Poemas para escenario
Publicado el 21. abr, 2013 por Cuadrivio en Literatura, Poesía
Joshua Grocott
Mi manifiesto
La poesía debiera
Ser poética
Poniendo pensamientos
Íntimos e individuales
Posicionando prefacios
De preciosos poetas
Y pelando pesos
De cada cartera.
La poesía debiera
Ser un arte,
Algo de lo que
No podamos vivir aparte;
Menos los poemas
Que odiemos, que habría
Que quemar sin considerar
Antes que los lea alguien.
La poesía debiera
Ser agresiva,
Pero cuidadosa,
Nunca opresiva;
Vive y permite
Otra vida continuar,
Bajo la piel
Los huesos y tendones
La poesía debiera
Ser suave y dura
Y estar preparada a ser
Tanto correcta como equivocada.
Un rapidín
«No seas tonta.»
Le dijo él a ella
Mientras se cepillaba el cabello,
Porque él estaba parado aquí
(apunta atrás de su hombro).
«¿Cómo estoy siendo tonta?»
Le dijo ella a él
Y le lanzó su más aguda mirada.
El se encogió de nervios,
Sintiéndose más bien zonzo,
Vestido en la bata rosa de ella.
«No, pus no era nada.»
Dejó salir,
Después de todo muy enamorado
De la chica frente a él
(apunta donde ella se sienta)
Que se ve tan molesta.
Cuatro palabras de más
La dejaron indispuesta,
Pero igual él no aprende.
Lento, con maldad practicada,
Dejó la peineta abandonada
En un vaso sobre el tocador.
Él, ni moverse pudo de terror
Cuando ella giró a encararlo.
«¿Entonces qué quisiste decir?»
Sonaba un poco como la Reina
Como si tuviera esbirros
Aún ocultos, para matarlo de forma cruel
Si fallaba en dar la respuesta correcta.
Mas con gracia de bailarina, perfecta
Él vio cómo dársela de vuelta.
Se hizo bolas con el nudo
Se sacó la bata de seda
Tan rápido como pudo
Y se postró él ante ella.
«¡Oh dios mío! ¿Qué estas usando?»
Ella ríe, la tensión despedazando.
Con el trasero expuesto impúdico,
Entre pelusa y el vello púbico,
Ella vio su tanga de holanes.
«¿Y me llamabas tonta?»
Se volvió a reír.
Él le sonrió a sus pies
Viéndose un tanto lunático.
El argumento había sido desviado
Y en vez de quedar cual depravado
Se ganó un rapidín.
La moral, espero que comprendas,
Es que si alguna vez tienes que hacer enmiendas
Antes de que empiecen a pelear,
O que por tus pecados te vayan a cortar,
Si, por pura pinche suerte,
Cuando oyes a tu novia gritar
«¡Muerte!»
De casualidad llevas algo
Rosita y holanudo, harías bien en enseñarle
Y quedar menos mal que sólo mal.
Palabras suaves
—Suave.
—¿Suave?
—Ey, hazlo suave.
—Lo estoy haciendo suave.
—A duras penas.
—A duras lo hago duro.
—A duras lo haces suave.
—Ni sabes lo que es suave.
—No sé lo que tú crees que sea.
—Entonces te lo haces tú, por favor.
—No te pongas así, amor.
—Pues es que no eres Sr. Suave. Me fallas.
—Amorcito, sé razonable, no te vayas.
—Bueno, respondes a lo que importa…
—Eso sí me exhorta.
—Sólo digo que podrías ser más rudo.
—Qué formas las tuyas, muy furtiva.
—¿Te gustaría que fuera más asertiva?
—¿Entonces más duro te gusto?
—Rudo, o duro, es lo justo.
—Te sigo la apuesta y te llamo mami.
—¿Mi mami?
—Tu mami.
—¿Por qué me llamarías mami?
—Por lo mismo que te llamo hermano.
—¿Mi hermano?
—¿No quieres que sigamos a eso tan esperado?
—No con tu suegra y tu cuñado.
—De esos dos no sé a cuál ahorcaría.
—Con cuidadito; ése es un tema delicado.
—¡Pero tú habías dicho que algo me había faltado!
—Ganas en la cama y no es que mienta.
—Ya me lo dijiste, no se me arrepienta.
—¿Por qué me haces esto cada vez?
—¿Por qué tomas a mal mi timidez?
—Porque nunca tomas el control.
—Eso lo dice tu madre, (aparte) horrible troll.
—Tus próximas palabras las elijes mejorcito.
—¿Me ayudas a venirme o me aguanto?
—¿Te vas a venir, o sólo decir «suave» otro tanto?
—No lo necesitaré si lo haces con cuidado.
—¿Con cuidado?
—Con mucho cuidado.
—Vas a ver mi «cuidado».
«Gínesis», o «El origen del espumoso»
«¿Seguro que nadie la va a notar?»
«¿Una botella, entre billones?»
»Pero es el néctar de los dioses, papá.»
»Qué importa: no la encontrarán, o a nosotros; no aquí al menos. ¡Los dioses han abandonado este mundo!»
Las tres sabias gárgolas borrachas tocaron la tierra salvaje.
»¡Sabe a PODER!»
»Así debería; ¡los secretos del Universo están empacados en cada botella!»
«El néctar nos protegerá de convertirnos en piedra, así que hasta el fondo. Acuérdense de darle a los mortales el menor… o sus cabecitas van a explotar.»
Encontraron al hombre salvaje, y de él exigieron sus habilidades.
«¿Sediento, salvaje?»
«¡Grarg!»
«Entonces, bebe.»
«¡La última y nos vamos!»
Sabias palabras susurradas en oídos mortales, nuevas técnicas fueron enseñadas.
«¿Quisieras aprender a hacer más?»
Los secretos de los Seres Eternos al interior de los humanos fueron llevados.
Le enseñaron al salvaje a recolectar la fruta
A explotar sus secretos potenciales
Y cómo exponer al calor hierbas y semillas
Tenía usos exponenciales…
Por fuego…
Y sangre…
Y sudor…
Y lágrimas…
Los salvajes recibieron cervezas.
A cambio del delicioso manojo,
Las gárgolas recibieron elogio…
«¡Todos alaben al Padre de Todo!»
«¡Todos alaben al Hijo!»
«¡Todos alaben al Espíritu Santo!»
«¿En serio así me dicen así ahora?»
¡El plan estaba en su fase final,
Con la humanidad perdida en la bacanal!
¡Corruptas de poder, crueles se tornaron las gárgolas!
«¿Una adivinanza mientras trabajas? ¿Qué es negro, azul y totalmente muerto? ¡Mi grupo de esclavos! Ahora al TRABAJO –o estarás con ellos pronto.»
Y en su sombra tembló la humanidad…
«¡Salud!»
Bajo el control de tan falsa adicción…
Mientras a la luz del día dormían las Gárgolas,
El hombre buscó escapar su aflicción,
Bajo un par de copas, todos lloraban.
Pero a un hombre llegó idea errante,
«¿Qué mirar Adán?»
«Fruta.»
Recordó lo que le había sido enseñado.
Así las Gárgolas dormían en la trampa solar,
Hasta su lugar de solitario reposo los sigilosos treparon.
Del Padre cortaron las orejas,
Y del Hijo los ojos –
¡Del Espíritu Santo su lengua de plata!
Mas aun las Gárgolas continuaron su sueño…
El más sabio de los salvajes tomó las partes cercenadas de las Gárgolas.
Dejó a los suyos en el monte, a terminar lo que inició.
A sus adormilados enemigos los metieron en un puchero,
Y en la olla destilaron ginebra, ¡mucha sacaron, es verdadero!
La esposa del sabio tomó la carne que llevaba su esposo,
Y para los dos preparó una cena.
«Yo traer carne, Eva.»
«¿Eva cocina carne?»
«Eva cocinar bien.»
«¡Pero Adán no traer buena carne!»
Aplastó los ojos en sus copas; con las orejas y la lengua hizo el estofado.
Cuando el sol se hubo escondido, las Gárgolas despertaron asustadas;
¡Tenían la sabiduría de los dioses, pero no la fuerza para mantenerla!
La luna brillaba y las Gárgolas gorgoteaban, fuego lamía y caldero burbujeaba,
Espumando la mezcla impía.
De las venas de Gárgolas se vaporiza el néctar de dioses,
En las rejillas el vaho se condensa y destila.
Se asentó en una jarra;
Con la que cada salvaje se fue de farra.
Al hombre y su esposa apenas les dejaron unas gotas,
Y recibieron visiones rotas, y aun así fue mucho…
Los otros bebieron en mayor grado,
Tanto conocimiento no se les tendría que haber dado, y así:
¡Sus cabezas explotaron!
Y Adán volvió al cerro;
Al alambique le dio con fierro,
Se dio la vuelta y caminó.
Las Gárgolas, de sus Sagrados Néctares despojadas, quedaron cual espectros petrificados.
Sirvan de recuerdo del mal que queda cada que cantamos,
«¡La última y nos vamos!»
Traducción de Gabriela Silva Rivero
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Joshua Grocott (Inglaterra, 1985) es escritor y actor. Ha participado en varias obras de teatro y trabajado en bares, restaurantes, y agencias de escritura. Estudió la licenciatura en Escritura creativa en la Universidad de Essex en 2010, y recibió su título de maestro de la misma institución en 2012. Su escritura suele inclinarse por lo absurdo y lo bobo, ha sido descrita como «dicharrachera» e informal.
Actualmente trabaja en su primera novela, Pandamonium, una ficción especulativa en la que los humanos son atacados por hombres-panda.
Gabriela Silva Rivero (Ciudad de México, 1985) estudió Lengua y Literatura Moderna Inglesa en la UNAM, actualmente realiza su posgrado en la Universidad de Essex y es miembro del consejo editorial de Cuadrivio. Su primera novela, Los doce sellos (Ítaca, Ciudad de México) fue publicada en 2009.
Twitter: @huesodeliebre









