La prisa como ética del trabajo
Tener la nota exclusiva lo más pronto posible: tal es la máxima moral de un periodismo mucho menos interesado en la denuncia y la investigación crítica que en el mercado de la información. Mariano del Cueto comenta con humor este cliché del periodista, por desgracia no siempre ficticio.
Mariano del Cueto
La imagen del típico reportero, al menos en el Chicago de los años treinta, o del periodista de tiempo completo (mejor),[1] está constantemente en jaque porque no tiene tiempo siquiera de cuestionarse si en algún momento puede tener una vida normal, o paralela a la de su oficio. La regla de estos periodistas parece ser renunciar a cualquier cosa en la vida que no tenga que ver con el periodismo. Acá entra sin problemas la famosa frase de Manuel Buendía: que el periodista, al ver todo lo que lo rodea –y lo que vive– como noticioso, es capaz de publicar incluso la noticia de su propia muerte (la frase, desde luego, es mucho más completa y fina que ésta, pero –y aquí entra la falta de rigor «periodístico» de este texto‒ ahora no tengo presente el libro donde la leí).[2]
La película Primera plana (1974), del cineasta Billy Wilder, además de estar rodada con maestría,[3] presenta distintos estereotipos del periodista o el político. Pero el retrato de estos personajes para nada se queda en el lugar común, todo lo contrario: la ironía en ésta y otras de sus películas es un rasgo característico de sus puestas en escena.
A continuación enlistaré[4] algunos de estos personajes estereotipados que no pueden zafarse del –de pronto– fastidioso[5] mundo de la prensa. Será una descripción muy breve que no pretende agotar a todos los personajes que aparecen en la película, ni mucho menos todas las características que podrían describirse o criticarse.
Primero (y aludiendo al primer párrafo), el reportero talentoso que está harto de su trabajo, no porque no lo guíe la pasión –pues luego demuestra que contar la historia es más importante que el amor de su vida–, sino porque no puede acomodarse al american way of life –esposa, rutina, amor infinito, no riesgos, ejercicio, salud, ¿hijos?, etcétera. Si la escritura se impone,[6] como dicta la máxima, el periodismo parece que también; lástima que a veces, como muestra la película, es por tener la exclusiva o por aplicar el maquinazo[7] con tal de ser los primeros en contarlo.
Del editor (¿o director?[8] O no queda claro o no fui tan astuto como para darme cuenta) de uno de los periódicos más importantes de la ciudad se ve desde la manipulación que puede ejercer (con sus empleados para que no huyan) hasta su ejercicio de la mentira como acto político, o del cinismo, siempre en aras de conseguir publicar antes la gran historia. Qué importante es la ética en cualquier actividad, pero en política o periodismo (que muchas veces, como también se nota en la película, o como creía Max Weber,[9] no son sino lo mismo) aún más. Todo ser humano, creo,[10] debe constantemente cuestionarse acerca de la ética, pero en esta profesión, vaya,[11] debe ser un tatuaje.[12] Desgraciadamente,[13] muchas veces no existe dentro de este medio. Para este personaje no importan la Justicia o la Vida[14] de un hombre, importa tenerlo a él para ser la exclusiva y vender.
No me da tiempo de más,[15] pero cómo me gustaría extenderme en el poeta que para no morir de hambre se refugia en el periodismo, o en el novato bobalicón[16] que apenas abandonó la Academia[17] y piensa que el mundo de las noticias es color de rosa, o los reporteros acomodados y viciados, no tanto por el alcohol o el tabaco, sino por la forma en que desarrollan su oficio, o en el acusado de muerte y el miedo estadounidense por los bolcheviques –un odio, por cierto, alimentado a través de la propaganda, para la cual siempre el papel de los medios de información es fundamental–, o en el político que trata con pinzas a la prensa, no vaya a ser la de malas[18]; «and so on, and so on»[19] (como diría Zizek).
En esta película queda claro que la información y la forma de tratarla es algo mercantil y que, visto así, el periodismo es mucho más una doble arma para el poder (que puede beneficiarlo o tumbarlo) que una actividad cuya función social, idealmente, sería formar ciudadanías cultural y políticamente comprometidas a través de la información (y el criterio y demás),[20] y no ciudadanos banales, adormecidos, estúpidos y fácilmente manipulables.[21]
NOTAS
[1] Por razones que se explicarán a lo largo de tantas notas al pie, este «mejor» entre paréntesis bien podría no ir.
[2] A partir de la siguiente nota al pie, empieza la fundamentación.
[3] Error periodístico: el juicio de valor. Escribo libremente dado que no es un texto periodístico, sino un supuesto informe. Como un informe, por definición, es rígido, esta vez aprovecho, quizá tramposamente, para llevarlo a su opuesto: el ensayo, por tratarse de un género libre. Mas no por eso dejo de percatarme de mis errores periodísticos, tanto que hasta marcaré algunos.
[4] Ya no es necesario justificarme. A partir de aquí, cualquier falta de rigor en el texto se defenderá con la nota al pie anterior a ésta. Sólo los enumeraré. De esta nota el error es la primera persona: el periodismo, siempre imparcial, va en tercera.
[5]Juicio de valor.
[6] Sin cita. En periodismo toda cita debe estar fundamentada.
[7] Lenguaje no tan formal, o exagerado, que por lo común no agrada a los editores.
[8] Uno no puede dudar: el periodismo debe ser certero.
[9] Innecesario.
[10] En el periodismo no crees: fundamentas.
[11] No agradaría.
[12] Las metáforas tampoco agradan.
[13] Juicio de valor.
[14] No mayúsculas.
[15] Un editor me diría: «¿y eso al lector le importa?»
[16] Juicio.
[17] Mayúsculas.
[18] Lenguaje poco serio.
[19] Cita en inglés y que no es necesaria.
[20] ¿Qué «demás»? ¡Especifica! (si pudiera hacer una nota al pie de una nota al pie, aquí iría una: no signos de admiración: el periodismo debe ser en un tono tenue, neutral).
[21] Nota al pie final. En periodismo no hay notas al pie. Y en un ensayo no académico, mientras menos haya mejor. Conclusión: esto es un bodrio. (La única característica que provino de la autoridad era: argumenten. Y al menos en relación a la película lo hice. Argumenté doble: sobre por qué la película se relaciona con la clase, como para dejar en claro la falta de rigor en el escrito, pues. ¿Se vale?)
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Mariano del Cueto (1990) estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Actualmente trabaja en su tesis. Fue parte del consejo editorial de la revista estudiantil Afluente desde su fundación. Ha colaborado para algunos medios como Cultura Urbana y Sin Embargo.



