El día que pases por esta calle
Publicado el 21. abr, 2013 por Cuadrivio en Literatura, Poesía
Rodrigo Círigo
a.
Estar aquí no es presencia; es olvido.
Estar en la misma calle (el pasto húmedo, las palomas,
un paquete de cigarros que el sol ha desteñido).
Estar como quien reza,
en cuclillas detrás de los arbustos,
para que su espera no sea en vano.
Perpetuar, sin saberlo,
la agonía de unas piernas desnudas,
cubiertas de hierba, enfrentadas,
es justo lo que nos han advertido:
cuando cerraban las ventanas
para obligarnos a evitar la lluvia,
era éste su temor, ésta su desesperanza
(los demonios, las trampas,
la insuperable atrocidad del mundo).
b.
La imagen de un periódico
que muestra el puente derrumbado,
dibujos de vapor en los cristales,
el mar otra vez sobre las hamacas,
sólo son estaciones del olvido.
Y tu ropa doblada,
tu cuerpo hundido en el sillón;
estás fumando
y ves que afuera empieza a oscurecer.
No sabes, no sospechas:
también ha llegado la noche
al pequeño cuarto donde dormimos.
Crees que basta dejar la luz prendida
para hallar lo que buscas,
pero ya ha pasado la hora.
Es tarde para ti,
para nuestra complicidad,
para la nueva rama del granado,
pues no está aquí para ser
rama y luego flor, luego fruto;
la rama está aquí para pudrirse.
«Lo que ocurre es ya venidero»
–¿recuerdas la lección?–
eso significa que estar aquí
no es presencia ni es muerte;
es olvido, el olvido.
c.
Saliste de puntillas
para no despertarme.
De puntillas, con los zapatos en la mano,
las briznas se clavaron en tu piel
cuando cruzaste el césped.
Seguías la trayectoria de un pájaro
que fue a estrellarse en las cortinas
o el viento, la tranquilidad del viento,
o tal vez buscabas otro paquete de cigarros.
Cuando volvió a ser de día,
las pistas eran claras, inequívocas,
así que abrí el periódico
y me escondí entre los arbustos.
Las mismas palomas azules,
sobre todo la misma calle,
su semáforo descompuesto;
calle donde jugábamos a desobedecer
y a abandonarnos,
hasta que el juego dejó de ser juego
y entonces calle solitaria,
siempre vacía.
Espero aunque nadie va a regresar,
porque quizá nadie se fue
o nadie llegó; nadie estuvo nunca aquí.
El día que pases por esta calle
seremos exactamente los mismos,
pero no podremos reconocernos:
lo que ocurre es ya venidero
y estar aquí no es presencia; es olvido.
________________________
Rodrigo Alberto Círigo Jiménez (Ciudad de México, 1992). Poeta y traductor. Primer premio en la categoría de Traducción literaria del Concurso 39 de Punto de Partida. Miembro del consejo editorial del periódico Reforma (2008-2009) y becario de poesía en el III Curso de creación literaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2011). Actualmente estudia en El Colegio de México, donde es secretario técnico del Consejo editorial de la revista Ágora. Ha publicado en Ágora, Contenido, La Hoja de Arena, Punto en Línea y Punto de Partida. rcirigo@gmail.com









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