La cancha más grande del mundo
Publicado el 02. jun, 2014 por Cuadrivio en Política y sociedad
El deporte y la política se encuentran irremediablemente vinculados. En ningún país del mundo esta simbiosis es tan evidente como en el caso brasileño. En este artículo, Ricardo Becerril analiza la cercana e histórica relación entre el futbol y la política en Brasil, mostrando la importancia que tiene el Mundial de Fútbol como elemento de legitimación y valorización de los regímenes políticos, especialmente en un entorno de ‘elecciones y selecciones’ como el que vivirá este país durante los próximos meses.
Ricardo Becerril
Hay algunos pueblos y caseríos del Brasil que no tienen iglesia, pero no existe ninguno sin cancha de fútbol.
Eduardo Galeano
Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte.
Juan Villoro
Calentamiento
Este verano seremos testigos de cómo o pais mais grande do mundo se convertirá en la cancha más grande del mundo. A partir del 12 de junio y durante un mes, Brasil será el anfitrión del torneo deportivo más importante y mediático del mundo: la Copa Mundial de Futbol.[i] En esta vigésima edición del torneo se darán cita 32 selecciones nacionales de los cinco continentes, todas con el único objetivo de levantar el trofeo. Así, después de 64 partidos conoceremos al nuevo campeón del mundo. Parece simple. Nada más alejado de la realidad, pues como señala el epígrafe de este artículo, lo que está en juego es mucho más que un deporte.
¿Por qué el futbol? Mucho se ha escrito desde las ciencias sociales y las humanidades en un esfuerzo por comprender el juego de pelota moderno, para impulsarlo o demolerlo. Su éxito puede ser explicado, al menos inicialmente, por la simplicidad de las reglas para su práctica. En lo que al futbol profesional se refiere, además de ser un negocio transnacional, se ha convertido en el vehículo para los rencores nacionales, los fervores regionales y las pasiones individuales. Al final, se trata de nuevas formas de canalizar los conflictos. Aquellos rasgos tribales que persisten en nuestras sociedades se maximizan durante los 90 minutos de un encuentro. Por lo mismo, fácilmente conllevan el gen de la violencia y la irracionalidad, lo cual puede degenerar en actos de barbarie dentro y fuera de la cancha.[ii] Fuera de ello, al final, el futbol nos convoca y nos hace sentir como parte de un «todo» sin importar la nacionalidad o el origen social.
¿Por qué el mundial? El escritor español Javier Marías define al futbol como «la recuperación semanal de la infancia». Por lo tanto, un mundial es entonces la sublimación de todos esos sentimientos de añoranza y pasión en un solo mes, por el que, por si fuera poco, hay que esperar cuatro años. El hecho de que en un único torneo deportivo convivan valores tan disímbolos como los de la economía capitalista y los del deporte de alto rendimiento inquieta a analistas e intelectuales de escritorio de todo el mundo (conservadores y progresistas por igual). La respuesta más elemental radica en la naturaleza del ser humano. El hombre es un ser eminentemente social. En esa sociedad juega y, sobre todo, compite. Por otro lado, en la sociedad teledirigida de hoy, caracterizada por la inmediatez de la imagen y la información, el futbol llega a todos lados. De esta forma, el homo ludens de Johan Huizinga y el homo videns de Giovanni Sartori confluyen en lo que es hoy uno de los máximos símbolos globalizantes: el balón de futbol. Es decir, en un mundial lo primitivo y lo posmoderno se entrelazan en el mayor espectáculo de nuestra época.
¿Por qué Brasil? La Copa Mundial de Futbol regresa al calor de su hogar, Brasil, después de que en las últimas dos décadas ha sido llevada por un periplo por tierras paganas a la religión del futbol como los Estados Unidos, a «mercados» potenciales para su desarrollo como Corea, Japón y Sudáfrica y a las ya conquistadas y aun así frías naciones como Francia y Alemania. Este peregrinaje responde a los designios del mandamás internacional del futbol, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), y a su discurso democratizador que pretende llevarlo hasta los confines del mundo.
Decir que el futbol en Brasil es religión podría ofender a los creyentes. Sin embargo, esta idea no resulta tan descabellada en la medida en que, a final de cuentas, se trata de una forma de entender la vida. Un sitio donde depositar las esperanzas perennes y las frustraciones cotidianas (de ahí el simbolismo de la frase de Galeano al inicio de este artículo). Para los brasileños el deporte favorito no es el futbol per se, es, por el contrario, el arte de hacerlo bello y, dichosos ellos, el de dominarlo. Difícil comprenderlo desde México. ¿La diferencia? Ellos se saben con posibilidades reales de ganar. Nuestro deporte nacional es construir castillos en el aire (claro, nunca en tiempo ni dentro del presupuesto). Nosotros encontramos nuestro consuelo en la grada. Lástima que esto no es asunto de aficiones, pues, como dice Juan Villoro, si así fuera, la final la jugarían mexicanos contra escoceses.
En palabras del ex canciller João Augusto de Araujo Castro, Brasil está condenado a la grandeza.[iii] Este poder también se refleja en el futbol. Brasil es el único país que ha participado en todas las ediciones del campeonato del mundo. Ha resultado vencedor en cinco ocasiones, en todas ellas invicto. Este verano la mesa parece dispuesta para el sexto campeonato de la canarinha y para la reelección, en octubre próximo, de la presidenta Dilma Rousseff. En otras palabras, ambos sucesos simbolizarían la arduamente trabajada coronación del proyecto lulista, que ve en la celebración de este mundial y en los Juegos Olímpicos del año 2016 la graduación definitiva de su país. Sin embargo, el resultado de ambos es incierto a la luz de los factores que aquí se examinarán. Este artículo pretende analizar los posibles resultados del mundial y las elecciones, además de evidenciar la transversalidad del futbol en la realidad pasada, presente y futura de este país sudamericano.
Primer tiempo
El jueves 12 de junio del presente año a las 17:00 horas (tiempo de Brasil), se inaugurará el campeonato del mundo en la Arena de São Paulo. En contra de la tradición, so pretexto de agilizar el evento y evitar las tediosas cuestiones protocolarias, ese día la ceremonia de inauguración no incluirá los discursos del presidente de la FIFA ni de la presidenta del país anfitrión. La realidad es que tanto Joseph Blatter como Dilma Rousseff buscan evitar cualquier manifestación de descontento o desaprobación en su contra y en contra del torneo.[iv] De esta forma, el futbol y la política se encontrarán en la cancha más grande del mundo. Sin embargo, ésta no es una situación novedosa para la realidad y el imaginario colectivo del brasileño. De hecho, los paralelismos entre estos dos fenómenos sociales aparentemente diferenciados tendrán un capítulo más este año.
Para los brasileños éste es un año de elecciones y selecciones. En el campo electoral, el año 2014 será año de comicios a nivel federal para definir quién llega o se mantiene en el Palacio del Planalto (presidencia). La virtual candidata del oficialismo, la presidenta Dilma Rousseff, se encamina como la postulante de unidad de la izquierda moderada en Brasil. Esta candidatura estará determinada por tres factores: 1) la posible, aunque cada vez menos factible, aspiración para contender del ex presidente Lula da Silva y lo que su imagen representa; 2) el escándalo de corrupción que persigue al Partido de los Trabajadores (PT) y 3) las dificultades económicas y las protestas sociales, posiblemente maximizadas internacionalmente tras la Copa del Mundo. Según el más reciente sondeo del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), la intención de voto a favor de la presidenta registró un descenso entre los meses de marzo y abril, ubicándose en 37 %.[v] Para resultar vencedora en la primera vuelta del 5 de octubre próximo, se necesita obtener la mitad más uno de los votos válidos o más votos que todos sus rivales juntos. En cualquiera de los dos escenarios la reelección parecería un hecho.
Por esta razón es tan significativo el momento en que tendrá lugar el mundial de futbol. La ley electoral brasileña restringe el tiempo de las campañas presidenciales a sólo tres meses. Ese periodo iniciará justo después de la final del torneo, cuando conozcamos al nuevo campeón del mundo. Antes de esa fecha, la presidenta gozará de una exposición mediática sin parangón y fuera de los tiempos oficiales para la publicidad electoral. Todo un gol tempranero. No obstante, ésta puede ser un arma de doble filo, sobre todo si las protestas en las calles continúan o si los resultados deportivos no son los esperados.
De acuerdo con la misma medición realizada por el IBOPE, el segundo lugar de las preferencias lo ocuparía el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). El candidato con más probabilidades para representar a los tucanos (llamados así por el logotipo del partido) es el ex gobernador de Minas Gerais Aécio Neves. El senador, joven y más orientado al centro, cuenta con el 14% de la intención de los votos.[vi] En el tercer sitio se encuentra el posible caballo negro de las elecciones. Eduardo Campos, ex gobernador del estado de Pernambuco, ha anunciado la fórmula de campaña con la que contenderá en las próximas elecciones en representación del Partido Socialista Brasileño (PSB). En ella irá acompañado de la ex ministra de medio ambiente Marina Silva, en calidad de vicepresidenta.[vii] En la carrera hacia la presidencia aparecen, y aparecerán más en los próximos meses, otros competidores. Entre ellos se destacan el pastor Everaldo Pereira, del Partido Social Cristiano (PSC), con el 2 % de los votos; Denise Abreu, precandidata del Partido Ecológico Nacional (PEN) y ex directora de la Agencia Nacional de Aviación Civil (ANAC), con el 1 % de la intención de voto, y el senador Randolfe Rodrigues, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), también con el 1 % de las preferencias.
En otros países los procesos electorales se deciden por la respuesta, o la falta de ella, ante las crisis económicas, las tasas de desempleo e inflación, la violencia, los conflictos armados, la corrupción o la seguridad nacional. De manera excepcional, el futbol puede fungir como una variable electoral y sociopolítica más en el país más futbolero del mundo. Dicho de otra forma, en Brasil existe una relación entre los éxitos futbolísticos y la estabilidad y los resultados de su sistema político electoral. De la misma forma, la estabilidad económica y sociopolítica parecen condiciones sine qua non para los triunfos de la verde-amarela.
Medio tiempo
Todos los regímenes de corte castrense han buscado darle un uso político al futbol. En este sentido, Brasil y su dictadura no fueron la excepción. Otros gobiernos autoritarios lo intentaron y, en algunos casos, conquistaron estos anhelados blasones para su causa. La Italia de Mussolini lo consiguió en las copas de Italia 1934 y Francia 1938. La dictadura argentina del general Jorge Rafael Videla hizo lo propio con el torneo celebrado en su país en 1978. Otros lo intentaron, pero fracasaron. Aquí se destaca España, que con Francisco Franco lo intentó, pero sin ser país sede y sin la magia holandesa rindiendo frutos en la cantera catalana de la Masía, poco pudo hacer para conseguir este logro. Pero el futbol brasileño no requiere de apoyos subrepticios ni acepta ser bandera de valores ajenos a su jogo bonito.[viii] Siempre intentan trasladar el orden y progreso de su escudo hacia el resto de la cancha. En el mundo del balompié, los brasileños se desenvuelven como una potencia casi hegemónica. Buscan imponer sus reglas, su estilo, su cadencia y sus intereses. Se trata de la realpolitik traducida en jugadas de futbol.
Las analogías entre el futbol y la política brasileña no parecen tener fin. Por ejemplo, las peculiaridades geográficas e históricas de su territorio y su sociedad resultan en una burocracia distribuida en 39 ministerios y en un multipartidismo exorbitante (el número de partidos representados supera los 30, y si se cuenta a aquellos en espera de ser legalizados, la cifra alcanza los 70).[ix] De la misma manera, en la liga local de futbol (Brasileirao) existen 5 divisiones, además de diversas ligas locales y estatales. Otra similitud es la presencia constante (como consultores, auxiliares o porristas) de los ex entrenadores nacionales y los ex presidentes. De manera natural, las nuevas figuras del futbol y la política de Brasil recurren al consejo y la experiencia de personajes como Mario Zagallo, Carlos Alberto Parreira o Vanderlei Luxemburgo, en el plano del futebol, y Luiz Inácio Lula da Silva y Fernando Henrique Cardoso, en el de la política.
Por último, existe una semejanza en el pragmatismo actual de ambas esferas. Así, el «Estado logístico»[x] del gobierno petista defiende por igual los intereses nacionales de diversos sectores. De la misma forma, el representativo nacional de Brasil cuenta hoy con un equilibrio entre sus líneas, pues, sumados a su larga tradición de delanteros letales, hoy cuenta con algunos de los mejores jugadores defensivos del mundo, además de que en ocasiones se permite entrar al juego rudo y plagado de infracciones y faltas al reglamento y al fair play (como en la pasada edición de la Copa Confederaciones, celebrada en Brasil el año pasado).
Segundo tiempo
De acuerdo con el politólogo Seymour Martin Lipset, un determinado sistema democrático surge y llega a estabilizarse en función de su eficacia en la modernización (industrialización, urbanización, instrucción elevada y un aumento sostenido de la riqueza general de la sociedad) y de su legitimidad (la capacidad para generar y mantener la convicción de que las instituciones políticas existentes son las más apropiadas o convenientes para esa sociedad).[xi] Para el caso brasileño, a estos requisitos sociales básicos para la democracia se puede añadir el futbol y, más específicamente, el éxito futbolístico, y viceversa. Como prueba de ello a continuación realizaremos un repaso histórico por el contexto interno que acompañó a cada uno de los campeonatos ganados por la seleção.
Copa Mundial de Suecia 1958. El primer título ganado por Brasil es también el mejor ejemplo para ilustrar el punto que aquí se plantea. Políticamente el país salía de un periodo de inestabilidad, mismo que había comenzado en 1954 con el suicidio del presidente Getúlio Vargas. En el ámbito deportivo, el futbol brasileño todavía no se recuperaba de la tragedia que supuso perder el mundial de 1950 como local, luego de perder ante Uruguay en el episodio conocido como el Maracanazo, y el Mundial de Suiza 54, donde no pudo llegar ni a semifinales tras ser eliminado por la Hungría de Puskás, a la postre subcampeón, en un partido donde la delegación brasileña denunció ante la FIFA al árbitro por actuar, según ellos, «al servicio del comunismo internacional, contra la Civilización Occidental y Cristiana».[xii] No obstante, en 1958 las cosas cambiaron. Los espectaculares resultados en la expansión industrial del país, la Operación Panamericana propuesta por Juscelino Kubitschek para promover el desarrollo del continente con apoyo estadounidense y, sobre todo, el proyecto de construcción de la nueva capital federal (1956-1960) en Brasilia, como símbolo del desarrollo nacional, sentaron las bases socioeconómicas para el triunfo en tierras escandinavas. Futbolísticamente, estas bases estaban apalancadas en las piernas de Didí, Vavá, Zagallo y, sobre todo, en las de un todavía adolescente Edson Arantes do Nascimento, Pelé, y de Manuel Francisco dos Santos, Garrincha, número uno y dos entre los mejores jugadores brasileños de la historia.
Copa Mundial de Chile 1962. A pesar de las crisis políticas continuas durante esos años, la tendencia de crecimiento económico iniciada por Kubitschek continuó. Entre 1955 y 1961, la producción del sector industrial creció un 80 %, destacando las industrias del acero, las comunicaciones, las electromecánicas y las de equipo de transporte. Entre 1957 y 1961, la tasa de crecimiento real fue de un 7 % anual.[xiii] El entonces presidente Goulart mantuvo una política exterior independiente de la polarización mundial, misma que incluyó la normalización de las relaciones con los países socialistas. Esto, aunado a sus propósitos reformistas todavía más avanzados que los de Quadros, despertó la preocupación de los grupos más conservadores al interior de Brasil, lo cual suscitó un golpe militar que contó con la aquiescencia de los Estados Unidos en 1964. Esta situación vacilante e incierta también se reflejó en la cancha. Con Pelé lastimado y fuera del torneo, Amarildo se lució. Así, de recambio y ante la emergencia, tal y como Goulart actuó después de Quadros. Por segunda ocasión la auriverde levantaba el trofeo. Por primera vez lo hizo de manera casi inercial, gracias a Djalma Santos y, otra vez, a Didí y Garrincha, el «ángel de las piernas torcidas».
Copa Mundial de México 1970. El tercer campeonato del mundo de Brasil fue también el primero y el único de la dictadura militar. Primordialmente desde los años 70, los militares trabajaron por alcanzar para Brasil el reconocimiento definitivo como potencia media, meta largamente ansiada. En ese contexto de un nacionalismo exacerbado y de pretensiones globalistas del régimen, llegó el equipo nacional brasileño a suelo mexicano. En el campo económico, hubo el llamado «milagro brasileño», que consistió en la gran expansión de la economía brasileña, expresado en el rápido crecimiento del PIB, la estabilización de las tasas de inflación, la expansión de la industria, el empleo y el mercado interno.[xiv] El periodo presidencial del general Emílio Garrastazu Médici estuvo marcado por el recrudecimiento de la represión política y la censura a los medios de comunicación. Simultáneamente, Brasil contaba con probablemente el mejor equipo de futbol de la historia. En contra del talento de Tostão, Jairzinho, Rivelino, Gerson, Carlos Alberto, Paulo César y la mejor versión de Pelé poco pudieron hacer las defensas inglesa e italiana. Según Eduardo Galeano, en el mundial del 70, «Brasil jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta y voluntad de belleza de su gente»,[xv] acaso un fiel reflejo de lo que ansiaba experimentar aquel pueblo.
Copa Mundial de Estados Unidos 1994. La cuarta copa de Brasil fue por la que más años tuvo que esperar. Igual de larga fue la espera por la vuelta de la democracia a Brasil. En los comicios de 1989, la primera elección directa desde el inicio de la dictadura, resultó ganador el candidato del Partido de Reconstrucción Nacional (PRN), Fernando Collor de Mello. Estos cambios propiciaron una nueva seguridad para proyectarse hacia el exterior, sustentada en la confianza inicial ganada por la economía brasileña. Con estos renovados bríos, la verde-amarela pudo cobrar el bono por el momento democrático y económico que su país vivía. De esta forma y sin mayores contratiempos, Brasil llegó a la final. Pero en la final, que disputó otra vez contra Italia, sólo pudo imponerse por la vía de los tiros penales, pues, de manera inaudita para los brasileños, el partido había concluido sin goles. Así, en el capítulo menos deslumbrante del futbol brasileño (y del futbol mundial, pues la competencia de aquel año se cuenta entre las de más bajo nivel técnico-táctico y como espectáculo), dieron la vuelta a la cancha como vencedores Romario, Bebeto, Taffarel, Branco, Cafú, Dunga, entre otros.
Copa Mundial de Corea-Japón 2002. La elección de Fernando Henrique Cardoso en 1994 fue significativa por varias razones. En primer lugar, el empoderamiento de un exiliado probó que en Brasil se había alcanzado un clima político nuevo y la democracia se había consolidado. El proyecto de Cardoso de política exterior y económica de articular a Brasil con el mundo globalizado se topó con los obstáculos derivados de la eliminación del Estado desenvolvimentista. Así, una economía periférica intentó incluirse –y competir– entre los países desarrollados con el objetivo de entrar en el primer mundo, con las consecuencias lógicas de no haber estado preparada. El resultado: el año 2002 terminó con una inflación anual que alcanzó los dos dígitos y un desempleo del 9. 4 %. Por su parte, en lo futbolístico la primera Copa del Mundo celebrada en dos países y por primera vez en Asia resultó de bostezo. Recordado como el peor de la historia reciente (sirva como ejemplo que el premio al mejor jugador del torneo se lo llevó un arquero: el alemán Oliver Khan), el mundial de Corea y Japón sólo revivió en la final, cuando se encontraron en la cancha, también por primera vez en una final, Brasil y Alemania. El resultado: Alemania perdió 2-0. En esta ocasión los héroes brasileños fueron Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho y Roberto Carlos. Es muy significativo que esta falta de «luz» en la seleção haya coincidido con la mayor crisis energética en la historia reciente de Brasil, entre el 1 de junio de 2001 y el 1 de marzo de 2002, lo que llevó al racionamiento de la electricidad a todos los sectores de la sociedad.[xvi] En conjunto, todo esto abrió el camino para un cambio en el poder, mismo que se consolidó en octubre de 2002 con la elección de Luiz Inácio Lula da Silva.
Conclusión (por tiros penales)
Para el común de los países que participarán en el mundial, si su equipo gana o tiene una actuación decorosa puede haber beneficios políticos. Si se toma esto como válido, claro está que puede suceder a la inversa. Para el gobierno brasileño y su scratch du oro el margen de error es mínimo. Sólo ser campeón es opción. Sin duda es ésta la máxima desventaja de aspirar a ser el hexacampeón del mundo. Lo que se sostuvo en este artículo es que es posible establecer un parangón entre el futbol y la política en Brasil. A partir de ello se puede dar un pronóstico (por definición agorero) del resultado de uno y de otro. No obstante, conviene no olvidar que tanto en las urnas como en los campos de futbol nada está escrito con antelación.
Entonces, si las protestas sociales en contra de la copa continúan en las calles de Brasil y el malestar macroeconómico persiste, el equipo nacional no tiene las condiciones para acceder a su sexto título del mundo. En una sociedad donde, a pesar de los avances en la disminución de la pobreza, indigna el gasto público realizado con motivo del mundial, con toda seguridad seguirán las movilizaciones sociales en todos los frentes. Por el contrario, si pese a esto la selección brasileira gana y convence puede terminar de inclinar la balanza a favor del oficialismo, apoyado en la alegría de la gente, en un proceso electoral ya de por sí ríspido y previsiblemente cerrado. Por lo menos se puede prever que si la canarinha no levanta la copa como campeón, la presidenta Rousseff tendrá, en el mejor de los escenarios, que enfrentar una segunda vuelta en las elecciones.
Como se ha buscado demostrar, en Brasil el futbol juega de «diez». Está en toda la cancha, todo lo encauza, todo lo mueve, todo lo toca, pero nada define. La definición la deja a otros. El terreno de juego fungirá como arena simbólica solamente, no como espejo fiel e inequívoco de su entorno. Sin embargo, como fenómeno social, este deporte sí es una manifestación de la sociedad que lo acoge. Por lo tanto, el futbol no se explica sin los discursos que lo circundan, pero en Brasil, de manera notable, el futbol lo circunda todo.
NOTAS
[i] Para este artículo se preferirá futbol en lugar de fútbol. Ambas grafías son aceptadas como válidas por el Diccionario de la lengua española de la Real Academia. No obstante, es futbol la de uso más cotidiano en nuestro país y, por tanto, en la que cifro mis pasiones y mis recuerdos.
[ii] Para un análisis más puntual sobre la violencia en el futbol véase Jacques Paul Ramírez Gallegos, «Breves apuntes teóricos para acercarse al problema de las relaciones entre fútbol, masculinidad y violencia», en Samuel Martínez (comp.), Fútbol-espectáculo, cultura y sociedad, México, Afínita-UIA, 2010, pp. 297-314; desde una perspectiva de prevención de la violencia, Marcelo Roffé, José Jozami (comps.), Fútbol y violencia. Miradas y propuestas, Buenos Aires, Lugar Editorial, 2010; y un texto de corte periodístico convertido en un clásico de la literatura sobre futbol: Bill Buford, Entre los vándalos, España, Anagrama, 1994.
[iii] El poderío brasileño parte de su posición como el país más grande de Sudamérica y el quinto más grande del mundo. También por su población ocupa el quinto lugar a nivel mundial, además de contarse dentro de las diez economías más grandes en función de su PIB. João Augusto de Araujo Castro, Organização e notas de Rodrigo Amado, Brasilia, Editora Universidade de Brasilia, 1982, p. 212.
[iv] En toda democracia existe un binomio entre el pueblo y la aclamación, «es mediante estos gritos fragorosos de aprobación o rechazo que el pueblo reunido manifiesta su consenso. De esta manera, el gobierno democrático se hace posible con la presencia del pueblo en las plazas públicas». Emmanuel Gallegos Ramírez, Estados Unidos, la democracia por aclamación: el espectáculo del poder como fuente de legitimación, tesis de licenciatura, México, UNAM-FCPyS, 2012, p. 16.
[v] EFE, «Ventaja de Rousseff en sondeos cae pero aún puede vencer en primera vuelta», Infolatam [en línea], San Pablo, 17 de abril de 2014. Obtenido de http://www.infolatam.com/2014/04/20/ventaja-de-rousseff-en-sondeos-cae-pero-aun-puede-vencer-en-primera-vuelta/, consultado el 20 de abril de 2014.
[vi] EFE, «Ventaja de Rousseff …», op. cit.
[vii] Según el sondeo, esta candidatura mantiene el 6% de la intención de voto. La fórmula Campos-Silva resulta relevante por diversas cuestiones. Primero, hasta hace unos meses Campos aseguraba su apoyo irrestricto a la campaña de Dilma. Sin embargo, los buenos resultados alcanzados por su partido en las elecciones municipales de octubre de 2013 destaparon sus aspiraciones presidenciales. La base del proyecto lulista contaba con el PT en un tridente gobernante junto con el PSB y el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño). Finalmente, la incorporación de Marina Silva al proyecto de Campos y el PSB amenaza la estabilidad de la unidad en la izquierda. En las elecciones de 2010, Marina Silva, al frente de los verdes, sorprendió al terminar tercera con el 19% de los sufragios (casi veinte millones de votos).
[viii] Según Antonio Soares, la idea del jogo bonito es una pedogogía antirracista según la cual la característica fortaleza, cadencia y vivacidad del estilo brasileño de jugar al futbol le fueron aportadas por los jugadores afro-descendientes. Paradójicamente, ésta se ha constituido como un factor de encubrimiento de la persistencia del racismo en la sociedad brasileña contemporánea. Antonio Soares, «Historia e a invenção de tradições no futebol brasileiro», en Pablo Alabarces (comp.), Peligro de gol. Estudios sobre deporte y sociedad en América Latina, Buenos Aires, CLACSO.
[ix] Juan Arias, «Brasil y sus 32 partidos políticos», El País, «Internacional» [en línea], Río de Janeiro, 26 de septiembre de 2013. Obtenido de aquí, consultado el 20 de abril de 2014.
[x] Amado Luiz Cervo identifica cuatro paradigmas como parte de su método de aproximación a la historia de la política exterior brasileña: el liberal-conservador, el Estado desenvolvimentista, el Estado normal y el Estado Logístico. Amado Luiz Cervo, «Política exterior e relações internacionais do Brasil: enfoque paradigmático», Revista Brasileira de Política Internacional, Brasilia, Instituto Brasileiro de Relações Internacionais, vol. 46, núm. 2, 2003, pp. 5-25.
[xi] Cfr. Seymour Martin Lipset, «Algunos requisitos sociales de la democracia: desarrollo económico y legitimidad política», en Albert Batllé (ed.), Diez textos básicos de ciencia política, España, Ariel, 2007, p. 130.
[xii] Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra, México, Siglo XXI, 2012, p. 106.
[xiii] Governo Federal, «Juscelino Kubitschek», Ex-Presidentes, Biblioteca da Presidência da República [en línea], 2014. Obtenido de http://www.biblioteca.presidencia.gov.br/ex-presidentes/jk/biografia-periodo-presidencial, consultado el 20 de abril de 2014.
[xiv] Governo Federal, «Emilio Garrastazu Médici», Ex-Presidentes, Biblioteca da Presidência da República, 2014. Obtenido de http://www.biblioteca.presidencia.gov.br/ex-presidentes/emilio-medici/biografia-periodo-presidencial, consultado el 20 de abril de 2014.
[xv] E. Galeano, op. cit., p. 157.
[xvi] Governo Federal, «Fernando Henrique Cardoso», Ex-Presidentes, Biblioteca da Presidência da República, 2014. Obtenido de http://www.biblioteca.presidencia.gov.br/ex-presidentes/fernando-henrique-cardoso/biografia-periodo-presidencial, consultado el 20 de abril de 2014.
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Ricardo Daniel Becerril Martínez (Ciudad de México, 1987). Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Además del futbol y Brasil, entre sus temas de interés se cuentan la cooperación, el desarrollo y las políticas públicas.










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Un artículo muy interesante, desarrollado con bastante fluidez.