Evolución: ¿clave del desarrollo económico?

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El interés por comprender los patrones del desarrollo económico de las naciones ha sido uno de los debates centrales de la economía desde sus inicios como disciplina. En la actualidad, con la proliferación de los enfoques evolucionistas y la integración del proceso de innovación tecnológica a esta explicación, la idea de que los países subdesarrollados se mantienen así por su bajo o nulo desarrollo tecnológico ha sido adoptada por los tomadores de decisiones como una verdad absoluta e incuestionable. Luis Monroy Gómez describe y analiza las limitaciones de este argumento y enumera una serie de elementos que se deben tomar en cuenta para tener una mejor comprensión del concepto de desarrollo económico.

 

 

Luis Monroy Gómez Franco[i]

 

El desarrollo económico es uno de los temas que han estado dentro de la agenda de investigación de la economía desde sus inicios como disciplina. Basta mencionar que el que por muchos es considerado como el libro fundacional de la economía, Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, escrito por Adam Smith, trata justamente de dilucidar por qué unas naciones son más ricas que otras. El afán de comprender este fenómeno radica en que si se entiende cómo una nación logra desarrollarse, será posible diseñar las políticas adecuadas para que una economía logre transitar por ese proceso y ampliar la base material disponible para sus habitantes.

Antes de proseguir, vale la pena definir qué se entiende en este ensayo por desarrollo económico. Se considera al desarrollo económico como el proceso de transformación de la estructura productiva de una economía que la lleva de estar concentrada en actividades de baja productividad a concentrarse en actividades de alta productividad.[ii] El resultado final de este proceso sería una expansión de la base productiva de una sociedad que llevaría a sus miembros a alcanzar un mayor bienestar.

Una de las formas más conocidas en que se ha conceptualizado el proceso de desarrollo es la desarrollada por Walter Rostow.[iii] Para este autor, el proceso de desarrollo de las economías (cualesquiera que fuesen) podía ser subdividido en distintas etapas de acuerdo a las modificaciones que ocurrían dentro de la estructura económica. La etapa fundamental, en la perspectiva de Rostow, era la correspondiente al momento en que se desataba un auge de inversiones que llevaba a la modernización de la economía.

Hay varios problemas con esta concepción del desarrollo económico. Por un lado, la linealidad de la concepción por etapas descarta trayectorias de crecimiento que divergen de ese esquema. Al mismo tiempo, al tratar de generalizar este esquema a todos los procesos de desarrollo, se termina por sugerir que los países subdesarrollados no son sino imágenes pretéritas de los países desarrollados. Además, aunque Rostow señala que la introducción de innovaciones tecnológicas a la estructura económica es lo que termina por causar su «despegue», el autor nunca explica cómo es que se generan esas innovaciones en un principio.

El objetivo de este breve ensayo es explicar la forma en que la economía ha buscado superar esta concepción del desarrollo económico mediante la integración de enfoques evolucionistas a la explicación del proceso de innovación tecnológica. Para ello, en la siguiente sección se explica en qué consiste esta concepción evolucionista, mientras que en la tercera sección se señalan algunos complementos a esta visión que pueden permitir una mejor comprensión del proceso de desarrollo. Por último, se presentan algunos comentarios finales.

 

Economía evolutiva

Una de las analogías que con mayor frecuencia se hacen en la economía es aquella en la que se compara la competencia económica con la selección natural. La idea detrás del símil es que la competencia económica da como resultado que sólo los productores mejor adaptados a las condiciones del mercado (es decir, a las características de la demanda, a las condiciones técnicas de producción del bien o servicio que venden, a las capacidades productivas del resto de sus competidores) son capaces de mantenerse produciendo en el largo plazo. Sin embargo, a diferencia de los seres vivos, que utilizan sus características innatas para adaptarse al medio, los agentes económicos tienen la facultad de modificar sus capacidades o incluso de introducir un cambio en las condiciones del mercado. Dicha facultad se logra mediante la innovación tecnológica, que no es otra cosa que la introducción de nuevas formas de manufactura u organización para la producción de un bien o servicio.

Si bien es claro por qué los productores innovarían ante un cambio en el mercado que amenazara con sacarlos del mismo (piénsese por ejemplo en las innovaciones en la industria automotriz ante el alza en los precios del petróleo en los años setenta), puede no ser del todo claro por qué los productores buscan innovar para modificar las condiciones del mercado. La razón de ello es que el objetivo de los productores no es sobrevivir en el mercado sino maximizar las ganancias que obtienen de su actividad económica. La introducción de innovaciones tecnológicas permite a los productores que las realizan minimizar los costos de producción y con ello ampliar su margen de ganancia o incluso sacar a otros competidores del mercado, con lo que el innovador se hace de una mayor porción del mismo y, por tanto, de mayores ganancias.

La innovación, pues, no es sino el mecanismo mediante el cual los agentes económicos buscan maximizar sus ganancias en el largo plazo, volviéndose dominantes en el mercado en el que participan y desplazando a aquellos que no son capaces de hacer frente a sus innovaciones. Sin embargo, para que esto ocurra es necesaria una precondición: que la innovación realizada por un agente no sea fácilmente apropiable para el resto. Si no hubiera la posibilidad de que esta precondición no se lograse, no existirían incentivos para financiar la innovación, pues en el caso de que una innovación fuese imitada por el resto de los competidores en poco tiempo, el gasto que ella supone para la empresa no sería compensado de ninguna forma. Esto porque no con cualquier género de innovación es posible desplazar al resto de los competidores o, en su caso, producir a costos menores a los de ellos, pues éstos tienen la posibilidad de poseer la misma tecnología sin necesidad de haber realizado la inversión que generó la innovación.

Este tipo de análisis no es nada nuevo, pues desde el siglo XIX Karl Marx[iv] había analizado la relación entre el afán de los productores de maximizar ganancias y la innovación tecnológica. Empero, quien estableció directamente la vinculación con la noción de evolución fue Joseph Schumpeter,[v] a través del término «destrucción creativa», con el que buscaba explicar el proceso mediante el cual, vía la innovación tecnológica, los productores peor adaptados son eliminados del mercado. Que esta explicación del progreso técnico se dejara de lado durante mucho tiempo como temática de investigación se debe en buena medida a que la corriente principal de la economía se concentró en explicar otros factores que permiten el crecimiento económico y se tomó al progreso técnico como un hecho exógeno.

Con el tiempo se ha ido recuperando el interés por analizar los determinantes de la innovación tecnológica. Esta variable es considerada como el motor último detrás del crecimiento de las economías, pues se asume que mientras más avanzada sea la técnica de producción mayor será la productividad, el volumen y el valor de producción alcanzados. Por tanto, las empresas, como agentes innovadores, juegan un papel clave, pues de ellas dependerá qué tan avanzada sea la estructura productiva de una economía. Los economistas que se han ido ocupando de estos temas usualmente son referidos como neo schumpeterianos o evolucionistas.[vi]

Podría parecer erróneo que se llame a esta corriente de pensamiento «evolucionista» cuando concibe al proceso de innovación tecnológica como uno de progresivo mejoramiento de las capacidades técnicas de producción. Sin embargo, esta corriente de pensamiento señala que dicho proceso de incrementar la eficiencia del aparato productivo no es necesariamente la respuesta de los agentes para adaptarse al medio económico y con ello maximizar sus ganancias. Quizá el ejemplo más claro de esto es el análisis hecho por Griffith y Howitt[vii] sobre el rol que juega el grado de competencia en un mercado en el proceso de innovación.

Estos autores encuentran que tanto altos niveles de competencia económica (un escenario cercano a la competencia perfecta propia de los libros de introducción a la economía) como aquellos de muy poca competencia económica inhiben el desarrollo de nuevas tecnologías. En otras palabras, en ninguno de esos casos los agentes se adaptan al entorno innovando más. La explicación es que en bajos niveles de competencia económica, las ganancias que obtiene un monopolio que no innova son mayores a las que obtendría si realizara una innovación una vez descontados los costos de la misma. De igual forma, en escenarios de alta competencia económica, los productores no cuentan con las suficientes ganancias como para financiar el costo de las innovaciones, por lo que éstas no ocurren. Es decir, los economistas neo schumpeterianos no toman a la innovación tecnológica como un resultado esperable en  cualquier circunstancia, sino como una respuesta entre muchas otras.

Al concentrarse en explicar el crecimiento y desarrollo económicos como frutos del proceso de innovación, la expectativa lógica a partir de los postulados de esta corriente de pensamiento es que mientras un mayor número de innovaciones sean realizadas por las empresas en una economía, mayor será el crecimiento de ésta y con ello mayor la base material del bienestar de los individuos. Sin embargo, ¿qué hay de aquellas economías que se encuentran lejos de la vanguardia tecnológica? Es decir, de aquellas economías en donde la «innovación tecnológica» no implica generar una nueva forma de producir algo, sino la introducción por parte de los productores locales de tecnologías ya existentes e instrumentadas en la producción en otros países que sí están a la «vanguardia».

Las economías en donde este fenómeno ocurre son las llamadas economías subdesarrolladas, en donde el hecho a explicar no es tanto por qué no se han generado innovaciones, sino por qué no se han integrado las ya existentes y conocidas. El énfasis que da la perspectiva evolucionista al proceso de generación de innovaciones tecnológicas desde la perspectiva de las empresas le imposibilita responder esta pregunta, pues es un fenómeno que abarca más allá de la esfera de influencia y conocimiento de un productor individual. Se trata de un fenómeno de carácter macro, cuando la economía evolucionista es una escuela de pensamiento abocada a explicar lo micro del proceso de desarrollo.

 

La historia importa

En ese sentido se vuelve necesario complementar los planteamientos neo schumpeterianos con planteamientos teóricos que expliquen las características de las economías subdesarrolladas. Particularmente, puede resultar útil la integración de los planteamientos evolucionistas con los modelos desarrollados por la «alta economía del desarrollo» en los años cincuenta y sesenta, que abordaban las causas detrás de las trampas de pobreza y de ingreso de las economías con estructuras económicas más atrasadas.[viii] En particular, al ser un cuerpo teórico capaz de explicar por qué en las economías subdesarrolladas pueden ocurrir simultáneamente la existencia de proyectos de inversión rentables y un déficit de inversión, se trata también de un cuerpo teórico capaz de explicar la razón de la ausencia de procesos de innovación en las economías subdesarrolladas o la no integración de las innovaciones ya conocidas.

Además de esta síntesis, es indispensable integrar la noción de irreversibilidad y de tiempo histórico en las explicaciones que se dan de las características de las economías subdesarrolladas. Es decir, se trata de integrar una perspectiva de dependencia de ruta[ix] a las explicaciones que se dan sobre el desarrollo económico.

Integrar de lleno la perspectiva de dependencia de ruta a la economía del desarrollo permitiría entender dicho proceso como un proceso de final abierto y de múltiples trayectorias. Esto porque cada economía parte de distintas «condiciones de origen» y ha atravesado por muy diversos procesos históricos, dando como resultado estructuras económicas disímbolas. De ahí que las economías subdesarrolladas no sean versiones rezagadas de las economías desarrolladas, por el simple hecho de que han atravesado procesos históricos totalmente distintos y sus condiciones de origen no son las mismas. Por ello no es posible esperar que la calca de las estrategias de desarrollo de los países ya desarrollados vaya a permitir a las economías subdesarrolladas desarrollarse.

Por tanto, si bien el desarrollo es la transformación de la estructura productiva de actividades de bajos rendimientos a otra con actividades de altos rendimientos, esto no implica que todas las economías deban desarrollar los mismos sectores o actividades. Al contrario, la idea es que las economías desarrollen aquellos sectores de alta productividad que mejor se acoplen a sus condiciones naturales. Este enfoque también deja claro lo perjudicial que puede resultar seguir recetarios de reformas económicas, pues la reforma que en una economía dio cierto resultado en otra de una estructura totalmente diferente puede arrojar el resultado contrario.

Es claro que esta síntesis es compleja de realizar, pero ya ha habido economistas que han avanzado por ese camino.[x] Resta seguir desarrollándolo y, sobre todo, crear las herramientas que permitan formalizar esta aproximación al desarrollo económico.

 

Comentarios finales

Si bien la economía evolucionista ha permitido lograr un mejor entendimiento del proceso de innovación tecnológica, al centrarse solamente en explicar este fenómeno dejó de ser capaz de explicar el proceso de desarrollo de aquellas economías en donde la innovación tecnológica no es el primer paso para avanzar en dicho proceso. La síntesis de esta perspectiva con otras, como la teoría clásica del desarrollo, enfatizando el carácter histórico de este proceso, daría pie a descartar la noción de que existen escalones en el desarrollo económico y permitiría entenderlo como un proceso continuo en donde el pasado sigue jugando un rol determinante en el presente. Es decir, permitiría convertir la concepción del proceso de desarrollo de una de progreso sucesivo a otra evolutiva y más integral.

NOTAS

[i] El autor agradece los comentarios de Fernando Arteaga, Paulina López y Jaime Ros a una versión preliminar de este texto.

[ii] Para una discusión sobre la evolución reciente del concepto de desarrollo económico se recomienda ver Ha-Joon Chang, Hamlet without the Prince of Denmark: How development has disappeared from today’s “development” discourse. Mimeo, 2012.

[iii] Walter Rostow, Las estapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista. México, Fondo de Cultura Económica, 1963.

[iv] Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política, 2ª edición, tomo III, traducción de Wenceslao Roces. México, Fondo de Cultura Económica, 2009.

[v] Joseph Schumpeter, The Theory of Economic Development, traducción de Redvers Opie. New Brunswick, Translation Publishers, 1997.

[vi] Para una revisión formal de algunos postulados de la visión neo schumpeteriana, ver Phillipe Aghion y Peter Howitt, Endogenous growth theory. Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1999. Para una revisión menos formal y un tanto más heterodoxa, ver Giovanni Dosi, «La interpretación evolucionista de las dinámicas socioeconómicas», en Ricardo Viale, La nuevas economías. De la economía evolucionista a la economía cognitiva: más allá de las fallas de la teoría neoclásica, 2ª edición, traducción de Luisa Gabriela D’Orazio y Nadia Silvana Gómez. México, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 2009, pp. 33-47.

[vii] Phillipe Aghion y Rachel Griffith, Competition and growth. Reconciling theory and evidence. Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 2005.

[viii] Para un enfoque de este tipo aunque mucho más amplio es recomendable ver Jaime Ros, La teoría del desarrollo y la economía del crecimiento, traducción de Martha Gegúndez. México, Centro de Investigación y Docencia Económica y Fondo de Cultura Económica, 2004 y Jaime Ros, Rethinking Economic Development, Growth, and Institutions. Oxford, Oxford University Press, 2013.

[ix] Por dependencia de ruta se entiende el hecho de que el campo de posibilidades existente en el presente se encuentra determinado al menos en parte por el conjunto de decisiones que se han tomado de forma previa.  Para una discusión a profundidad sobre este tema se sugiere ver Phillipe Arestis y Malcolm Sawyer (eds.), Path dependency and macroeconomics. Londres, Palgrave MacMillan, 2009.

[x] Un trabajo pionero en realizar este tipo de síntesis en el análisis de un proceso de desarrollo es Fernando Fajnzylber, La industrialización trunca de América  latina. México, Editorial Nueva Imagen, 1983.

 

 

 

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Luis Monroy Gómez Franco estudia Economía en la Facultad de Economía de de la UNAM.  Actualmente es asistente de investigación del Sistema Nacional de Investigadores y editor de la sección Economía de la revista digital Paradigmas. Sus campos de interés son la macroeconomía abierta, el desarrollo económico, así como  la política y teoría monetarias.

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