Sin patria, sin límites, sin fronteras

El tema de la inmigración es un tema humano comúnmente deshumanizado: en sus abordajes, se prefieren los datos estadísticos, las cifras de remesas, las distancias entre espacios divisorios, entre otros. Nayelli Jocelyn Díaz García reivindica a las personas de carne y hueso, con nombre y apellido, como tema central de esta entrega. ¿Cómo viven en la particularidad el tema de ser extranjeros en busca de mejores oportunidades en otros países? ¿Qué los motiva? ¿Qué les aqueja?
Nayelli Jocelyn Díaz García
La realidad y la miseria me oprimen y, sin embargo, sueño todavía.
Émile Zola
En nuestro país es normal ver críticas a las autoridades estadounidenses por el mal trato que se les da a los indocumentados mexicanos en su territorio, pero ¿nosotros no tratamos mal a los centroamericanos en su paso por «nuestro territorio»? ¿Por qué la desigualdad? ¿Cómo cambiar este panorama?
Él es Adrián Alberto Rodríguez García y es apodado La Polla; aunque sólo tiene la secundaria terminada, vela por los intereses de sus prójimos. A sus 28 años ha decidido dejar todo por apoyar la causa de los migrantes centroamericanos en su paso por México.
La Polla –como le dicen de cariño– desde hace nueve años, en ese entonces no pertenecía a ningún colectivo u organización, ayuda a los migrantes diariamente en las vías cercanas a su domicilio en Tequixquiac, Estado de México, auxiliándolos con agua y alimentos. Así fue como se hizo de múltiples amistades y fue invitado a trabajar en Ferrocarriles Mexicanos (Ferromex); su labor consistía en cuidar de los trenes, lo que le dio la oportunidad de salvaguardar a los migrantes que llegaban a la zona del tiradero de Tequixquiac y los orientaba acerca de los peligros y las rutas que debían tomar para conseguir «el sueño americano».
«Las personas que emigran de sus países por escaso trabajo, por trabajos mal pagados, la devaluación de sus monedas, por inseguridad y, lo más importante, por el hambre», resalta Adrián Alberto Rodríguez García.
Colaborador de tiempo completo, La Polla asiste todos los días al Comedor San José, ubicado en la calle Andador del Ferrocarril #10, Barrio de San Bartolo, Huehuetoca, Estado de México. El día de Adrián Rodríguez comienza muy temprano. Alrededor de una hora antes de que se abra el comedor, La Polla llega para hacer aseo y preparar los alimentos que se les ofrecerán a los migrantes en el desayuno, que es a las 7:00 am. Posteriormente Adrián se convierte en el multiusos del Comedor San José, aquí la hace de médico, psicólogo, chef y amigo.
La comida se sirve a las 14:00 hrs, a diario se trata de variar el menú que consiste en frijoles, sopa, chicharrón y fruta. Todos los alimentos degustados por los migrantes se obtienen de los recursos recaudados por la Universidad Iberoamericana y los colectivos Ustedes Somos Nosotros y Soy Migrante. De hecho, el comedor San José vive solamente con la ayuda de colectivos y las donaciones de la gente.
La cena se sirve después de las 17:00 hrs., para esta hora del día, el comedor ya habrá recibido de 30 a 250 indocumentados y se habría tenido que preparar comida hasta más de tres veces: alrededor de 10 kilos de arroz, 10 kilos de frijol, agua y más comida para cubrir el apetito de los hermanos centroamericanos.
El Comedor San José fue inaugurado hace aproximadamente ocho meses; pasó de ser albergue a ser un comedor que, por motivos de seguridad, fue cerrado en diciembre de 2012 y reabierto por tercera vez un mes después.
«Es importante tener comedores ya que muchas veces la gente viene con la ansiedad de probar un bocado, ya que no ha comido durante varios días, y el poderles ofrecer al menos un poco de agua o un poco de comida, es una satisfacción. Ellos tienen la esperanza de encontrar un comedor o una casa del migrante que les pueda otorgar algo que se lleven en el estómago para seguir con su camino», asegura Adrián Rodríguez.
El Comedor Migrante San José lleva un registro de los migrantes a los que ayuda. Este control tiene los nombres, edad, país, y las agresiones que ha sufrido cada migrante en el camino. Los resultados del registro arrojan que los indocumentados, son en su mayoría hondureños, seguidos por los guatemaltecos, salvadoreños, cubanos y nicaragüenses. Con los datos recolectados en las instituciones que ayudan a los migrantes, la International Organization for Migrants estima que al año 150 mil centroamericanos indocumentados cruzan México.
Los riesgos a los que están expuestos los migrantes centroamericanos en México son muchos, uno de ellos es tener que pasar noche tras noche en el lomo de «La Bestia», ferrocarril propiedad de Ferromex que parte de la frontera sur de México y conecta con cinco puntos en la frontera con Estados Unidos de América: Mexicali, Baja California; Ciudad Juárez, Chihuahua; Ojinaga, Chihuahua; Nogales, Sonora; y Piedras Negras, Coahuila. En el interior de este tren se transportan materias primas, automóviles de ensamblaje, alimentos vegetales, granos, cemento y combustible.
Los indocumentados sufren agresiones, asaltos, maltratos, accidentes en el tren, extorsiones por autoridades nacionales y explotación. Por lo que el Comedor San José, además de proporcionar alimentación, brinda servicios como: asesoría en derechos humanos, donación de ropa y calzado, chequeos por parte de médicos, quienes proporcionan medicamentos para dolores, gripes, deshidratación y hongos en los pies.
«¿Crees que migrantes centroamericanos opten por establecerse en territorio mexicano?» « Sí, por supuesto, muchos optan por hacer una vida y por establecerse en México, ya que la nuestra moneda vale un poco más que la de ellos», agrega La Polla.
Wilson Castro Gutiérrez, de 24 años de edad, nació en San Pedro Sula, Honduras. Con tan sólo haber concluido la primaria, no había más destino en su país que el campo. La economía, la falta de empleo lo llevó a salir de su país en busca de algo mejor. Su tía, una servidora domestica establecida en Los Ángeles, le prometió ayudarlo a llegar a los Estados Unidos, pero cuando Wilson ya se encontraba en Laredo, ella retiró la propuesta de apoyarlo.
En su paso por Tequixquiac, el hondureño conoció a Adrián Alberto Rodríguez García. En el momento en que su tía le retira su ayuda, decide mejor regresar con aquel que le tendió la mano unos días antes. Wilson lleva cuatro años en territorio nacional y, después de varios trámites, por fin pudo nacionalizarse mexicano. Desde el primer día en que decidió establecerse en territorio nacional, se ha dedicado a la ayuda de migrantes centroamericanos en México y en este momento es colaborador voluntario en el Comedor San José, junto a su amigo La Polla. «La labor que hace el comedor es muy importante ya que llega mucha gente lastimada y aquí se les brinda comida, se pueden bañar, y los médicos los revisan y les dan medicamento para aliviar cualquier dolencia o malestar que tengan», testifica Wilson Castro.
El arduo trabajo realizado por parte de los colaboradores que han dedicado su vida a la ayuda de los migrantes, como Adrián Alberto Rodríguez y Wilson Castro Gutiérrez, es una condición que todo ciudadano debería de adoptar para tener una sociedad cada vez menos desigual y más unida, contribuyendo así con el cambio de uno de los fenómenos más graves en nuestro país.
Esos que se asumen como migrantes, como indocumentados en tierras aztecas, no son más que personas con aspiraciones a una vida mejor. Aquí ellos no existen, no cuentan con voz, ni con los así llamados «derechos universales»; son invisibles ante la sociedad, son fantasmas a la vista de todos. Quien cuenta sus historias, les da un nombre, una vida y esa voz que necesitan para seguir adelante.
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Nayelli Jocelyn Díaz García (Ciudad de México, 1993). Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. «Ver al mundo diferente, es el primer paso para cambiarlo». Contacto: naye_joce@hotmail.com













Nayelli Díaz
enero 2, 2015 at 1:34 pm
Quetzalli No estaba enterada del suceso. Me quedé anonadada ante la noticia. Yo conviví algún tiempo con ellos y eran extraordinarias personas y seres humanos. Lamentablemente en este país se callan las voces con el más ruin y deshonesto acto: el asesinato.
Quetzalli
diciembre 4, 2014 at 10:52 am
Gracias a este reportaje pude conocer la labor de Adrián y de Wilson quienes fueron asesinados hace un par de días. Este homicidio se suma a las miles de muertes en nuestro país que se cometen contra activistas y defensores de derechos humanos. Mi más sentido pésame a los familiares y amigos.