Tuesday, 13th August 2013

En busca del sueño perdido

Publicado el 21. abr, 2013 por en Cuadrivio proteico

Aunque los trastornos del sueño tienen una larga historia, son el padecimiento típico de la sociedad moderna, siendo la juventud su principal víctima. ¿Hábito o enfermedad? ¿En qué consiste la falta de sueño? ¿Cuáles son sus consecuencias a nivel fisiológico, social y para la vida cotidiana? ¿Qué hay detrás de nuestra actual juventud insomne?

Jesús Miguel Rodríguez Rodríguez

Es un nuevo día de escuela y el salón empieza a ser ocupado. Un joven cruza el umbral. La falta de energía se refleja en su lento caminar. El rostro se encuentra ligeramente pálido y las ojeras, marcadas. Si esto fuera una película de zombis podría hacerse pasar, con facilidad, como una de estas criaturas que aterran a las personas deseando comer cerebros. Es un estudiante, como muchos otros que continúan entrando. Algunos llegan con una taza de café en sus manos; otros están recostados en su escritorio con la esperanza de descansar un poco más y no quedarse dormidos a mitad de la clase, y unos más tratan de terminar la tarea antes de que llegue el profesor. Si se buscara algo especial en esta escena sería difícil, porque cada parte se ha convertido en algo cotidiano. La condición de cansancio de los jóvenes se ha vuelto algo común. Ellos conocen las consecuencias que esto trae porque las han padecido, pero sus causas no se han esclarecido.

Dormir es básico y esencial para los seres humanos, no obstante, en las últimas décadas parece haber perdido su importancia. Distintos sectores de la población padecen de malos hábitos de sueño, uno de ellos es el de los jóvenes. Este fenómeno comenzó a crear interés en la comunidad científica desde la primera década del siglo XXI. Estudios recientes muestran que el principal factor desencadenante de la falta de horas de sueño fue el impacto del desarrollo de nuevos aparatos y dispositivos electrónicos (computadoras y dispositivos móviles como iPads o blackberries), así como la vida escolar. Esto afecta directamente en su bienestar físico y mental.

Tan antiguo como el ser humano

De acuerdo con la División de Medicina del Sueño de la Escuela de Medicina de Harvard, los problemas en las conductas del sueño comenzaron en distintos sectores de la población durante la época de la Ilustración, entre 1600 y 1799. Las personas de la clase pobre o trabajadora sufrían de sueño crónico; los sirvientes dormían poco ya que su trabajo continuaba en las noches para atender a su patrón; las condiciones de las habitaciones no eran favorables por las corrientes de aire, piojos, chinches, pulgas y alimañas.

Durante la época industrial cambiaron los hábitos y la visión del sueño. El primer gran cambio se dio en la habitación, que pasó de ser un lugar público a uno privado. El segundo, en las horas de sueño de la población. El dormir más de siete u ocho horas hacía que la persona fuera considerada como alguien flojo. Mario Zaragoza Ramírez, maestro en Ciencias Políticas por la UNAM, considera esta etapa histórica como el momento donde surge el ocio. «Cuando tenemos ocio, tenemos tiempo para pensar y para lo que queremos hacer. Esto es lo que la modernidad nos ofrece», explica.

Es en la primera mitad del siglo XX cuando comienzan a hacerse estudios científicos sobre el cerebro y, por lo tanto, el sueño. Una de las primeras investigaciones enfocadas en los hábitos de sueño de niños y jóvenes fue realizada por la Universidad de Stanford en California. Los doctores L. Terman y A. Hocking estudiaron a los jóvenes de Inglaterra y Alemania, y descubrieron que en Estados Unidos dormían por lo menos una hora o una hora y media más al día. Además, concluyeron que esto se debía a la hora de inicio de la jornada escolar, el clima y el estilo de vida que llevaban.

En la década de 1980 se registra un cambio importante en el estilo de vida de las personas. Se observó, con la llegada del neoliberalismo, una medida económica que busca su sustento en el mercado exterior y en las exportaciones de mercancías tecnológicas e industriales, una dedicación de más horas de su tiempo al trabajo, para ganar más dinero y así obtener más bienes materiales. Esto tuvo repercusiones en el tiempo de sueño que tenían.

Es hasta los primeros años del siglo XXI cuando surge una alarma en la comunidad científica sobre la importancia de dormir y de crear una consciencia colectiva de ello, debido a que las personas dan prioridad a sus horas de trabajo o actividades personales sin dejar espacio alguno para el sueño. De acuerdo con una encuesta realizada por la Fundación Nacional del Sueño, en Estados Unidos, 47 millones de adultos han puesto en riesgo su vida o su salud por haber dormido pocas horas.

El sueño en cifras

En la encuesta de un estudio sobre el sueño de los adolescentes estadounidenses, realizada por la revista Preventive Medicine a 12 mil jóvenes de escuelas públicas y privadas, alrededor del 70 por ciento respondieron dormir menos de ocho horas diarias a la semana, lo cual ya indica un déficit. Los datos fueron tomados de la Encuesta de Comportamientos de Riesgo entre la Juventud, realizada en el 2007.

El reporte señaló que los principales factores que afectaban el sueño eran la falta de actividad física y la depresión, especialmente en hispanos. El único comportamiento que no se asoció con quienes respondieron dormir menos de ocho horas fue ver televisión.

En otro informe, titulado Excesiva somnolencia en adolescentes y jóvenes adultos: causas, consecuencias y estrategias de tratamiento, realizado en el Centro de Nacional para la Investigación en las Alteraciones del Sueño, en España, se señala que ha disminuido la influencia de los padres en los patrones de sueño de los jóvenes durante los días escolares. Sólo 5 % de los estudiantes consultados en dicho informe señala que tienen una hora fija para dormir puesta por sus padres.

México y el trastorno

En México no se ha profundizado en los análisis del sueño en los adolescentes debido a que no se ha reconocido a los trastornos del sueño como un grave y creciente problema de salud. Una de las investigaciones que se han realizado sobre los trastornos, o alteraciones, del sueño en los jóvenes fue publicada en el 2002 en la revista Salud Mental del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. Su objetivo era estudiar la calidad del sueño en 716 estudiantes universitarios, tomando en cuenta los efectos del tabaco, el alcohol y la cafeína. En la investigación se señala que un poco más del 60 por ciento tienen malos hábitos de sueño; además de que se confirman los efectos del consumo de dichas sustancias en los hábitos de sueño de las personas. A pesar de esta información, escasamente se ha tomado en cuenta el estilo de vida, así como el factor del uso de las nuevas tecnologías, que han repercutido también en el dormir de los adolescentes.

Reyes Haro Valencia, director de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM, es uno de los médicos dedicados al estudio del sueño más reconocidos en México y en Latinoamérica. El especialista en neurofisiología clínica, que ha realizado investigaciones que tratan sobre el insomnio, los ronquidos o la somnolencia excesiva, advierte que uno de cada tres jóvenes en México sufre de algún trastorno del sueño.

«Nuestros jóvenes estudiantes se volvieron adictos a los videojuegos, sin dejar de lado internet, la programación por cable, la telefonía y las tablets, que han hecho que los jóvenes se vayan a dormir más tarde. Así que en la medida en la que el desarrollo tecnológico se vaya dando, habrá cosas que superen a las anteriores y se reducirá más el tiempo de descanso», afirma el director de la Clínica de Trastornos del Sueño.

El estudio: ladrón de sueños

 A pesar del fuerte desarrollo en la tecnología y el cambio que ha provocado en los hábitos de sueño, hay otros factores que entran en juego para los jóvenes, en especial los estudiantes. «Hay algunas carreras que tienen mayor demanda y no les permiten descansar adecuadamente por la precisa eficiencia académica o por el periodo de exámenes. Por otro lado, la exigencia académica y laboral también influyen en esto», expresó Haro Valencia.

Fabiola Negreros es una estudiante de 20 años de la licenciatura de Medicina, una de las carreras de alto rendimiento en la Universidad Nacional Autónoma de México.

«En Medicina casi siempre hay exámenes. Normalmente son cada tres meses y de todas las materias. Cuando son exámenes departamentales, duermo a lo mucho dos o tres horas. Si sé que es una materia importante o que me cuesta mucho trabajo, duermo mucho menos, como dos horas, y si no, prefiero dormir por lo menos cuatro, porque no se me graba nada o llego cansada al examen. No tengo tiempo para distraerme. Ya no puedo salir a tantos lugares, porque, la verdad, es eso o estudiar. Como ya me canso y siempre tengo sueño, prefiero dormirme y quedarme en mi casa. Me he fijado que hay muchos compañeros de primer año que tienen entre 18 y 21 años. Entramos todos muy bien, sin ojeras. Muy normales. Pero ves a los de segundo año y, la verdad, se ven bien acabados. Se ven ojerosos, ya no se ven chavos. La mayoría tiene 19 o 20 años. Ahorita hay muchos de primero que se ven súper grandes. Muchos no duermen y fuman, toman Coca-Cola o Tempra, el cual quita el dolor y te ayuda a que no te duermas», cuenta Negreros.

Un fuerte desarrollo tecnológico comenzó alrededor de 1979, cuando comenzaron a describirse los trastornos del ritmo circadiano. La exposición a la televisión y a la música; el desvelo por placer, por fiesta y por trabajo; y la programación por cable e internet dieron nuevas pautas en el comportamiento. Al intensificarse con los años, en la década de los ochenta se le presta mayor atención a los trastornos del sueño, que afectan el desempeño diurno. Posteriormente, la llegada de la telefonía celular en los noventa y el desarrollo de la mensajería por celular gratuita y de plataformas electrónicas como Twitter y Facebook, desde el año 2000, ocasionan que muchos jóvenes estén expuestos a estos trastornos.

«Soy Jesús Quintero y curso el cuarto semestre de Ciencias de la Comunicación. En un día escolar normal me duermo a las dos y media o tres de la mañana. Eso si no tengo mucha tarea, porque si no, me duermo a las cuatro. Me despierto a las siete y media de la mañana para irme a la escuela. No creo ser el único con malos hábitos de sueño, pero a veces pienso que lo mío es bastante exagerado. Lo que pasa es que cuando entro a un semestre, me inscribo con los profesores buenos o difíciles, y son los que dejan mucha tarea. Siempre me han dicho que soy un loco o un masoquista, pero la verdad es que sí aprendo. A lo mejor si me organizara más, de una forma rigurosa, podría descansar más. Hago tarea, reviso Facebook, hago tarea, reviso Facebook… Si quitara ese Facebook y lo pusiera hasta el final, probablemente haría mi tarea más rápido, porque me desconcentraría menos y estaría mejor.»

Más que un padecimiento físico

Haro Valencia explica que el trastorno por el que acuden con más frecuencia los jóvenes hoy en día a la Clínica de Trastornos de Sueño es denominado fase retrasada del sueño. «En lugar de acostarse a las once o doce de la noche, lo hacen cada vez más tarde. Con ello se reduce la posibilidad de la restauración física y mental, y muchas otras funciones. Se les dificulta dormir a las horas convencionales porque han desfasado su horario, y tienen mucho sueño en el día», explica el médico. «Este trastorno de sueño está tipificado, en la clasificación de las enfermedades, dentro del grupo de los trastornos del ritmo circadiano.»

Las personas tienen un reloj biológico interno cuyo objetivo es regular las funciones del organismo, que se repiten cada 24 horas. Esto recibe el nombre de ciclo o ritmo circadiano. Muchas de estas funciones, como el comportamiento y el sueño, brindan al organismo ventajas como la adaptabilidad a horarios y ambientes y determinan las horas de mayor lucidez del día. Cuando se presenta un desajuste en el ciclo, hay dolor de cabeza, irritabilidad y trastornos de sueño.

Peg Johnson, psicóloga del Centro de Salud Mental de Seacoast, en Portsmouth, Inglaterra, explica en el artículo «Sueño y adolescentes» que el sueño se puede clasificar de dos maneras: REM (rapid eye movement, o de movimiento ocular rápido) y no REM, ambas en sus siglas en inglés. Tener estos dos ciclos es necesario para poder descansar correctamente.

El no REM consiste en cuatro etapas. En las etapas I y II, las personas se pueden despertar con facilidad, sin darse cuenta de que están dormidas. Durante las etapas III y IV difícilmente se pueden despertar, y si lo hacen, llegan a sentirse confundidas y aturdidas. Como el cerebro no envía señales al cuerpo, estas dos últimas etapas relajan los músculos. En el REM, el sueño se vuelve activo. En este ciclo, la respiración y las palpitaciones son irregulares, ocurren los sueños, los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados, los impulsos nerviosos a los músculos se bloquean y el cuerpo se mantiene paralizado del cuello para abajo.

Los patrones y la duración de los ciclos REM y no REM cambian con la edad. Los científicos recomiendan a los adolescentes dormir alrededor de nueve horas para el funcionamiento correcto del organismo, ya que el mecanismo del cerebro funciona de manera distinta durante la noche. Mientras una persona duerme, bajan los latidos del corazón, aumenta la presión arterial, se deja de producir orina. Además de esto, se produce melatonina, la sustancia que permite el sueño. Estudios han mostrado que los adultos producen esta sustancia alrededor de las 10 de la noche; los adolescentes, a la una de la mañana.

La falta de sueño cambia el humor de los jóvenes, al hacerles sentir depresión o impulsividad. Estudiantes que no han dormido lo suficiente entran inmediatamente en el REM con una pequeña siesta. Un estudio de investigadores en Bélgica descubrió además que mientras haya un mayor movimiento ocular en REM, se refuerza lo aprendido. Además hay que tener en cuenta que los niveles de melatonina se modifican por el constante contacto con la luz de los dispositivos electrónicos.

La fase retrasada del sueño es diferente al insomnio, cuyo problema es la dificultad para dormir en lugares convencionales. También es confundida con la hipersomnia, en la que el individuo se queda dormido al día siguiente durante el desempeño de las actividades.

«Cada vez tenemos más personas que acuden a la clínica con trastornos típicos de las sociedades modernas. Con el ritmo de la nuestra, se ven más jóvenes con estos trastornos. Lo que más observamos son insomnes y roncadores, pero la cifra de los jóvenes con trastornos del ritmo circadiano ha aumentado en un 25 % en los dos últimos años», comentó Haro Valencia.

Lo que hay detrás

Si bien el problema con los hábitos de sueño siempre se han presentado, la visión que se tiene del sueño, no. Con el paso de los años, tanto el ocio como el neoliberalismo provocaron un cambio en las conductas de uso de la tecnología en los jóvenes. Mario Zaragoza explica que esto se puede analizar por medio de una perspectiva social y económica.

A partir del neoliberalismo se desataron los problemas de sueño que conocemos actualmente. «La gente trata de ser sumamente productiva. ¿Por qué tienen estos hábitos de sueño terribles? Primero, por falta de organización; segundo, porque quieren hacer mucho en un solo lugar. Entonces, lo que se vuelve necesario en el neoliberalismo es hacer mucho en poco espacio», señala.

Un reflejo de esto se ve con facilidad en el uso de internet y las plataformas electrónicas. «Las personas tienen tantas posibilidades que no se percatan de que le han dado ocho horas de su vida a Youtube. Casualmente empezaron a las diez de la noche y se siguen hasta las seis de la mañana, pese a que irán a la escuela o a trabajar. Se supone que en la construcción social vigente los jóvenes sólo deben cumplir con sus tareas. Hoy tienen la posibilidad de exacerbar su individualismo, y si bien harán su tarea, la van a empezar a las tres de la mañana, porque tendrán como prioridad revisar o generar contenido de su persona. Estas plataformas para lo que luego sirven es para exacerbar el ego, y el individuo sólo piensa en sí mismo antes que en cualquier otra cosa», agrega Mario Zaragoza.

El sitio de internet E.Life realizó un estudio donde registró y analizó las publicaciones de Twitter relacionadas con el insomnio. Uno de sus resultados muestra que las palabras «noche» y «dormir» eran mencionadas de forma positiva durante el día, mientras que por la noche se las mencionaba con molestia.

«Se le da mayor prioridad a la cuestión social que a la física. El sueño está sobrevalorado. Todos pensamos que debemos dormir más, pero nadie quiere. La sociedad, a partir de sus normas preconcebidas, no tiene en buena estima al sueño en tanto que no es importante como medida de salud; sin embargo, está sobrevalorado en el sentido de que todos queremos dormir. La gente joven todo el tiempo se queja de que no ha dormido o de que no ha hecho la tarea. Pareciera que si durmieras serías un tipo más. Lo que privilegia lo social no son las horas de sueño, sino lo que puedes hacer. Es más joven la persona que sale, tiene amigos o interactúa más, y que no se va a dormir a las diez de la noche, sino a las cinco de la mañana. Entonces, es lo social lo que los obliga», explica.

Me organizo, luego duermo

Algunas de las ventajas de tener buenos hábitos de sueño para los jóvenes son procesar la información, ordenar recuerdos, fijar la memoria, tener una buena toma de decisiones; el organismo, además, se repara, se controla el consumo de energía y la tasa del metabolismo, y lo más importante, se liberan hormonas del crecimiento.

El doctor Reyes Haro Valencia recomienda a los jóvenes tener horarios regulares para acostarse y levantarse, así como evitar hacer del desfase del sueño una rutina, para evitar los trastornos de sueño y tener una higiene en este respecto. Tener una actividad física es aconsejable, ya que durante el día se producen las sustancias que se requieren en la noche para dormir. Otros consejos es evitar fumar cerca del momento de acostarse y el consumo de bebidas estimulantes como el café o las bebidas de cola.

Existen también otras formas para mejorar el sueño. Se recomienda también regular los ciclos corporales para mejorar la producción de melatonina. Para lograrlo, se necesita la exposición a la luz solar y evitar en las noches estar en contacto con la luz de los aparatos y dispositivos electrónicos que la inhiben. Otras recomendaciones son crear un espacio relajante y cómodo para dormir, comer bien, ejercitarse y mantenerse relajado.

La medicina ha encontrado medidas que mejorarían los hábitos del sueño; no obstante, para que los jóvenes logren hacer un cambio, se necesita más que saber esto. «Creo que si estuviera más descansado, rendiría más, no tanto para la escuela, sino para mí mismo, para leer, salir con mis amigos o ir a cualquier lugar. No me considero una persona organizada», comenta Jesús Quintero.

Existe un reconocimiento en los jóvenes sobre el problema, pero es importante que tomen cartas en el asunto. «La solución al problema no es quitarles la tecnología ni darles más horas de sueño. Está en mostrarles cómo deben organizarse. Si duermes mejor, tienes un mejor rendimiento, y no en la idea del neoliberalismo de mejores resultados. El día en el que la gente sepa cómo organizarse, sabrá descansar, comer bien y cumplir con todo lo que tiene que hacer, porque tampoco es imposible», concluye Mario Zaragoza.

El segundero sigue su curso, sin nada que lo detenga. Tic, tac. Su única tarea es marcar otro minuto más. Es de madrugada y las calles están en total quietud. A estas horas, la gente descansa para seguir sobreviviendo en la semana. Una luz se escapa por la ventana de una de las tantas habitaciones. En ella se encuentra un adolescente que trabaja arduamente. Da un trago más a la segunda taza de café que lleva desde que comenzó la tarea. Sus dedos se mueven ágilmente en el teclado de su laptop. Le falta mucho que escribir y tiempo para dormir. Cree que los demás descansan y que está solo, pero no es así. Hay muchos otros en su misma situación. Terminarán tarde, se levantarán con sueño y comenzarán sus deberes tarde para repetir el ciclo una y otra vez. Sin embargo, su prioridad en estos momentos es acabar pronto. Es una carrera contra el tiempo. Tic, tac.

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Jesús Miguel Rodríguez Rodríguez (ciudad de México, 1992). Joven comunicólogo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Periodista. Cinéfilo y asiduo lector de libros y cómics desde pequeño. Twitter: @jesusmiguel707

Blog: https://meleteo.wordpress.com/

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