Aún está vigente la necesidad del mito

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Liliana Gómez incursiona en un análisis completo de la cinta mexicana Cuentos de hadas para dormir cocodrilos. Dicha película fue reconocida en eventos nacionales de importancia y el siguiente trabajo nos muestra el gran trabajo que se realizó en cuanto argumento, guión y producción.

 

El hombre de hoy, despojado del mito  

debe escarbar frenéticamente buscando sus raíces

entre las más remotas antigüedades.

Friedrich Nietzsche

Liliana M. Gómez Montes

 

 

El nuevo drama ranchero

Según Ignacio Ortiz, director y guionista de Cuentos de hadas para dormir cocodrilos (2002), esta película es parte de una trilogía a la que él denomina «Nueva comedia ranchera», incluyendo sus películas Mezcal (2005) y A la orilla de la tierra (1994).

A Cuentos de hadas…, en la entrega de los premios Ariel 2002, se le otorgó siete premios. También cuenta con el reconocimiento por la Crítica Internacional de la XVII Muestra de cine mexicano en Guadalajara, con el Premio Don Quijote, del festival de Karlovy Vary y el del Chamizal Independent Film Festival.

Ortiz ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales por sus películas[1]. No es ajeno al cine mexicano el reconocimiento de los especialistas y su público, aunque suele haber poco presupuesto y apoyo institucional. La distribución es muy pobre y no corresponde a la calidad de la película, ni al interés del público por conocer el cine mexicano de buena calidad.

Cuentos de hadas en farsa

Cuentos de hadas para dormir cocodrilos parte del conflicto que se desencadena por dos muchachos que apuestan tres monedas para mirarle los ojos a un coyote. A partir de este suceso se desencadena una maldición, el cosmos se ve alterado y, como consecuencia, generación tras generación se matarán entre hermanos. El naufragio de la cordura hará que no vuelva más la lluvia al pueblo y que Arcángel, el protagonista, intente huir de sí para no repetir el legado maldito.

Cuentos de hadas… se ha configurado dramatúrgicamente en bloques. Su estructura es anecdótica. Cuadro a cuadro nos va contando su historia el Arcángel del presente, junto con la mujer del pueblo, Isabel, su contraparte y complemento dramático. La trama no es lineal, sino elíptica. Hay cambios en el tiempo (que abarcan desde los inicios de la vida independiente de México, hasta la segunda mitad del siglo XX) y en los personajes, que se representan a partir de la conversación de Arcángel e Isabel, que van de su presente al pasado, para volver a su presente; de generación en generación y de episodio a episodio.

La trama se urde con el lenguaje de la metáfora, dando lugar a lo extraordinario. Se hace una abstracción simbólica del conflicto y se crea un guión con tono de farsa y sabor a realismo mágico. Como la farsa no es un género dramático en sí, ya que puro no existe, en esta película va entrelazada la tragedia. Arcángel, el protagonista, habrá de vivir la acción del drama interiormente, logrando un personaje con carácter trágico. Recordemos que el actor Arturo Ríos obtuvo el reconocimiento de La Academia por este trabajo. Es un personaje de carácter. Es el único personaje con biografía, que va analizándose y reconociéndose, hasta generar un movimiento interno que repercutirá en el exterior. Ha querido huir, pero ha vuelto para mirarse en el reflejo del espejo de la historia familiar. Se ha reconocido a sí mismo (anagnórisis) y ha tomado la tremenda decisión de darse muerte, intentando redireccionar la fuerza del destino.

El personaje de Isabel, quien va a contrapunto con el protagonista, es un personaje fársico, que se asemeja más a una simbolización que a una mujer realista. Ella ha sido testigo de la historia de los hermanos Arcángel desde el inicio del conflicto. Veremos pasar a través de su relato, desde la intervención francesa, las leyes de Reforma, hasta la llegada de la radio y los antecesores del cine en México. Isabel es una mujer atemporal, un tanto grotesca, quien se conserva igual al paso del tiempo. Este personaje evoca a las universales páginas de Pedro Páramo en las que también una mujer del pueblo (Eduviges Dyada) cuenta su historia al hijo que ha vuelto para reconocer a sus antepasados y, en este proceso, lograr reconocerse a sí mismo. Isabel/Eduviges es un personaje fársico que, al igual que el conflicto (también de tono fársico),  reciben un tratamiento sutil de exageración de rasgos, que buscan mostrar a su espectador una realidad, que va más allá de lo que se ve.

Isabel se configura con cuatro características relevantes en la construcción de su personaje: cultiva gusanos de seda y saca sus hilos, para hilar la trama que veremos representada; fuma marihuana, lo que le da un carácter fuera de lo ordinario; su ropa es color gris pobreza sin algún rasgo indígena particular que le dé identidad; vive sola.

Isabel aparece en escena vistiendo su falda y suéter gastados y, como la araña tejedora, llevará en sus diversas escenas la madeja de seda consigo. Aprovechando el lenguaje visual del cine, lleva la madeja sin hacer una referencia verbal explícita a este gesto, ya que se sugiere sólo para la mirada del espectador esta señal.

Isabel preguntará a Arcángel qué hará con la maldición fratricida que lo asecha. Ante situación tan tremenda, habría que encontrar una solución definitiva. Isabel dará una posible salida afirmando que el amor podría ser el antídoto. Un tema tan grande como el amor carece de fuerza dramática aquí.

El personaje de Arcángel años atrás había intentado huir de este destino yéndose del pueblo; ahora que ha vuelto ansiará dar otra respuesta: ir más allá. Decidirá suicidarse, como un gesto de amor a su descendencia después del proceso de reconocimiento interno (anagnórisis) por el que ha pasado a lo largo de la trama. ¿Se habrá logrado romper la maldición después de este sacrificio? Al morir, los truenos parecerían anunciar al espectador el júbilo del cielo, mas hay escenas que parecen anunciar que la maldición no se extingue. En el hermoso horizonte de la serranía donde se ubica el pueblo vemos pasar a la viuda y a su hijo al volver del cementerio y, junto a ellos, casi imperceptible –como suele sucederles a los indígenas–, vemos al coyote y a un indio, quienes nos dejan abierto el enigma.

Mestizajes

Ignacio Ortiz ha comentado[2] que el mestizaje es uno de los temas relevantes en su película, y efectivamente lo encontramos en distintos planos.

1. Presencia extranjera

A partir de la llegada de los extranjeros a Marcos Pérez[3], veremos pasar la intervención de los franceses y la de los estadunidenses como personajes emblemáticos que no tienen nombre ni historia en particular, tan sólo una identidad extranjera. Pasarán por el pueblo y se relacionarán con la familia de Arcángel; para la vida y para la muerte, amarán a sus mujeres; o llevarán la pistola que habrá de matar a los diversos hermanos de Arcángel. La vida rural será el escenario tanto de los grandes eventos nacionales como de los pequeños y cotidianos, de la gente ordinaria.

2. Paisaje mestizo

Oaxaca enmarca el drama de los Arcángel como testigo serrano de la historia. Las casas tienen paredes de tierra, como las de los abuelos indígenas zapotecos y chinantecos, habitantes originarios de la región, y sus techos son de teja, tal como comenzó a hacerse desde la Colonia. Isabel vive en una de las tradicionales viviendas mestizas, sola, donde cría gusanos de seda[4], actividad que llegó también con la Colonia. Los hermanos Arcángel tendrán una casa semejante y también entraremos a ella para observarlos en algunos momentos de su intimidad. Aunque el pueblo serrano parece un sitio remoto, será el centro del drama, el axis del mito, desde donde veremos pasar los siglos y a sus personajes.

3. Imaginario mestizo

El imaginario mestizo considera que la cosmovisión indígena en las culturas originarias del mundo son poseedoras de un discurso que a veces logra salir del logocentrismo, lo que resulta muy atractivo para creadores e investigadores. Se acepta el pensamiento nahualístico aunque no se conozca su funcionamiento. El lobo es resignificado y puede ser apreciado o temido, por su potencial respuesta de animal salvaje y por los misterios que pueda haber en él. Si bien las ideas de la maldición o del destino pueden rebasar nuestra comprensión racional moderna, la trama se configura de tal manera que se le da un orden a la realidad, con coherencia dramática a través del lenguaje cinematográfico y aquello que nos podría parecer ajeno –como los nahuales y las fuerzas del lobo–, viene a resultarnos familiar, cercano y comprensible.

4. Amestizamiento

La familia de Arcángel no lleva en ninguna de sus generaciones, una marca de identidad indígena clara. Sabemos que Marcos Pérez está en algún lugar de Oaxaca, nos lo ha dicho Arcángel desde el inicio de su historia. Y la sierra oaxaqueña siempre va ligada a la presencia indígena. No obstante, en la película no vemos ni un bello textil –como suele haberlos en la realidad de muchas comunidades serranas de Oaxaca en las que se puede ver a las mujeres en un enredo de algodón o con un huipil– como vestir cotidiano. Tampoco se da lugar el uso de alguna lengua indígena a pesar de que, tanto el zapoteco como el chinanteco, aún tienen hablantes de sus lenguas en la región. Lo que vemos en los personajes principales es que hablan castellano y visten con ropas industriales color gris pobreza. Son personajes que nos permiten hacer una abstracción del contexto rural, borrando la huella del ser zapoteco o chinanteco, en el que el pobre de la escena es cualquier pobre.

Esta desindianización o amestizamiento de los pueblos originarios, sigue siendo parte del dilema de las instituciones de gobierno en México. Desde el siglo XIX y durante el XX, que comenzó el proyecto de nación en México –periodo que abarca Cuentos de hadas…–, ha habido dificultades para convivir con la diversidad indígena. Se ha hablado de unidad racial y cultural en toda Latinoamérica, desde los inicios de los países independientes. El oaxaqueño José Vasconcelos (1882-1959), durante el periodo de gobierno de otro oaxaqueño, Porfirio Díaz, sería el artífice del discurso regulador de la identidad nacional moderna. Arcángel, el protagonista que lleva la trama, es un amestizado y su identidad indígena ha quedado borrada.

Los mitos son atemporales

El lenguaje simbólico de los sueños así como el de los mitos, nos ha acompañado desde que la humanidad comenzó a inventar lo que hemos llamado civilización. A través del arte se ha dado lugar a expresiones simbólicas que muestran necesidades íntimas y a la vez colectivas. El cine ha configurado el conflicto de nuestras relaciones más importantes, como son las relaciones con la madre, el padre, los hermanos, los hijos y los amantes. La propuesta de Ortiz entreteje la tradición con lo contemporáneo.

Hemos visto en los mitos los relatos donde la humanidad ha sido contada a través del tiempo y se le da sentido a lo que a veces parece difícil de comprender. ¿Cómo interpretar el asesinato entre hermanos? ¿Cómo justificar que aquellos que han jugado y reído juntos se maten un día entre sí? La literatura, el mito, el teatro y el cine continúan contándonos acerca de tan trágico evento.

La escritura y dirección de Cuentos de hadas para dormir cocodrilos se inserta dentro de una tradición milenaria que nos ha dado relatos fratricidas a través de configuraciones artísticas imperecederas. Hay configuraciones conmovedoras y terribles con las que dialogan los artistas que han participado en este proyecto.

La maldición del lobo que lleva rasgos del mundo indígena irá entretejida con otras tradiciones del mundo. Los conflictos parecen universales y no sólo de indígenas, nobles o mestizos, sino una universalidad que destaca en la película por la intertextualidad a la que recurre el autor, sea de la literatura, el teatro, el cine o la pintura. La maldición del lobo, como configuración estética, en este Cuentos de hadas… también lleva piel mestiza.

Dentro de la tradición de los relatos que entretejen la mitología con la literatura sobre fratricidios, tenemos registrado[5] en el Antiguo Testamento la trágica historia de Caín y Abel. Los griegos antiguos son reconocidos en occidente como los padres del teatro y del inicio de las artes dramáticas, que es de donde abreva el cine. Sus mitos son atemporales, a pesar de lo ancestral del suceso, lo cual hace posible identificarnos con sus tramas, hasta en la actualidad. Esquilo, en Los siete contra Tebas, muestra al Edipo que ha comprendido su tragedia y maldice a sus hijos Eteocles y Polinices, provocando a su vez una nueva tragedia entre hermanos, quienes lucharán entre sí por el poder. Shakespeare tiene varios ejemplos fratricidas. Uno de ellos está en Hamlet. El conflicto se desencadena por el asesinato del rey. A lo largo de la trama sabremos que para tomar el trono y casarse con su cuñada, Claudio ha cometido tal crimen.

Tal vez el mayor número de historias entre hermanos sea de amor y solidaridad porque nos parece que puede ser una de las alianzas más fuertes y naturales que podrían darse entre individuos. La confianza podría ser total con aquel junto al que se ha jugado desde niño y con el que se ha llegado a la vida adulta. Que se rompa este pacto con un asesinato es algo que nos alarma, todos de alguna forma tenemos un hermano y no querríamos ser asesinados por éste. Pero los mitos a través de su lenguaje simbólico nos desenmascaran, revelan nuestros deseos y temores inconfesables. Freud fue el primero en estudiarlos de esta manera. El fundador del psicoanálisis ha demostrado que nos gusta la literatura y sus mitos porque nos identificamos con sus personajes y circunstancias, a veces como víctimas y otras como verdugos.

En Cuentos de hadas… hay una bella referencia visual al Macbeth, de Akira Kurosawa[6]. Dentro de la intimidad de las casas de barro veremos el mismo drama que habrán de enfrentar los personajes de la nobleza japonesa o inglesa. La esposa de uno de los Arcángel, cual Lady Macbeth, animará a su marido a matar a su hermano, a quien quiere. De dicha terrible situación emerge una bella escena en primer plano en la que vemos a uno de los Arcángel y su mujer sentados en la cama vestidos de blanco al parecer preparándose para dormir. Contrasta la pulcritud y tranquilidad de la escena con los tintes del diálogo. Ella, embarazada, le da la pistola[7] que había encontrado escondida. Como en el Macbeth de Shakespeare, no parece haber una buena razón para la traición y, una vez perpetrada, la tragedia cae sobre todos ellos. En ambos casos es una situación injusta y triste porque la víctima confía plenamente en su verdugo.

En Cuentos de hadas… la trama es verosímil. El coyote y lo indígena son la clave, el  pasaporte para entrar a la dimensión del mundo de los hechizos y maldiciones donde existe el destino. Partiendo de esta creatura tutelar y nahualística para la cosmovisión milenaria de los mesoamericanos y sus descendientes, el personaje de Arcángel se verá envuelto en la repetición circular de la mitología destructora.

A diferencia de aquellos protagonistas de los dramas de la literatura universal que son parte de la tradición fratricida, Arcángel, como personaje fársico en Cuentos de hadas…, vive el mundo al revés. Pobre, como cualquiera en el mundo, y en vez de haber sido alguna vez un afortunado, ha sido siempre el heredero de una maldición, que no lo deja ni dormir. Es un desarraigado que se ha desindianizado y que, a través de una mirada estética, provoca que aceptemos la violencia como el tema rector de nuestro relato, resultando así conmovedor morir en la escena que corresponde al personaje.

Arcángel es un antihéroe, un héroe caído, un Arcángel en la sierra. En el centro, en el ombligo del mundo, en Marcos Pérez, la fuerza del cosmos se ha manifestado alterada –como sucede en los lugares míticos– porque la lluvia huyó por la serranía desde aquel día en que comenzó el conflicto.

Joseph Campbell ha constatado que, si bien cada pueblo tiene sus especificidades, lo que se comparte como especie es más amplio que lo único y aquellos que no se ha repetido. Los mitos pertenecen a la humanidad entera y expresan simbólicamente los valores de la sociedad que los configura, sus atributos, sus miedos y sus deseos inconfesables. Estos relatos obedecen a patrones narrativos que logran darle sentido a un mundo que parece no tenerlo y por ello a su auditorio siempre le han gustado.

Matarás a tu hermano como a ti mismo

La violencia que se representa en Cuento de hadas… se embellece a través de una poética cinematográfica. Las películas denominadas como «de violencia» enfatizan la anécdota sobre el hecho estético. En la película de Ortiz hay una búsqueda estética que da lugar a la ficción. Importa el cómo se muestran las pasiones destructoras sobre el qué. El qué es la historia de violencia de todos. El cómo se configura a través del fratricidio y es lo que distingue a las obras entre sí.

La violencia por medio de la literatura y el cine han dado lugar a diversos subgéneros. Desde la tragedia, donde los nobles se enfrentan en sus conflictos, hasta la muerte o la novela negra, donde se despliega el arte de matar o la profesionalización del crimen en la pantalla. La literatura y sus artes derivadas siempre han estado estrechamente relacionadas con la muerte violenta. Leída la muerte puede parecer bella. La ficción da lugar al lenguaje simbólico de nuestros impulsos y nos permite disfrutar de ellos. El enigma configurado estéticamente nos comunica con las fuerzas oscuras que pueden gobernarnos desde nuestro interior. El mismo arte le da lugar y lo exalta admirando a aquellos que han dominado y destruido a los otros, de ahí los héroes y los guerreros ejemplares. Eros y Thánatos se debaten; el artista hace una propuesta creativa y erótica de las pulsiones oscuras. El arte suele mostrarnos de manera persistente la imposibilidad de huir de nuestra condición destructiva. En Cuento de hadas… la muerte de un hermano siempre nos duele, estéticamente. Matar y morir parecen inevitables, ya que les resulta difícil salir del laberinto de su destino familiar y tal vez de la especie.

Bibliografía

-        Bentley, E., La vida del drama, Paidós, México, 1990.

-        Campbell, Joseph, El héroe de las mil caras. Fondo de Cultura Económica, México, 2001.

-        Giménez, Gilberto, Estudios sobre la cultura y las identidades, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2007.

-        Vasconcelos, José, La raza cósmica, Espasa-Calpe, México, 1976.

-        Zermeño, Guillermo, Del mestizo al mestizaje: arqueología de un concepto, El Colegio de México, México, 2009.

Hemerografía

-        García Canclini, Néstor, «Narrar la multiculturalidad», en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. 1998, año XXI, número 42, 2º semestre. Berkeley, pp. 9-20.

Filmografía

-        Ortiz, Ignacio (director y guión), Cuentos de hadas para dormir cocodrilos, México, 100 min., 2002.

Cibergrafía

-        Cine Filias. «Ignacio Ortiz», 26 de enero de 2008. http://www.cinefiliascursos.com.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=33&Itemid=1. Consultada 1º de junio de 2011.

NOTAS


 

[1] En algunas es sólo guionista, por ejemplo en La mujer de Benjamín; en otras también es director. Para mayor información véase la referencia cibergráfica al final del texto.

[2] Los comentarios de Ortiz se han tomado del DVD de su película en la que hay comentarios de él y sus actores sobre la realización de la película.

[3] El pueblo se llama Teococuilco de Marcos Pérez. Es una comunidad asentada en la parte norte de la Sierra Juárez. En la antigüedad era una región en la que estaban asentados grupos hablantes del zapoteco y del chinanteco. El señor Marcos Pérez fue un abogado liberal del siglo XIX originario del lugar.

[4] Afirma Ignacio Ortiz que los gusanos que aún se cultivan en la región son descendientes de los primeros gusanos que llegaron con los conquistadores. Fueron parte de una industria próspera que ahora se sostiene con una producción pequeña.

[5] Una de las referencias más antiguas que se conservan en la actualidad es del Egipto antiguo. Osiris, sería asesinado por su hermano Seth, el representante de la aridez de los desiertos y los sentimientos oscuros, como resultado de la envidia.

[6] Trono de Sangre, de Akira Kurosawa (1957) es una película que también hace su lectura cinematográfica de la obra shakesperiana Macbeth.

[7] Esta pistola será una constante en las diversas escenas de asesinato a lo largo de los años. Cuando aparece en esta escena nos enfatiza la idea del destino, ya que esa pistola vuelve una y otra vez a las escenas del crimen.

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Liliana M. Gómez Montes  (Ciudad de México) es maestra en Literatura dramática por la Universidad Iberoamericana. Participó en el Taller de Investigación Teatral en la Casa del Lago de la UNAM durante cinco años, haciendo algunas presentaciones de performances en México, Escia e Inglaterra. También ha participado en algunas películas de la directora Marisa Sistach. Es académica desde hace más de quince años, primero en la ciudad de México y ahora en el estado de Oaxaca. Llegó a vivir a Huatulco en el 2002 y desde entonces trabaja en la Universidad del Mar como profesora-investigadora. Tanto en docencia como en investigación se ha dirigido a estudiar y publicar acerca de la historia y la cultura de Oaxaca. Actualmente es candidata al doctorado en Historia, por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

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