¿Revolución o extinción?
Sobre las reformas estructurales en México
La recién iniciada administración de Enrique Peña Nieto ha adoptado el tema de la aprobación de reformas estructurales como el símbolo de un nuevo México, destinado a avanzar hacia la modernidad y el progreso. Motivados por el impulso reciente que ha adquirido este tema, seis jóvenes involucrados en cada uno de los sectores en los que se han implementado o se busca implementar estas reformas exponen sus principales puntos, aciertos, desaciertos, perspectivas y potencialidades con la finalidad de promover el debate sobre la importancia de estos proyectos para superar los problemas políticos, económicos y sociales que aquejan a nuestro país.
En el terreno político, la noción de la evolución progresiva y lineal de las sociedades ha estado presente desde mucho tiempo antes de la aparición formal de las teorías de Charles Darwin. No obstante, su consolidación y expansión a finales del siglo XIX sirvió para dar sustento científico a esta noción y convencer al mundo de que las sociedades se encontraban en las diferentes etapas de un esquema en cuyo fin se encontraba un estado o fase superior determinada.
Ligado a esta noción, comenzaron a permear distintas teorías que proponían ciertas «recetas» o pasos a seguir para que los países que buscaran superar su estado actual pudiesen avanzar hacia la meta o ideal que pretendían alcanzar. A pesar de que importantes voces disidentes intentaron refutar estas teorías proponiendo análisis más complejos y multidimensionales, la realidad es que hasta el día de hoy estas ideas siguen teniendo un eco considerable entre los tomadores de decisiones alrededor del mundo. El caso de México no es la excepción. En los últimos años, buena parte de los estudios y diagnósticos que intentan explicar la pobreza y los problemas económicos del país identifican el origen del atraso con la falta de voluntad política para adoptar una serie de reformas en distintos ámbitos que permitirían impulsar la eficiencia y el crecimiento del país. Las llamadas reformas estructurales, por lo tanto, se han convertido en la receta o llave que permitiría a México acceder a otra etapa del proceso evolutivo, cuya metal final será, por supuesto, el perenne sueño de convertirnos en un país desarrollado.
Partiendo del interés e importancia que han adquirido estas reformas en el debate sobre las transformaciones que se deberían realizar en el país para estimular el crecimiento económico y el desarrollo de la población, Cuadrivio invitó a seis jóvenes expertos en cada uno de los sectores en los que se tiene planeado implementar estas reformas a que respondieran brevemente una serie de preguntas vinculadas a la importancia y trascendencia de cada una de ellas, y a que describieran, a grandes rasgos, el contenido de la reforma, el estado actual de sus respectivos sectores, los grupos de poder que promovieron o detuvieron su aprobación y sus perspectivas sobre su potencial de aprobación o implementación. Sus respuestas las pueden encontrar en orden alfabético (educativa, energética, fiscal, laboral, política y telecomunicaciones) en la parte inferior.
En el marco de esta discusión, varios cuestionamientos se mantienen en el aire. ¿Son estas reformas el primer y necesario paso hacia una eventual mejora de la economía nacional? ¿Tendrán algún tipo de repercusión real en el combate al atraso, la pobreza y la desigualdad? ¿Aparecen en el momento preciso? ¿Responden a las necesidades prioritarias de cada sector? ¿Son la clave para la esperada «evolución» del país? Éstas y muchas otras preguntas siguen en el tintero y son una muestra más de que el debate en torno a las reformas estructurales y su alcance en nuestro país, lejos de terminar, apenas está comenzado.
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Reforma educativa
Fecha de aprobación: febrero de 2013
Lizbeth Mendoza Chávez
El 25 de febrero del presente año, el presidente Enrique Peña Nieto, acompañado por los presidentes de las tres principales fuerzas políticas de México: el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), promulgó la Reforma educativa. Los dos principales ejes de esta reforma son: establecer el Servicio Profesional Docente y crear el Sistema Nacional de Evaluación Educativa.
No es nuevo que la educación en México es deficiente. Aunque hemos tenido avances en la cobertura a nivel básico, el setenta por ciento de los alumnos que terminan la primaria lo hace con un nivel elemental en matemáticas, debido a que entre los alumnos de sexto de primaria la diferencia entre el conocimiento que deberían tener y el que tienen llega hasta los cuatro grados escolares. En la secundaria la situación empeora, ya que más de la mitad de los estudiantes que logran finalizar este nivel escolar lo hacen con un nivel deficiente, es decir, carecen de los conocimientos y habilidades mínimas en cada una de las asignaturas.
Estos resultados han colocado a la educación como uno de los temas principales de la agenda de los últimos 20 años: cada uno de los gobiernos ha realizado esfuerzos importantes mediante el aumento del gasto educativo (México es el país de la OCDE que asigna el porcentaje más alto de su gasto público en este sector, 20 %), la evaluación educativa y la creación de programas educativos federales y estatales, como el Programa Escuelas de Calidad y Enciclomedia. Sin embargo, año con año los resultados son los mismos y, a pesar de los esfuerzos, no logramos mejorar. Pero ¿será cierto que esta nueva reforma es lo que le estaba faltando a nuestro sistema educativo?
La Auditoría Superior de la Federación en su informe del 2012, menciona que el problema de la educación en México es que las acciones que se han realizado en los últimos años han sido aisladas y desarticuladas entre sus componentes,[i] lo cual se refleja en: «el desfase en la actualización de los planes y programas de estudio, las deficiencias en la formación inicial y continua de los docentes, el deterioro y la falta de equipamiento de las escuelas, así como la insuficiencia de mecanismos de preparación social de la comunidad y los actores sociales en el proceso educativo».[ii]
Siguiendo este diagnóstico, la Reforma educativa difícilmente va a lograr su propósito porque no nos ofrece una alternativa para articular los componentes de la educación, simplemente está apostando a uno de ellos, los maestros. Pero no sólo eso, sino que para el presidente y los firmantes del Pacto por México, la educación es un problema político definido como la pérdida de la rectoría del Estado sobre un sistema educativo en manos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Por lo tanto la mejor solución fue encarcelar a su líder, Elba Esther Gordillo, y promover el Servicio Profesional de Carrera. En otras palabras, el problema de la educación se redujo a un problema de índole laboral.
Por ello, vale la pena preguntarnos de qué sirve un Servicio Profesional de Carrera si no sabemos para qué y hacia dónde queremos dirigir la educación en este país. Esta falta de un debate abierto sobre el problema de la educación ha provocado una serie de manifestaciones, muchas de ellas violentas, por parte de los docentes quienes ven en la reforma la incertidumbre de su permanencia como profesores. Esta incertidumbre proviene de una falta de definición clara de lo que se espera de ellos como profesores y de sus alumnos; en esta reforma no está definido qué es un buen profesor: ¿el que enseña valores a los niños?, ¿el que logra que sus alumnos obtengan los mejores resultados en las pruebas estandarizadas?, ¿el que toma más cursos?, ¿el que sabe más?…
Lo cierto es que esta pregunta es difícil de responder si no sabemos para qué queremos la educación y si no tomamos en cuenta uno de los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad y que los maestros en sus manifestaciones han tratado de que entre en el debate, las diferencias que existen en los contextos de los alumnos, porque no es lo mismo dar clases en una secundaria general en el DF que en una telesecundaria en la sierra de Guerrero.
De igual forma, la obsesión que ha tenido el gobierno desde hace 10 años de evaluarlo todo, los programas, a los niños y a los maestros, no nos ha ayudado a mejorar los resultados. Con el paso de los años las técnicas de evaluación se han perfeccionado, pero a ese mismo ritmo se han desvirtuado, porque la evaluación no es en sí misma un instrumento que mejore el aprendizaje de los estudiantes, la evaluación debe tener un propósito, y en los últimos años sólo ha servido para estigmatizar a las escuelas, los maestros y los alumnos. Es por ello que la autonomía del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la creación de un Sistema Nacional de Evaluación son necesarios pero no suficientes, porque sólo nos proporcionan información para saber cuál es la situación actual de nuestro sistema educativo y la posibilidad de contabilizar los recursos con los que contamos. Es decir, nos muestran las consecuencias del problema de la educación, como la baja calidad y cobertura, pero no nos dan información sobre las causas que nos han llevado a esta situación, y necesitamos conocerlas para saber cómo atacar el problema.
Si revisamos los informes que el INEE ha producido en los últimos años, resalta la desigualdad como una constante. Los niños y jóvenes en condiciones de pobreza obtienen los resultados más bajos y reciben el peor servicio educativo, asisten a las escuelas en las peores condiciones y no cuentan con los materiales ni los profesores adecuados. Es decir, la escuela, en lugar de ser una opción que nos ayude a disminuir las diferencias entre los mexicanos, las reproduce. Anteriormente la educación permitía la movilidad social, ahora condena a los estudiantes a continuar en el círculo vicioso de la pobreza.
La desigualdad es una de las posibles causas de nuestro problema educativo. Si esto se reconociera, como lo han planteado diversos sectores de la sociedad, el sistema educativo entero, incluyendo a los profesores, los planes y programas, las escuelas, la evaluación, etc., se movería a modo de revertir este gran problema y lograríamos articular los componentes. Si supiéramos y estuviéramos de acuerdo en cuál es e











