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Publicado el 21. abr, 2013 por Cuadrivio en Cuadrivio proteico
Gritos cantados aquí y allá, ruido de animales de todo tipo, olores mezclados de polvos y hierbas que todo lo curan, negociaciones de precios y promesas de calidad… ¿Qué habilidades se necesitan para ser uno de los privilegiados vendedores del famoso Mercado de Sonora, en la ciudad de México? Un reportaje de Katia Rodríguez.
Katia Rodríguez Rodríguez
¿No habla con fluidez? ¿Posee usted una mala memoria? ¿Tiene problemas con las matemáticas? ¿Quiere adquirir más dinero? No es nada sencillo, pero ser vendedor lo puede ayudar a mejorar estos aspectos al ponerlos en práctica. Si usted es una persona de retos, entonces pruebe el trabajo de marchante en el Mercado de Sonora.
A. No es lo mismo estar en la calle que vender en la nave
Con puestos armados con tubos y lonas, el estacionamiento es invadido diariamente por los negocios de antojitos y venta de artículos como ropa, mochilas o peluches. Los camiones aguardan para llevarse la mercancía que no se vendió o la estructura que cada noche es desmontada.
De otra categoría son los más de 400 privilegiados que se encuentran establecidos en la nave del mercado. Entre la estrechez de los pasillos se puede elegir entre un negocio sencillo o de dos pisos. Si desea verse místico, agregue unas cortinas para ocultar la realización de rituales, o coloque a la vista costales con hierbas que curan todo. Venda a 150 pesos el kilo y grite: «Sirve para la próstata, los cálculos en los riñones, el flujo, la infección vaginal y la desinflamación de los ovarios».
El mercado de Sonora tiene una división que remite a los antiguos barrios de Tenochtitlán; cada uno de los calpullis tenía su propia personalidad y buscaba competir contra los otros. Como vendedor debe elegir en qué sección quiere estar. Lo más popular son las limpias y los animales; por persona se puede ganar cien pesos por la lectura de mano y más de mil pesos por un labrador golden. Si desea algo más tranquilo puede irse a las artesanías, los disfraces y la venta de plásticos para distintos eventos.
¿Está listo para ser comerciante en el mercado? Si la respuesta es positiva, prosiga para saber cómo hacerse de una reputación ante sus clientes.
B. La tradición es importante
«Tanto que te necesito, no es publicidad, sólo es la verdad. Te voy a desmentir», canta una voz femenina del género grupero. Como parte de una estrategia de venta y para brindarle seguridad al cliente es importante decir cuánto tiempo tiene el negocio. Los Monroy han decidido imprimir en las cajas donde guardan las mercancías que llevan 49 años en el Mercado de Sonora.
La prosperidad del negocio se puede ver en cada rincón. Las figuras de los nacimientos, ángeles y San Judas, a diferencia de las de los demás puestos, las exhiben en estantes. El piso se encuentra cubierto de mosaicos grises, las paredes quedan ocultas detrás de los espejos y las luces azules resaltan la zona del mostrador.
Lo más importante para los Monroy es seguir la tradición. «Si no seguimos, imagínese… solamente esto y el día de muertos nos queda de tradicional», menciona la esposa del Güero Monroy mientras envuelve en plástico la mercancía.
Sentada en una silla, su hija hace las cuentas. Si el cliente le acaba de comprar el San Judas y un ángel a 150 pesos, y le pagó con un billete de 200 pesos, ¿cuánto debe entregarle? «Tienes que regresarle cincuenta», le dice su madre.
Puede ser que a esta niña de diez años no se le den bien las cuentas, pero sabe preservar el negocio familiar. Desde hace dos años, el abuelo Monroy le enseñó a sacar la figura del molde, los distintos tipos de pinturas a utilizar y cómo se pegan las diminutas pestañas. «Me tardo un día en hacerlos», responde la niña regordeta de cabello castaño, cuyas similitudes con su madre no sólo se limitan a sus características físicas, sino que tienen hasta el mismo mandil azul marino.
C. El producto es mexicano, no chino
A pesar de que crece la cantidad de productos de procedencia china, sin importar que se consigan en un mercado o en una tienda departamental, hay compradores que buscan conseguir objetos que tengan una mayor duración.
Para estos casos es necesario defender su trabajo ante los clientes. Ante la insistencia de un señor de cincuenta años, la señora Monroy decide enseñarle el sello de mexicanidad en uno de los reyes magos: la palabra «Monroy» grabada en la figura y pintada con letras doradas. Como si no bastara el grabado, la propietaria continúa su defensa: «Todo lo que ve aquí es artesanía Monroy. Un día incluso vinieron los chinos a ofrecer su mercancía. Pero no. Lo que menos queremos es que nos quiten el negocio, y que se vayan infiltrando», dice esas últimas palabras susurrando, pero con seriedad.
Pero las leyes del mercado son las que tienen la última palabra. Para abaratar los precios y poder competir contra los productos chinos, se debe de elegir otro tipo de material. Si se les pregunta a los Monroy sobre el barro, casi no lo trabajan. Sus figuras principalmente son de pasta, un material más económico. «Es que hay renovarse en todo eso, me cae», exclama la mujer.
D. El arte de ver todo y mandar
Una habilidad que un marchante debe desarrollar es poner atención a todo. Los clientes no se le pueden escapar, los debe de retener de alguna manera. Aunque uno de los múltiples letreros dice «no crea en las promesas que jamás serán cumplidas», hay ocasiones en las que los vendedores tienen que recurrir a ellas.
—Te regalo la primera dosis de desparasitación y unos polvitos. Con esos te aseguro que siempre hacen del baño en el mismo lugar ‒grita la encargada del primer puesto de perros y productos de acuario que da la bienvenida a la sección de animales.
Reteniendo su pelo negro con una diadema azul con adornos bordados, viste un mandil rojo que dice «Hong Kong» y unos pantalones raídos de la bastilla. No importa su estatura mediana o juventud, su voz se impone ante los chillidos de los perros, el piar de los pájaros y la exclamación de los niños al ver a los animales.
Si las mujeres son capaces de hacer varias cosas a la vez, ella es el ejemplo. Ordena a sus ayudantes («tráeme uno macho, pero ya»), retiene a los clientes («señora, no se vaya, si no le alcanza encontramos algo para su economía»), proporciona precios («el schnauzer miniatura a 800 varos, es para departamento, no crece ni se te muere a la primera»), agarra de la cruz ‒zona entre la cabeza y el lomo‒ a los caninos para exhibirlos ante los clientes y también vende las peceras que se encuentran a sus espaldas.
E. La resistencia
Si cree poder establecerse en un puesto en el mercado, obtener reputación por la calidad de sus productos o por seguir una tradición, e imponerse ante sus empleados y los otros locatarios, debe saber que hay más requisitos para poder ser un marchante.
Todo es cuestión de resistencia. Aguante para despertarse a tempranas horas de la mañana y retirarse en la noche. Paciencia ante la cantidad de preguntas que le realizarán. Agilidad para ver los movimientos de sus clientes. Acostumbrarse a los gritos, los sonidos de animales y la mezcla de olores entre los inciensos y hierbas medicinales. Fuerzas para cargar la mercancía cuando sea necesario. Capacidad de convencimiento por medio de la empatía o la astucia. Si posee estos requerimientos, sea entonces bienvenido al Mercado de Sonora.
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Katia Rodríguez Rodríguez (ciudad de México, 1988). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Egresada del Centro de Capacitación de Radio y Televisión Raúl del Campo. Periodista y locutora de radio por internet. Es miembro del consejo editorial de Cuadrivio.
Twitter: @vainilla_kat










Excelente reportaje! Jamás he visitado el mercado pero gracias al texto fui capaz de imaginármelo y sentirme en ese lugar.
Felicidades por otro gran escrito, el primero de muchos publicados este 2013.
Excelente reportaje. No cabe duda que la gran variedad de productos que ofrece el Mercado de Sonora (uno de los más tradicionales de nuestra ciudad), es gracias a sus vendedores y marchantes.