Literatura, vudú e identidad nacional en Haití (1804-1960)
Publicado el 01. ago, 2010 por Cuadrivio en Academia
El vudú ha desempeñado un importante papel en la historia de Haití y su influencia se ha manifestado en todas las expresiones culturales haitianas. Glodel Mezilas analiza en este ensayo la relación entre el vudú, la literatura y la lucha por la independencia y la identidad nacionales en Haití.
Glodel Mezilas
Introducción
Este artículo aborda el lugar del vudú en el discurso literario en Haití en relación con la definición de su identidad nacional de 1804 a 1960, periodo marcado tanto por tensiones políticas y sociales como estéticas.
La literatura haitiana ha seguido paso a paso los cambios estructurales que ha experimentado su sociedad; sin embargo ha reflejado, sobre todo, las mutaciones estéticas que se han suscitado a nivel internacional: el escritor haitiano ha sido romántico, simbolista, surrealista, etc., sin haber vivido las condiciones estructurales que suponen estos cambios estéticos; su aceptación de estas corrientes ha sido producto únicamente de su enajenación literaria. En contraste, el abordaje de la temática del vudú remite a la búsqueda de la autenticidad cultural en el proceso literario e implica una manera de pensar lo nacional haitiano con respecto a la tradición occidental.
Las referencias al vudú no aparecieron automáticamente en la tradición literaria nacional, sino que fueron fruto de un proceso de transformación del imaginario colectivo sobre el papel y el lugar del vudú en el discurso sobre la haitianidad. Esto se revela muy importante dado que, durante gran parte del siglo XIX, esta religión fue víctima de persecuciones y de rechazo por parte de la élite ilustrada haitiana que, bajo la influencia del positivismo occidental, no reconoció la relevancia del vudú en la transformación y la conformación de la identidad nacional.
Las críticas al vudú también tienen que ver con la gama de estereotipos y prejuicios que Occidente difundió sobre esta religión popular. La actitud de la élite con respecto al vudú fue dictada por su cercanía cultural con Europa. Asimismo, tras la firma de Concordato con el Vaticano, el Estado haitiano reconoció oficialmente al clérigo católico y, desde entonces, la Iglesia católica no ha dejado de relacionar al vudú con creencias satánicas que había que rechazar sistemáticamente en pro del desarrollo nacional.
El discurso literario en Haití no estuvo ausente en los debates sobre la percepción que se tuvo del vudú en el país. Durante gran parte del siglo XIX, la literatura no hizo caso de las tradiciones haitianas, aunque fue un contexto en el cual éstas fueron revaloradas en el marco del surgimiento del nacionalismo en Europa. Benedict Anderson señala que el nacionalismo se fundamenta en la lengua y la cultura[1]. En Alemania, donde el término cultura cobró su sentido antropológico actual, filósofos como Fichte proclamaron la superioridad alemana con base en su suelo, su cultura y su lengua[2]. Por su parte, Lombardi Satriani afirma que la cultura popular, como cultura de impugnación, fue una fuerza de movilización política de afirmación del ser nacional[3]. Así pues, en muchos países europeos, el nacionalismo se basó en el rescate de las culturas populares. En cambio, en América Latina las culturas indígenas y negras no fueron defendidas: el modelo occidental que prevaleció en la región no permitió visibilizar las herencias no europeas. Al igual que en el resto de Latinoamérica, la élite decimonónica haitiana tampoco tomó en consideración las herencias africanas y su relevancia para la construcción de la identidad haitiana en ese siglo.
Este ensayo se divide en tres partes. La primera presenta el vudú y su papel en la lucha de liberación en Haití. La segunda aborda el tratamiento del vudú de 1804 a 1915 en relación con la cuestión de la identidad haitiana. La tercera va de este periodo a 1960.
1.- El vudú y la lucha de liberación nacional
Todos los historiadores, los críticos literarios y los antropólogos haitianos y extranjeros reconocen el papel relevante del vudú en la lucha de liberación nacional. Después de su institucionalización gracias a la trascendencia de Mackandal, esta religión tuvo un lugar esencial en el imaginario colectivo de los africanos convertidos en esclavos, mulatos en la sociedad de Saint Domingue. La llegada de estos esclavos en condiciones brutales e infrahumanas no destruyó su herencia africana; al contrario: fue su marco de referencia para enfrentar la situación de deshumanización a la cual fueron sometidos por fuerza.
Hay que destacar que el vudú es producto de muchas tradiciones que se fusionaron en el suelo colonial haitiano, pues no sólo se constituyó a partir de las tradiciones africanas, sino de la mezcla de elementos africanos con creencias cristianas y legados prehispánicos, por lo que se puede hablar de una religión «nueva» de acuerdo con el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, que aplica este adjetivo a ciertos pueblos del continente por el tipo de mezcla racial y étnica que resultó de su evolución antropológica e histórica. Con todo, no hay que olvidar que el vudú en sus primeros momentos se proponía rescatar las formas de vida pasadas de los africanos y que, en un principio, tenía un aspecto apolítico. Los esclavos reconstruyeron sus reglas de fraternización religiosa y sus modelos de asistencia mutua; así, el vudú pasó de ser un refugio a ser una fuerza de apoyo.
Según Micial M. Nérestan, las divinidades africanas habían sido adoradas para el beneficio de la comunidad[4]; la esclavitud cambió dicho aspecto y el vudú se convirtió en una fuente de resistencia para los oprimidos del infierno colonial. El antropólogo haitiano Laënnec Hurbon lo define acudiendo al tema de la resistencia, ya que las prohibiciones contra el vudú hicieron que los esclavos encontraran en esta religión un punto de reunión en lugares donde pudieran organizar encuentros clandestinos. Hurbon reconoce que es la autoridad, sobre todo, la que le va a dar al vudú este carácter de resistencia[5], la que lo convierte en una fuerza de cohesión y en un instrumento en las manos de los esclavos. Al respecto, Roger Bastide tiene razón cuando subraya que «En Haití, el vudú tuvo en el pasado una función útil en una sociedad de producción esclavista como expresión de resistencia del pueblo frente a sus amos. Las religiones africanas han resistido los cambios estructurales, hallando siempre nuevos condiciones o marcos sociales de vida»[6].
Esta dimensión rebelde de las creencias africanas la destaca el escritor camerunés Achille Mbembe cuando afirma que el cristianismo colonial no logró imponer su hegemonía simbólica sobre las sociedades vencidas durante el enfrentamiento[7], dado que el africano acudió a sus creencias para rechazar el simbolismo cristiano.
Debido a que el cristianismo no logró desarmar espiritualmente el esclavo, este último utilizó sus creencias para luchar contra el sistema colonial. León-François Hoffmann lo pone de manifiesto[8]. El vudú fue una reserva de energía de los esclavos para enfrentar la situación colonial; representó, en este sentido, su forma de identidad pese a la imposición del cristianismo tal como se plasmó en el Código Negro de 1685. La ceremonia del «Bois Caïman» que tuvo lugar en la noche del 14 y 25 de agosto de 1791 fue paradigmática: fue un encuentro entre jefes de talleres de esclavos con motivo de lanzar la rebelión general en la semana siguiente. La revuelta general se dio a partir de la invocación a las tradiciones africanas; así pues, la conquista de la independencia haitiana no se puede entender sin la referencia al imaginario vudú: África estaba presente en la mente de los esclavos bajo formas de creencias, leyendas, cuentos y valores.
2.- Literatura, vudú e identidad nacional (1804-1915)
Debido a los prejuicios que pesan sobre el vudú, en este periodo los escritores haitianos, en su mayoría, no tratan el tema en sus obras, salvo ciertos novelistas que, en los inicios del siglo XX, se refieren a las costumbres y las tradiciones nacionales referentes a esta religión.
El periodo que analizaremos a continuación divide la evolución del discurso literario haitiano en cuatro momentos. El primero va de 1804 a 1836; el segundo, hasta 1860; el tercero, de 1860 a 1898; el cuarto, de 1898 a 1915. En ese contexto, el vudú no tuvo una presencia relevante en la temática de las obras literarias.
El primer momento o periodo se llama Ecole des Pionniers (Escuela de los Pioneros). Se trata de la primera generación de escritores postcoloniales en Haití. La mayoría de ellos fueron mestizos, dado que los esclavos no tenían derecho a estudiar, además de la falta de escuelas en la colonia de Saint Domingue. En esta época, el tema del vudú estuvo prácticamente ausente del discurso literario. La literatura de este periodo tuvo, por su parte, tres elementos claves: a) la exaltación de la independencia; b) el apoyo a las luchas políticas regionales; c) la crítica de las costumbres. En cuanto al primero, los poetas y escritores defendieron la libertad contra la inminente amenaza de Francia de restablecer la esclavitud: gente como Justa Chanlatte, Antoine Dupré y Baron de Vastey denunciaron el proyecto de recolonización francesa. El segundo elemento tiene que ver con las divisiones territoriales del país: tras la independencia, las oposiciones ideológicas entre los líderes estallaron y cada poeta defendió a su candidato, lo cual tuvo impacto sobre el discurso literario. El tercer elemento remite a la crítica de los valores vigentes; por ejemplo, Antoine Dupré, en su comedia La jeune fille, estigmatiza el amor venal, y Jule S. Milscent denuncia en sus fábulas la mediocridad de la sociedad y defiende valores morales que permiten el desarrollo de la virtud en la joven república.
En el segundo periodo de la literatura nacional que va de 1836 a 1860, pese a la introducción del romanticismo en las letras haitianas, no hubo exaltación del vudú y de su vínculo con la identidad cultural. Los historiadores de este periodo tratan de escribir la historia de Haití, hasta contada por extranjeros. Según el manifiesto de la Escuela de 1836, hay tres puntos centrales. El primero es la condenación de la imitación; el segundo es la creación de una lengua nacional; el tercero es el rechazo del clasicismo de la primera escuela. En cuanto al primer aspecto, rechazan la imitación de los primeros escritores por su aceptación, sin sentido crítico, de los modelos extranjeros.
El tercer periodo de la literatura haitiana (1860-1898) tampoco abordó el tema del vudú en relación con la identidad nacional, con excepción de Oswald Durand, quien escribió un poema referente a una ceremonia vudú donde describe este fenómeno. La cuestión que estuvo a la orden del día fue la defensa de la patria humillada por el extranjero, en respuesta a las intervenciones de Alemania en Haití para exigir reparos para los ciudadanos alemanes que fueron víctimas de las tensiones políticas.
Para el periodo que va de 1898 y a 1915, la situación cambió, y ciertos autores empezaron a tratar del tema del vudú, aunque con muchos límites. El surgimiento de la tendencia realista en la novela haitiana motivó a los escritores a abordar temas nacionales referentes al vudú, las costumbres y las tradiciones culturales. Escritores como Justin Lhérisson, Fernand Hibbert, Frédéric Marcelin y Antoine Innocent forman parte de la tendencia nacionalista, opuesta a la de los llamados poetas eclécticos. La tendencia ecléctica, como su nombre lo indica, es una tendencia universal; en ésta, los escritores abordaron temas como la muerte, Dios, la naturaleza, la tristeza, la melancolía, etc. Los novelistas realistas, en cambio, trataron exclusivamente temas nacionales.
La novela clásica que dio inicio al tratamiento del vudú en la relación con la identidad nacional haitiana fue Mimola, de Innocent. Mimola ha sido considerada la novela más original de su tiempo[9]. En ella, su autor pone al descubierto el trasfondo de la identidad nacional haitiana que había sido rechazada por la élite decimonónica a lo largo del siglo XIX. La historia narra la travesía de una familia perseguida, cuya única salvación es convertirse al vudú, la religión de los ancestros[10]. Se puede ver en esta novela la ambivalencia de dos valores y tradiciones: el vudú y el cristianismo. La necesidad de afirmar las tradiciones haitianas hace que el autor acometa el rescate del vudú. Innocent muestra que el vudú forma parte del alma haitiana y nadie puede entender el país sin considerar esta religión popular. Sin duda, este novelista anuncia el periodo posterior que veremos a continuación.
3.- Literatura, vudú e identidad nacional (1915-1960)
Este periodo puede ser visto como paradigmático en el planteamiento de la identidad nacional por medio del discurso literario. Fue un tiempo de grandes mutaciones políticas, sociales, ideológicas y culturales en Haití. A nivel político, ocurrió la ocupación norteamericana de Haití en 1915 como consecuencia de una larga crisis política cuyo fin trágico fue anticipado por Anténor Firmin, el antropólogo haitiano que se exilió en San Thomas. Esta ocupación provocó muchas reacciones en el campesinado haitiano bajo el impulso de Charlemagne Péralte y Benoit Batravaille, quienes movilizaron a la población campesina haitiana para enfrentar la intervención americana. Una vez que vencieron esa resistencia, los intelectuales haitianos pasaron a la acción y organizaron la movilización a nivel cultural. Fue en ese contexto que nació el movimiento indigenista, cuyo fin era resistir la dominación política extranjera mediante la valoración y la defensa de la cultura nacional, es decir, la cultura nacional se volvió una forma de resistencia frente a la presencia imperialista sobre el territorio haitiano. Ese movimiento tuvo varios aspectos esenciales. En el plano literario, se cultivó la novela campesina, en la cual se expresaron las tradiciones, el folklore y los valores nacionales que habían sido puestos de lado. La poesía fue el género que permitió dar un impulso a la literatura nacional y en el cual se expresaron mejor las tradiciones haitianas. Las referencias al tambor, los instrumentos folklóricos, los cuentos, las leyendas fueron invocadas repetidas veces. A nivel político, el movimiento indigenista luchó contra la ocupación norteamericana del país mediante una fuerte movilización política e ideológica. En el plano científico, se inicia el estudio del folklore nacional. Price Mars inició una revolución teórica al estudiar la cultura popular y mostrar su relevancia en el planteamiento de la identidad nacional. La publicación de su libro sobre el vudú en 1928, en un contexto de revalorización de lo popular, fue un hito esencial, un paradigma en esa movilización[11]. En ese libro dio a conocer la cultura y las tradiciones nacionales que habían sido rechazadas por la élite, e invitó a los haitianos, especialmente a esa élite, a deshacerse de toda forma de bovarismo cultural y a aceptar la cultura nacional como forma de liberación. La creación de la revista Les Griots en los años 1930 fue una señal de esta intención científica. Este grupo analiza la cultura nacional y muestra sus vínculos con África como la había hecho Price Mars.
La explosión de la cultura popular se expresó en muchos autores y novelistas. El libro clásico fue la novela de Jacques Roumain. En esta novela, el autor muestra cómo el recurso a las creencias fue necesario para los campesinos frente a los problemas de la naturaleza, como la sequía que sacudió a su localidad. Jacques Stephen Alexis, en sus diversas novelas, enfoca las tradiciones vudú y las muestra arraigadas en el imaginario colectivo del pueblo haitiano[12]. El teatro de Morisseau-Leroy está lleno de referencias al vudú y las tradiciones populares nacionales[13]. Todas las novelas haitianas hasta 1960 trataron, en general, temas del folklore. Todo esto pasa por la defensa e ilustración del vudú y de la lengua haitiana (créole). En resumen, en este periodo se habla de la emergencia de la voz popular, la cual se refiere al peso de lo popular en la literatura nacional.
Conclusión
Cuando se echa un vistazo a la literatura nacional haitiana comprendida desde 1804 a 1960, se constata la progresiva imposición de los temas del vudú en referencia a la identidad nacional, es decir, el vudú representa la matriz de la identidad nacional y domina o impregna el imaginario colectivo haitiano. No se puede entender la cultura popular del país sin pasar por esta creencia y tradición. El discurso literario nacional refleja la fuerza de este imaginario. Ya desde los inicios del siglo XX, Price Mars revela la relevancia del vudú en la cultura nacional. El movimiento indigenista muestra la centralidad de este tema; las novelas, el teatro, la poesía y demás géneros son dominados por esta temática. En la actualidad, los escritores continúan esta tradición literaria, aunque el tema del vudú no es tan dominante como en el pasado. No obstante, su presencia se siente en las todas obras literarias. Vudú, literatura e identidad nacional se vinculan estrechamente y remiten a una problemática central en el proceso creativo nacional haitiano.
NOTAS
[1] Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 123.
[2] Blandine Kriegel, Cours de philosophie politique, Paris, Libraire Générale Française, 1996, p. 75.
[3] L. M. Lombardi Satriani, Antropología cultural. Análisis de la cultura subalterna, Buenos Aires, Editorial Galerna, 1974; Apropiación y destrucción de la cultura de las clases subalternas, México, Editorial Nueva Imagen, 1978.
[4] Micial M. Nérestan, Religions et politiques en Haïti (1804-1990), Paris, Karthala, 1994, p. 86.
[5] Laënnec Hurbon, Comprendre Haïti. Essai sur l’Etat, la nation, la culture, Port-au-Prince, Henri Deschamps, 1987, p. 159.
[6] Citado por Micial M. Nérestan, op. cit., p. 86.
[7] Achille Mbembe, Afriques indociles. Christianisme, pouvoir et État en société postcoloniale, Paris, Karthala, 1988, p. 11.
[8] Léon-François Hoffmann, Haïti. Couleurs, croyances, créole, Port-au-Prince, Henri Deschamps, 1990, p. 119.
[9] Eddy Arnold Jean, Le roman réaliste haïtien. Ecriture, structure, significations, Port-au-Prince, Éditions Haïti-Demain, 1996, p. 23.
[10] Antoine Innocent, Mimola ou l’histoire d’une cassete, Port-au-Prince, Éd. Fardin, 1999.
[11] Jean Price Mars, Ainsi parla l’Oncle, Port-au-Prince, Collection du Bicentenaire, 2004.
[12] Véase Jacques Stephen Alexis, L’espace d’un cillement, Port-au-Prince, Éd. Fardin, 1986 ; Les arbres musiciens, Port-au-Prince, Éd. Fardins, 1986 ; Romancero aux étoiles, Paris, Gallimard, 1988.
[13] Feliks Moriso-Lewa, Teat kreyòl, Port-au-Prince, Editions Libète, 1997.
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Glodel Mezilas es Primer Secretario de Asuntos Culturales de la embajada de Haití en México.






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