Fábulas feministas de Suniti Namjoshi

Por  |  0 Comentarios

 

 

Suniti Namjoshi

 

 

De El Panchatantra

 

En la sagrada ciudad de Benarés vivía un brahmán, que, al caminar por la orilla del río, mirando a los cuervos flotar en la corriente y alimentarse de los restos de cadáveres chamuscados, se consolaba a sí mismo: «Es cierto que soy pobre, pero soy brahmán, es cierto que no tengo hijos varones, pero yo soy indisputablemente varón. Regresaré al templo y rezaré al Señor Visnú para que me otorgue un hijo.»

Volvió al templo y el Señor Visnú lo escuchó y el Señor Visnú cumplió su deseo, pero ya sea por distracción o por alguna razón más abstrusa, le dio una hija. El brahmán quedó decepcionado. Cuando la niña hubo crecido, él la llamó y le dijo así: «Yo soy un brahmán. Tú eres mi hija. Había deseado un varón. No importa. Te enseñaré lo que sé, y cuando seas capaz, meditaremos juntos para encontrar guía.»

A pesar de ser mujer, ella era brahmán y aprendió rápidamente, y después padre e hija se sentaron a meditar. Al poco tiempo apareció el Señor Visnú. «¿Qué es lo que quieren?», les dijo. El brahmán no pudo contenerse. Exclamó de pronto: «¡Quiero un hijo!»

«Muy bien», dijo el dios, «A la próxima.» En su siguiente encarnación el brahmán fue mujer y tuvo ocho hijos varones.

«¿Y tú qué quieres?», le dijo a la niña.

«Quiero estatus humano.»

«Ah, eso es más difícil», dijo el dios, y formó una comisión.

El Panchatantra es un libro de fábulas Sánscritas. A diferencia de Esopo, contiene tanto brahmanes como bestias.

 

 

*

Un cuento moral

 

La Bestia no era un noble. La Bestia era una mujer. Era por eso que su amor por Bella era tan monstruoso. Cuando era niña la Bestia tuvo padres tan amables como liberales. «No es que desaprobemos a los homosexuales, pero la gente no está de acuerdo y por eso nos da tanta pena que te creas uno. Queremos que seas feliz, y los homosexuales no son felices, y ésa es la verdad.»

«¿Por qué no son felices?»

«Porque la gente no está de acuerdo…»

La Bestia pensaba que estas razones eran círculos viciosos, pero también descubrió que no era feliz. Los niños no le interesaban. Se enamoró de una niña. La niña no lo aprobó, y la Bestia fue objeto de burla. Se volvió más y más solitaria y se dedicó a la lectura. Pero los libros dejaban claro que los hombres amaban a las mujeres, y las mujeres amaban hombres, y los hombres cabalgaban y tenían todo tipo de aventuras y las mujeres se quedaban en casa. «Ya sé cuál es el problema», se dijo a sí misma un día. «Sé qué pasa: no soy humana. La única historia que me queda es la de la Bestia. Pero la Bestia no cambia de Bestia a humano por su amor. Es al revés. Y la Bestia no es fiera. Es extremadamente gentil. Ama a Bella, pero vive sola y muere sola.»

Y eso hizo. Sus padres la lloraron, y los vecinos se sintieron mal, especialmente por los padres, pero no era culpa de nadie: se le había advertido y no había escuchado.

 

 

*

 

La mona y los cocodrilos

 

Una mona solía vivir en un gran árbol jambul que crecía a la orilla del Río Yamuna. La fruta de este árbol era especialmente deliciosa y semejante a las ciruelas. Al pie del árbol vivían dos cocodrilos. La mona y los cocodrilos eran muy buenos amigos. La mona les daba ciruelas a los cocodrilos y, en agradecimiento, los cocodrilos le hacían plática. También la protegían –aunque ella no lo sabía– y vigilaban sus alrededores. Pero llegó un día en que la mona se empezó a sentir impaciente.

«Me voy», dijo, «a explorar el mundo.»

«Bien, monta en mi espalda», dijo uno de los cocodrilos, «y te ayudaré a cruzar.»

«No», dijo ella, «no quiero ir a la otra orilla. Quiero seguir el cauce del río hasta llegar hasta su fuente».

«Eso es peligroso», dijeron los cocodrilos.

«¿Por qué?», dijo la mona.

«Hay bestias en el río. Te van a comer.»

«¿Qué tipo de bestias?»

«Bueno, son largas y angostas, con piel escamosa y mandíbulas poderosas.»

«No entiendo», dijo la mona.

«No te vayas», dijeron los cocodrilos.

«Pero quiero ir y ver por mí misma.»

«Cuídate de las bestias», le dijeron sus amigos los cocodrilos.

La mona se fue. Siete años después cojeó de vuelta. Había perdido su cola, seis dientes, y un ojo.

«¿Encontraste la fuente del río Yamuna?»

«No», dijo la mona.

«¿Encontraste las bestias?»

«Sí», dijo la mona.

«¿Cómo eran?»

«Se veían como ustedes», respondió ella, lentamente. «Cuando me advirtieron, hace muchos años ya, ¿sabían eso?»

«Sí», dijeron sus amigos, sin mirarla a los ojos.

 

 

*

 

El cocodrilo

 

Un día, cuando la mona tuerta estaba en su árbol, que crecía junto al río, un hombre vino (iba cargando un hacha) y pidió algunas ciruelas. No le agradó a la mona, pero estaba dispuesta a ayudarle, así que dijo: «Mis ciruelas están verdes, pero si regresas el lunes te daré algunas.»

«Tonterías», dijo el hombre, «claro que están maduras», y sacudió el árbol con mucha fuerza. No cayó ninguna ciruela (efectivamente seguían verdes), así que el hombre se enojó y empezó a tirar piedras. La mona estaba asustada. Ya había perdido un ojo y las piedras podían dañarla.

«¡Cuidado!», gritó ella, «hay un cocodrilo detrás de ti.»

«Mentirosa», gritó el hombre y aventó su hacha. La mona la esquivó y de algún modo la atrapó. Al mismo tiempo las mandíbulas del cocodrilo se cerraron sobre el hombre. Cuando el cocodrilo terminó de comer, la mona le preguntó cómo se sentía.

«Lleno», dijo el cocodrilo.

«No», dijo la mona, «lo que quiero decir es, ¿cómo te sientes desde el aspecto moral?»

«Bueno», dijo el cocodrilo, «salvé tu vida, aunque es cierto que tú atrapaste el hacha.»

«Pero mataste a un hombre», dijo la mona severamente.

«Bien pues, como tú quieras», contestó el cocodrilo. «Tú aventaste el hacha. Mira cómo suena. Mona Mata a un Hombre en Defensa Propia».

«No», dijo la mona, «Yo no aventé el hacha.»

«Cierto», dijo el cocodrilo, «tú le advertiste al hombre. Si te hubiera creído, yo estaría muerto.»

«Lo lamento», dijo la mona.

«Sí», dijo el cocodrilo. «El hombre era un abusador. Tú fuiste la víctima. Y yo fui heroico. Salgo el mejor.»

 

 

*

 

 

La esposa del pescador o la tonta feminista

 

Oh príncipe del Mar,

Por favor escúchame,

Ya que Alicia, mi esposa,

Que la vida me acosa,

Me ha rogado que ruegue

A usted un favor.

 

Y el salmón se levanta a la superficie, radiante, dorado, gracioso. «¿Ahora qué quieres? Eres el Rey del Mundo. Tienes un palacio dorado, una corte radiante, un gracioso jardín. ¿Qué más podría querer alguien?»

«Señor, con su permiso, ella quiere poderes mayores. Quiere libertad. Dice que quiere ser libre de querer lo que quiera querer.»

«¿Qué estás diciendo?»

«Disculpe, Señor, me da terror decirlo.»

«Dilo de una vez, hombre.»

«Creo, Señor, que ella quiere ser Dios.»

«No seas ridículo. Lo que quiere es un divorcio. Si me resultas agradable, puedes quedarte como rey y la echaremos fuera.»

«Gracias», dijo el hombre, y desde entonces el salmón y el pescador vivieron felices para siempre.

 

 

*

El ratón y el león

 

Un día un león atrapó un ratón. «¡Perdóname!», dijo el ratón, «soy tan pequeño y tú eres tan grande; pero, quién sabe, tal vez algún día te pueda regresar el favor.»

El león pensó que eso era chistoso y dejó libre al ratón. Pero unos días más tarde el león quedó atrapado en una red. Al poco rato pasó el ratón.

«¡Ayuda!», gritó el león. «Ayúdame, pequeño ratón. Masca las cuerdas. Recuerda, después de todo, me debes un favor.»

El ratón empezó a roer las cuerdas pero de pronto se detuvo.

«¿Por qué te detienes?», rugió el león.

«Acabo de pensar algo», dijo el pequeño ratón, «verás, es que creo que ya te he hecho el favor.»

«¡No es cierto!», rugió el león.

«Sí, lo he hecho», dijo el ratón.

«¿Cómo?», rugió el león.

«Bueno, velo así», dijo el ratón, «no te he matado.»

 

 

 

Traducción: Gabriela Silva Rivero

 

 

______________

Suniti Namjoshi (Bombay, 1941) es una escritora y académica feminista cuyas obras estudian asuntos de género, poder, e identidad sexual y cultural. Aunque ha escrito varios libros para niños, sus dos trabajos más famosos son Feminist Fables, publicado en 1981, y Building Babel, de 1996, una novela interactiva que continúa siendo escrita en línea por medio de la colaboración de lectores e hipertextos. Actualmente reside en Devon, Reino Unido.

 

Gabriela Silva Rivero (Ciudad de México, 1985) estudió Lengua y Literatura Moderna Inglesa en la UNAM. Actualmente realiza su posgrado en la Universidad de Essex y es miembro del consejo editorial de Cuadrivio. Su primera novela, Los doce sellos (Ítaca, Ciudad de México), fue publicada en 2009. Twitter: @huesodeliebre

Print Friendly

Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>