Fotografía sepia de una memoria
Yelitza Ruiz
El debate entre la ficción y la realidad como simbiosis en la mayoría de las historias ha sido un tema recurrente, sin embargo son pocas las que logran desmembrar los debates para asomarse a una realidad tangible donde la ficción compagine con la realidad de un modo casi imperceptible sumando a ello el recurso autobiográfico. Es el caso de Canción de Tumba (Mondadori, 2011) de Julián Herbert (Acapulco, 1971), en la cual la habitación de un hospital, la agonía de un paciente y la enfermedad terminal son las primeras imágenes que detonan la historia.
Julián Herbert en Canción de Tumba cuenta la vida de su madre Guadalupe Chávez, su enfermedad y la vida que compartió con ella y sus hermanos con una narrativa que le permite construir episodios autobiográficos a la par de crear una ficción íntimamente ligada a la trama. Herbert logra esto rompiendo la linealidad de la historia, haciendo uso de sus anotaciones para dotar a la novela de la ficción necesaria para mantener el ritmo y la intensidad de los argumentos primarios: el oficio de su madre dentro de la prostitución, la infancia errante e inestable y la enfermedad que termina con la vida de su progenitora. Todo acontece en ese lugar llamado México, ante el deterioro de un país acechado por el narcotráfico, saboteador de ilusiones colectivas. En ese ambiente el autor narra en primera persona sucesos ocurridos en Alemania y Cuba; en esta última inserta un personaje que llena de ficción la novela, y le da al lector la posibilidad de imaginar los acontecimientos a través de su prosa, apoyado por un lenguaje regional cargado de sátira y humor negro. La «Suave Patria», esa que describe Herbert desde un cuarto de hospital mientras su madre agoniza, es la misma que un día Juan Carlos Bautista lanzara en un verso premonitorio: «Lloverán cabezas sobre México» y que el autor cita en su obra preguntando si el verso se refiere a los ejecutados de la marquesa, al autorretrato de Ron Mueck o a la leucemia de su madre.
En esa melodía transcurre Canción de Tumba, en la agonía de un hijo que espera la muerte de una madre y el nacimiento de un hijo mientras escribe los restos de su memoria en el disco duro de una lap top. El autor indaga en Canción de Tumba el binomio de literatura y memoria, lo que permite el uso de la metaliteratura para dotar de fuerza narrativa a la historia, acompañada de un lenguaje que expone lo cotidiano de la condición humana. En Canción de Tumba los personajes llevan un resentimiento infantil heredado por el contexto en el que se desarrolló su vida, a la par de conflictos sociales y políticos que fueron sucediendo y que la novela puntualiza para indicarnos el tiempo y espacio.
Fuera del contexto en el que la literatura actual coloca a la ficción y a la autobiografía como figuras que se fusionan por la necesidad de los autores de contar de forma más feroz sus historias, Julián Herbert es quizá el ejemplo preciso de esta combinación: sin gastar los recursos sentimentales, trasciende y desfragmenta su propia historia, lo que permite disfrutar el resultado de su proceso creativo. Es la autoficción con la que el autor se desplaza apoyado por la memoria colectiva que se compagina con su memoria personal y que dota de fuerza a su novela. Así, sin que la novela llegue a sonar autobiográfica, utiliza el recurso de las memorias propias como una herramienta que le permite moverse a través de su escritura, sin miedo, sin hipocresías ante los hechos y con una libertad notable. Este ejemplo no es una novedad, otros autores han experimentado un proceso creativo similar, como Enrique Vila-Matas y Javier Marías, por citar algunos. Me atrevería entonces a decir que Julián Herbert es un autor que logra fusionar lo autobiográfico y la ficción dejando claro que se puede hacer literatura incluso con nuestros recuerdos menos gratos.
Canción de Tumba es una novela con sonoridad propia, una narración valiente donde se conjugan vida y muerte como principio y fin. Julián Herbert es el solista de su propia banda sonora que ofrece al lector una historia feroz de nuestra Suave Patria.
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Yelitza Ruiz (Guerrero, diciembre de 1986) es licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Premio Nacional de Oratoria y Debate Político. Fue alumna del taller de Poesía en el Centro Morelense de las Artes, coordinado por el poeta Javier Sicilia.












