Renovación en curso
La muerte de Rachel Peavoy como una metáfora del desastre económico de Irlanda
Recién entrado el año 2011, en uno de los inviernos más fríos de Irlanda, una mujer muere congelada a 10 ºC bajo cero en su departamento de Dublín. El gobierno municipal mantenía apagada la calefacción en su edificio como parte de una política de renovación. Este acontecimiento sirve a William Wall como metáfora hipotérmica de la política social en la Irlanda de estos días.
William Wall
La muerte de Rachel Peavoy la noche del diez de enero de 2011 en el complejo de departamentos Shangan en Dublín, una noche gélida durante el invierno más crudo que se ha registrado en Irlanda, se sostiene en muchos sentidos como una metáfora de Irlanda misma. Murió, de acuerdo con el médico, de hipotermia. Según su vecina, Linda Mcloghlin, los departamentos de Shangan eran «más fríos adentro que afuera». Otra amiga, Michelle Quigley, declaró que cuando visitó a Rachel pocos días antes de su muerte tuvieron que dejarse los abrigos puestos y cubrirse con una colcha. La calefacción estaba apagada porque, según el gobierno municipal, los departamentos Shangan estaban programados para una «renovación».
Los gobiernos municipales de Irlanda no pueden costear la calefacción para todo el complejo de departamentos sólo para salvar la vida de una mujer. ¿Qué pasaría si tal desperdicio fuera referido a la contraloría y al auditor general? ¿Qué diría el FMI? La próxima generación y la siguiente debe concentrarse en mantener la vida en este estado enfermo. Esto exige sacrificios por parte de todos nosotros, pues todos somos culpables de la codicia que arruinó al país. Es nuestro pecado original. Políticos, ex banqueros, periodistas y economistas dicen que así es. Cualquier intento de alegato especial en el nombre de las Rachel Peavoys del mundo será recibido con frialdad. Debemos compartir el dolor de acuerdo con el lugar que ocupamos dentro del sistema y el lugar que Rachel Peavoy ocupaba era el último. Por eso murió. Más adelante en la fila la calefacción central y la ropa térmica son una condición sine qua non. Hasta adelante, donde los ex banqueros, políticos y economistas viven, la temperatura de los interiores es poco importante.
Durante su juventud, Rachel Peavoy luchó infructuosamente contra su destino. Primero llevó a sus hijos a la seguridad de la casa de sus padres. Ellos no murieron esa noche cuando la temperatura en Dublín se sostuvo alrededor de los 10ºC bajo cero. Luego intentó contactar repetidamente al gobierno municipal, pero le dijeron que «la calefacción no sería activada porque varios de los departamentos que rodean al suyo habían sido desalojados y vaciados y que la renovación estaba en curso». Ella vivía, en cierto sentido, en la imagen volteada de un complejo habitacional fantasma –rodeada de cuartos que habían sido utilizados pero ahora estaban «vacantes» y «vacíos». Contactó al representante local del parlamento –Noel Ahem, Teachta Dála del partido Fianna Fáil y hermano de un antiguo Taoiseach (primer ministro). Intentó salvar su vida por todos los medios legales existentes. Si hubiera intentados medios ilegales tal vez habría terminado en una prisión donde, a pesar de muchas fallas, hay calefacción adecuada. Las condiciones de las prisiones para mujeres en Irlanda son relativamente humanitarias.
Pero no sería justo culpar al gobierno municipal si consideramos que Irlanda es sólo una pieza pequeña en el gran rompecabezas de la catástrofe capitalista. ¿De dónde podríamos haber sacado el dinero para la calefacción de los departamentos Shangan? Todos saben que los bancos en Irlanda han sido «congelados fuera de los préstamos interbancarios por tener un futuro dudoso» y esto ha resultado penoso para los accionistas de los bancos. El partido Fianna Fáil también ha sufrido la pena de la derrota electoral. Pero incluso antes de esa paliza, ansiaban señalar que compartían las penas del pueblo. Para el momento en el que Rachel Peavoy murió, por ejemplo, el salario del Taoiseach ya había sido reducido en 72,000 Euros (quedó en 214,000 Euros). Lorenzo Bini Smaghi del Banco Central Europeo interpretó este dolor como justicia. Los irlandeses, dijo, deben compartir las penas de los inversionistas porque ellos votaron por el gobierno que las causó. Entonces no es sorprendente que una madre soltera muriera sola en los departamentos Shangan durante el invierno más crudo registrado porque la calefacción estaba apagada. Incluso puede pensarse como un ejemplo de la justicia según Bini Smaghi, aunque en ninguno de los documentos sobre su muerte se menciona si votó por el Fianna Fáil o si hubiera votado por ellos aunque creyera que tal vez estuvieron involucrados en el asunto de la calefacción, ni siquiera se menciona si alguna vez votó.
En el contexto del colapso bancario, de la intervención del FMI/BCE y en vista de que todos debemos sufrir para salvar nuestro querido país, Rachel Peavoy dio su breve vida por la causa. Desafortunadamente no puede ser galardonada con el típico estatus de mártir porque eso significaría que el enemigo es el estado. Como un cáncer en el cuerpo político, nos estaríamos atacando a nosotros mismos. Así que la discusión se concentra en interrogatorios de si las ventanas del departamento estaban abiertas o si el Tramadol la dejó soñolienta. Lo que esto implica es que Rachel Peavoy fue imprudente –¿qué no lo fuimos todos y ahora tenemos que pagar por ello? Usaba drogas (si bien un analgésico bastante suave que no necesita receta y dentro de las dosis indicadas) y dejó las ventanas abiertas. Nadie se pregunta la razón por la que abrió las ventanas de su departamento en una noche tan gélida y nadie acredita la declaración de su amiga, Jaqueline Johnson, de que abrió las ventanas la mañana que encontró a Rachel porque el departamento olía mal. Este cuento de la imprudencia de Irlanda ha sido tomado por políticos, ex banqueros, periodistas y emisarios extranjeros de países pudientes como un salvavidas en un charco. Incluye una sensación como de tragedia griega –nos equivocamos y debemos ser castigados.
En esta tragedia las Furias son interpretadas por el mercado implacable y nuestro gran error, nuestra hamartia, que Aristóteles definió como «herir al otro», fue volvernos codiciosos. Sin embargo debemos recordar que la hamartia usualmente se comete en ignorancia de su naturaleza maligna y de sus posibles consecuencias. Puede cometerse a pesar de los mejores consejos. Pensemos en Edipo quien, intentando evitar el terrible crimen que el oráculo de Delfos profetizó para él, ignorante, si no es que inocente, comete justamente ese crimen. Edipo era un buen hombre pero malentendió el papel del oráculo. Nosotros también fracasamos en entender que los oráculos son agentes en nuestra tragedia y no sólo comentadores desinteresados. Edipo perdió la vista por su hamartia. Rachel Peavoy murió congelada por la nuestra.
El final de la tragedia, según Aristóteles, a quien seguimos recurriendo para estos asuntos, es la catarsis. Pero nuestra catarsis se va a tardar y nuestros hijos y sus hijos compartirán el castigo. Debemos considerar que nuestra obra ocupará el escenario por algo parecido a una era geológica. El telón no caerá durante nuestra vida.
De manera significativa las raíces etimológicas de catarsis están en la «purga» de sangre menstrual. ¿Era por eso que Rachel Peavoy tomaba Tramadol? ¿Su dolor, su miedo y su hipotermia fueron parte de la catarsis de Irlanda? ¿Habrá tomado Tramadol inocentemente? ¿Fue esta hamartia lo que la hizo inmune a los efectos sigilosos y acechantes de la hipotermia como nosotros fuimos inmunes a las consecuencias insidiosas de la prosperidad? Si no hubiera tomado Tramadol, ¿hubiera sido aceptable la decisión del gobierno municipal de no encender la calefacción para cortar gastos? ¿Es ése nuestro futuro? De ahora en adelante los analgésicos estarán contraindicados para la catarsis económica. Si sufre dolor primero consulte a su asesor financiero.
La nuestra es una tragedia de tramas y subtramas interminables –no todo es muerte por hipotermia. Hay que pensar en los niños con enfermedades degenerativas. La doctora Orla Killeen, consultora pediátrica reumatóloga en el Hospital para Niños de Nuestra Señora en Crumlin, recientemente declaró al público que aproximadamente 200 niños con artritis juvenil están en una lista de espera de 15 meses. Éste es el dolor del que todos hablan –aunque nunca sean específicos. Esto, de acuerdo con Bini Smaghi del Banco Central Europeo, es sólo parte de las represalias por pertenecer a la población que votó por el Fianna Fáil. Desde luego, los niños no votaron. Sin embargo, los pecados de sus padres o de los amigos o conocidos de sus padres, o por lo menos los de la gente que vive en su distrito electoral, llegan a ellos en la forma de articulaciones torcidas e inflamadas, huesos chuecos, noches febriles y medicamentos con efectos secundarios horrorosos. Claro que éstas son las Furias. Me pregunto si Bini Smaghi considera que quince meses son una tarifa apropiada.
Mientras tanto, las firmas de nuestros exportadores son esperanzadoras. Las transnacionales siguen canalizando utilidades a través de este país y nuestro gobierno declaró que mantener bajos los impuestos de las corporaciones es una prioridad nacional. Cambiamos de gobierno pero no hemos visto un cambio claro en las políticas. Ellos dicen que la gente de Irlanda es capaz de recuperarse y que hemos enfrentado circunstancias mucho peores –tal vez se refieren a hechos históricos como La Gran Hambruna. Los irlandeses tienen una larga historia de lucha contra la opresión, dicen –aunque olvidan que la lucha implicó la muerte de todos los opresores, y sus socios corporativos, que pudiéramos agarrar.
Y la renovación, por supuesto, está en curso.
Traducción de Hipatia Argüero
__________
William Wall es autor de cuatro novelas, tres colecciones de poemas y un libro de cuentos. Ha escrito en periódicos, revistas en línea y para radio. Tiene un blog principalmente sobre política («The Ice Moon Blog» en www.williamwall.eu). Ha ganado y sido seleccionado para muchos premios.
Hipatia Argüero Mendoza (Ciudad de México, 1988) estudió Letras Inglesas en la UNAM. Es traductora y lectora por placer, aunque también por obligación. Le gustan los gatos y en general se la pasa bien. Busca fiesta. Si tienen fiesta avisen.










