«Lo natural del ser humano es su extinción»
Publicado el 25. ago, 2013 por Cuadrivio en Dossier
En vez de adaptarse al medio ambiente, el ser humano adapta el medio a sí mismo. ¿Es que este animal ya no se encuentra determinado por la naturalidad de la evolución? ¿Se ha convertido, gracias a la ciencia, la tecnología y, aun más importante, la autoconciencia, en un organismo capaz de evitar el mecanismo evolutivo que rige a todos los seres vivos del planeta? Un ensayo de Daniel Ochoa.
El hombre selecciona sólo por su propio bien;
La naturaleza sólo por aquello del ser que ella aprecia.
Charles Darwin
Daniel Ochoa Gutiérrez
Somos naturalmente humanos. La naturaleza humana es aquello que nos define cómo somos. Pero ¿qué tan natural es ser un humano en estos tiempos? Natural se deriva de la palabra naturaleza, de lo que el ambiente y cualquier organismo en él pueda llevar a cabo, no importa si lo hacen casi todos los organismos o lo hacen muy pocos, si sucede en la naturaleza es natural. Todos los seres vivos evolucionan de manera natural, pero ¿es acaso el humano un organismo que ya no se encuentra determinado por la naturalidad de la evolución? ¿Se ha convertido, gracias a la ciencia, a la tecnología y aun más importante, a la mente humana que nos otorga conciencia de nuestras decisiones, en un organismo capaz de evitar el mecanismo evolutivo que ha creado a todos los seres vivos del planeta?
Para poder plantear de manera adecuada el problema de este ensayo, será necesario contextualizarnos dentro de lo que es la evolución y cuáles son las implicaciones de que todos los seres vivos estén envueltos en el mecanismo de ésta.
La evolución es un proceso complejo que puede ser entendido fácilmente si se comprende que ésta funciona a nivel de poblaciones y no de organismos individuales. Si tenemos una población con cierta variación de caracteres; diferentes estaturas, diferente pelaje, diferentes colores, diferentes mecanismos de cortejo, etc.; dentro de un rango establecido, habrá una gran cantidad de organismos individuales que puedan procrear nuevos organismos. Estos seres, todos los que están inmersos en esta población tan variada, están adaptados a un medio específico en el que habitan. A través del tiempo, el medio ambiente cambia poco a poco; se calienta, se enfría, aumenta la cantidad de oxígeno o de dióxido de carbono, etc. Estas variaciones van a eliminar a aquellos organismos que no tengan la capacidad de sobrevivir y de adaptarse al cambio. De acuerdo a la velocidad y a la gradualidad del cambio, serán el número de organismos que sobrevivan. Aquellos que mueran no podrán dejar descendencia y sus caracteres se extinguirán, mientras que aquellos que sí sobrevivan dejaran descendencia y sus caracteres seguirán siendo parte de la población total.
Esta es una pequeña explicación de cómo se lleva a cabo la evolución, pero existen miles de factores que pueden cambiar el curso de lo que acabo de explicar. La capacidad de los seres para adaptarse a los cambios es mucho más compleja de lo que he mencionado, pero la utilizaré de esta manera por cuestiones prácticas.
Hay que notar algo que será importante para nuestra discusión. En la explicación que mencioné antes, la población es, por decirlo de cierta manera, moldeada por el medio ambiente. Los organismos ponen los caracteres y el medio natural es el que determina, de acuerdo a los cambios que tenga, cuáles son los organismos y qué caracteres se mantendrán en la población a través de los años. También es necesario aclarar que existen caracteres que pueden ser más beneficiosos que otros dentro de una población. Aún es imposible determinar de manera cuantitativa cuáles de ellos son más importantes que otros, aunque es muy probable que aquellos que tengan que ver con la reproducción sean primordiales para todos los organismos, ya que éstos determinan la capacidad del organismo de pasar todos los demás caracteres a las siguientes generaciones.
Ahora que está un poco más claro cómo el ambiente es el que va a determinar cuáles serán los caracteres seleccionados en la población de organismos vivos, observemos un organismo que al parecer ha dejado de estar dentro de este régimen de selección, el ser humano. Los humanos (Homo sapiens) hemos existido desde hace apenas unos 200 mil años, un destello en la historia del planeta Tierra. Desde entonces los humanos hemos sido capaces de sobrevivir por algunos caracteres que son específicos de nosotros. Estos caracteres nos permitieron resistir una época en donde los mamíferos gigantes gobernaban el planeta y el humano requería de la capacidad de esconderse para sobrevivir. El bipedalismo (poder pararnos en dos patas) nos ayudó a recorrer grandes distancias y a poder observar alimento desde lejos, el acomodo de las cuerdas bucales permitió que nos pudiéramos comunicar y agruparnos para ser más eficientes ante depredadores, y el cerebro, aquel que dicen es nuestra mayor virtud, nos otorgó la capacidad de aprender más rápido cosas que nos ayudarían a sobrevivir en un mundo que ningún ser vivo había explorado de manera consciente. Así, cuando nos daba calor nos escondíamos en cuevas, cuando éramos atacados pedíamos ayuda, cuando teníamos frío nos tapábamos y migrábamos, y cuando teníamos hambre cazábamos y cultivábamos[1].
Al principio, éstas fueron grandes ventajas adaptativas para que los humanos pudiéramos adelantarnos y empezar a tomar el control de la naturaleza. Cuando nos comunicábamos y entendíamos las cosas que sucedían en la naturaleza, podíamos empezar a cambiar nuestro medio para sobrevivir más fácilmente ante las adversidades que proponía. Pero como esto fue una ventaja en su momento y nos permitió la expansión de nuestra especie a muchos lugares que parecían inhóspitos para los humanos, también podría ser la clave de nuestra propia destrucción.
¿Cómo es que surge la expansión del ser humano? Cuando todavía no teníamos la capacidad de comprender que la vestimenta nos podía cubrir del frío o del calor, los humanos que no estaban suficientemente adaptados morían. Como ya se había comentado antes, los seres que mueren no tienen la capacidad de pasar los genes beneficiosos a las siguientes generaciones, así que nos manteníamos en un estado de adaptación constante ante el cambio del medio. Sólo podíamos desplazarnos fuera del ambiente que nos originó en los momentos en que la Tierra se encontrara en un estado equilibrado de temperaturas. Algunos de nuestros parientes que lo intentaron antes de que esto ocurriera, se extinguieron cuando el planeta cambió bruscamente su temperatura y los recursos se vieron afectados[2]
Cuando el humano comienza a pensar y a deducir que la ropa puede defenderlo de estos cambios, los humanos que no están del todo adaptados no tienen que morir. Estos humanos, a pesar de que la evolución los quisiera llevar a su desaparición, sobrellevaban estos cambios de forma artificial (o ajena a su sistema natural de adaptación) y mantenían el paso de sus genes, aunque no fueran cien por ciento beneficiosos a las siguientes generaciones.
Esto permitió la expansión del ser humano por todo el planeta, nos llevó a difundirnos hacia todos los continentes y en todas direcciones. La capacidad de crear adaptaciones superficiales había sido un éxito evolutivo y nos había permitido volvernos una especie cosmopolita, con un alto grado de sobrevivencia y una aptitud óptima[3]. El problema vino después.
La capacidad de cambiar el medio para sobrevivir era una nueva forma de ver la evolución, ya no basándonos en ventajas adaptativas directas e inmersas en nuestros genes como el pelaje, la estatura o el color de piel, sino en la capacidad del ser humano para protegerse utilizando cosas externas a él mismo. Cosas que ya no estaban en sus genes si no en su cerebro. Los genes que no eran beneficiosos se siguieron pasando de generación en generación a pesar de que no ayudaban a la adaptación de los descendientes.
Algo que es importante recalcar es que la estructura básica cerebral y la capacidad de un ser para pensar o actuar ante ciertas situaciones sí está dada en cierta medida por los genes, pero estos no son los únicos que influyen en la forma de pensar de cualquier ser humano. Un ser humano puede tener la capacidad, dada por sus genes, de ser un gran compositor de música, pero si nunca se fomenta este gusto en su vida diaria, dada por agentes externos, nunca se logrará explotar este potencial en el sujeto. Es decir, la evolución es capaz de fundar las estructuras básicas del cerebro, pero la capacidad de modificarse y de adaptarse es cuestión de las señales exteriores. Por eso, a pesar de que los genes que se transmitan a las siguientes generaciones sean transferidos por grandes cazadores o excelentes recolectores, no indica que los descendientes podrán actuar de la misma manera que sus ancestros, puede que tengan la capacidad pero no la desarrollarán.
Esta es una de las grandes desventajas que puede padecer el ser humano al haberse condicionado a una evolución basada en un órgano que es moldeable por agentes externos. Un mal proceso de educación puede llevar al organismo descendiente a no ser un organismo competitivo y adaptado a pesar de que sus genes sí fueran los más beneficiosos.
A todo esto se le ha conocido de cierta manera como la evolución cultural y social. El ser humano ya no evoluciona de manera natural, ya no tiene que preocuparse de correr grandes distancias, de protegerse de la lluvia o de buscar alimento. Todo lo tenemos en nuestras manos gracias a que hemos aprendido a conseguirlas y proveerlas hacia nuestros compañeros de especie de una manera más eficiente y facilitada. Lo que evoluciona es la cultura, la tecnología y la sociedad, ya no el ser humano en sí. Esto nos ha ayudado de manera muy clara durante algunos miles de años porque los cambios en el planeta han sido mínimos hasta el momento, pero ¿nos dará la capacidad de sobrevivir ante situaciones más extremas como los cambios climáticos y eventos cataclísmicos en los que podríamos encontrarnos inmersos dentro de algunos años?
Una de las ventajas que nos da la evolución es que nunca sabemos de manera certera hacia donde nos llevará. Ya que los cambios planetarios no pueden ser previstos en su mayoría, podemos estar seguros que no sabremos la forma o el momento en que nuestra especie se extinguirá. Los organismos se han tenido que adaptar desde siempre, por así decirlo, a ciegas. Debe ser claro que la naturaleza y la evolución son fuerzas inimaginablemente grandes que no se pueden determinar. El azar es uno de los componentes básicos de estas dos fuerzas creadoras de vida, así que es imposible saber hacia dónde vamos o en dónde vamos a acabar. La ventaja que tienen las especies naturales sobre los seres humanos es que a ellas no les importa en lo absoluto. Nosotros tratamos de planificar todo, de entenderlo, nos preguntamos el significado de la vida o a dónde vamos a parar después de todo. Los organismos verdaderamente naturales sólo actúan ante situaciones externas que se les presenten, sin pensar en qué es lo mejor o qué vendrá después. Esto les dará siempre la ventaja “emocional” ante un suceso imprevisto de enormes magnitudes, sobrevivirían aquellas especies que tengan la capacidad de adaptarse mejor por sus propios medios sin preocuparse por qué se quedó atrás o qué tan importante es que se mantengan vivos. Nuestra desventaja como seres humanos es lo que al inicio nos dio la ventaja para expandirnos en todo el mundo, el pensamiento, la curiosidad y la razón.
Debo dejar claro que mi intención no es en ningún momento plantear un regreso a un estado más natural en donde todos intentemos nuevamente adaptarnos por nuestros propios medios, compitiendo y dejando morir a aquellos que no parezcan tener la capacidad de adaptarse a su ambiente. Mucho menos pretendo que se disuelvan las bases de la condición y la esencia humana, como su capacidad de razonar, de sentir, de tener curiosidad, de preguntarnos cosas y de darnos un lugar en el mundo y en la sociedad. Lo que busco es que se entienda que el ser humano no es un pináculo de la evolución, que no estamos mejor adaptados ni que tenemos el camino despejado simplemente porque tenemos el control de algunos rasgos de la naturaleza. Mucho menos que nuestra capacidad de razonamiento y de producción de nuevas tecnologías, que nos facilitan la vida, nos da por hecho la capacidad de sobrevivir ante cualquier circunstancia adversa que nos proponga la naturaleza. Por el momento podemos regocijarnos en las ventajas que nos ha dado nuestra capacidad cerebral tan diferente a la de otros organismos, pero habrá que esperar el momento en el que la naturaleza nos ponga una prueba de verdad para corroborar si tenemos la capacidad de sobrevivir. Esperemos que para ese momento la tecnología haya alcanzado un nivel suficiente para protegernos de nuestra propia extinción.
[1] Estos acontecimientos no sucedieron todos al mismo tiempo, es claro que los primeros humanos no poseían el conocimiento de la agricultura o de la vestimenta, pero la capacidad del cerebro para descubrir estos beneficios fue clave para que los seres humanos sobreviviéramos ante las adversidades del ambiente.
[2] Los hombres de Java, de Pekín y los Neandertales son algunos de los ejemplos de humanos que no sobrevivieron por salir en un mal momento a explorar nuevos sitios del planeta Tierra.
[3] Se cree que las especies mejor adaptadas son aquellas que han alcanzado la capacidad de sobrevivir a cualquier ambiente (cosmopolitas) y que tengan la mayor cantidad de aptitud (w) o que estén en su punto óptimo. Para mayor información consultar el Paisaje adaptativo de Sewall Wright.
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Daniel Ochoa Gutiérrez es alumno de maestría del posgrado en ciencias bioquímicas de la UNAM. Le gusta las discusiones filosóficas sobre la evolución y no está dispuesto a morir por el bien de la especie humana. Pertenece al consejo editorial de Cuadrivio.








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