¿De dónde proviene la minificción?
El horror por las explicaciones y amplificaciones
me parece la más preciosa de las virtudes literarias.
Julio Torri, «El ensayo corto», 1917
Elisa Vizcaíno
La minificción es el término que utilizan los teóricos para definir un texto narrativo sumamente breve y que conjuga ironía, fragmentación y mezcla de distintos géneros literarios.
La minificción surge en una época en la que la instantaneidad está a la orden del día: mensajes instantáneos, sopas instantáneas, imágenes instantáneas. Sin embargo, este nuevo género literario no es instantáneo para facilitarle la vida los lectores, sino que proviene de una tradición muy antigua: la narrativa breve. Ésta ha existido desde mucho tiempo atrás y la podemos encontrar en adivinanzas, parábolas, fábulas, leyendas o cuentos sumamente cortos. Es decir que, desde siempre, la brevedad ha sido una alternativa para crear literatura.
La diferencia entre el ayer y el presente es que en el pasado la brevedad era un medio para expresar cierto tema, y actualmente es el fin en sí mismo: crear minificción es plantearse el reto de construir un comprimido, dejando los temas en un segundo plano.
Desgraciadamente, la minificción con frecuencia se ha banalizado o resumido a: «el que diga menos palabras, gana». Esto es un error porque la brevedad no es sinónimo de ligereza, la brevedad no es sinónimo de 140 caracteres. Para que un texto breve funcione como minificción, debe ser impecable en cuanto a formato y contenido, lo cual es mucho más importante que el número de palabras. Por lo tanto, es necesario recordar que la minificción es valiosa por ser el resultado de una tradición literaria de narrativa breve en la que lo importante era y debe ser la concisión y la sencillez, antes que el número de caracteres.
La minificción no proviene de las sopas instantáneas, es decir, no busca contribuir a la vida acelerada; aunque puede ser leída en un cinco segundos, genera en el lector tantos cuestionamientos o reacciones que se convierte entonces en una canica de plomo, muy pequeña pero con suficiente peso.
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Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda (Ciudad de México, 1984) es licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana y realizó la maestría en Letras Mexicanas en la UNAM. Ha publicado sus minificciones en algunas revistas y distintos blogs.













Guillermo Arnul Castillo Ruiz
agosto 3, 2013 at 8:50 pm
Más claridad no puede darnos el sol.
Saludos desde Colombia.