El regreso de la economía política

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La publicación de El capital en el siglo XXI, del economista francés Thomas Piketty, sacudió a la academia y la opinión pública al poner nuevamente sobre la mesa el viejo tema de la desigualdad. Pero ¿cuál es el lugar que ocupa Piketty dentro del panorama general de la teoría económica? ¿Cuál es la relevancia de su obra? Luis Ángel Monroy y Diego Castañeda responden en este artículo a partir de un repaso de las escuelas económicas clásicas y neoclásicas.

 

 

 

Luis Ángel Monroy y Diego Castañeda

 

Introducción

La segunda década del siglo XXI ha sido testigo del despertar de la opinión pública sobre un tema que desde hace tiempo ha estado presente en las sociedades pero que no fue sino hasta la crisis económica de 2008 que se adquirió consciencia de su magnitud. Dicho tema es el incremento de la desigualdad.

La discusión sobre el tema alcanzó una popularidad inusitada el año pasado con la publicación del libro El capital en el siglo XXI[1] del economista francés Thomas Piketty. Uno de los objetivos de este economista es hacer que la ciencia económica recupere como uno de sus principales temas de investigación los determinantes de la distribución del ingreso y de la riqueza, así como sus efectos sobre el estado de la economía.  Como atestigua el giro reciente de los programas de investigación de instituciones como el Fondo Monetario Internacional o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos[2]  hacia temas relacionados con la desigualdad, Piketty ha logrado cierto éxito en este objetivo.

Planteado así, no es extraño que el texto de Piketty se llegue a considerar una obra innovadora tanto en su temática como en sus métodos, destinada a marcar un antes y un después en la configuración del canon de lecturas de un economista. En ese sentido, este breve ensayo representa una primera aproximación al análisis de los efectos que el texto de Piketty puede tener sobre el extenso canon económico.

Antes de continuar, es necesario hacer una aclaración. Los autores de este texto consideran que dentro de la ciencia económica existe una variedad importante de escuelas de pensamiento que muchas veces discrepan en aspectos fundamentales. En ese sentido, el impacto de una obra debe evaluarse haciendo referencia tanto a la escuela de pensamiento de la que emana como a la forma en que ese tema se aborda en otras escuelas de pensamiento. Es decir, si bien en la economía existe un «canon dominante»,[3] esto no implica que dicho canon sea el único.

Además de esta introducción, este ensayo consta de otras cuatro partes. A continuación, se aborda cómo fue que en los orígenes de la economía como disciplina se trató el tema de la distribución del ingreso. Enseguida, se analiza cómo se modificó el enfoque del análisis de dicho tema con el surgimiento de la que hasta hoy es la escuela de pensamiento «dominante». Posteriormente, se hace una breve discusión sobre cómo las escuelas heterodoxas abordan dicha temática. Por último, se presentan algunas conclusiones y prospectivas sobre el posible impacto del trabajo de Piketty en la economía dentro de las ciencias sociales.

 

En el principio fueron los clásicos

Para valorar correctamente el lugar de El capital en el siglo XXI dentro del canon de teoría económica, vale la pena seguir los pasos de Piketty y volver en el tiempo para rastrear los orígenes del debate sobre la distribución del ingreso y la riqueza.

En sus orígenes como una disciplina distinta de la filosofía moral, la economía tenía como uno de sus temas de investigación más importantes la distribución del producto entre los agentes económicos. Para la economía política clásica (nombre original de la disciplina económica), el producto emanado de la actividad productiva estaba conformado por dos partes: una que equivalía al valor de los bienes usados en su producción (tierra, trabajo y capital) y un monto «extra» que a priori no se sabía a quién debía pertenecer. Entender los mecanismos por los cuales ese excedente era distribuido en una sociedad fue motivo de investigación de Adam Smith (Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones[4]), David Ricardo (Principios de economía política y tributación[5]), Carlos Marx (El capital: Crítica de la economía política[6]) y del resto de autores de la economía política clásica.[7] Un rasgo distintivo de estos autores es que para ellos el valor de una mercancía dependía del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla.

Más que interesarse en la distribución individual del ingreso (como Piketty y la gran mayoría de los economistas de hoy en día), estos autores se enfocaban en la distribución del excedente entre los distintos grupos sociales, definidos de acuerdo con la mercancía con la que participaban en la producción. Es decir, por cómo se distribuía el excedente entre los trabajadores, los capitalistas y los terratenientes. Ésta es la distribución funcional del ingreso, y es un tema que poco a poco ha ido recuperando vigencia dentro de la economía en la actualidad.[8]

Los análisis realizados por los autores de la economía política clásica no sólo consideraban como importantes aquellos factores directamente ligados a la actividad económica, sino que consideraban que sobre ésta influían de forma importante factores históricos, demográficos y políticos.

En el caso de la distribución del excedente, estos factores jugaban un papel fundamental en las teorías formuladas por los autores de esta época. Por ejemplo, para David Ricardo, el nivel de los salarios reales de los trabajadores se mantenía en su nivel de subsistencia (equivalente a lo que aportaban en la producción) en el largo plazo debido a factores demográficos. Si había un salario más alto, los trabajadores podían sostener familias más grandes, incrementando la oferta de trabajo y deprimiendo su precio (el salario) hasta el punto en que las familias se contrajeran. Marx llegó a un resultado similar, en el sentido de que los trabajadores sólo recibían como pago el equivalente a su aportación a la producción. Uno de los mecanismos apuntados por Marx es la existencia de un excedente de oferta laboral (el ejército laboral de reserva) que actuaba como regulador del salario. Si los trabajadores empujaban por un mayor salario vía la organización, la existencia de ese excedente generaba presiones en el mismo a la baja. Cuando el salario alcanzaba un nivel menor al de subsistencia, el excedente de trabajadores se reducía por falta de recursos para subsistir, generando presiones al alza[9]. En ambos casos, el salario de subsistencia se encontraba determinado por factores no económicos, como son las necesidades biológicas y las costumbres de las sociedades respecto a qué era lo necesario para sobrevivir.

Si bien estos factores no económicos servían como factores causales de que la participación de los salarios no abarcara una parte del excedente, uno de los factores económicos que también era un factor determinante era la desigual distribución inicial de los medios de producción. Dado que estos son escasos frente al trabajo, gozan de un mayor poder de negociación frente a éste, además de que sus dueños tienen la capacidad de apropiarse del excedente para reinvertirle y de esa forma impulsar el crecimiento de la economía. Así, la distribución del ingreso se hallaba determinada por una distribución desigual del capital en un inicio, la cual también se encuentra determinada por factores históricos, sociales y políticos[10].

 

Los neoclásicos

Este enfoque, centrado en el proceso de producción y en la distribución de un excedente, sería remplazado como corriente dominante en la economía por la escuela marginalista. Algunos de los autores que encabezaron la llamada «revolución marginalista» fueron Stanley Jevons, León Walras, Carl Menger y Alfred Marshall. Para ellos el valor de una mercancía se encontraba determinado por qué tan deseada era. Es decir, por la satisfacción o beneficio (utilidad) que se deriva de su obtención[11]. Esta escuela alejó a la economía de la filosofía moral[12], inició un proceso de adopción de la matemática como lenguaje en la economía[13] y se estableció como una profesión.

Posteriormente, esta escuela se consolidaría y daría pie a la economía neoclásica, entre cuyos destacados fundadores se encuentran Alfred Pigou, John Bates Clark y Knut Wicksell. Los postulados básicos formados por estos autores son, en buena medida, los postulados básicos de la actual escuela de pensamiento dominante en economía.

Al igual que los autores clásicos, estos autores formularon una teoría sobre cómo se distribuye el producto de una economía entre los participantes en la producción. Dicha teoría señala que cada uno de los participantes en el proceso productivo recibe como pago el equivalente al aporte realizado al mismo por el factor de su propiedad. Es decir, el dueño de la enésima máquina, recibía como pago el valor de la aportación que a la producción realizó dicha máquina. A su vez, el enésimo trabajador recibía como pago el equivalente a su aportación en la producción. Así, los dueños de los factores de la producción recibían como pago el valor del producto marginal del factor que poseían. No hay un excedente que repartir, pues si lo hubiera, se hubieran incorporado más factores a la producción para poder hacerse de esos recursos. En este caso, la distribución del ingreso sólo se ve determinada por factores económicos y es por tanto endógena al proceso de producción. Esta teoría de la distribución del ingreso ha sido duramente criticada por sus fundamentos, particularmente en referencia a la posibilidad de «medir» el valor del capital cuando éste se conforma de bienes heterogéneos[14] y del trabajo[15] cuando la producción se realiza en equipos y no de forma individual.

Esta teoría sigue siendo utilizada como la aproximación teórica al problema distributivo desde la economía neoclásica. Y en tanto que Piketty forma parte de dicha corriente, algunos de sus argumentos no son sino reformulaciones de esta teoría. Vale la pena señalar que teóricamente se sigue hablando de la distribución funcional del ingreso y no de la distribución personal que es la que ha ocupado el trabajo empírico de Piketty.

Considerando esto, es posible decir que la obra de Piketty refleja una tensión a la que se han enfrentado aquellos economistas que desde la economía neoclásica tratan de dar sentido a los hallazgos empíricos sobre la distribución del ingreso. Y es que si bien a priori la teoría neoclásica de la distribución del ingreso asume que los factores no económicos no deberían de incidir en dicho proceso de distribución y que además los resultados del mismo son los más eficientes, la evidencia empírica muchas veces apunta a otros elementos.

Esto ha obligado a que quienes investiguen la evolución histórica de la distribución del ingreso se vean obligados a proponer reformulaciones de la teoría neoclásica.

Dentro de estos autores se encuentra Simón Kuznets, padre de la contabilidad nacional y pionero en la medición de la desigualdad económica. Tras la Segunda Guerra Mundial, Kuznets habría de formular una hipótesis sobre el comportamiento de la desigualdad al interior de los países, la cual influiría de manera trascendental en la forma en que se pensó la desigualdad en el siglo XX. La hipótesis de Kuznets, resumida en una curva en forma de campana nombrada en su honor, sostiene que al inicio del proceso de desarrollo económico la desigualdad en un país se incrementara, como efecto de la acumulación acelerada de capital que provoca un incremento en la participación de las ganancias en el producto. Sin embargo, una vez que se supere esta fase inicial y se transite de una economía de ingreso medio a una de altos ingresos, la desigualdad comenzará a descender. Ello porque los rendimientos del capital serán menores a los que antes existían, debido a que ahora es más abundante que en un inicio.

Esta idea tuvo como efecto que la discusión dentro de la ortodoxia económica relegara el tema de la desigualdad a un fenómeno secundario, que habría de resolverse con el crecimiento de las economías. Así, durante la segunda mitad del siglo XX  el crecimiento y la eliminación de la pobreza dominaron las discusiones de política pública, dejándose de lado al fenómeno de la desigualdad. Habría que esperar hasta la última década del siglo XX para que nuevos economistas como Paul Romer y Phillip Aghion entre muchos otros comenzaran a cuestionar, en las llamadas teorías del crecimiento endógeno[16], la existencia de un vínculo directo entre el crecimiento de las economías y la desigualdad que existe en ellas, retando de este modo la hipótesis de Kuznets.

 

(Algunos) Heterodoxos

Si bien en la economía neoclásica el tema de la distribución del ingreso fue relegado, hubo otras corrientes de pensamiento económico que siguieron considerando al tema como uno de suma importancia para la economía.

Dentro de estas escuelas se encuentra la variedad de teorías sobre la distribución del ingreso que provienen de la tradición poskeynesiana. Dicha tradición no ha formulado una teoría sobre la distribución del ingreso, sino varias. Dos de las más importantes son la «kaleckiana» y la «kaldoriana».  Ambas son teorías de corte macroeconómico donde la inversión juega un papel clave en la determinación de la distribución del ingreso. De igual forma, recuperan hasta cierto punto elementos ajenos a lo meramente económico para explicar la distribución del ingreso.

La posición kaleckiana[17] se refiere al fenómeno de corto y mediano plazo en donde existe capacidad ociosa y cierta rigidez laboral y señala que la distribución del ingreso entre ganancias y salarios depende en buena medida de las condiciones de competencia en los mercados y de la demanda de consumo e inversión de los capitalistas. Mientras más concentrados sean los mercados, mayor será el poder de monopolio que detenten los productores y por tanto mayor será el margen que puedan cargar en el precio sobre el costo unitario de producción, ampliando con ello las ganancias de los capitalistas. De igual forma, los gastos de los capitalistas en bienes cuya oferta sea poco elástica[18] hacen que los precios de dichos bienes se incrementen a costa del salario real de los trabajadores y de la participación de los mismos en el ingreso.

Por su parte, la posición kaldoriana[19] señala que en una situación de pleno empleo de los factores de la producción, la participación de las ganancias en la producción dependería del gasto de inversión de los propios capitalistas. Esto porque en condiciones de pleno empleo la mayor demanda de bienes de inversión realizada por los capitalistas llevaría a un incremento en los precios que afectaría primordialmente a quienes reciben un salario fijo, como son los trabajadores, disminuyendo su participación en el ingreso.

Otro enfoque es el desarrollado por el estructuralismo latinoamericano[20]. Este cuerpo teórico apunta a que es la conjunción de factores propios de la estructura de una economía (la difusión de los avances tecnológicos entre los sectores, el tipo de desarrollo industrial de un país y los métodos de producción empleados, la inserción internacional de la economía) así como de orden político y social (el tipo de régimen político, la capacidad de emprender reformas de redistribución de la riqueza) los que determinan la distribución del ingreso.

Como se ve, existen tradiciones teóricas que mantienen el afán original de la economía política clásica de conjuntar explicaciones económicas con factores no económicos para poder dar una mejor explicación de fenómenos como la distribución del ingreso. Esto implica que no se trata de un fenómeno en el que los economistas no hemos avanzado en su comprensión, sino que muchos de los postulados esbozados por estas corrientes no son conocidos ni han sido debatidos por la mayor parte de la academia.

 

Piketty y el canon

Teniendo claro esta evolución del debate sobre  la desigualdad y la distribución del ingreso y la riqueza podemos tratar de situar a Piketty y su obra dentro del panorama general de este debate. La obra de Piketty tiene sus orígenes en el cuestionamiento planteado por los teóricos del crecimiento endógeno. Piketty une de cierta manera ambas tradiciones, primero rescatando la economía política en su forma clásica (es decir, egresándole lo político a la economía) y aproximándola a los debates reales de la sociedad; y segundo, la vincula fuertemente con el crecimiento económico y sus implicaciones. La ecuación de su libro r > g (donde r es la tasa de ganancia y g la tasa de crecimiento de la economía) ilustra la extensión en la que se unen ambas tradiciones.

En ese sentido, la obra de Piketty parece tratar de abrir un diálogo con las corrientes heterodoxas, pues si bien no comparte sus postulados teóricos, sí comparte el interés de incorporar otros elementos a la discusión más allá de los puramente económicos. Ejemplo de ello es el diálogo entre Piketty y Anwar Shaik, destacado economista heterodoxo en la New School for Social Research. De esta manera, la obra de Piketty puede actuar como picaporte dentro del rígido canon dominante para permitir la entrada de aproximaciones cercanas a los otros cánones que enriquezcan nuestro entendimiento de los fenómenos económicos que observamos. Sin embargo, vale la pena volver a decir que la obra de Piketty no puede ser considerada heterodoxa, en tanto que sus fundamentos teóricos siguen siendo los de la economía neoclásica. De ahí que el capítulo teórico del libro sea uno de los más criticados por autores heterodoxos.[21]

Piketty de cierta manera realiza un diálogo entre la tradición clásica y la neoclásica, lo que le permite contrastar los postulados teóricos de ambas escuelas con los datos de una investigación de muy largo plazo (300 años). Este enfoque histórico no sólo ocurre en la comparación de explicaciones teóricas, sino en la identificación de los mecanismos que han permitido que la desigualdad crezca a lo largo del tiempo y que la concentración del ingreso y la riqueza esté hoy cerca de volver a los niveles en que se encontraba en los tiempos del nacimiento de la economía moderna en el siglo XIX. Su conclusión es que la desigualdad parece ser una condición normal del capitalismo cuando se le observa en el largo plazo; sólo periodos de excepción como lo fueron las guerras mundiales y la enorme crisis del capitalismo que fue la Gran Depresión lograron brevemente generar la voluntad política para hacer cambios institucionales que dieran origen al Estado social[22] y a la disminución de la desigualdad.

Piketty en buena medida aborda todas estas posturas y posiciona estos temas olvidados por la corriente dominante de la economía.

Otro aspecto crucial por el cual la obra de Piketty influye en el canon de los economistas es que el trabajo del autor y de otros colaboradores ha permitido construir una base de datos sobre los ingresos más altos de distintas economías a través de largos periodos de tiempo.[23] La existencia de esta información y el que sea de libre acceso para todos aquellos interesados amplía la capacidad de realizar estudios de corte histórico sobre el tema en distintas regiones del mundo. Ello, aunado al renovado interés público, terminará seguramente por producir una vasta literatura económica sobre la distribución de la riqueza en el futuro cercano.

Si bien su investigación histórica y los métodos para realizarla constituyen por sí mismos aportaciones valiosas a la economía, el mayor aporte del libro de Piketty es obligarnos a dejar de ignorar uno de los más grandes problemas que las sociedades enfrentan. Así, dentro del gran canon de la teoría económica, Piketty se sitúa como un reconstructor de la economía como ciencia social, alguien que retoma los intereses originales de la economía para renovarla, alejarla de la elevada especulación teórica que ignora los sucesos trascendentales para las personas y la acerca éstas.

 

 

 

NOTAS

[1] Thomas Piketty, El Capital en el Siglo XXI, traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard y Guillermina Cuevas. México, Fondo de Cultura Económica, 2014

[2] Federico Cingano, «Trends in Income Inequality and its Impact on Economic Growth» documento PDF, OECD, obtenido dehttp://www.oecd-ilibrary.org/social-issues-migration-health/trends-in-income-inequality-and-its-impact-on-economic-growth_5jxrjncwxv6j-en;jsessionid=46vvfmma938tc.x-oecd-live-03, consultado el 8 de marzo de 2015.

[3] La economía neoclásica, conocida de forma coloquial como mainstream economics.

[4] Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, traducción de Gabriel Franco, México, Fondo de Cultura Económica, 1958.

[5] David Ricardo, Principios de Economía Política y Tributación, traducción de Juan Broc B, Nelly Wolff y Julio Estrada M, México, Fondo de Cultura Económica, 1959.

[6] Carlos Marx, El Capital: Critica de la economía política, 4ª edición, traducción de Wenceslao Roces, México, Fondo de Cultura Económica, 2014.

[7]  Jean-Baptiste Say, Thomas Malthus, John Stuart Mill, William Petty, entre otros.

[8] El incremento a la desigualdad dentro de las naciones ha forzado una mayor atención al pago a los factores de producción (capital, tierra y trabajo). Para un análisis reciente de lo ocurrido en México ver Norma Samaniego, «La participación del trabajo en el ingreso nacional: el regreso a un tema olvidado »  Economía Mexicana, no. 33, septiembre-diciembre 2014,  pp. 52-77

[9] Para una explicación sobre las distintas teorías de la distribución del ingreso en la obra de Marx, ver David Levine, «Marx’s Theory of Income distribution» en Athanasios Asimakopulos, Theories of Income Distribution, Boston: Kluwer Academic Publishers, 1988

[10] John Roemer, Free to lose. An introduction to Marxist Economic Philosophy, Cambridge, Masachussets, Harvard University Press, 1988.

[11] Es en este punto donde la economía se aproxima a los postulados filosóficos del utilitarismo.

[12] De hecho,  es en este periodo cuando en inglés se dejó de utilizar el término Political economy y se adoptó el término Economics para nombrar a la profesión.

[13] Haciendo suyas las herramientas de la física contemporánea, como la noción de equilibrio originada en la mecánica clásica y termodinámica.

[14] Para ahondar en estas críticas se recomienda ver Harcourt, Geoffrey Some Cambridge controversies in the theory of capital, Cambridge, England, Cambridge University Press 1972 y Heinz Kurz y Neri Salvadori, Theory of Production. A long-period analysis, Cambridge, England, Cambridge University Press, 1995.

[15] Es difícil medir la productividad marginal de un trabajador cuando forma parte de equipos en el proceso de producción.

[16] Philippe Aghion y Peter W. Howitt, Endogenous Growth Theory, USA, MIT Press, 1997.

[17]Athanasios Asimakopulos, «Post-Keynesian theories of Distribution» en Athanasios Asimakopulos, Theories of Income Distribution, Boston: Kluwer Academic Publishers, 1988

[18] Es decir, que no responda rápidamente a cambios en el precio.

[19] Ferdinando Targetti, Nicholas Kaldor. The economics and politics of capitalism as a dynamic system, Oxford, Oxford University Press, 1992

[20] El estructuralismo latinoamericano cuestiona la teoría neoclásica en aspectos como la autorregulación de los mercados como camino al óptimo social e incorpora factores institucionales característicos de los países en vías de desarrollo.  Para una aproximación más detallada del pensamiento estructuralista ver Octavio Rodríguez, El estructuralismo latinoamericano, México, CEPAL, Siglo XXI, 2006.

[21]Dos ejemplos de estas críticas son Lance Taylor, «The triumph of the Rentier? Thomas Piketty vs Luigi Pasinetti & John Maynard Keynes»  documento PDF, New York, Schwartz Center for Economic Policy Analysis, The New School , 2014, obtenido de http://www.economicpolicyresearch.org/images/docs/research/political_economy/WP_2014-7_Taylor_Piketty_vs_Pasinetti_6.26.14.pdf consultado el 8 de marzo de 2015. y James K. Galbraith  «Kapital for the Twenty-First Century? »  Dissent, vol. 61, no. 2, abril 2014,  pp. 77-82.

[22] Comúnmente conocido como Estado de bienestar

[23] Facundo Alvaredo, Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty y Emmanuel Saez, The World Top Incomes Database, obtenido de http://topincomes.g-mond.parisschoolofeconomics.eu/ consultado el  8 de marzo de 2015.

 

 

 

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Luis Ángel Monroy Gómez Franco (ciudad de México, 1991). Licenciado en Economía por la Facultad de Economía de la UNAM. Estudiante de la Maestría en Economía de El Colegio de México.  Editor de la Sección de Economía de la revista Paradigmas.

Diego Castañeda Garza (ciudad de México, 1984) Licenciado en Economía por el ITESM, y maestro en Economía y Desarrollo por University of London-London School of Economics and Political Science. Miembro de la Royal Economic Society y editor de la sección de Ciencia de la revista Paradigmas.

 

Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

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