«Autos usados», de Daniel Espartaco

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Joaquín Guillén Márquez

 

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Daniel Espartaco, «Autos usados», México, Random House Mondadori, 2012, 157 pp.

En 2012 leí tres libros de Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua, 1977). Cosmonauta  (Tierra Adentro, 2011), elegido por la revista Nexos como lo mejor en narrativa del 2011 –e igual de agradable en el 2012−; Gasolina(Nitro/Press, 2012), una sátira sobre la vida literaria, los encuentros de escritores, las películas de acción con emblemáticas persecuciones en lancha y hasta Daddy; y Autos usados (Random House Mondadori, 2012), primera novela de Espartaco.

En los pasados trabajos de Daniel Espartaco ya se veían aspectos que están presentes y potenciados en Autos usados: una prosa que privilegia la fluidez sobre la aridez del lenguaje, el gusto de hablar de literatura por la literatura y, más que fantasmas, presencias de un idealismo que parece perdido.

La novela presenta la historia de Elías, un joven que (más allá de la ficcionalización del autor) crece en el Chihuahua a finales del siglo XX, envuelto de sueños que no parecen mucho. Elías, muy temprano, dice que no tiene ambiciones más allá de sus horizontes:

¿Qué quería hacer con mi vida? Para comenzar, nunca más, caminar de noche a lo largo de la avenida Tecnológico sino comprar uno de aquellos automóviles norteamericanos que pasaban la frontera de manera ilegal y se vendían en el bazar debajo del puente de la avenida Vallarta. Autos de lujo, algunos fabricados antes de la crisis de los combustibles, fruto de una civilización que había conquistado el mundo gracias al tamaño de sus vehículos; autos que llegaron a vendernos un sueño americano reciclado y más barato.

Los sueños de Elías no representan mucho ya que no logra ver más allá de lo que tiene, sin embargo es consciente de que todo lo que necesita para salir adelante es perseguir un sueño americano que se convierte en vida de muchos de los personajes. Parece que en la Chihuahua de Autos usados no hay muchas más opciones: quedarse en la parálisis, muy al estilo del Dublín de James Joyce, o salir, como Stephen, para Texas y cazar una vida mejor.

Elías, sin embargo, no es ningún Stephen, y Daniel Espartaco no tiene tanto de Joyce (sus influencias más marcadas son norteamericanas y rusas), sin embargo hay un punto en común desde el que me gustaría partir: el bildungsromanAutos usados es una extraña novela de crecimiento, como pocas en la literatura mexicana contemporánea. El crecimiento es el descubrimiento del escritor:

 

−¿Has pensado qué vas a hacer con tu vida?

−No sé −dije−, me gustaría comprarme un carro usado.

−Sí, pero, ¿qué vas a hacer con el futuro?

[…]

−Me gustaría escribir historias –dije, sin convicción.

 

La falta de entusiasmo de Elías es un reflejo que lo que Espartaco narra en la novela. Elías no desea perseguir el sueño americano en New York, sino en Amarillo, Texas. No desea conseguir un carro nuevo, ni una pareja o esposa que lo haga sentir especial. Tan es así que las historias de la novela sólo presentan a Elías como un personaje testigo de un eje más grande: el narcotráfico, la violencia, Laura, Nina, Lulú, Rosalinda, Rosendo y Junior.

Autos usados es, sí, el relato de Elías, pero también es una historia sobre la corrupción y la pérdida de la idealización, una constelación de ideas y acontecimientos que marcan un zeitgeist para algunas personas: la caída del  muro, el 9/11, los narcos. Autos usados toca tangencialmente los temas ya que influyen en la vida de Elías y en la forma en que ve al mundo, pero nunca se presentan como motivos principales.

Pese a que Autos usados es de lectura  agradable, hay varios aspectos que resaltar y que llegan a contrarrestar lo, en general, bien construido del argumento: algunos comentarios de Elías que parecen más un capricho del autor que un elemento que ayude al desarrollo de la historia o de los personajes. Sucede algo similar con la última parte de la novela, la más floja y menos vinculada al resto de los personajes. La brevedad es aliada y enemigo, ¿qué tanto se le podría añadir a los futuros trabajos de Espartaco? Sería interesante leer a Espartaco en otro tono, la voz en primera persona ayuda al flujo interno de los pensamientos de Elías, sin embargo se queda corto en cuanto a sus posibilidades, explotadas por autores contemporáneos que no están distanciados de las preocupaciones de Espartaco (búsqueda de la identidad, las relaciones humanas y, por supuesto, la desilusión de los ideales en la historia), como Rivka Galchen o el mismo Julian Barnes o, en México, David Miklos.

La virtud más grande de Autos usados es su prosa ágil, el humor irónico y una risa que descubre ridiculeces. Autos usados no debe leerse como una novela de juventud, sino como una novela de cierta generación, un libro que habla de miedos y romances muy específicos que, como el carro del papá de Elías, quedan inservibles, a la espera de la reparación: esqueletos que se vuelven reflejos y hogares de nosotros mismos.

 

 

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Joaquín Guillén Márquez (1990) es estudiante de literatura inglesa en la UNAM. Ha colaborado con crítica, cuentos y ensayos en diferentes revistas y periódicos, como La Jornada SemanalTierra Adentro HermanoCerdo. Escribe en el blog de cine y televisión de Nexos y es editor en Cuadrivio.

 

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

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