Rebanadas de plátano
Juan Carlos Rubio Badan
Empecemos –así es esto– por el principio. Era uno de esos días tibios, de los que no saben augurar sino cosas buenas; cosas buenas que nunca acaban de llegar, o lo hacen muy a destiempo. Un día mediano, eso quiero decir, en que la misma señora flaca de los mismos tamales verdes nos vende –¡ajá!– los mismos tamales verdes. Tamales medianos; tamales a los que nunca les hizo falta ni sentó muy bien tanta masa, pero ahí la traen, regordetes, luciéndola cual cintura. Un día mediano tiene la virtud de dejarnos escoger qué hacer con él. No digo que sea un día sin planes, sólo son planes que nunca emocionaron a nadie. La comida de la abuela o las retas de futbol. Un día mediano, como ya iba diciendo yo.
Un cereal, medianísimo cereal, sin rebanadas de plátano para agraciarlo o arrebatarle el gris. Así se iba abriendo aquél, mi día. Regular, como novia de blanco, como verdugo con vergajo. Un día ordinario, hecho de ordinarias transigencias con lo cotidiano.
En los días ordinarios, como el resto del año, La Merced se viste de una variopinta colección de putas. No tiene la menor importancia ni a nadie le sorprende, que es ordinario. Esa mañana me paseaba por ahí, surcando entre las filas de mujeres de verbo vivo, bien vivo y descocado. Generosas, las prostitutas convidan al que pasa de su cháchara fresca e indecente. ¡Ah Merced!, ciudad de mis putas, abrigo de zancadillas donde la alegría renace a fuerza de fondos de botella en madrugadas de cabaret.
Me dijo que se llamaba Dora. Yo le creí, como les creo a todas. Fuimos enfilando uno, dos, tres, profundos, envolventes, insoportables. La vigilia de mi sexo y alma encontraron sosiego. Dora, su piel, su aliento picaban para despertarme de una vida de aturdimiento. Era todo, y yo quise más. Cada día se volvió de Dora; mi pasado y futuro eran Dora, y no más lejos. Dora querida, siempre habré de recordarte para descubrirme imbécil. Hace todos esos años sólo hacías tu trabajo; yo, ahora viejo, agazapado, me pregunto dónde quedaron mis días ordinarios.
____________________
Juan Carlos Rubio Badan (Ensenada, Baja California, 1988), estudia ciencia política en la UNAM.













Francisco Alfonso Pares Olguin
diciembre 12, 2011 at 3:30 pm
muy excelente, aunque encuentro que el titulo puede ser un poco confuso, o deberías tocar mas el tema del plátano en tu cuento.