motivos para la inmovilidad
1
todo lo que está empujando las
manecillas del reloj tiene y es
ojos y pestañas. es la mano
temblorosa del tiempo. la voz
entrecortada del ojo impenetrable
de la muerte y el ruido del esqueleto
percudido de una letra colgada
en medio del desierto. una
mano. un pie. la música o la
tortura del tamaño de una
ciudad pura luz. una puerta
abierta y detrás de ella la
mirada de un perro que ladra
en todos los idiomas del silencio.
una silla invertida. un rey que
no pide nada. un rey que no
pide nada. un rey que no pide
nada.
2
habría que dejar el cuerpo
suspendido en alguna letra
acentuada en la vigilia. no caben
las palabras entre los dientes,
aunque se haga el intento por
abrirlos como en un parto
calcificado. detrás de los pies
existen ya todos los nudos
que hemos ido haciendo ciegamente
a través de las ciudades. aunque
se busque desesperadamente una
idea, una temperatura, o el calor del
barranco, por delante siempre
estarán los ojos que al final,
cuando nada suceda, se aparezcan
monolíticamente en presencia
del aire. así se van sumando
los días. así nos vamos restando tiempo.
3
entre los pies está el espacio de
un río que ha perdido su cauce.
desciende desde un volcán lunar y
sus ruidos tienen la piel de una
noche en quietud de milímetro. la
piel avanza y recorre un pueblo
fantasma tras otro. nunca habrá una
puerta que se cierre por sí sola.
así, detrás de la boca hay otro
río sin cauce, sin peces ni balsas
ni obstáculos de piedras dormidas.
estamos hechos de la materia del
río. el río no es simple agua. el
río es agua en movimiento de
carcajada infinita. yo río, tu ríes,
nosotros reímos. así nos vamos
mojando: desde la luna hasta
el espacio entre los pies.
4
y aquí estamos con todas las preguntas
de una mano abierta como pájaro.
no tenemos barcas para volar hacia el
lenguaje de risas de muertos ni
sabemos de qué color son los ojos
de un dios que tiene mil nombres.
si acaso conocemos el ruido que
va de una noche en otra y sabemos
que no somos animales ni plantas
desérticas, pero que sí podríamos
hundirnos en una carretera interminable
hacia el puño de un hombre que sea
más sombra que hombre. abrimos
la boca para alimentarnos de
piedras y sin dientes mordemos
sus sueños íntimos. cuando nos
quedamos inmóviles los dedos
presionan hasta que la sangre
desaparece en todos los colores.
5
cualquiera que sea el momento decisivo
en que una estrella decide bailar
hasta ser un hilo de sangre en los ojos
es un momento que piensa en caída
libre. se anudan los objetos como yo
con las palabras me anudo a un
mundo que es también a su vez un
hilo, y un nudo que es una orquesta
de dimensiones inabarcables. cualquiera
que sea el momento de expulsar una
mirada por el borde de un naufragio
en el desierto o por la insistencia
de simetrías y unidades totales. y
si tenemos los dedos en su lugar
habrá que pensarse las manos como
la punta de una lengua mecánica.
no hay fórmulas para navegar los
intestinos de la muerte (ni hay
necesidad de hacerlo).
6
se abre la boca de un animal
hambriento de verbos en pretérito. el
pulso de un cuerpo encadenado de arterias
es un trofeo para el grito vertical
de la muerte. la clausura de una
sustancia y el sonámbulo vaivén de
papeles y nombres. si me tocara una
mano sudorosa e hiciera de mi cintura
un cirio en pleno derretirse hasta ser
hilo infatigable. hay que salir a ver
la calle, los coches y detenerse en
esquinas a contarse los números
de los ojos de las personas que
pasan. abre la boca y derrama
el ojo arena movediza del nudo
de garganta. abre la boca y
guarda secretamente otras bocas de
otros tiempos en el espacio que
hay entre los dientes.
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Andrea Alzati (Guanajuato, 1989) estudió Literatura Latinoamerica en la Universidad Iberoamericana. Tiene dos blogs: www.poetificaciones.blogspot.com y www.tareasexpuestas.blogspot.com












