Poemas de Pippa Little
Las gracias de mi vista
Desde la ventana de la cocina de arriba
Veo campos amarillos, pinos salgareños
Y más allá todavía, una franja de Mar del Norte.
A ratos, La franja es blanca inamovible
O azul cubeta.
A veces se ve tijereteada con hoyos tintineantes, rellenos con luz,
deseos o mariposas alfilereadas,
aves salvajes en el lado incorrecto del mundo.
¡Míralas revolotear y arder!
Cuando sea grande les voy a enseñar
no son las brillantes intuiciones de Mar del Norte
las que a casa me devuelven.
La vuelta
¿Adónde fueron las escaleras,
tras el escritorio, lleno de facturas, papel secante,
un Eterno Calendario
destellando con los últimos rayos de sol,
en su cuarto plateado?
Había un país,
el tipo de país que casi recuerdas
pero no con palabras –
el olor a puertas frías y cerradas
más allá de donde cae el polvo, y descansa
absolutamente quieta en la oscuridad,
en algún lugar en el que no tenía papeles,
sin un nombre para denominar su propio lenguaje.
¡Sí!
Era tan pequeñita en aquellas tardes invernales
de domingos,
sólo que aún no lo sabía, todavía pretendiendo
disfrutar
las vueltas en el auto de padre, sus «ya deja a tu madre
en paz»
como si fuera un quehacer, como hacer la maleta,
que ella buscara evitar –
hasta que, en aquel café a la orilla del mar, vi ese
resplandor verde-azulado,
y padre preguntó si lo quería,
¡él, a quien nunca le había importado
regalar!
Mis ojos regresaban al brillito aquel,
tan vivo, como el pulso del otro océano
Todavía lo recuerdo,
Y dije ¡Sí! Y ese ¡Sí!
borboteó dentro y sobre mí, una ola
desatada,
jadeando, engullendo, burbujeando sobre mi lengua :
aún mejor, cómo se sintió alrededor de mi cuello
su blando aliento
eso quizá es felicidad –
ella estaba esperando en la entrada de nuestro hogar.
Corrí, mi sonrisa como marca comercial.
Y en su rostro cubierto de aguanieve el ¡Sí! quedó
perdido,
en algún lugar que supe nunca podría recuperarlo
incluso aunque fuera en su búsqueda.
Abuela
La paciencia es trabajo. Un quehacer.
Permanecer quieta en esta casa, tan aburrida,
ni aquí ni allá
sino entro dos escaleras,
requiere valor. Bravatas
reservadas, incluso. Me duelen enero y su clima,
tiemblo cuando pies imprudentes
pisotean al final del pasillo. Pero puedo arder
cuando el sol, bajo, se entrecruza con mi atisbo,
y desgañita mi corazón cantando,
mis entrañas espinosas, sin peso, sobre ruedas
plateadas, y libre,
bailo al final de la escalera y
y brinco pisos enteros cada hora
durante cada uno de esos segundos infinitos.
Traducción de Raúl Bravo Aduna
Traducción y reproducción bajo permiso de la autora.
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Pippa Little nació en Tanzania, creció en Escocia y ahora vive en Northumberland, Inglaterra. En 2010 ganó el Norman MacCaig Centenary Poetry Prize. The Snow Globe (Reino Unido: Red Squirrel Press, 2011), donde se encuentran incluidos estos poemas, es su tercera publicación.
Raúl Bravo Aduna es ensayista, poeta, traductor y miembro del consejo editorial de Cuadrivio, donde dirige la sección literaria. Su web personal es www.rbaduna.com.












