Monday, 27th May 2013

La cópula de los animales

Publicado el 21. abr, 2013 por en Literatura, Poesía

 

Javier Raya

 

 

 

 

Canturrear

 

Que sobre todo no se pierda el hábito de canturrear,

que no se pierda la costumbre de la canción

que no es todavía, cuando con puerca inocencia

el oído se monta, pájaro, sobre un rastro robado de aire,

ese aire que traza por el recuerdo la melodía

fugaz de su aparición, bosquejo de voces,

canto puesto a medio pintar en la caparazón

del día, del bosque a medio cocinar,

esa escena irrecobrable de la muchacha

haciendo pan, de los días en que hubo muchachas

que amasaban cuerpos para el horno

como retratos de cicatrices, marcándoles

en la frente la herida de la transformación,

como gólems cocinados por la muerte,

el rastro de lo que no alcanzaban a ser

entre sus manos de harina, como tantos

de nosotros que a medio hornear éramos heridos

por el ensayo de una mujer que viéndose

de pie, o sentada en el espejo de su voz, sin

diferencia

ya cantaba o reía o las dos cosas

como quien se quita una maraña de espanto,

una pestaña. Que no se pierda el recobro,

la caza mayor de la voz en su simulacro,

y sobre todo los pies desnudos que funcionan

para soportar una columna de aire,

una voz puesta de pie sobre el ritmo.

Que no se pierda el manchón de canto en el aire,

la melodía silbada porque todo el que silba

no está muerto, lo que silba no está muerto,

lo que canta no se deja morir, la melodía silbada

es una hebra de asombro.

 

 

 

 

La cópula de los animales los vuelve invisibles

 

Les echaron agua para desbandarlos,

para desmancillarles el alma,

para desprendar a los desprendidos perros

del show impúdico de las pudendas

y a nosotros nos previnieron las perrillas

con agua curada de espanto,

postizas lágrimas.

 

Desprendados por lo de retozones,

retazos a lo más de lo lascivo

que nunca a tordo tardío

se le vio animalar así, como si tal cosa,

como no siendo etérea

la puta de Girondo

que de tordo tuvo

lo que detuvo su canto.

 

Se trata de una desaparición elemental.

 

No es cosa de andar escondiéndose

de los cubetazos, guapa,

a lo más

hacerse infinitamente pequeño

para caber en un abrazo

o retazo de pierna,

cuenco de la axila donde no nos hallen,

donde nunca en tal nos viéramos

por lo que de invisibles tienen

los cuartos de motel,

de escenas de crimen,

de espectáculo intolerable

para la mirada

como no fuera pájaro de sangre

acorazado en el bote de basura

maldisimulando

los estragos de tu regla en sábanas,

paredes y grumoso vello púbico.

 

Mal hiciéramos en aparecer, guapa,

al frente del templo

con los belfos coagulados y mohínos,

alegres a su modo

como tigres

luego de destripar algo

con alas.

 

 

_________

Javier Raya (México D.F., 1985) Mago e historiador de la literatura ninja. Ha publicado los cuadernos de poemas El libro de Pixie (Torre de Babel, 2010), Por los rasgos una bayoneta (FETA, 2011) y Ordalía (Col. Limón Partido, 2011). Forma parte del consejo editorial de la Gaceta de Literatura y Gráfica Literal y es editor en jefe de Mutante.mx. Actualiza el blog Cuaderno de Raya (http://cuadernoderaya.blogspot.mx) y la cuenta de Twitter @javier_raya. Actualmente escribe su obra póstuma. Detesta enconadamente a los escritores que hablan de sí mismos en tercera persona.

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