«Naciones Intelectuales», de Ignacio Sánchez Prado

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Ignacio Sánchez Prado, Naciones Intelectuales. Las fundaciones de la modernidad literaria mexicana (1917-1959), Purdue University Press, West Lafayette, 2009, 321 pp.

Alfonso Fierro Obregón


Si hay un periodo fundamental para comprender el México que conocemos hoy, éste tendría que ser el periodo inmediatamente posterior a la Revolución, es decir, el México del PRI (con sus distintos nombres). Fue en este periodo cuando se definieron muchas de las prácticas políticas y sociales que hoy conservamos, y fue también el momento en el que se crearon muchos de los mitos de lo que era «ser mexicano». La actividad literaria no fue la excepción, ya que también vivió momentos constitutivos a partir de 1917. Naciones Intelectuales de Ignacio Sánchez Prado es un estudio de dos momentos fundamentales de este periodo: la formación de un campo literario, que comprende el periodo de 1917 a los años treinta, por un lado, y la creación de instituciones académicas como el Colegio Nacional y el Colegio de México en los años cuarenta y cincuenta, por el otro.

Como el título lo sugiere, este estudio es guiado a través del concepto de «naciones intelectuales», mediante el cual Sánchez Prado se refiere a las «producciones discursivas, enunciadas sobre todo desde la literatura, que imaginan, dentro del marco de la cultura nacional, proyectos alternativos de nación» (p.1). Así pues, la tesis del autor es que, paralelamente a la construcción de un Estado represivo que buscaba homogeneizar la cultura en una sola identidad de «lo mexicano», una serie de autores que estaban fuera del campo de poder crearon otras ideas de lo que podría ser México. A partir de este concepto, el autor revisa y estudia a algunos de los escritores y de los movimientos más importantes de la primera mitad del siglo XX, desde los Estridentistas y los Contemporáneos hasta Octavio Paz.

Ahora bien, estas «naciones intelectuales», al plantearse como alternativas al discurso de poder, presuponen la existencia de un espacio de enunciación. Esto es lo que Sánchez Prado, siguiendo a Pierre Bourdieu, llama «campo literario». Un campo literario, en este sentido, es un espacio institucional y simbólico con una autonomía relativa respecto al campo de poder, en el cual se vive una lucha interna entre discursos por imponer su hegemonía.

De esta manera, la primera parte del libro está dedicada a estudiar el surgimiento de este campo literario en el México posrevolucionario a través de revistas, grupos y polémicas que, poco a poco, fueron constituyendo ese espacio autónomo. Ignacio Sánchez Prado hace lecturas muy bien logradas de obras como «Urbe: Súper-poema bolchevique en cinco cantos» de Manuel Maples Arce o «Suave Patria» de Ramón López Velarde, para mostrar tanto las primeras «naciones intelectuales» como el conflicto entre posiciones y grupos (estridentistas, virreinalistas, vanguardias) en esta primera etapa.

En el segundo capítulo se analiza la figura intelectual y la obra del olvidado Jorge Cuesta, quien representa para Sánchez Prado la primera etapa visible de consolidación de la autonomía del campo literario frente al Estado, ya que es el primer intelectual que se sitúa fuera de cualquier vínculo con éste y utiliza esa posición para asumir una valiosa actitud crítica ante el poder. En este sentido, Jorge Cuesta plantea la primera «contranarrativa» frente a las «narrativas nacionales» y se convierte en una figura esencial para la autonomía del campo literario.

Tras este periodo de formación, en los años cuarenta y cincuenta surgen dos de las instituciones académicas más importantes del país: el Colegio Nacional y el Colegio de México. Es justamente este momento el que se estudia en la segunda parte de Naciones Intelectuales. Estas instituciones marcan la absoluta consolidación del campo literario y se vuelven el espacio primordial de los distintos debates culturales. La figura de Alfonso Reyes, la cual Sánchez Prado estudia a lo largo de casi todo el libro, y la de José Gaos cobran mucha importancia, ya que marcarán, a través de sus obras y de las respectivas tradiciones que sembraron, a toda una generación de intelectuales.

En el segundo capítulo de la segunda parte, Ignacio Sánchez Prado estudia la separación del campo filosófico del literario, su desarrollo y su fuerte interés por la definición del «ser nacional», del «ser mexicano». Sin embargo, es muy oportuno el señalamiento del autor sobre la poca incidencia que estos estudios filosóficos tuvieron en la esfera pública, incidencia mucho más pobre que la que tuvo El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Por medio de un análisis crítico excepcional, Sánchez Prado explica cómo este autor finalmente hizo prevalecer su discurso cultural sobre los otros, y cómo, al hacerlo, distanció a la literatura de una visión crítica ante un espacio político conflictivo.

Naciones Intelectuales presenta una unidad argumentativa muy interesante y una gran originalidad, ya que varios de sus análisis son relecturas de textos canónicos desde una perspectiva nueva. Son particularmente valiosas sus lecturas tanto de la obra como de la intelectualidad de Alfonso Reyes y Jorge Cuesta: el primero, un intelectual canónico; el segundo, un intelectual relegado a la periferia a pesar de su magisterio. Todas estas relecturas son posibles gracias a una postura crítica bien definida y orientada.

A pesar de ser un estudio sobre el pasado literario en México, este libro se plantea como una pieza clave para el presente y el futuro. Y es que la literatura puede y debe ser –en esto estoy de acuerdo con el autor–, un espacio en donde se imaginen distintos proyectos de nación; puede ser también el lugar desde el cual se desmitifiquen muchas de esas «narrativas nacionales» e identidades falsas; en fin, puede ser el espacio idóneo para hablarle verdades al poder. De esta forma, el mundo de la literatura aportaría mucho a la democratización real de la esfera pública. Y, en este sentido, me parece que Naciones Intelectuales puede ser leído como un primer avance por ese camino.

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Alfonso Fierro Obregón (Ciudad de México, 1988) estudia Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM.

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