eSLAMex
Primera antología de espoken word mexicano
Aída Rodríguez Barroso
La poesía es fiesta del alma.
Paul Valéry
Fiesta: del latín festa/festus, festivo. «Feria», «festín», «festejar», «festival» y «manifestar» comparten la misma etimología. Estas palabras aluden al júbilo, a la alegría y especialmente al movimiento y al sonido; «si hace boom, y hace crack, hace ¡slam!», de acuerdo con «Rojo» Cordova, activista espoken wordero y antologador de eSLAMex, primera antología de espoken word mexicano. Este breve compendio incluye los textos críticos y las voces de los pioneros eslameros, performanceros, poetas y figuras que en los últimos años han encabezado lo que Fanny Pascaud llama «el nacimiento de un movimiento, de un fenómeno social, artístico y cultural». Debo admitir que yo, purista de la literatura, lo hubiera denominado «corriente» porque la diferencia entre un movimiento y una corriente, en palabras de Paciencia Ontañón, es que el movimiento es local y la corriente es mundial y el «slam», según mi investigación para elaborar esta reseña, ha estado presente desde hace algunos años en países como Estados Unidos y Alemania. Hasta aquí mi acotación chocante y regresaré al punto que quiero tratar: eSLAMex, conformado por dos elementos: la parte sonora o tracklist y los textos críticos y anecdotario de los protagonistas de la escena «eslamera» en México.
En la portada del libro, en seguida del título encontramos una liga: http://eslamex.bandcamp.com. Escuché con detenimiento el tracklist, voces conocidas porque he asistido a diversos «slams»: las norteñas y clarísimas locuciones de Lalo Ribé, la mancuerna Dux-Khonde que es como escuchar un órgano barroco, el peculiar y poderoso flow de Ewor y la construcción de reminiscencias hispanistas de Javier Raya… También tuve afortunados descubrimientos como el «Hip-hop» de Van-T y el aleteo del «Colibrí chilango» de Logan Phillips, por sólo mencionar algunas de las grabaciones que conforman esta parte de la antología. Debo mencionar que no tenemos «en papel» aquello que nació para ser oral y por eso lo denominé «la parte auditiva». Pero, ¿por qué sólo dejarlo en lo sonoro? «la gente no lee con los ojos… pero qué tal con los oídos»,[i] en este punto estoy de acuerdo con Rojo, a quien hace unos años invité a participar en un congreso de hipanistas en el auditorio «Justo Sierra», de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El «slam poetry» daría cierre a una semana de erudición en torno a la obra de José Revueltas, al evento asistieron no sólo colegas sino muchos invitados de diversas procedencias, desde los «paleros» de los performanceros hasta los novios ingenieros de mis colegas quienes jamás habían estado en un evento como ese. No exagero si digo que todos, sí, todos, salieron conmovidos en el extenso sentido de la palabra. Evidentemente, una experiencia como esta despertó las más diversas opiniones y reacciones entre los lectores-oidores veteranos y los que sólo pasaban por ahí y se resguardaron de la lluvia y ya luego no se fueron. El novio de una amiga (en aquel entonces un estudiante de QFB, ahora doctor en ciencias) me preguntó con quién tenía que hablar para participar en el siguiente «slam». Lo que quiero ejemplificar con esta digresión es lo que hace unos días leí en un post del responsable de este florilegio: «se le llama RAP y eSpoken Word pero yo le digo de cariño: ALFABETIZACIÓN». Aquel estudiante de QFB no leía más que su valioso «Chang» y no estaba interesado en leer pero sí en escuchar y ser escuchado, en improvisar. Este punto es muy delicado y sé que recibiré comentarios de mis colegas pero sólo quise poner un ejemplo de lo que genera esa «poie». La naturaleza híbrida y limítrofe de un «slam» propicia este tipo de acercamiento o alfabetización con el público.
Una vez que escuché esta polifonía, revisé los textos críticos y anécdotas de los «eslamers» mexicanos. Antes de continuar, mi lector seguramente notará que indistintamente he escrito «slam» y «eslam»; así lo hago ya que en esta primera antología se encuentra de ambas maneras, seguramente la RAE, en unos años nos dirá cómo «se debe» de escribir. En este momento es irrelevante cómo se escribe, lo importante es mencionar que un «slam» es un evento en el que se realiza «spoken Word», en donde el «slamer» emplea el escenario, su cuerpo y/o aparato fonador; puede leer, decir sus textos de memoria o improvisar… No seguiré con la descripción ya que el primer texto de la antología define de mejor manera, qué es y qué elementos lo componen. En ese esquemático ensayo, Rojo nos recuerda que desde los juglares (desde los rapsodas, en mi opinión, tal vez antes…) la palabra oral ha estado ligada a la poesía.
Esta primera antología contiene teoría e historia del nacimiento del espoken word mexicano y la semblanza de los autores. Pero si es «la primera», quiere decir dos cosas (al menos): que antes no se había teorizado acerca de la corriente (y así lo menciona nuestro recopilador) y que, si es la primera, seguramente, habrá una segunda, una tercera antología… No me extrañaría porque en cada evento que organiza Rojo encuentro muchos jóvenes hipnotizados por la sonoridad de la palabra, por la cadencia de esa «sabiduría oral».
eSLAMex no es un compendio de los textos creados para ser vividos por el que los dice y el público. Si bien es cierto que el ensayo que inaugura el compendio teoriza sobre los aspectos que dan forma al «spoken word», el resto de los textos parecen más bien de corte anecdotario y es válido en tanto a que son los formadores y los que con-forman la corriente quienes plasman sus experiencias. Quizás por eso me he unido a sus voces y esto, más que una reseña, es una anécdota más.
La Primera antología de espoken word mexicano es un intento por hacer teoría literaria sobre un fenómeno social, esa suerte de alfabetización que quizás Paul Valéry hubiera considerado no una fiesta sino un rave.
NOTAS
[i] Rojo Córdova, eSLAMex…, México: (H)onda Nómada Ediciones/Kodama cartonera, 2013, p. 10.
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Aída Rodríguez Barroso es Maestra en Letras Latinoamericanas por la UNAM. Estudió cien horas (u ocho créditos) de Derecho de autor en la Universidad Complutense de Madrid. Fue alumna de Alicia Reyes y visita frecuentemente la Capilla Alfonsina. Ha publicado ensayos en la página de la Capilla Alfonsina y memorias de congresos en Monterrey, San Luis Potosí y Zacatecas. Actualmente, es la editora de contenidos de la División de Educación Continua de la Facultad de Psicología de la UNAM.












