Tuesday, 9th April 2013

Proemio o del Orfeón

Publicado el 01. ago, 2010 por en Novela

El presente «proemio teórico» (como su autor lo ha llamado) es la primera entrega de Xilodemens, novela de Miguel Cabrera que Cuadrivio publicará en sus páginas.

Miguel Cabrera «Sómacles»


I

El narrador había muerto. Con ardiente deseo, un grupúsculo de entidades se arremolinaron entorno suyo con remarcable prontitud. Destellos irisados traslucían sedición mientras el envejecido cronista experimentaba con desfallecimiento las postrimerías de su existencia. El dominio del soliloquio, esa voz de yeso que ordena, distribuye y dictamina, había descubierto sin querer el cascajo de la multiplicidad, una literalidad desenfrenada. En el mirador de la imaginación, el recuerdo contemplaba su historia, que es la de las eventualidades desconocidas, esas experiencias que, sumadas, forjan y procrean a la vez el proceso de un espíritu que languidece, que se extingue, que encuentra su propia esquina del olvido. De carácter áspero y enclenque, debilitado por la infancia del tiempo al cual había sometido, la voz del relator, una especie de estulticia acrecentada por el idilio, devenía en el fonograma que cavaba con frenesí el sinsentido de un acto final. Todo acaece demasiado aprisa. Y ahí donde el tirano habita, ese espacio de agonía en ese tiempo regicida, el monarca de la voz hereda su disolución a los desconocidos, género de autonomías que se nos colocan frente a frente gastándonos efímeros placeres. La consumación era inevitable. En medio de los astros celestiales, en el aquí-allá determinado por la aceleración y la energía, bengalas cantarinas viajaban sin tribulación a la espiral de una nueva conformación. Los quásares, nebulosas y galaxias empequeñecieron a distancia atestiguando con vehemencia el alejamiento de una circunstancia que dejó improntas en los viajes de la prosa. Pequeñas gotas perlaban la frente del escritor y el sudor le escocía los ojos. De poco le servía resollar en su propia nostalgia. Por debajo del tiempo y el espacio, un cúmulo de eflorescentes cronoclíadas acomodaban la búsqueda de nuevas posibilidades, minúsculas partículas que efectúan relaciones, eventos infinitesimales que crean y recrean las historias que surgen de las disyuntivas. Con el advenimiento de lo múltiple, de las irrupciones en los tiempos, nuestro personaje ahogó un último suspiro mientras las nuevas voces desarreglaban sus partículas apoderándose de sus fragmentos. El coro había nacido.

II

¿Quiénes son ustedes? La inmanencia. ¿De dónde provienen? De todas partes. ¿Qué buscan? Adentrarnos por el exterior de las perspectivas, insuflarnos por el interior de los umbrales. ¿Son monocordes? No. La composición de nuestras relaciones es variada, la sustancia que nos constituye es la incertidumbre, diálogo que apremia sus inquietudes. Es el desorden que inquieta la tranquilidad del equilibrio. ¿Qué buscan, qué pretenden? La seducción de las contingencias, la cimbreante metáfora del deseo. Nuestra aspiración es la de ser una delitescencia entre cobardes curadores. ¿Cómo es que funcionan? Por sustitución molecular, por relaciones de captura. Nuestro modo de ser es el devenir constante de lo etéreo, un conformar la interrogante entre el farfullo de los absolutos. Externamente, tenemos una imagen, un vistoso cuerpo de proposiciones que nos acercan al fanal del conocimiento; belleza que interconecta a los relatos, a los discursos. Lanzamos imprecaciones contra el cálculo de las desavenencias. La hueste unificada de nuestro poderío, la del paralelismo, es la voluntad que se extiende hacia todas direcciones. Sí, somos difíciles; la comprensión de nuestros enunciados es la del desafío. Ahí donde no encuentren un significado, una descripción que sea nítida en su desarrollo, les proponemos que exploren el horizonte de su imaginación, esa extensión que hace de las palabras una horqueta de caminos alternativos. Y sin embargo, ya veo que ustedes han dejado de ser exclusivamente la inmanencia. Somos la presencia, el tiempo, el ritmo y la entonación. Nos relatamos en nuestras miles de bifurcaciones, cada cual siempre coligada a una decisión previa. Somos las creadoras de lo acaecido. Somos voces universales, no la universalidad. Cada pensamiento, cada emoción y cada acto individual o colectivo son un agenciamiento, un paso más a la infinitud, un distanciarse del hipogeo de su memoria. Olvidan todo con presteza. Nuestra labor es la de señalarles las consecuencias de sus afirmaciones y negaciones; todas ellas pertenecientes a un archivo universal, el de los relatos anónimos pero, con todo, existentes. Ya no hay lugar para el azoro; cada ente que nos conforma es una interpelación en potencia, mas el desenvolvimiento de esta capacidad está determinado por la apertura de sus consideraciones sensibles, humanas y vitalicias. Seremos como nos imaginen, formaremos las experiencias que gusten en su entendimiento, relataremos los hechos de sus historias. ¿Qué son? Somos su reflejo.

_____________

Miguel Cabrera (Ciudad de México, 1988) es estudiante de la licenciatura Economía y Matemáticas Aplicadas en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Pertenece al consejo editorial de Cuadrivio.

Tags:

Los comentarios están cerrados.