Del libro de Tobías 6:1-9
Nayeli García
El perro seguirá las pisadas del joven y el ángel. Error. Los ángeles no pisan. De cualquier manera, el animal cuadrúpedo y domesticado se dedicará sólo a seguir a las personas. Error. Los ángeles no son personas a menos que caigan. Pero, ¿cómo podría usted caer si está volando? La fuerza opuesta a la atracción gravitacional, un impulso hacia lo contrario al centro de la tierra. Error. La fuerza de gravedad no tiene nada que ver con los ángeles. La primera noche caminaron los dos –el texto no aclara si se trata del ángel y el joven o del ángel y el perro o del perro y del joven. Acamparon a orillas del río Tigris.
Bajarás a lavar los pies en el cuerpo de agua subyacente a la montaña con forma de pierna –en media de red– de una mujer con los labios rojos. Pero no se crea que de ese rojo común y vulgar que caracteriza las bocas en la noche sobre las avenidas. Un rojo más bien como fresas estrelladas contra uñas en el suelo. Un rojo más. Un rojo. Un pez rojo salta del agua y devora tu pie.
Ante el grito el Ángel responde. Los gritos no se responden, Ángel. Error. Los ángeles no hablan. «¡Agárralo y no lo dejes escapar!». ¿Se dirige al pez o al hombre? Daría lo mismo. Cuando una mandíbula se cierra contra el maxilar de una cavidad bucal para oprimir lo que llamaremos la presunta presa, ninguno de los dos se está dejando ir. Uno no puede, el otro no quiere. Síndrome de Estocolmo.
Comienza la primera transmisión del programa de cocina Sal y pimienta con el Ángel. *Se abren las cortinillas*. «Buenas noches amable audiencia, hoy como siempre tenemos para ustedes las mejores recetas marinas para el bienestar del alma y la elevación del espíritu». *Aplausos*.
Receta del día: «Remedios cardenales»
Ingredientes:
*Hiel
*Corazón
*Hígado
Instrucciones de preparación: Mézclese –o no– y cocínese –a fuego lento– la hiel, el corazón y el hígado de un habitante de las aguas previamente puesto en situación de asfixia. Consúmase caliente. Rojo.
Abrirás el pescado con un cuchillo de mango rojo. Tendrás cuidado de rebanar sólo el tejido superficial. Sacarás tres elementos indistinguibles bajo la lámpara roja del revelado de fotografías. Es necesario guardar muestra de los procedimientos de preparación alimentaria. Consumirás la carne, sometida a previa cocción, según las indicaciones otorgadas en la primera emisión del programa Sal y pimienta con el Ángel. Reportarás sensación de alivio.
Entre la multiplicidad de voces que suenan en la estación de transportes terrestres se distingue una que anuncia la próxima partida con destino a Media: «Pasajeros del viaje con destino a Media, favor de presentarse en el andén 06 y abordar el camión 01. Pasajeros con destino a Media, su transporte partirá a las 09:00 horas. Prepárense».
El Ángel escuchó la pregunta «¿Qué clase de remedio hay en el corazón, en el hígado y en la hiel del pez?» Hasta el momento no se ha podido comprobar que los ángeles realmente tengan sentidos auditivos ni que perciban la propagación de vibraciones emitidas por un cuerpo en movimiento a través de un fluido elástico.
Un grupo de científicos del MIT probaron la existencia de las propiedades redentoras en ciertas entrañas marinas a partir de un estudio de toxicidad inducida en seis hombres sometidos a la ingesta de estos alimentos. Los sujetos del experimento se dividieron en dos grupos compuestos por tres ejemplares. En todos se había comprobado cierta tensión emocional demostrada a través del constante monitoreo de su actividad cerebral y de sus niveles hormonales. Cada ejemplar del grupo de prueba fue obligado a violar algún precepto básico de sobrevivencia grupal. El primer grupo sólo permaneció en observación. Sus signos vitales fueron disminuyendo hasta el estado catatónico tras haber cometido la violación. Las autopsias demostraron desequilibrios severos. El segundo grupo fue sometido al consumo de entrañas cocidas –corazón, hígado y hiel– al rojo vivo de cierto pescado. Los resultados fueron positivos. Los niveles hormonales y las ondas cerebrales se estabilizaron. Al terminar el experimento se prosiguió a la aniquilación de los ejemplares sobrevivientes para realizar las autopsias y asentar los resultados de la prueba.
Se registró una polvareda de arena roja que tapizó los techos de las casas y las copas de los árboles en Media. Los primeros avistamientos fueron de parvadas de aves rojas. Cardenales que cruzaron el cielo a nado abierto. Luego vino la tormenta de arena. Arena o plumas pulverizadas al sol. La piel de los lugareños pronto adquirió el color del cielo rojo.
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Nayeli García Sánchez (Ciudad de México, 1989). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente es becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas, participa en la elaboración de la Enciclopedia de la Literatura en México.












