Correo electrónico para un muchacho de otro continente
Publicado el 25. ago, 2013 por Cuadrivio en Literatura, Poesía
Erika
¿Dónde quedó tu Nicaragua,
tu risa juguetona parecida a una discoteca,
a un verano de abundantes mangos y sin plaga,
a mañana de alondras en la ventana,
a una ráfaga de espléndidos pericos?
¿Dónde el cielo sin cerco eléctrico,
sin vigilantes a su entrada?
¿Dónde el mar y sus olas de caricias?
¿Dónde las margaritas para la ciudad
(homicida con el pequeño,
con el que busca un pan,
con el que se consume como un cirio)?
Es este país el boleto a la muerte,
la cárcel,
en deterioro progresivo,
para tu sexo devorado diariamente,
para tu corazón con 28 disparos,
para tu sinfonía nunca escuchada.
Nadie sabe tu verdadero nombre,
virgen vos en el carnaval de los lobos,
en este fétido hacinamiento,
en esta colmena de cocaína.
Serás un día
«cadáver no identificado».
Destrucción
Y mi madre me dio refugio contra los cuchillos,
la pólvora, la lluvia, la cal,
por nueve meses en su vientre,
pensó en gaviotas para mi corazón,
en girasoles, polvo interestelar, clemátides,
y me dio de sus ríos, de sus granos de aurora y avena,
de su leche, de su calor,
de su palabra, fuente de sangre y melodía,
y me construyó con sus manos, con su boca,
un mundo de silencio y aluminio.
Y crecí
para darme cuenta de la destrucción,
de que la palabra más certera es la muerte,
de que ya no existen los girasoles, mi patio abierto al sol,
el ciprés entorno al cual jugaba en las tardes siempre sola,
la galaxia que miraba desde mi telescopio cuando niña,
y ahora vivo en la niebla invernal de un bosque de fantasmas,
en un viaje al centro de los cataclismos,
y ya no hay regreso.
Ya no hay regreso.
correo electrónico a un muchacho de otro continente en proclamación del alba enviado una madrugada de lluvia luego de haber leído el poema “nostalgia del presente”
[desde el Pacífico]
vienes de la ciudad de la arena
con una claridad de antología
tu cuerpo sabe a mazapán a níspero
al té de manzanilla de las tardes ventiladas
a la esencia de los pasteles de la infancia
al saxofón de transparente llanto
de tus gotas ha sido creado el alba la escarcha
la diminuta ola que besa mis huellas
cada vez que pronuncio tu nombre
de armonía
de luciérnagas
soy un patio de girasoles alcoholizados
eres un vendaval
una descarga eléctrica
el murmullo en mi centro delirante
la cocaína que podría consumir hasta mi destrucción
en ti renacen
los árboles amarillos del verano
los ríos del silencio y la miel y la sal y el deslumbramiento
vos
refulgente tambor
jardín de espinos
sándalo
portentoso manantial de mediodía
una grieta la rosa en mi boca
piano que toco en el invierno de los ahorcados
te llamo leopardo del alba
desde lo alto
con un corazón cúpula del viento y el ámbar
desde lo alto de los escombros
con mi furor de lava volcánica y precipicio
hoy que estás más allá del Atlántico
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Miroslava Arely Rosales Vásquez (El Salvador, 1985). Nací en 1985 en medio de las detonaciones. Soy un cedro sin raíces, un refugio de pequeños insectos, una casa lumínica en donde el canto y el alcohol y el baile aún conmueven su corazón.









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