Anomalía
Luis van Ronzelen
1. Las paredes blancas
Nuevamente, la pelota roja está inmóvil sobre el suelo.
Salimos del amplio cuarto al abrirse la puerta que daba a la antesala y dejamos al anciano contorsionado sobre el suelo como una enorme araña pisada.
—No. No te voy a ayudar a dormir; tienes que hacerlo tú sola. Sin pastillas. Eso es muy importante, ¿entiendes? Venga, ya pasó.
Mi respiración sigue agitada, y mis ojos están hinchados de cansancio. Es en este momento, cuando ya no puedo más, en el que siento que ella me observa con la misma atención y dedicación distante que les reserva a nuestros pacientes. Los seis días de descanso que me da no hacen nada para ayudarme a olvidar los gritos, que reverberan unos con otros y dan la impresión de que le estamos haciendo esto a la misma persona que no deja de gritar nunca. Y por eso no puedo dormir, porque el eco dura seis días.
—Lo siento, pero tienes que hacerlo tú sola -reitera mientras se quita la ropa como indicación para que yo haga lo mismo.
Estamos las dos de pie en la pequeña antesala. Al igual que en el cuarto de estudios del que acabamos de salir, las paredes son blancas y pulcras, caramelizadas con una capa dura de plástico frío al tacto y que nunca se mancha. Clara apoya su palma derecha sobre la pared y un pitido suave e inteligente le responde. Con su dedo índice y su uña rosa brillante empieza a trazar órdenes con líneas y círculos sobre el muro. El día anterior sus uñas habían sido marrones.
—Creo que nunca había durado con alguien tanto tiempo.
— ¿Eso es bueno? -preguntó apáticamente.
—Eso es… algo. Abre bien los ojos, hija.
Otro pitido, y un sonido de inhalación. Las paredes aspiran la imperceptible capa protectora que nos cubrió la piel antes de comenzar. Nunca es desagradable sentir cómo los poros respiran de nuevo, dejando una sensación ligeramente helada que dura unos segundos. Un panel perfectamente disfrazado en la pared se abre y colocamos los uniformes de algodón negro en ganchos para guardarlos. Nuestra ropa sale de otro panel, y yo siento alivio al ponerme mi sudadera.
Clara me miró con sus enormes y maquillados ojos negros mientras se ponía sus collares. En su mano ya estaba el encendedor para prender un cigarrillo apenas saliéramos.
—Ya te empezó a apretar en el pecho, ¿verdad? Es que ese uniforme es de hombre. Ay, hija.
Siempre me llama hija. Suena tan raro cuando lo dice ella, como si supiera lo vago del término y el poco compromiso que indica. Salimos a la superficie, y yo sigo pensando en la araña aplastada, y en sus ojos vacíos porque no ven nada, porque lo ven todo. Pienso también en qué es lo que esas paredes blancas harán con el cuerpo para que la próxima vez que entremos a ese cuarto todo estuviera de nuevo limpio, fragante, vacío.
* * *
Hola, soy su Asistente de instalación. Es un gusto conocerle. Para facilitar el diálogo entre la interfaz y el usuario, los canales de comunicación se mantendrán pasivos por medio de asistencia farmacológica.
Este… ¿Hola?
Hola.
Qué está…
Gracias por elegir este producto. Su preferencia es muy importante para nosotros, y confiamos en que su experiencia sea satisfactoria. Por políticas de la empresa, este proceso y su respuesta al mismo pueden ser monitoreados con el fin de mejorar la calidad de nuestro servicio.
Está bien, supongo. Una pregunta…
Espere un momento, por favor…
Bueno, ya…
¡Éxito! La aplicación intravenosa del paquete de instalación se ha realizado correctamente. ¿Desea continuar la instalación?
Sí.
La instalación comenzará en unos segundos. Espere por favor.
Como su Asistente, estoy diseñado para ayudarlo con la reconfiguración neuronal necesaria para completar la instalación. Si en algún momento tiene usted alguna pregunta, no dude en formularla. ¿Desea continuar?
Sí.
El tiempo estimado de instalación es de 12 minutos ocho segundos.
Evaluando matrices de pensamiento… listo.
Trazando patrones de comportamiento… listo.
Diagnosticando problemas… 5 por ciento.
17 por ciento.
42 por ciento.
81 por ciento.
Diagnóstico completado.
Problema. He detectado las siguientes anomalías con su configuración actual:
1. Se ha detectado la presencia del virus «GripeComún». Es indispensable que el sistema esté libre de virus para que éstos no interfieran con las alteraciones a nivel celular. Este Asistente puede descargar la estructura molecular de un tratamiento antiviral y liberarlo al torrente sanguíneo. Tiempo estimado de tratamiento y solución: 42 segundos. ¿Desea descargar y liberar el antivirus?
Eh… ¿Sí?
Descargando antivirus. Sintetizando antivirus. Anomalía corregida.
Solucionando el siguiente problema…
Sus lecturas neuronales muestran síntomas clasificados como dañinos. Se han encontrado indicios de falta de sueño, respuesta emocional inestable, y los análisis de movimientos oculares parecen indicar episodios recurrentes de estrés intenso. Diagnóstico: «DepresiónCrónica». ¿Desea reconfigurar su predisposición a este problema?
¿Eso se puede? Supongo… sí.
Los efectos secundarios de la reconfiguración pueden incluir pérdida parcial de memoria y alteración de los índices de respuesta emocional. ¿Confirma que desea realizar la reconfiguración?
Sí.
Reconfigurando. Este proceso puede tardar varios minutos dependiendo del daño causado por la anomalía.
Espera… ¿Asistente?
Reconfiguración terminada. Durante la reconfiguración se han detectado archivos en la memoria que causan problemas de respuesta emocional al ser accesados. Estos archivos se consideran dañinos y es recomendable eliminarlos.
¿Mi memoria?
Archivos eliminados. Problema: «DepresiónCrónica» corregido. Todos los problemas han sido corregidos. Continuando la instalación.
2. La primera araña
La teoría siempre la he entendido. El problema es que a veces me costaba trabajo pensar en cómo ocurrió el momento en el que todos aprendieron a estar en todas partes. Clara decía que todo empezó con un papel y una palabra. Una mano torpe sostiene un instrumento torpe. Y como todo lo que contiene una idea, al papel le germina el viajar y otras manos reciben las palabras. Las palabras se multiplicaron, los papeles dejaron de ser necesarios. La luz plateada bañaba millones de rostros en millones de escritorios, embelesados con lo pequeño y amigable que se había vuelto el mundo. Era inevitable, supongo, que la vida secundaria y murmurada que todos escondían detrás del cero y del uno quisiera un poco más de luz. Todo ello me enferma. Me ha enfermado desde el principio. Supongo que a ellos aún más.
No me podía quejar de Clara. Me causó cierta ansiedad cuando, a falta de alumnos, el instituto asignó a un profesor para que le sigamos todo el tiempo. Lo mejor y lo peor de Clara es que nunca se calla. Ni siquiera cuando estaba yo a punto de entrar con ella por primera vez a la sala blanca. Las paredes nos cubren de protección plástica, y ella detiene sus pintadísimos labios únicamente lo indispensable, y continúa hablando con voz ronca. Estaba tan nerviosa, apenas lista para finalmente pasar con ella y ver a una de las víctimas. No sabía qué esperar.
—Tienes que entender que el problema nunca fue la tecnología. Los únicos que se peleaban con la idea de avanzar eran ese montón de hippies mugrosos. Marchas. Marchas por todos lados quejándose de que la globalización esto, que los cultivos alterados lo otro. Y luego a volver a su casa, a conectarse a la red y platicar con otros hippies iguales. Sin darse cuenta de que no fue siendo una parvada de liberales llorones que llegamos a darles todas las libertades que disfrutaban como adictos. No fue abrazando árboles ni disculpándonos con los tomates antes de comerlos que erradicamos la hambruna global. El problema nunca fue la tecnología, sino el ocio. Estábamos muy bien cuando todo avance servía para alimentar, para curar, incluso para ir a matar a un montón de fanáticos ignorantes que no hacen más que desperdiciar petróleo. Alimentar, curar y matar son cosas importantes que dejamos de hacer. Fue el puto ocio, hija, el que convirtió esto en una enfermedad.
La puerta se abre y me encuentro a mi primera araña. La primera de muchas, ya lo sabía entonces. Su cabello es una agradable maraña rubia, y lo primero que me sorprende es lo limpio y bien cuidado que está, tanto su cabello como él. Con todas las quejas que circulan sobre las áreas de cuarentena, francamente esperaba ver algo más vergonzoso. Calculé que tenía unos 16 años.
—Trata de no juzgar, de no concentrarte en que ellos eligieron estar así. Porque entonces sólo vas a pensar que son una bola de idiotas que destruyeron su vida a propósito con una maldita inyección. Un poco de compasión es bueno, ¿entiendes? Lo primero que tienes que saber es cómo tratarlos. No van a responder, ni bien ni mal, a casi nada de lo que hagas –continuó ella, acercándose sin cuidado al joven y pasando una mano por el cabello del chico. Es justo lo que yo hubiera hecho. Los ojos del chico ni siquiera se enfocaron.
—¿No se da cuenta?
—No estamos seguros. Por una parte, los estudios indican que él no se da cuenta. Pero aun así hay respuestas sutiles en la química cerebral.
—¿Qué quiere decir eso?
—Ah, hija. No sé. Que quizás él no se da cuenta… pero hay algo que se da cuenta. Eso es con casi cualquier cosa que hagas… pero hay excepciones –agregó aburrida, mientras de su bolsillo sacaba el encendedor con el que prendía sus cigarrillos. La pequeña flama estaba quizás a unos 20 centímetros de la cara del muchacho, la pude ver reflejada y duplicada en los ojos vacíos antes de que el chico se pusiera de pie y se alejara un par de metros con movimientos fluidos y rostro pacífico.
—Su instinto de conservación está intacto…
—De hecho está bastante exagerado. Nadie le tiene ese miedo a una llama tan pequeña. Algo lo está alterando para asegurarse de que nada le ocurra. Pásame la pelota, yo empezaré la irradiación del cuarto.
—Es como si la enfermedad quisiera cuidar a su portador –musité mientras la recogía del suelo.
Los dedos de Clara volvieron a dibujar órdenes sobre la pared y un sonido, agudo y casi imperceptible como el de un aparato eléctrico que se quedó prendido durante la noche, goteó por todo el cuarto.
* * *
Para terminar la instalación, el Asistente calculará las necesidades nutricionales de su organismo para satisfacerlas por medio de síntesis molecular.
Calculando peso…
Calculando edad…
Calculando requerimientos…
¡Éxito!
¿Ya puedo empezar?
Hay personas que quieren comunicarse contigo. ¿Deseas hacer amigos?
Sí.
Estoy enviando invitaciones.
¿Cuántos amigos tengo?
Tu total de amigos en este momento es de 11 millones 235 mil 813. ¿Quieres hablar con ellos?
Sí.
Todos tus amigos se están comunicando contigo. Disfruta. ¿Deseas que en el futuro este Asistente haga amigos por ti para ahorrarte tiempo?
Sí.
El Asistente hará amigos por ti cada vez que sea posible la operación. Si tienes alguna pregunta, no dudes en formularla.
Gracias.
…
Advertencia: He detectado una anomalía en el sistema.
¿Perdón?
Una interferencia está afectando la velocidad de la conexión.
3. Una dosis saludable
La pelota roja fue idea de Clara. Parece algo completamente arbitrario, pero la verdad es que no puede ser fácil el decidir cómo es que le vas a presentar nuestro universo a quien lleva quién sabe cuánto tiempo sin vivir en él… sin pensar siquiera en él. Es un objeto sencillo, fácil de percibir. La manera en cómo la gravedad, la fricción, el movimiento y la luz afectan a la pelota roja es accesible y poco amenazadora. Habría tenido mucho más miedo de esa pelota si aquella primera vez hubiera sabido cuántos serían aplastados por ella.
El primer cambio se detectaba en los ojos, que nos miraban por primera vez. Sin embargo, se desviaron casi inmediatamente hacia la pelota que Clara sostiene entre sus uñas verde limón.
—¿Sabes qué es esto?
La boca se abrió y cerró varias veces, como un pescado sin agua. Clara estudió al muchacho con una dosis saludable de compasión. Muy claramente, su voz ronca y femenina emitió los sonidos precisos.
—P-e-l-o-t-a.
Clara rebota el juguete sobre el suelo, y el ligero tap inflado resuena suavemente. El muchacho gritó. El que emiten es un alarido como el de un bebé, terriblemente sincero en su confusión ante las cosas más pequeñas. El grito se detuvo sólo cuando el muchacho cayó fulminado. El eco permaneció en las paredes, donde se juntaría más adelante con los demás gritos de más arañas. Me acerco, y mi visión de despedaza en astillas húmedas cuando toco la maraña de cabello rubio.
* * *
Una interferencia está afectando la velocidad de la conexión. Esto puede deberse al desgaste de ciertos sistemas con el tiempo.
Pero no llevo ni un minuto.
Rectificación: El tiempo estimado desde la primera conexión es de 2 mil 307 días, tres horas y siete minutos.
Pero…
La pérdida de la noción del tiempo es un efecto secundario completamente inofensivo de este programa.
No…
Por desgracia, el Asistente no puede atenderlo en este momento, ya que se encuentra analizando daños que superan en prioridad al usuario.
Favordemantenerlacalmayaquelosefectosdelaanomalíanoseconocenconcertez…
4. Rojo y redondo
—Necesito dormir, Clara–. He interrumpido sus ronquidos despertándola en el sofá de su cubículo, donde acostumbra dormir. Sus ojos se ven mucho más viejos sin el maquillaje. La pequeña luz verde que viene de la puerta blanca es lo único que ilumina el cuarto. Es como si estuviéramos bajo el agua, donde el sol apenas se filtra. Ya hemos tenido esta conversación. Le digo que ya no quiero seguir, y ella me dice por qué debemos seguir.
—Pero no hacemos nada. Sólo matamos gente.
—Tratando de ayudarlos, hija.
— ¿Qué te hace pensar que es necesario curarla? Yo los veo muy bien. Felices. Protegidos.
—A veces se me olvida lo pequeña que eres.
* * *
Me siento sola sin mis millones de amigos. Me pregunto qué ha pasado con el Asistente.
Blanco. Sólo hay blanco. Y rojo. Rojo y redondo. Y una voz ronca, de mujer.
—Ay, hija.
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Luis Miguel González Van Ronzelen (ciudad de México, 1985) estudió Literatura Dramática y Teatro en la UNAM, especializándose en el área de dramaturgia. Además de haber escrito obras de teatro en varios estilos y géneros, ha colaborado en diversas puestas en escena tanto como autor como en roles de dirección, actuación y adaptación. Además de textos teatrales, también ha publicado cuentos, poesía, y reseñas en revistas impresas y online. Le gustan los videojuegos, el teatro, y las máquinas de escribir viejas.












