La disolución como estilo
Mercedes Alicia Hinojosa Méndez
Arte, ¿Líquido? es una obra transdisciplinaria, conformada por el trabajo del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, la historiadora de arte Griselda Pollock y el artista Gustav Metzger. Ellos no renunciaron a la especificidad de su disciplina, dialogaron diluyendo sus fronteras, construyendo el significado del arte en la incertidumbre de la fluidez. Este libro presenta una reflexión sobre el arte en la modernidad líquida (no posmodernidad). El pensamiento de Bauman está permeado por «lo fluido», por lo que no se fija al espacio, ni se ata al tiempo[1]. En la crisis de la modernidad no existen ni el futuro ni las costumbres; los hábitos de los individuos han sido erosionados.
En este sentido, el arte tampoco mantiene su forma, cambia inesperadamente. La modernidad huye de sí misma: lo sólido representa la muerte del movimiento, pero lo líquido es la representación de la fragilidad de lo vivo, una fragilidad que ilustra el caos a través del arte. El arte es un esfuerzo por contener la muerte, es el esfuerzo de la humanidad por no olvidarse de sí misma, de su temporalidad. Para Bauman «la mortalidad humana es la raison d’être del arte, su causa y su objeto. El arte nació y perdura desde la conciencia de […] que la muerte es un hecho que viene dado y que la inmortalidad ha de fabricarse, y una vez fabricada debe ser preservada día tras día»[2].
El artista entra en la inmortalidad a través de su obra, en tanto que ésta no quede sometida a la utilidad que la condene a ser efímera, pasajera, temporal. En el arte la muerte sólo es el fin de la vida, no es el límite de lo humano. En la modernidad líquida la eternidad es la muerte del deseo: el hombre ya ha aceptado haber sido arrojado al mundo para convertirse en un ser-para-la-muerte; mientras tanto, el mundo ha perdido toda vigencia de estabilidad social: el caos se incrementa, la modernidad líquida es la constante carencia de solidez; es el mundo que ha perdido fascinación.
Lo líquido en el arte se manifiesta por la carencia de vanguardias, por la creación y autodestrucción del arte; el arte (no) irrumpe en el fluir de la cultura. Los artistas líquidos
se centran en acontecimientos pasajeros […]. Saben que el arte, como acontecimiento, concluirá pronto. Los artistas diseñan y montan instalaciones que son happenings: duran lo que dure la exposición; acabada ésta se desmontan y desaparecen. Crean obras que quedarán expuestas a las inclemencias del tiempo y que acabarán desintegrándose. Intencionadamente, trabajan con materiales frágiles y friables.[3]
En la modernidad líquida el arte huye del centro, de la estabilidad, de la perpetuidad matérica que brindan los soportes tradicionales debido a que son una amenaza para el movimiento, para el cambio; la solidez es la condena de la creación, el estancamiento de lo creativo. El cambio mantiene al individuo oscilando entre «el deseo y el miedo, entre la anticipación y la incertidumbre»[4]; el deseo no es la acumulación, sino la transformación, la posibilidad de prescindir, de sustituir «algo».
En la vida líquida la perfección –en la cual nada puede ser mejorado, en la que todo debe ser siempre igual– es una pesadilla. Lo perfecto satisface, no permite continuar deseando; detiene cualquier proceso de experimentación. En el inevitable fluir de la vida líquida, lo permanente es la transitoriedad. La crisis de la modernidad es la crisis del control, de lo establecido, de lo predecible; en este contexto, el arte es un tipo alternativo de vida, es el deseo de animar la realidad. Ahora el arte es el espacio de encuentros imposibles.
En la era líquida moderna la estética se consume, no hay obras de arte, sólo belleza. La belleza es una experiencia momentánea, inútil, pero necesaria. Los museos se llenan de cadáveres, de objetos muertos e inanimados. El arte se convierte en la ventana por la cual escapa el vacío, los sinsentidos de la sociedad contemporánea; se transforma en el lugar del encuentro imposible entre la embriagante necesidad de la morir y crear.
Referencias
[1] Zygmunt Bauman, Modernidad líquida, tercera reimpresión, Argentina, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 9.
[2] Zygmunt Bauman, Arte ¿Líquido?, España, Sequitur, 2007, p.15.
[3] Ibíd., p. 43.
[4] Ibíd., p. 45.












