Cinco poemas de Claude Esteban

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La recepción en Francia de la literatura en español y, en especial, de la literatura mexicana, habría sido completamente distinta sin el trabajo de Claude Esteban. Fue el traductor al francés de importantes poetas: Francisco de Quevedo, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Luis Cernuda, Xavier Villaurrutia, José Lezama Lima, Roberto Juarroz, Álvaro Mutis, Guillermo Sucre, Pere Gimferrer, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Pablo Neruda, pero, sobre todo, fue el traductor de Octavio Paz. Sobre su trabajo como traductor, Paz le dijo en una carta: «Sus traducciones son poesías paralelas a los poemas originales. No exagero diciéndole que usted ha hecho algo que sólo puede compararse con las grandes traducciones de este siglo, como las de Pound o como las de Eliot».

La traducción de poesía es un arte delicadísimo que no puede ser confiado únicamente a un buen conocedor de la lengua. Es necesario, además, ser un poeta. Y Claude Esteban lo era.  Sin embargo, su obra es aún poco conocida en México.

Estas traducciones tratan de remediar, al menos por un instante –el instante frágil y breve de la lectura– esa laguna. Son, también, una forma de agradecimiento que nuestra literatura, desde hace años, le debía a Claude Esteban.

Ernesto Kavi

 

 1

 

De la mano del ángel tomé el libro y

lo ignoré,

y lo comí sin saber

leerlo,

y hubo primero sobre mi lengua

como un sabor a miel

y toda palabra por fin dulce, después,

cuando lo devoré

hasta la última frase, mi corazón

se llenó de amargura

y el ángel cesó

de reír,

para siempre

 

2

1

Quería vivir como

las hormigas, en la tierra y comer

la tierra opaca y sin

futuro, y quería

vivir también como un ángel que va

por encima de todo el peso

del día, sin prisa, sin deseo,

y yo era el ángel

y las hormigas, absurdo

y luminoso y negro.

 

3

3

No tuvimos tiempo, creímos

que un minuto podía

bastar, una mano

sobre un brazo, nunca imaginamos

que todo había terminado

en alguna parte, escrito quizá

en un libro que nunca habríamos de leer,

sobre todo si hablaba

de una mujer, de un hombre, de un jardín

 

4

 

Me aseguran que la luz

es algo

minúsculo y que muere,

que el cielo

no tiene substancia y que hay

que descender, proteger

la tierra y yo no escucho,

me conformo con mirar lo que se eleva

en la luz, un jardín, ese rostro

por encima de los árboles.

 

5

 

El árbol. El cielo. El

viento.

 

No he dicho

nada.

 

Me vuelvo hacia la noche. Veo

la tierra.

 

La tierra

que creí tocar.

 

Intacta

lejos de mis dedos.

 

Exacta,

entera.

 

 

 

 

_______________

Ernesto Kavi (Ciudad de México, 1981) es escritor y traductor. Estudió literatura en diversas universidades de México y Europa. Ha vivido en La Habana, Venecia, Florencia, Barcelona, Salamanca, Budapest y Viena. Actualmente vive en París.

 

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