirse en el mismo anhelo que viajó a cientos de bytes por segundo envuelto en el invisible papel de los tweets. Esta estrategia se tradujo en la renovación de los mecanismos de contacto y participación de la ciudadanía frente al máximo exponente del poder político, connotando, a su vez, una falta de compromiso real al supeditar todas esas demandas al plano de emisión sin recepción de un pseudoescucha virtual.
A pesar del control existente, la opinión pública también ha mostrado poco entusiasmo ante algunos proyectos de promoción y difusión mediática chavistas. Los eventos de 2002-2003 y la desinformación que, a juicio del gobierno, impusieron los medios privados en esa etapa propició que el Estado auspiciara y financiara el surgimiento de una plataforma de medios llamada, en sus inicios, Medios Alternativos y Comunitarios.[22] A pesar del impulso dado a este proyecto, éste no logró conquistar a la audiencia. En la actualidad queda en duda si el nuevo gobierno y sus estrategias mediáticas servirán de gancho para conquistar a una audiencia que, desde la sintonía, castigó al antiguo mandatario.
La merma en la credibilidad de los medios, tanto impresos como radiales y televisivos, promovió que en los últimos años importantes noticieros renovaran su imagen a través de eslóganes que apuntaron a recuperar la credibilidad perdida o, al menos, a aparentar un moderado índice de equilibrio informativo. Son célebres los casos de la cadena Venevisión, la cual tituló El Imparcial a una de sus emisiones noticiosas, cuyos eslóganes en los últimos años han sido «Información justa y balanceada», «Sólo información» y «Venevisión reporta, ustedes deciden».[23] Otras televisoras como Televen (la cual eligió el eslogan «El canal del equilibrio» y la frase «Informar es nuestro deber, opinar es su derecho» para su noticiero) y Canal I (que acuñó la frase «Equilibrio en la información», con la cual, durante algún tiempo, se identificó a la estación) también hicieron cambios con la finalidad de promover una imagen de neutralidad y objetividad. Los medios impresos adoptaron una estrategia similar. Quinto Día adoptó la frase «El semanario de las grandes exclusivas, mayor credibilidad y rendimiento de los avisos» y 6to Poder, «El medio que va por el medio». Otro caso emblemático es el de la red de emisoras estatales Radio Nacional de Venezuela (RNV) y su frase distintiva «Con la verdad por delante».
En el terreno mediático gubernamental, los espacios de alocución del mandatario venezolano, transmitidos en simultáneo por radio y TV, por mandato de ley, y el programa dominical Aló, Presidente fueron los espacios predilectos del jefe de Estado para mostrar y ejecutar su proyecto político. La priorización de la televisión como instrumento de promoción mediática se explica por la enorme cobertura con la que cuenta este medio en Venezuela. Según un estudio del año 2002, la televisión registra un 98 % de penetración,[24] convirtiéndola en la favorita de las audiencias y en la primera referencia de recepción mediática de los venezolanos.
Durante sus 14 años de mandato, el presidente Chávez se ubicó –según la fundación Ethos– como el segundo gobernante en el mundo, solamente después de Rafael Correa de Ecuador, con más uso de los medios radioeléctricos. De acuerdo con AGB Media Research, entre el 2 de febrero de 1999 y el 21 de febrero de 2010, Chávez acumuló unas 195 cadenas al año, lo que coincide con 60 días completos de transmisión.[25] En este sentido, las cadenas y los Aló, Presidente se erigieron como una forma de censura y violación a la libertad de expresión, tal como lo reconoció en uno de sus informes la mundialmente conocida ONG Human Rights Watch (HRW). Desde esa plataforma, Chávez, entre muchos otros ejemplos, ejecutó proyectos, entregó créditos, viajó a sus recuerdos de infancia, retó al imperialismo, sermoneó a uno que otro ministro y amenazó a los medios privados de comunicaciones. En la práctica, esto se tradujo en el desplazamiento de los discursos y hábitos propios del espacio público a la pantalla televisiva, consolidando el papel de los medios como el nuevo escenario desde el cual se libran las batallas por la opinión pública.
Teoría de la aguja hipodérmica igual a psicoterrorismo mediático
Desde la multitudinaria marcha en Caracas el 11 de abril de 2002, en la que se enfrentaron chavistas y opositores y murieron 19 personas y otras 100 resultaron heridas, los medios privados del país han sido no sólo señalados, sino incluso criminalizados por la política gubernamental. Desde las voces académicas del oficialismo se les han otorgado varias acepciones, usando términos que van desde «aparatos de propaganda ideológica» o «aparatos de propaganda científica»[26] hasta acepciones peyorativas como «falsimedia». Un ejemplo de esta política de desprestigio, por citar un ejemplo, son las acusaciones en contra del rotativo El Nacional[27] por la publicación de una foto no actualizada sobre los cadáveres amontonados en la entrada de la morgue de Bello Monte en Caracas.
Los márgenes de acción de los medios privados en Venezuela se han visto notablemente reducidos tras el protagonismo político que ejercieron en los momentos cruciales de 2002-2003, no obstante, las críticas oficialistas que les otorgaban un papel preponderante no sólo en el ejercicio político, sino también en la influencia de sus efectos se han mantenido. En los últimos años incluso se han creado categorías como «psicoterrorismo mediático»[28] para definir la supuesta influencia decisiva y abierta que ejercen sobre la clase media del país («disociación psicótica» o «enajenación mediática»[29] son términos similares en sus propósitos). Autores como Luis Britto García, por ejemplo, han ido incluso más allá, asegurando que las acciones emprendidas por los medios privados entre 2002 y 2003 entrarían en el esquema que llama «dictadura mediática».[30]
Este discurso ha sido alimentado por el pensamiento de la conocida Escuela de Frankfurt, introducido en Venezuela por Antonio Pasquali y Ludovico Silva, la cual consideraba a los medios como aparatos ideológicos que lanzaban mensajes unidireccionales sobre una audiencia pasiva. En el fondo, es el mismo planteamiento de la teoría de la bala mágica/aguja hipodérmica/efectos en cadena, con la que se formuló desde el conductismo, en la primera mitad del siglo XX norteamericano, la inyección de la información a receptores pasivos sin ningún tipo de resistencia. En la Venezuela moderna, esta formulación fue reproducida y bautizada por el discurso gubernamental como «psicoterrorismo mediático» o «dictadura mediática», para criticar y poner de relieve, de modo muy vago, la supuesta dictadura que imponen los medios privados en Venezuela y, peor aún, que el receptor –en esencia, el espectador venezolano– sigue siendo un ente pasivo, inerte, sin posibilidad de negociar/mediar con los mensajes mediáticos que recibe.
Con el paso de los años, los estudios en comunicación más cualitativos que cuantitativos lograron demostrar que esos primeros constructos teóricos (fundamentalmente, la teoría de la bala mágica y sus otras acepciones), centrados en los efectos totales y directos (en el corto plazo), eran sólo el punto de arranque en el entramado de significados que encierra la influencia de la comunicación masiva. Importantes aportes han dado Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Guillermo Orozco y su teoría de las mediaciones, con la que se han dejado de lado las posturas apocalípticas que siguen viendo a los medios como factores omnipotentes y omnipresentes capaces de controlar a individuos pasivos que responden mecánicamente a la inyección de contenidos mediáticos. No obstante, en el caso venezolano, estos argumentos sirvieron como coartada para satanizar el papel de los medios que no compartieron el pensamiento del proceso revolucionario.
Enfermedad presidencial, rumores y desinformación
Una transmisión en cadena nacional del día 30 de junio de 2011 mostraba a un jefe de Estado con rasgos de cansancio y fuera del tono habitual que lo caracterizaba en sus intervenciones. Hugo Chávez, visiblemente afectado, aparecía frente a la pantalla para confirmar la existencia de un tumor abscesado con presencia de células cancerígenas. De allí en adelante comenzaría quizás una de las etapas más críticas tanto para el mandatario venezolano como para sus seguidores, quienes desde el inicio de la enfermedad vieron notablemente disminuida la presencia mediática de su líder, el hombre fuerte que encarnaba la lucha bolivariana del socialismo del siglo XXI.
Desde el inicio de la enfermedad, el ocultamiento y el secretismo fueron la política oficial que rigió el manejo de la información sobre la salud del mandatario. La declaración del médico Salvador Navarrete, en octubre de 2011 (el cual pronosticó que al mandatario venezolano le quedaban dos años de vida), fue la primera noticia pública hecha por un especialista venezolano sobre la salud presidencial.[31] La única voz oficial para hablar de la enfermedad fue el propio Hugo Chávez, y en los últimos meses, el ministro de comunicación Ernesto Villegas. Ante la ausencia del propio presidente aumentaron los rumores y la desinformación. Publicaciones de medios internacionales como el Nuevo Herald y el diario español ABC incrementaron los rumores, obligando a voceros del gobierno a intervenir públicamente para desmentirlos. No faltaron, por supuesto, en estas intervenciones acusaciones contra estos rumores calificándolos de arremetidas de la derecha mediática internacional. Desde el inicio de la enfermedad, el periodista venezolano Nelson Bocaranda (@NelsonBocaranda) se convirtió en una de las voces centrales en el debate al revelar, a través de su cuenta de Twitter, información «confidencial» sobre la enfermedad del mandatario. La supuesta metástasis de la enfermedad siempre fue uno de los tópicos neurálgicos del debate.
La salud presidencial también reabrió la discusión sobre la divulgación de la vida privada de personajes públicos. Algunos sectores defendieron abiertamente el derecho a la privacidad argumentando que el médico involucrado en el tratamiento está obligado a guardar discreción sobre el estado de su paciente. Sin embargo, otras voces, como la periodista y profesora venezolana Gloria Cuenca, han argumentado que si la salud de la persona afecta el interés general, es imprescindible dar información a la opinión pública al respecto. Tomando en cuenta ambas perspectivas podemos realizar dos observaciones. La primera es que los venezolanos debieron estar informados por una autoridad competente (médico) del estado de salud real del mandatario. La segunda es que la información dada durante la enfermedad del presidente Chávez distó de la precisión requerida y dejó espacio para la especulación a causa de la escasa contundencia de las exposiciones.[32]
Uno de los escenarios en donde más se especuló sobre la salud de Chávez fueron las redes sociales. En la Venezuela moderna la web 2.0 ocupa un lugar central en el debate político. Twitter se ha convertido en el reflejo de las pasiones cotidianas, de la desinformación, de la ausencia de información oficial, de la propaganda, de la contrapropaganda, de lo jocoso, de lo ridículo, de lo pintoresco, de lo excéntrico. Allí se enciende el debate, se evidencia la intolerancia y se menosprecian las sutiles diferencias; es un claro reflejo de la polarización que caracteriza a la sociedad venezolana. Los líderes de opinión que poseen muchos seguidores en Twitter muchas veces intentan quebrar las matrices de opinión que, según ellos, se gestan desde los líderes de opinión opositores. En Twitter se crea y se modifica la agenda de lo que, posteriormente, reseñarán los medios tradicionales. El término «matriz de opinión» es muy popular en Venezuela y pertenece a la lógica cotidiana de quienes hacen vida política en las redes sociales.
La importancia de Twitter en el debate sobre la salud del presidente Chávez alcanzó su clímax el 14 de febrero de 2013, cuando el mandatario venezolano, tras pasar meses en Cuba para continuar su tratamiento médico, anunció por este medio su sorpresivo regreso a tierra venezolana.[33] Hugo Chávez aterrizó en el país a las 2 de la madrugada; cinco horas después una etiqueta sobre su regreso ya estaba en el primer lugar en la lista de trending topics de Venezuela. A pesar de ello, la falta de transparencia y la opacidad respecto a la enfermedad del mandatario continuó. Supuestamente el presidente llegó al Hospital Militar, sin embargo, no hubo mayor ruido ni un gran despliegue de seguridad como se hacía en otras ocasiones en las que visitaba el recinto médico. Los canales de televisión oficiales encendieron sus voces con entrevistas en las que los seguidores hablaban emocionados sobre el regreso de Chávez. El discurso televisivo de los medios estatales siguió esta misma línea, aunque, paradójicamente, nunca se mostraron imágenes reales y en movimiento sobre la llegada del presidente.
El manejo de la información sobre la salud del mandatario fue muy cuestionado. Voces como la del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (IPYS) criticaron que, en vez de informar con transparencia y veracidad, se insistía en descalificar, acusar e intimidar a los medios de comunicación por publicar información al respecto. Asimismo, hubo importantes cuestionamientos con relación al poco rigor de los comunicados que Nicolás Maduro, ex vicepresidente de la república, y Ernesto Villegas, ministro de Comunicación, enviaron sobre la salud del presidente desde diciembre de 2012.
De la despedida de Chávez al Hugo redentor. ¿La era cha-durista?
La noticia de la muerte de Chávez corrió como pólvora. En cadena nacional, los rostros lo decían todo. Una voz resquebrajada, la del vicepresidente Nicolás Maduro, anunciaba la muerte de Hugo Chávez: «A las 4: 25 de la tarde de hoy, 5 de marzo, ha fallecido el comandante presidente Hugo Chávez Frías». La noticia impactó y dio la vuelta al mundo en minutos. Las menciones y comentarios sobre la muerte del mandatario se extendieron a nivel global en Twitter. En Venezuela, los treding topics estuvieron plagados de tintes políticos, destacando etiquetas como #MuereChávez, #QEPDChávez y #FuerzaVenezuela.
El presidente Chávez, conocido mundialmente por ganar 16 procesos electorales, por retar públicamente al imperialismo, por su «por ahora» que lo catapultó tras la intentona golpista contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992, el mismo que cerró el canal más antiguo del país (Radio Caracas Televisión) e impuso sanciones a otros medios, impulsor de numerosos programas sociales llamados Misiones, el líder de la Revolución bolivariana, el hombre del sueño del socialismo del siglo XXI, se había marchado sin despedirse de su pueblo. El Hospital Militar, lugar en el que murió Chávez según los voceros oficiales, se convertiría en el escenario del dolor, en el espacio de la tristeza de sus seguidores, que dejaban colar sus lágrimas a través de las pantallas de televisión de los medios estatales, el amor por su comandante. El cuerpo de Chávez fue trasladado, en medio de un sol inclemente, a la Academia Militar en Caracas, en donde permanecería en capilla ardiente hasta el viernes 8 de marzo, día en el que sería sepultado. Una multitud acompañó al mandatario en su traslado mientras las estaciones de radio, tanto estatales como privadas, dejaban su programación habitual para transmitir en simultáneo todos los detalles de lo que era en ese momento la noticia mundial.[34] Mientras tanto, la multitud vitoreaba y pedía durante el recorrido el ingreso de Chávez al Panteón Nacional, donde se encuentran los restos del libertador Simón Bolívar.
Sus seguidores querían verlo. Muchos se resistían a la verdad y no podían creer lo que había sucedido. En los alrededores del Palacio de Miraflores, en el centro de Caracas, se reunió un grupo de personas para llorar y expresar sus sentimientos de tristeza por el deceso del mandatario. Las transmisiones del canal del Estado se entregaban al llanto de los entrevistados: «Chávez es amor, no morirá», «Chávez somos todos» y otras frases acompañaban el sentimiento. Las cifras rojas, cotidianas en las páginas de sucesos de los periódicos, prácticamente desaparecieron ante los recuentos y detalles de la vida y muerte de Hugo Chávez.
A lo largo y ancho del paseo Los Próceres, los seguidores esperaban ansiosos. No valía el cansancio, sí la fuerza para acompañarlo. Más de 7 kilómetros de cola diariamente para verlo en capilla ardiente. Sorpresivamente, el ministro Villegas dio a conocer que no todos podrían ver al presidente; horas más tarde el vicepresidente Nicolás Maduro decretó siete días más de duelo y anunció que el cuerpo del mandatario ‒vestido con uniforme de gala militar y boina roja‒ sería embalsamado y colocado en una urna de cristal «para que el pueblo [pudiera] verlo por siempre». Esto desató aún más polémica ya que, de inmediato, surgieron las comparaciones con otros líderes que también fueron sometidos a este proceso luego de su muerte.[35] Al final, se decidió que el cuerpo no sería embalsamado y se envió al Museo Militar de Caracas, ubicado en el 23 de Enero, una populosa barriada caraqueña.
El mismo día, Nicolás Maduro fue juramentado como presidente de la República. Éste, a su vez, nombró como vicepresidente ejecutivo a Jorge Arreaza. El ex candidato presidencial y líder de la oposición Henrique Capriles respondió a la decisión de manera inmediata, declarando que Maduro no había sido electo por el pueblo. Aún no se habían cumplido los sietes días de duelo cuando ya había arrancado una nueva carrera electoral. Habrá que ver los resultados cuando la oposición se mida con su candidato el próximo 14 de abril, según lo anunciado por el Consejo Nacional Electoral.
Varias dudas quedan sobre el horizonte. Aunque está claro que el carisma no es transferible, habrá que ver de qué manera Nicolás Maduro llevará la imagen de Hugo Chávez como extensión de su campaña. La simbología de Chávez convertido en lovemark, y todo ese entramado de arquetipos como el de la última campaña (Chávez Corazón del Pueblo), con el que se terminó de reforzar la imagen presidencial con valores inmateriales y espirituales, difícilmente podrán atarse a la figura del presidente designado.
La estrategia ahora se extenderá hacia el uso de los medios estatales para propagar el mensaje de la continuidad. Las calles de Caracas se llenan de grafitis de apoyo como los colocados en una pared al lado del Hospital Militar.[36] El mensaje es claro y el sentimiento de nostalgia de los seguidores chavistas podrá ser capitalizado por la maquinaria oficial. El chavismo convertido en religión, con sus lógicas y sus prácticas. Un Hugo redentor a quien rendirle culto y agradecer una y otra vez los favores recibidos (una ayuda económica, una vivienda) y un grupo fiel de seguidores dispuestos a dar la nueva batalla, «rodilla en tierra». Sobran las comparaciones, pero una muy particular y que se populariza es la de «Hugo Chávez, el Cristo de los pobres». Su imagen no se borrará fácilmente de la memoria colectiva venezolana y latinoamericana. Están apostando por la continuidad. No en vano el mismo presidente Chávez le pidió a su pueblo el año pasado que, en caso de no poder continuar en el poder, eligieran a Nicolás Maduro. El tiempo traerá nuevos cambios para una Venezuela polarizada que aún tiene pendiente la tarea de la convivencia, y de convertir el chavismo sin Chávez en una realidad.
Apostillas finales
1. La intentona golpista del 4 de febrero de 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez sacó a Hugo Chávez del anonimato y lo convirtió en una figura polémica, antisistémica y antipolítica. Su discurso se conectó con el deseo de cambio de los venezolanos.
2. El papel que desempeñaron los medios de comunicación privados en los acontecimientos de abril de 2002, y durante el Paro petrolero de 2002-2003, que paralizó a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), hizo que el gobierno le endosara a los medios el papel de actores políticos. A partir de ese momento, han sido acusados repetidamente de sembrar «terrorismo mediático», e incluso se les fijó un calificativo que juega con el nombre original de cada medio.[37]
3. El canal más antiguo de Venezuela, RCTV, tras ser considerado un medio golpista, fue cerrado al no renovársele la concesión. Su apagón daría paso a un supuesto modelo de televisión de servicio público que a la fecha no ha logrado cumplir sus objetivos ni en forma ni en contenido. El propio Hugo Chávez criticó dicho canal, TVES, por su escaso rating (4 % del promedio de los medios estatales). El eslogan que se manejó en esos momentos críticos del primer cierre del canal, en 2007, fue «Darle la concesión a la verdad es no renovar la mentira».
4. En medio de la histórica debilidad institucional, la ciudadanía encontró en los medios un vocero oficial para hacer resonar sus denuncias cotidianas. Los medios se convirtieron en cajas de resonancia de los venezolanos.
5. Desde que Eleazar López Contreras se convirtiera en el primer mandatario venezolano en usar un medio de comunicación (la radio) hasta la actualidad, Hugo Chávez ha sido el mandatario que mayor uso ha hecho de los medios radioeléctricos.
6. La discusión pública se ha desplazado hacia la pantalla de televisión, desde donde se ejerce la política de manera más directa, más emotiva y más próxima. La televisión se convirtió en el principal referente de los venezolanos y desde allí se configura el discurrir de las nuevas escenas. La emoción, como plato fuerte de la política en la cultura occidental, es la base de lo que sigue siendo el proyecto chavista. Esto se debe a la particularidad del momento posmoderno que estamos viviendo, en el que no se produce el fin de las ideologías ni de las religiones, pero sí el surgimiento de nuevos discursos con rasgos cada vez más populistas, el vaciamiento del discurso unitario, el fin de los metarrelatos, el abandono de la historia como un hilo secuencial y cronológico y el caos como signo de las vivencias en la historia del presente.
7. Las redes sociales, en especial Twitter, Facebook y el PIN de los teléfonos móviles, se han convertido en el medio de contacto directo en el que se aviva la pasión cotidiana por la política, y en las vías expeditas por las que se alimentan los rumores que crecen como bola de nieve en la cotidianidad virtual venezolana.
8. El índice de credibilidad del que gozaron los medios privados en la década de los noventa parece no recuperarse aún. Un estudio de los sectores populares de abril de 2011, del Centro Gumilla, reveló que los medios de comunicación privados venezolanos figuran en el quinto lugar con 15. 9 % de aceptación, detrás de otras instituciones como las universidades (24. 7 %), la Iglesia católica (23. 4 %) y los estudiantes (23 .2 %).
9. Desde el inicio de la enfermedad del mandatario, la única voz autorizada para informar sobre el particular era el propio presidente. El tema se convirtió en secreto de Estado y se cuestionó la necesidad de los periodistas de obtener mayores datos.
10. Los medios internacionales informaron en varias ocasiones sobre el estado de salud del dignatario venezolano, lo que obligó a los voceros gubernamentales a desmentir lo que ellos mismos bautizaron como «matrices de opinión de la derecha mediática internacional».
11. La campaña presidencial Chávez Corazón del Pueblo, con el apoyo de propagandistas del Brasil, avivó su conexión con los sectores populares a los que siempre les prestó especial atención, gracias al incentivo clientelar de la renta petrolera. Esta campaña fue muy emocional y unió a artistas para tocar las fibras emotivas y lograr la victoria. La última campaña, #YoSoyChávez #TodosSomosChávez, lanzada con fuerza en la última fase de la enfermedad del mandatario, pareció abonar el terreno para justificar lo que sería la ausencia física del mandatario.
12. Hugo Chávez se convirtió en una lovemark, término acuñado por Kevin Roberts para definir el amor que despiertan algunas marcas en sus consumidores. Chávez se convirtió en mito y símbolo. Es el héroe de las grandes hazañas, el continuista del sueño bolivariano, que murió, pero cuyo ideario será continuado por quienes creyeron en sus ideales. El mensaje es claro, «Chávez no morirá», y estará ahora desde tres planos de continuidad: desde el discurso de Nicolás Maduro y demás representantes del chavismo; desde el plano espiritual, con sus valores religiosos («Cristo de los pobres»); y desde el mediático, constituido por la inmensa cantidad de horas en audio y video sobre sus intervenciones, las múltiples imágenes que flotan en la web y las planas de periódicos y revistas que registraron sus discursos y alocuciones. Todo ello reforzará la conexión simbólica que, en el fondo, garantiza la pervivencia de Chávez en el imaginario popular; la idea es que la conexión siga viva, aunque sea de modo discursivo/virtual/espiritual.
13. Una de las consignas que resuenan en la campaña de Maduro es «Chávez, lo juro mi voto es por Maduro» y el concepto central de su campaña es «Ahora soy un Chavista Maduro». La frase reúne palabras clave dentro de la coyuntura histórica chavista: «ahora», del «por ahora» glorioso de la intentona golpista de Hugo Chávez en 1992; «soy», que es tomado de la última campaña: «yo también #SoyChávez»; y las palabras «Chavista» y «Maduro», que crean una relación de continuidad entre el pasado y el presente. Se alude al paso de una etapa a otra, el chavismo evolucionó, «maduró». En esencia, esto indica la necesidad de reforzar la relación existente entre Chávez y sus partidarios, indispensable para que los chavistas sigan con el timón del poder.
14. El gobierno venezolano mantiene su interés por el tema comunicacional, en especial por las redes sociales. Así como se creó la cuenta de Chávez, se gestionó la de Nicolás Maduro en la red social Twitter (@NicolasMaduro, con 425 479 seguidores el 22 de marzo de 2013). Ha sido promovida por televisión y el propio Maduro ha leído en vivo y en directo los tweets que le envían sus seguidores. Esta estrategia de acercamiento virtual es similar a la que se dio con la cuenta @chavezcandanga en su momento.
NOTAS
[1] La radio llega a Venezuela en 1926, en medio de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935).
[2] La televisión aparece en 1952 bajo otra dictadura, la del general Marcos Pérez Jiménez (1952-1958).
[3] A pesar del notable resultado, vale la pena acotar que la abstención era recurrente en los procesos electorales venezolanos, signo del desencanto político que se venía presentando. En 1999, la abstención se ubicó en un índice de 36.54 % y fue empeorando en los siguientes años, alcanzando un índice promedio de 50.8 % durante los seis procesos de consulta que se realizaron desde el año 2000.
[4] Para revisar estas encuestas, consultar la página: http://www.datanalisis.com/.
[5] Andrés Cañizález, Medios y política. ¿Nuevos o viejos actores?, 2005, p. 2. Disponible en: http://200.2.14.175/ucabnuevo/cic/recursos/medios_politica.pdf.
[6] Sólo entre el 8 y 9 de abril de 2002 se produjeron más de 30 cadenas, con una duración de 15 a 20 minutos.
[7] El 11 de abril de 2002 hubo un intento fallido de derrocamiento del presidente Hugo Chávez.
[8] Cañizález, op. cit., p. 2.
[9] Andres Cañizález, «La prensa en el referendo venezolano», Revista Chasqui, núm. 87, septiembre de 2004, p. 4.
[10] Ibid., p. 6.
[11] Ley Habilitante: herramienta jurídica de rango constitucional que faculta al Ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela a dictar Decretos con Rango, Valor y Fuerza de Ley sobre las materias que estime pertinentes de acuerdo a las necesidades y/o emergencias del país. En los 13 años de gobierno de Hugo Chávez se dictaron cuatro Leyes Habilitantes: 1999, 2000-2001, 2007-2008 y 2010-2012. Procuraduría General de la República Bolivariana de Venezuela, Venezuela, 2013. Disponible en: http://www.pgr.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=2911.
[12] Existen tres tipos de relaciones entre medios y poder político dentro y fuera de las crisis políticas. 1) Relación de dependencia. Statu quo equilibrado por el pacto entre actores o polos de poder. Se puede afirmar que la relación entre los medios y el poder político en la era democrática (1958-1998) fue en algunos casos de dependencia; pero por las tensiones generadas en varios momentos de ese periodo, se sostiene que también las relaciones fueron de choque. Un período de dependencia y de relaciones tensas entre los medios y los gobernantes en turno. Por otra parte, en esta categoría, como en las restantes, resulta de capital relevancia conocer quién o quiénes se hacen del verdadero acceso (referente simbólico) a los mass media. 2) Relación de choque. Lucha de poderes, desequilibrios en los acuerdos y polos enfrentados. Intervienen las llamadas fuerzas de choque. Los enfrentamientos pueden ser del poder económico con el político o de este último con el simbólico (mediático), dependiendo de las disputas suscitadas en el entramado relacional entre los agentes de poder que operan en una sociedad. 3) Relación de mimetismo. Esta relación está motivada por varias razones, una de ellas, el poder de coacción o poder legítimo (por la vía de las leyes) impuesto como extensión del poder político. Cuando se establece este tipo de relación, los medios evitan confrontar y crear tensiones con el poder político; censuran todos aquellos matices negativos que puedan desfavorecer la visión-gestión del gobernante en turno. Esta última categoría dibuja el comportamiento de algunos medios televisivos venezolanos, que han sacrificado la pluralidad de sus agendas informativas por la supervivencia en el espectro radioeléctrico. La autocensura se ha vuelto arte y parte en el quehacer informativo para evitar mayores tensiones con el presidente Hugo Chávez y su corpus regulatorio.
[13] Venesat-1 se encuentra en órbita desde el 29 de octubre de 2008 y su finalidad es fomentar la integración latinoamericana y el acceso y transmisión de servicios por internet, telefonía y televisión.
[14] De forma y fondo muy distintos al original, creado por Bolívar en 1818, el propio Chávez llama en el editorial de este periódico «… a ocupar el sitial de los disparos gruesos y de ablandamiento del terreno enemigo, caracterizado por el terrorismo mediático».
[15] Forman parte de ese grupo la Agencia Venezolana de Noticias (AVN); los diarios Ciudad Valencia, Ciudad Caracas, Ciudad Petare y Correo del Orinoco; los medios audiovisuales Asamblea Nacional (ANTV), Telesur, Vive TV, Televisora Venezolana Social (TVES), Venezolana de Televisión (VTV), Catia TV y el canal infantil 123TV, transmitido por señal satelital de CANTV, la empresa de telecomunicaciones venezolana; las emisoras AN radio, la Radio del Sur, Radio Valencia, Radio Alba Ciudad, YVKE Mundial Caracas, Mundial Zulia, Mundial Los Andes y Mundial Margarita; y los cuatro canales de transmisión de Radio Nacional de Venezuela (RNV): el informativo, el clásico, el musical y el juvenil.
[16] Del total, 660 (70. 4 %) son privadas, 235 (25 %) comunitarias y 43 (4. 5 %) públicas; de estas últimas, sólo 21 (2. 24 %) pertenecen al Sistema Nacional de Medios Públicos, que es la red oficial de transmisión mediática y simultánea del ejecutivo. Actualmente se encuentran agrupadas bajo la nueva denominación, el Sibci (Sistema Bolivariano de Comunicación e Información).
[17] Marcelino Bisbal, «La plataforma mediática del Estado bolivariano o la desmesura del Estado comunicador», Revista Actual, núm. 66, 2007, pp. 15-47.
[18] Reforma Parcial a la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, Gaceta Oficial nº 39579, Asamblea Nacional, Caracas, Venezuela, 2010.
[19] Código Orgánico Procesal Penal, Gaceta Oficial n° 5558, Asamblea Nacional, Caracas, Venezuela, 2001.
[20] Reforma Parcial a la Ley Orgánica de Telecomunicaciones, Gaceta Oficial n° 6015, Asamblea Nacional, Caracas, Venezuela, 2010.
[21] Para el 14 de febrero de 2013, día de su regreso a Venezuela tras recibir tratamiento médico para combatir el cáncer en Cuba, su cuenta registraba los 3 millones de seguidores. Un mes después, cuenta con más de 4 197 330 seguidores.
[22] 1 368 medios para 2010, según cifras del Ministerio de Comunicación e Información, Minci.
[23] Como ejemplo podemos mencionar el estribillo hip hopero de la emisión estelar: «Somos un canal que te lleva información / a la intimidad de tu hogar. / Mañana, tarde y noche trabajando para ti. / ¿Para qué te cambias si lo tienes todo aquí? / Noticias, exclusivas y opiniones verdaderas. / Noticias positivas que informan a cualquiera. / Escucha atentamente la línea de información/ que sólo puede ofrecerte Noticiero Venevisión. / Los mejores periodistas están aquí. / Sólo información».
[24] Marcelino Bisbal, «Venezuela y televisión: el espectáculo visual de la modernidad», Revista Comunicación, núm. 120, cuarto trimestre, 2002.
[25] Es decir, 1 995 cadenas con una duración de 60 minutos cada una, aproximadamente, sin incluir las 487 horas de transmisión del programa Aló, Presidente, registradas entre 2000 y 2008 en una totalidad de 248 programas.
[26] Manuel Sutherland, «Glosario Marxista III, medios de comunicación e intelectuales», A plena Voz. Revista Cultural de Venezuela, núm. 66, 2011.
[27] Andrés Izarra y Félix López, Los guardianes del periodismo pornográfico. Caracas, Ediciones de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), 2010.
[28] El término fue acuñado por el sociólogo venezolano Erick Rodríguez Miérez en 2005. Otras categorías utilizadas son: «terrorismo mediático» (Carlos Aznárez, Beto Almeida, María Augusta Calle, Vicente Romano, Fernando Buen Abad), «feroz embrutecimiento mediático» (Ministerio de Comunicación e Información), «guerra mediática» (Alberto Maldonado, Felipe Yapur), «intoxicación mediática» (Carlos Fazio), «fuego mediático» (Yuri Pimentel), «violencia mediática» (Vicente Romano), «cinismo mediático» (Tubal Páez Hernández).
[29] El autor amplía esa idea cuando explica que «la categoría psicoterrorismo mediático en Venezuela consistió en un método orientado al uso de escenas y hechos cotidianos transmitidos por la televisión para provocar terror en la población, como forma de minar la tranquilidad, infundir miedo, desasosiego e ira». Erick Rodríguez, Psicoterrorismo mediático. Una amenaza a la soberanía nacional. La disociación psicótica, Caracas, publicación del Ministerio de Comunicación e Información, 2005, p. 6.
[30] Textualmente, Luis Britto García señala: «Los golpistas son los dueños de los medios de comunicación. La actuación de éstos es un prolongado golpe frío que culmina con la interferencia en la señal de la televisora y la radio del Estado y la transmisión independiente». Luis Britto García, Dictadura Mediática. Investigación de unos medios por encima de toda sospecha, Caracas, Editorial Correo del Orinoco, 2002, p. 101.
[31] La sospecha fue que algún empleado de la institución militar, lugar al que había sido trasladado el mandatario para recibir tratamiento, había filtrado la información.
[32] Un ejemplo claro de ello fue la publicación de la controvertida fotografía de Chávez leyendo un diario cubano junto a sus dos hijas.
[33] Twitt: «Hemos llegado de nuevo a la Patria venezolana. Gracias Dios mío!! Gracias pueblo amado!! Aquí continuaremos el tratamiento». Junto con el mensaje apareció una foto que mostraba al jefe de Estado bajando de un avión en compañía de una de sus hijas. Varios medios señalaron que la foto era una vieja imagen de la agencia de noticias EFE.
[34] En medio de la conmoción, un medio internacional abrió la polémica afirmando que la urna trasladada ese día no contenía el cuerpo del presidente.
[35] Ejemplos de otros políticos embalsamados: el líder de la revolución rusa Vladimir Lenin, el comunista mongol Horloogiyn Choibalsan, el checo Klement Gottwald, el ruso Joseph Stalin, el ex presidente de Vietnam del Norte Ho Chi Minh, el chino Mao Zedong, el angoleño Agostinho Neto, el guyanés Linden Forbes Burnham, el albanés Enver Hoxha, y los norcoreanos Kim II Sung y Kim Jong II
[36] Algunos ejemplos: «Chávez vive y vencerá», «te debemos la patria y la pagaremos con lealtad». Otros, como los de la avenida San Martín, lucen frases como: «Chávez al Panteón Nacional», «Chávez vive por siempre», «Chávez vive, carajo», «Chávez vive, la lucha sigue», «convirtamos el llanto en lucha», y uno muy particular que muestra a Chávez con un bote de pintura en la mano y con la banda presidencial: «yo estaré presente en la lucha. Chávez vive en el corazón del pueblo».
[37] A Globovisión se le llamó «Globoterror»; al extinto RCTV, «RCTVAS»; a Venevisión, «Venenovisión»; al diario El Nacional, «El Nazional».
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Gersón López (Caracas, 1990) es licenciado en Comunicación Social, con distinción Cum laude, por la Universidad de Los Andes, Táchira, Venezuela. En la actualidad se desempeña como investigador freelance con una línea de investigación enfocada en el tema de la relación entre medios y política en Venezuela, además de desarrollarse como community manager. Correo electronico: gersonlopez838@gmail.com. Blog: <soyperiodistavenezolano.wordpress.com>.










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