Teoría crítica del cuerpo

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Roberto Cruz

 

 

I

 

no es la fiebre

sino el pánico de la música

que nos posee

lo que torna tu sonrisa

en bruma del tabaco

tu entrepierna

–aunque mejor sería

hablar de topo de luna

o sílaba precisa–

quiero decir tu centro prodigioso

tu armadura desgarrada

el fiambre que te cubre

el nombre la sorna

dices espera aún la nave

espera que el cielo en el subsuelo nos

observa

con su música de brisas y el

frío de no saber nombrarte

con los huesos

espera que mi marcha es larga y extenuante

espera un poco

una nada

espera un cielo bocabajo un

armatoste

en la punta del deseoso

 

una fuente de luces que desciende

su fuerza que mantiene a flote

la armadura

el casco el armatoste

la costilla que brilla en la obsidiana

la mordiente faz de la frescura

la pureza inexistente

la pureza que flaquea por la lumbre de las notas

conseguir la furia

la tierra prometida en el cadalso

la visión aérea

una no nombrada cosa que

carezca de tu cuerpo luminoso

 

II

 

parece que cuando llueve

lo único posible es

incendiarse

en apretado flujo

contra sí mismo

 

cuando llueve parece

que la única salida es

recostarse

en el lomo incendiado

en la apariencia

–tomar a la miseria

–con su rostro

sucio de tan puro–

y mordisquearla–

 

III

 

el lustre de un cuerpo: su fisura en la geometría de la avidez : la voz tipluda de hambre que te llama

 

hueco de sarna

huero de tan sombra

en los labios resecos

 

–la borradura de su espacio

–enumeración de los contrarios

–no poesía  sino juntura

/pegamento de hambre/

/semen/ regalo y sedición

 

sed de la forma: en sus arenas acuosas: en su librea de hueso descarnado

 

IV

 

Pensar desde la duda

el autismo que te nombra

la repetición fallida de los enunciados

su ornamento en un sentido lato

lo que cuelga

lo que anuncia

 

dudar nunca del cuerpo

de sus arterias huecas

 

la debilidad acorazada su cansancio vulnerable

 

no dudes nunca del cuerpo que se ofrece

de su resequedad

de su silencio

que en su escasez es ángel de los mundos

–todo ángel ya se sabe es un sueño

un fantasma del deseo–

 

blasón de la batalla contra el magma

su fuelle es el aire que nos corta

la ruptura anticipada de los vellos que se erizan

 

 

_______________

Roberto Cruz Arzabal (ciudad de México, 1982). Egresado de la maestría en Letras mexicanas de la UNAM, licenciado en Lengua y literaturas hispánicas por la misma universidad. Ha publicado poemas y ensayos en revistas como Tierra adentro, Punto de partida, Viento en vela y Periódico de poesía, entre otras, así como en antologías y libros colectivos.  Fue primer premio del concurso 42 de la revista Punto de partida en el área de poesía.

 

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

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