La cópula de los animales
Publicado el 21. abr, 2013 por Cuadrivio en Literatura, Poesía
Javier Raya
Canturrear
Que sobre todo no se pierda el hábito de canturrear,
que no se pierda la costumbre de la canción
que no es todavía, cuando con puerca inocencia
el oído se monta, pájaro, sobre un rastro robado de aire,
ese aire que traza por el recuerdo la melodía
fugaz de su aparición, bosquejo de voces,
canto puesto a medio pintar en la caparazón
del día, del bosque a medio cocinar,
esa escena irrecobrable de la muchacha
haciendo pan, de los días en que hubo muchachas
que amasaban cuerpos para el horno
como retratos de cicatrices, marcándoles
en la frente la herida de la transformación,
como gólems cocinados por la muerte,
el rastro de lo que no alcanzaban a ser
entre sus manos de harina, como tantos
de nosotros que a medio hornear éramos heridos
por el ensayo de una mujer que viéndose
de pie, o sentada en el espejo de su voz, sin
diferencia
ya cantaba o reía o las dos cosas
como quien se quita una maraña de espanto,
una pestaña. Que no se pierda el recobro,
la caza mayor de la voz en su simulacro,
y sobre todo los pies desnudos que funcionan
para soportar una columna de aire,
una voz puesta de pie sobre el ritmo.
Que no se pierda el manchón de canto en el aire,
la melodía silbada porque todo el que silba
no está muerto, lo que silba no está muerto,
lo que canta no se deja morir, la melodía silbada
es una hebra de asombro.
La cópula de los animales los vuelve invisibles
Les echaron agua para desbandarlos,
para desmancillarles el alma,
para desprendar a los desprendidos perros
del show impúdico de las pudendas
y a nosotros nos previnieron las perrillas
con agua curada de espanto,
postizas lágrimas.
Desprendados por lo de retozones,
retazos a lo más de lo lascivo
que nunca a tordo tardío
se le vio animalar así, como si tal cosa,
como no siendo etérea
la puta de Girondo
que de tordo tuvo
lo que detuvo su canto.
Se trata de una desaparición elemental.
No es cosa de andar escondiéndose
de los cubetazos, guapa,
a lo más
hacerse infinitamente pequeño
para caber en un abrazo
o retazo de pierna,
cuenco de la axila donde no nos hallen,
donde nunca en tal nos viéramos
por lo que de invisibles tienen
los cuartos de motel,
de escenas de crimen,
de espectáculo intolerable
para la mirada
como no fuera pájaro de sangre
acorazado en el bote de basura
maldisimulando
los estragos de tu regla en sábanas,
paredes y grumoso vello púbico.
Mal hiciéramos en aparecer, guapa,
al frente del templo
con los belfos coagulados y mohínos,
alegres a su modo
como tigres
luego de destripar algo
con alas.
_________
Javier Raya (México D.F., 1985) Mago e historiador de la literatura ninja. Ha publicado los cuadernos de poemas El libro de Pixie (Torre de Babel, 2010), Por los rasgos una bayoneta (FETA, 2011) y Ordalía (Col. Limón Partido, 2011). Forma parte del consejo editorial de la Gaceta de Literatura y Gráfica Literal y es editor en jefe de Mutante.mx. Actualiza el blog Cuaderno de Raya (http://cuadernoderaya.blogspot.mx) y la cuenta de Twitter @javier_raya. Actualmente escribe su obra póstuma. Detesta enconadamente a los escritores que hablan de sí mismos en tercera persona.









