Hugo Chávez: 14 años de batalla mediática
En el campo semántico de la democracia actual, los términos medios de comunicación y poderes fácticos, son fundamentales; la historia de la segunda mitad del siglo XX justifica con creces esta afirmación. Gerson López nos explica que en la Venezuela de Hugo Chávez, dichos términos fueron también una constante. Por medio de un detallado ejercicio cronológico, el autor aborda la conflictiva relación entre el recién fallecido ex presidente y el complejo aparato mediático de la nación bolivariana.
Gerson López
Escenas del pasado
Con la llegada de la democracia en 1958, los movimientos políticos se convirtieron, entre saltos y represiones, en las grandes fuerzas aglutinadoras de las masas del siglo XX venezolano. Entre éstos destacan dos: Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei), partidos hegemónicos que dominaron durante casi 40 años el escenario político venezolano. Medios como la radio[1] y la televisión[2] apostaron por su consolidación y expansión, reflejando los equilibrios políticos de aquellos decenios. No obstante, eventos como la crisis financiera de los años ochenta (mejor conocida como el Viernes Negro de 1983), el estallido social o Caracazo de 1989 y los dos intentos de golpe de Estado de 1992 pesaron de forma significativa en la reconfiguración política de los imaginarios colectivos venezolanos y fungieron como alerta para un sistema de partidos que fue agotando su liderazgo, en la medida en la que los partidos dejaron de ser las importantes «correas de transmisión» entre el gobierno y la ciudadanía. En plena crisis de los años noventa, estos mismos medios hicieron eco de las denuncias que criticaban un sistema de liderazgos desgastado y plagado de debilidades institucionales, y se perfilaron, junto a otras instituciones, como los actores políticos más confiables del país.
La era Chávez y la credibilidad massmediática
El punto álgido de la crisis de representación se evidenció en las elecciones de 1998, cuando –por primera vez en la historia política del país– ganó la silla presidencial un candidato sin trayectoria en las tradicionales fuerzas hegemónicas de Acción Democrática y Copei. Hugo Chávez, apoyado por el Movimiento V República (MVR), luego de lanzarse a la palestra pública en sus dos desesperados y fallidos intentos por llegar al poder manu militari, logró conectar su discurso populista con el deseo de cambio y transformación de los venezolanos. En esa primera ocasión, obtuvo el 56. 2 por ciento de los votos.[3]
En medio de esta coyuntura, los medios contaban con una notable aceptación popular. De acuerdo con las encuestas que desde el año 2000 ha venido realizando la firma Datanálisis, en la última década del siglo XX y los primeros años del XXI, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y los medios de comunicación figuraban entre las instituciones con mayor credibilidad entre los venezolanos, mientras que los partidos políticos se ubicaron en los últimos puestos.[4] Este clima de confianza permitió que los medios fuesen ampliando su rango de acción en los primeros años de la presidencia de Hugo Chávez. Tal y como lo describe Andrés Cañizález: «Los venezolanos encontraron en estos medios los espacios de denuncia y demandas que no tenían en las instituciones. Esta debilidad del sistema político e institucional contribuyó a darle a los medios un poder mayor y por tanto una posibilidad más abierta de incidir en la agenda política del país».[5]
La creciente influencia de los medios en la agenda pública llevó, eventualmente, a un enfrentamiento con el poder político. El excesivo uso de cadenas por parte del presidente Chávez en abril de 2002[6] como instrumento para contrarrestar la cobertura de sucesos como los del 11-A,[7] representó el punto crítico de esta confrontación y el ejemplo más claro de una lucha maniquea de ambas partes por imponer su propia visión de país. Durante los sucesos del Paro petrolero (diciembre de 2002-enero de 2003), los medios saturaron el espacio informativo sin dar cabida a otros temas de interés para la ciudadanía. Esta acción, deliberada o no, en lugar de contribuir a la libre circulación de la información y el debate, incrementó las tensiones. Al centrar sus agendas en el desarrollo del Paro petrolero, los medios fijaron la atención de la audiencia en el ojo del problema, reforzando el clima de polarización que se venía gestando en el país. Andrés Cañizález realiza una descripción de los eventos ocurridos durante este periodo:
(…) cada canal presentaba una imagen del país; en una pantalla el paro era un éxito rotundo, y para eso nos mostraba calles del este capitalino; en la otra pantalla esta paralización era un fracaso estrepitoso, y también apelaba a imágenes, éstas de actividades en el oeste caraqueño o algunas zonas fuera de Caracas. La p










