Tuesday, 22nd February 2011

La tierra del fuego en definición

Publicado el 01. ago, 2010 por Cuadrivio en Política y sociedad

Lejos de la manía académica por los datos duros, las vastas (y vagas) abstracciones y los nombres de los grandes funcionarios, Olinka Vieyra retrata a la recóndita «tierra del fuego» con información de primera mano acerca de sus recursos naturales y con precisas pinceladas que delinean sus costumbres y contradicciones sociales.

Olinka Vieyra Angulo

Si el lector ha llegado a este artículo de Cuadrivio con la idea de que estas líneas versan sobre los territorios del extremo sudamericano, siento hacerle saber que en los siguientes párrafos no encontrará nada al respecto. En cambio, leerá usted un sucinto recuento de algunos aspectos que forman parte de la realidad actual de Azerbaiyán, país caucásico también conocido como la «tierra del fuego».

Durante poco más de una década, tras su independencia de la Unión Soviética en 1991, Azerbaiyán se mantuvo prácticamente en el anonimato cartográfico. Empero, debido a su riqueza en hidrocarburos, el país paulatinamente se abrió al mundo y el orbe gradualmente ha volteado su mirada a la tierra del fuego.

Por desgracia, el petróleo y el gas han acaparado la atención de aquellos curiosos interesados en Azerbaiyán. Sin embargo, aunque en líneas posteriores le contaré más respecto de la bonanza petrolera de este país, debo decirle que este lugar es más que carburos de hidrógeno y su circunstancia también gira en torno a otros procesos sociales y económicos que están modelando a esta nación caucásica. Enseguida le comparto unas cuantas impresiones al respecto, así como un par de peculiaridades que se ven y se viven estando en este país ex soviético.

Azerbaiyán es una nación joven. Tras casi dos decenios de emancipación, el país se encuentra en definición y transformación, y parte de ese proceso tiene que ver con la aceptación de ciertas cicatrices causadas por la historia. Territorio antaño dominado por árabes, persas, turcos y rusos, Azerbaiyán es un mosaico cultural y étnico cuya particularidad va acompañada de una tarea por demás complicada: la construcción de una identidad nacional.

En la actualidad, la tierra del fuego atraviesa por una crisis de identidad. Cuando los nativos de Azerbaiyán intentan responder a la interrogante «¿quién soy yo?» se hace evidente un velo de imprecisión. Por reflejo, algunas personas responden que son azerbaiyanos pues ésa es su nacionalidad. No obstante, la labor de desmenuzar qué significa ser azerbaiyano resulta un tanto más compleja y no siempre se indaga profundamente en esas cuestiones. Otras personas manifiestan que son turcos y hacen referencia a las similitudes compartidas con vecinos países como Uzbekistán, Kirguistán, Kazajistán,

Turkmenistán y la misma Turquía. Y en otros casos, la gente expresa ser musulmana y como tal rige su vida siguiendo los preceptos del Corán. De modo que, en la tierra del fuego no existe un consenso respecto de si se es turco, musulmán o azerbaiyano, o qué calificativo ocupa el primer lugar, o bien si las tres categorías aplican de forma simultánea.

Vinculado a la cuestión de la identidad nacional, se encuentra el aspecto de la unidad nacional, es decir, el adhesivo que aglutina a la población azerbaiyana. En este ámbito existe considerablemente más uniformidad que la cuestión identitaria. La independencia, la soberanía, la etnia, la cultura, y en menor medida, el idioma, son algunos aspectos que ayudan a mantener la cohesión social en la tierra del fuego.

Sin embargo, un importante catalizador de la unidad nacional ha sido el conflicto que mantiene Azerbaiyán con Armenia por el territorio de Nagorno-Karabakh, también llamado «bosque negro». Tema por demás sensible, pero al mismo tiempo, recurrente en el acontecer diario azerbaiyano; este problema ha conjugado a la sociedad alrededor del preciado principio de integridad territorial.

Empero, más allá de lo intricada que resulta la solución de ese conflicto, lo que salta a la vista es el impacto que ha tenido la querella territorial en la psique de los azerbaiyanos. Día a día, se vive y se siente la reprobación hacia el enemigo, la anulación constante del contrincante y la crítica a su otredad. Y si bien todas estas manifestaciones son efectos naturales de la disputa por el bosque negro, lo preocupante es que cada nueva generación de azerbaiyanos arraiga hondamente esa animadversión y ésta no cambiará o será enormemente difícil de diluir aun cuando se resuelva el conflicto.

En términos pecuniarios, Azerbaiyán ha crecido significativamente en los últimos cuatro años. En 2006, el Producto Interno Bruto del país creció un 36 por ciento, y a pesar de que esa tasa disminuyó gradualmente, en 2009, pese a los embates de la desaceleración económica, el país registró un crecimiento de 9.3 por ciento. Este impulso económico vivido se debe principalmente a las exportaciones de petróleo y gas natural que tienen como destino principal el continente europeo.

La bonanza económica que vive la tierra del fuego se ha reflejado en el mejoramiento de la infraestructura del país, principalmente de Bakú, la capital. Podría decirse que esta ciudad está en literal reconstrucción. Diariamente, gran cantidad de edificaciones antiguas son derribadas para dar pie a nuevos y altos edificios. La vista de la ciudad se colma con nuevas grúas y esqueletos de concreto que cotidianamente trasforman el cariz de esta urbe, y a la vez, anuncian las complicaciones que resultan de una metamorfosis citadina acelerada.

Aunado a las modificaciones del panorama, está también la concentración demográfica. La población de Azerbaiyán ronda los nueve millones de personas, de los cuales, prácticamente la mitad habita en la capital. Parte importante de este proceso de concentración poblacional tiene que ver con el hecho de que en Bakú, como en todas las capitales, se concentra el grueso de las actividades gubernamentales, económicas y financieras. Pero también, un factor que contribuyó al aumento de la población capitalina fue el éxodo de un millón de desplazados y refugiados de Nagorno-Karabakh que se asentaron en Bakú a consecuencia de la ocupación armenia.

Ahora bien, el desarrollo y crecimiento de la capital azerbaiyana contrasta notoriamente con el resto de las regiones del país. Cierto es que los beneficios del petróleo también han hecho eco en las zonas allende Bakú. Sin embargo, en esas áreas el desarrollo es marcadamente menor y la diacronía del avance económico es manifiesta. De manera que, Azerbaiyán enfrenta el importante reto de equilibrar el desarrollo entre las diversas regiones del país y la capital.

Y si de desafíos se trata, la tierra del fuego igualmente tiene frente a sí la tarea de diversificar su economía. Es indudable que los hidrocarburos seguirán siendo el eje central del crecimiento económico en los diez o quince años venideros. No obstante, es fundamental estimular los sectores agrícola, industrial y de servicios, crear un ambiente de negocios más dinámico y, ante todo, desarrollar el capital humano en aras de desligar el crecimiento pecuniario del país de los carburos de hidrógeno, que bien se sabe, tienen fecha de caducidad.

A propósito del factor humano, este recuento estaría trunco si el lector no encuentra en estas líneas una imagen mental del pueblo azerbaiyano. La sociedad de este país es de índole tradicional. La familia constituye la columna vertebral de la organización social y la unión de este núcleo es uno de los valores más preciados en Azerbaiyán. Empero, esa cercanía familiar puede ser incluso excesiva, especialmente para las nuevas generaciones, quienes en ocasiones sienten coartado su poder de acción y decisión debido a las exigencias familiares.

En la tierra del fuego la gente vive muy rápido. La costumbre tácita es que la mujer debe contraer matrimonio antes de los veinticinco años, y el hombre debe hacerlo antes de cumplir treinta. Pasadas esas fronteras temporales sin conformar una familia, ambos géneros corren el riesgo de estigmatización social. De manera que, por lo general, la gente trabaja desde muy joven, se casa muy joven, tiene hijos muy joven y paradójicamente, en algunos casos también envejece joven.

A primera vista, la sociedad azerbaiyana puede parecer relativamente cerrada. Como extranjero, hacer amigos no es una labor del todo sencilla, en razón de algunas barreras culturales y lingüísticas. Empero, una vez sobrepasados esos inconvenientes, se descubre a un pueblo amigable y hospitalario.

Confieso que al llegar a estas latitudes del mundo imaginé que nada se sabría de las tierras mexicas de donde provengo. Sin embargo, con gran sorpresa descubrí que en la tierra del fuego se ven telenovelas mexicanas, hay un par de restaurantes mexicanos, se sabe de nuestro tradicional tequila, se bebe una de nuestras más famosas marcas de cerveza y se recuerda con emoción aquel mundial de futbol organizado en México en 1986.

Curiosamente, al hacer el ejercicio inverso de preguntar en México qué se sabe de Azerbaiyán, el resultado suele ser un tanto desalentador. En general, se desconoce la ubicación de este país caucásico y en caso de estar al tanto de ella, se asocia con el problema del bosque negro o con la bonanza petrolera.

Unos cuantos párrafos no bastan para imprimir la totalidad de la realidad que se vive en Azerbaiyán. Pero si las líneas precedentes plasman en el lector una panorámica general de los procesos que están definiendo a la tierra del fuego y se la percibe como algo más que oro negro, entonces la labor de este recuento estará cumplida.

__________________

Olinka Vieyra Angulo (Ciudad de México). Desde 2005 se ha desempeñado como profesora de asignatura en el Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y actualmente realiza una Maestría en Diplomacia y Asuntos Internacionales, así como una especialidad en estudios sobre el Mar Caspio en la Academia Diplomática de Azerbaiyán. Sus actuales líneas de investigación son: geopolítica de los hidrocarburos en Eurasia y transiciones políticas de los países de Asia central y el Cáucaso. Reside en Bakú, Azerbaiyán.

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2 comentarios a “La tierra del fuego en definición”

  1. Ximena Holguin Remolina 30 enero 2011 at 0:30 #

    Olinka Vieyra Angulo

    Mi nombre es Ximena Holguin Remolina soy representante de la organización Justicia para Jodyali en México http://www.justiciaparajodyali.org, estamos interesados en invitarla a México a que sea parte del panel de conferencistas que participarán dando una serie de conferencias en el Museo de Memoria y Tolerancia así como en el instituto Mancera, para conmemorar el Genocidio de Jodyali. Este evento es organizado por la Embajada de Azerbaiyán en México y la Organización Justicia para Jodyali en México. Le rogamos comunicarse conmigo lo antes posible y proporcionar sus mails y teléfonos para contactarla. Sería un gran honor contar con su participación en nuestro evento.
    Muchas Gracias

    Atte.
    ximeholguin@hotmail.com con copia a este mail: javanshir_salehov@hotmail.com

    Ximena Holguin Remolina
    Representante de la Organización Justicia para Jodyali en México


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