Las postales de la barbarie
Selen Catalina Arango Rodríguez
La muerte de la abuela
Noventa y seis años de respiraciones se juntaron en la noche de la muerte de la abuela.
Su última respiración nació de las entrañas que vieron crecer a doce hijos.
Su última mirada recogió su reflejo en la ventana.
Su última respiración vino desde el océano: pertenece a una ballena con pieles que han rozado el frío de dos continentes.
La infancia
La infancia es un líquido
que se escurre entre las calles
donde seguimos corriendo
para ganarle a nuestro asesino.
Pedí dejarla atrás,
con todas sus insignias y perfiles.
Pedí seguir queriéndola
a pesar de su interminable fatiga.
Su aire me hizo sangrar la nariz
y a pesar de ello
cada mañana levanto mi pie izquierdo
para seguir dejándola atrás.
Demolida
Demolida. No escuchará voces, sólo esquinas donde el viento termina de gritar lo que sus noches condenan. Una tortuga desfila con su cárcel adentro, cuadros en forma de círculo por donde se sale la pausa frente al lago.
Esa cárcel que sabe ella cargar la esconde de los restos de una casa sin descanso para visitantes.
Esa casa expulsa, no tiene sonrisa, ni mucho menos un café: tiene la aridez del cemento y de los vidrios de las ventanas para que cuando alguien los camine derrame un poco de sí.
Esta casa demolida no tendrá lugar porque la tortuga no cumple años, sino soledades para estar con ella misma.
Las postales de la barbarie
1
El desierto tiene las marcas de los cuerpos que lo regaron con su sangre.
Ellos se unen para ser grito en noches de sed y frío.
Ellos siguen huyendo de la sombra del sol.
2
Estos pensamientos fueron lanzados como una rueda que debía seguir bajando por las montañas de arena de Juárez.
Las ideas de estas postales trataron de ser un columpio en donde una niña se imaginaba tocando el cielo cada vez más cercano al miedo del pájaro que huye del árbol.
3
Estos pensamientos no son una flor con el rostro de una niña acabada de nacer y abierta para el sol.
Estas postales no tienen espacio entre los desechos que cada día son separados por las manos generosas de un hombre que sonríe al recibirlos y que ahora son cadáveres de mujeres.
4
Posiblemente, estas razones sean las del débil:
tienen lugar en la tragedia donde una hermana pide sepultura para su otra hermana antes de que sea comida por los pájaros de la carroña.
El lector del regreso
El centauro soñó que leía junto a otro.
Dos voces, las líneas de la sal que se disuelve en el mar,
hilos perennes del vestido de Ariadna.
Dos en una hoja de labios,
en la gota de sangre,
en las migas de la última doncella que había comido.
Miró hacia la fuente de la luz que aparecía sobre su libro.
y recordó que un niño impertinente quebró una de las tejas de su lecho,
y recordó que en la noche reía como la última vez que vio a una hormiga cargar con una hoja más grande que ella misma.
El centauro esta mañana sintió la sombra de otro en su espacio.
Dijo estas palabras:
—ya vivo en mi sueño y sólo perseguiré al dueño de esa sombra.
La sombra es azul,
con ojos que no temen a los laberintos,
a casas de versos,
ni a zanjas hechas por la luna.
Entonces, miró sobre su hombro y entendió que esa sombra,
azul,
amará estar detrás de un animal capaz de devorar sus propias entrañas.
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Selen Catalina Arango Rodríguez (Medellín, Colombia, 1983) Primer premio del Concurso Ediciones Embalaje, Colombia, 2009. Sus poemas han sido publicados en México en Trajín Literario (Sept-Oct.2011) y en Paisajes interiores. Anuario de Poesía/México 2010. En Colombia en Piedraluna (2010), y en Memoria del VI Encuentro Mujeres Poetas de Antioquia (2008). En la actualidad estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México el doctorado en Pedagogía y es Magíster en Educación y Licenciada en Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia (Colombia).













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