Wednesday, 16th February 2011

El día que Óscar de la Borbolla desmintió a Einstein

Publicado el 03. nov, 2010 por Cuadrivio en Libros, Reseñas

Óscar de la Borbolla, Dios si juega a los dados, Grupo Editorial Patria, 2008, 158 pp.

Gott spielt mit der Welt nicht Würfel.

Albert Einstein

No quiero prestarme a este juego, dijo ella, es absurdo.
Más bien, dijo él, es un juego muy serio, un juego trágico…
¿El destino?, dijo Inés irónica y recuperando su incredulidad.
Sí, el destino, repitió Juan y se quedó pensativo
.

Óscar de la Borbolla

Mariana López Oliver

«El paraguas de Wittgenstein» fue el primer texto que conocí de Óscar de la Borbolla. Las líneas paralelas en las que se despliega me sorprendieron, la travesía de las posibilidades, la mezcla de los detalles, el juego con el azar y la tremenda calidad de la prosa del autor, me obligaron a buscar más. Después supe que era uno de los cuentos de Dios sí juega a los dados.

El azar, el destino y la serendipia son los elementos que reúnen a este manojo de cuentos, los protagonistas están condenados a no conocerse, o bien, son personajes que coinciden un instante y su encuentro se diluye poco a poco en la nada, desatando añoranzas y nostalgias, a pesar de no tener nombre. Los escenarios de los relatos son eventos desatados por la casualidad o guiados por el destino, rodeados de ecos que se extinguen con la misma violencia con la que aparecieron.

A lo largo de la obra, las cualidades narrativas son asombrosas, pero sin duda, «El telescopio de Escher» destaca sobre todos los otros cuentos. Tiene un ritmo propio (por momentos parecería marcado por algún metrónomo escondido en alguna de las páginas), el autor juega, dialoga con sus personajes, se vuelve éstos; el lector da vueltas, entra y sale del texto contagiado de este movimiento.

En sus cuentos, construidos con erotismo, humor e inteligencia, Óscar de la Borbolla hace del azar el único camino permitido de la existencia cuyas posibilidades se multiplican al infinito, así como el trayecto recorrido por «La madre del metro» quien nunca volvió. El destino es un personaje más de cada relato, que decide la suerte a su voluntad y se divierte jalando los hilos, jugando a los dados.

Aun cuando algunos de sus personajes masculinos poseen cierto cinismo al estilo de Kundera, el escritor forja en ellos el sitio donde alberga el binomio amor-sexo, relacionado comúnmente con lo femenino. Exhibe la intimidad de un mundo pocas veces mostrado; son ellos quienes construyen historias en el aire, quienes recuerdan: «Necesito que vengas: viniste sola tantas veces que es imposible que hayas olvidado el camino. Te espero por la mañana y por la noche, no sé qué hora es allá afuera, en el mundo: podríamos ir al cine, a donde tú quisieras…»; quienes añoran: «Escribo porque no he encontrado una mejor manera de tocarte, ni otra avenida que esta calzada de palabras desde la que te puedo mostrar cierto sistema planetario al que todavía guardo una profunda estimación».

Cuando un texto me arroja a la pregunta primigenia «¿Qué es esto?», lo agradezco; caigo fascinada cuando el convenio de recepción que llevo a cuestas es vulnerado, y si a su vez éste me arranca una carcajada y líneas después me radiografía orillándome al nerviosismo, me declaro irremediablemente en territorio conquistado.

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Mariana López Oliver (Ciudad de México, 1986) estudió Lengua y Literaturas Modernas Alemanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente trabaja en la tesis titulada Representaciones femeninas del romanticismo alemán: de la mujer pasiva a la mujer que actúa. Es miembro del consejo editorial de Cuadrivio.

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