Diez consejos para jóvenes escritores

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Etgar Keret

 

 

1. Asegúrate de que disfrutas escribir.

A los escritores siempre les gusta decir lo difícil que es el proceso de escritura y cuánto sufrimiento les produce. Están mintiendo. A la gente no le gusta admitir que vive de algo que de verdad disfruta.

Escribir es una manera de vivir otra vida. Muchas otras vidas. Las vidas de incontables personas que nunca has sido, pero que son tú por completo. Cada vez que te sientes y te encuentres con la página en blanco y lo intentes –aun cuando no tengas éxito– agradece la oportunidad de expandir los alcances de tu vida. Es divertido. Es groovy. Es dandy. Y no dejes que nadie te diga lo contrario.

2. Ama a tus personajes.

Para que un personaje sea real, tiene que haber por lo menos una persona en este mundo capaz de amarlo y entenderlo, sin importar si le gusta lo que el personaje hace o deja de hacer. Tú eres la mamá y el papá de los personajes que creas. Si tú no puedes amarlos, nadie podrá.

3. Cuando escribes no le debes nada a nadie.

En la vida real si no te comportas puedes terminar en la cárcel o en un hospital psiquiátrico, pero en la escritura todo se vale. Si en tu cuento hay un personaje que te atrae, bésalo. Si en tus historias hay una alfombra que odias, préndele fuego justo en medio de la sala. Cuando se trata de escribir, puedes destruir planetas enteros y erradicar civilizaciones completas con sólo presionar una tecla, y una hora después, cuando la viejita del piso de abajo te encuentre en el pasillo, ella te va a decir hola de todos modos.

4. Empieza siempre por en medio.

El principio es como el borde quemado de un pastel que tocó el molde. Lo necesitas sólo para empezar, pero no es realmente comestible.

5. Intenta no saber cómo acaba.

La curiosidad es una fuerza poderosa. No la dejes ir. Cuando vas a escribir un cuento o un capítulo, toma el control de la situación y de los motivos de tus personajes, pero siempre déjate sorprender por los giros en la trama.

6. No uses nada sólo porque «así es siempre».

Los párrafos, las comillas, los personajes que se llaman igual a pesar de haber cambiado de página: todo eso son sólo convenciones que existen a tu servicio. Si no te sirven, olvídate de ellas. El hecho de que una regla en particular funcione en todos los libros que has leído no quiere decir que también funcione en el tuyo.

 7. Escribe como tú mismo.

Si intentas escribir como Nabokov, siempre habrá por lo menos una persona (cuyo nombre es Nabokov) que lo hará mejor que tú. Pero cuando se trata de escribir como tú escribes, tú siempre serás el campeón mundial de ser tú mismo.

8. Asegúrate de estar solo cuando escribes.

A pesar de que escribir en cafeterías suene romántico, tener gente a tu alrededor probablemente hará que te comportes, te des cuenta o no. Cuando no hay nadie cerca, puedes hablar solo o sacarte un moco, incluso sin darte cuenta. Escribir es una especie de ese hurgar en la nariz, y cuando hay gente cerca, la tarea puede volverse menos natural.

9. Deja que las personas a las que les gusta lo que escribes te den confianza.

Y trata de ignorar a todos los demás. Lo que sea que hayas escrito simplemente no es para ellos. No te preocupes. Hay muchos otros escritores en el mundo. Si buscan lo suficiente, seguro que encontrarán a uno que cumpla sus expectativas.

10. Oye lo que todos tienen que decir, pero no escuches a nadie (sólo a mí).

La escritura es el terreno más privado en el mundo. Así como nadie puede enseñarte realmente cómo te gusta el café, nadie puede enseñarte realmente cómo escribir. Si alguien te da un consejo que suena bien y que se siente bien, úsalo. Si alguien te da un consejo que suena bien, pero que se siente mal,  no pierdas ni un segundo en él. Puede funcionar para alguien más, pero no para ti.

(Bonus)

11. Amor difícil.

El «bloqueo del escritor» es un término inventado por escritores muy consentidos y quejumbrosos para referirse a los periodos en que no se sienten inspirados. La asunción que se esconde tras este término es que la creatividad es una fuente eterna y con máxima potencia, por lo que si en determinado momento queremos escribir pero nada excepcional sale del otro lado de nuestro teclado o de nuestra pluma, debe haber alguna falla obstruyendo el ciclo natural de la creatividad continua.

Me gustaría plantear una perspectiva alternativa. La creatividad, como el amor, es un regalo. Y no te dan regalos todo el tiempo. Si vas a una cita y no te gusta el chico o la chica con el que saliste, no es que estés experimentando «bloqueo del enamorado»–sino que simplemente no estás amando en ese preciso momento, y si eres lo suficientemente paciente experimentarás amor en el futuro (probablemente en el lugar y la hora en que menos lo esperes). Si no escribes bien, sigue escribiendo cosas malas (no te preocupes, la mala escritura es completamente ecológica –no daña la capa de ozono ni hace que te de cáncer). Si se vuelve muy frustrante, deja de hacerlo –mejor juega bádminton, colecciona aviones a escala, o haz todas esas cosas que hace la gente que no escribe. Pero principalmente, espera pacientemente. (Pacientemente, en oposición a impacientemente, o enojadamente, o amargadamente –porque esa clase de espera no lleva a la buena escritura en el futuro. La paciencia sí.)

Escribir no es un hábito. Es una forma de expresión única. Y nadie te debe esa experiencia especial todos los días o semanalmente. Pero si haces un esfuerzo, en su ausencia, por seguir viviendo tu vida y experimentar nuevas cosas, eventualmente regresará. Y cuando lo haga, disfrútala tanto como puedas, antes de que se vaya otra vez.

[*] Traducción de José Miguel Rentería, con permiso del autor. Estos consejos estaban hasta ahora inéditos en español.

Disfruta también en este número de la entrevista de José Miguel Rentería con Etgar Keret.

 

 

 

 

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Etgar Keret nació en 1967 en Israel. Sus libros de cuentos incluyen Extrañando a Kissinger, Pizzería Kamikaze y otros relatos, Un hombre sin cabeza y, más recientemente, De repente, un toquido en la puerta. (Todos disponibles en la editorial Sexto Piso.) También ha colaborado con ilustradores para hacer libros para niños (Papá escapó con el circo, Noche sin luna y, próximamente, El cachorro de los hombres-gato con el pelo muy largo) y cómics. Dirigió la película Jellyfish con su esposa, Shira Geffen, con la que ganaron el premio Camera d’Or en el Festival de Cannes. Se han hecho dos largometrajes (Wristcutters: A Love Story y $9.99) y muchos cortometrajes basados en sus cuentos. Ha sido traducido, entre otros, al alemán, árabe, checo, chino, coreano, croata, danés, español, francés, galo, griego, inglés, italiano, polaco, portugués, sueco y turco. Vino por primera vez a México el año pasado y volverá este noviembre a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuyo país invitado será Israel.

José Miguel Rentería Ortega (1990) está por terminar la carrera en Lengua y Literatura Moderna Italiana en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y prepara su tesis sobre la infancia y la memoria en la literatura italiana contemporánea.

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

2 comentarios

  1. Lenny

    Noviembre 14, 2014 at 3:16 am

    Sí, a mí tampoco me convencieron mucho los consejos… muy “guays”, buena onda como él señala.
    Pero de algún modo están bien para empezar, como aquí dice, para “jóvenes escritores”. La mayoría comienza a escribir en la adolescencia y le falta mucho por descubrir y aprender, no sólo del oficio, sino de la vida.
    Así que está bien tomárselo con calma, porque no te vas a convertir en escritor en un año, ni tus primeros textos van a ser lo que en mundo estaba esperando. Por eso me quedo con el Bonus: no se trata de frustrarse, se trata de ir aprendiendo y eso requiere paciencia. Seguir escribiendo, seguir trabajando mucho. Disfrutarlo, y también sufrirlo.

  2. estefa

    Agosto 15, 2013 at 6:59 pm

    no es lo qu ebuscaba

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