Wolfe Tone y los Irlandeses Unidos

La historia de Irlanda está marcada por batallas contra enemigos externos e internos, por la pregunta identitaria que una nación herida se hace de sí misma desde el siglo XVII. Iñaki Vázquez Larrea nos lleva al origen álgido de la soñada unidad irlandesa: Wolfe Tone, en el pleno estallido del siglo XIX que anunciaba la Revolución francesa, entre las luchas por la independencia parlamentaria y la democratización, y por la abolición del orden aristocrático inglés, se vuelve el padre de la ensoñación histórica que convierte a un pueblo divido en una nación de ciudadanos irlandeses.

La historia de Irlanda está marcada por batallas contra enemigos externos e internos, por la pregunta identitaria que una nación herida se hace de sí misma desde el siglo XVII. Iñaki Vázquez Larrea nos lleva al origen álgido de la soñada unidad irlandesa: Wolfe Tone, en el pleno estallido del siglo XIX que anunciaba la Revolución francesa, entre las luchas por la independencia parlamentaria y la democratización, y por la abolición del orden aristocrático inglés, se vuelve el padre de la ensoñación histórica que convierte a un pueblo divido en una nación de ciudadanos irlandeses.

 

La ensoñación liberal de los primeros patriotas irlandeses

 

La nación considerada como organismo continuo y personal es en gran parte un ensueño metafísico.[1]

Hans Kohn

A las enseñanzas de Wolfe Tone debemos que exista lo que conocemos por patriotismo irlandés, y a la proeza que animó a culminar a los de su generación, a la memoria de 1798, el hecho de que perviva un atisbo de virilidad en Irlanda.[2]

Patrick Pearse

 

Iñaki Vázquez Larrea

 

Resulta curioso observar cómo Patrick Pearse acabó por jugar el papel de Antígona irlandesa: presto a dar la vida por una ley divina jamás formulada por Wolfe Tone, el Creonte irlandés[3]. El liberal irlandés que decía tener por su Corán los Derechos del hombre de Thomas Paine, nunca concibió la política como un cuadro artístico, como diría Isaiah Berlin. El pensamiento político del más ilustre de los Irlandeses Unidos, rezuma deísmo, Ilustración y un espíritu romántico vitalista, próximo al entrañable personaje de Pío Baroja, Zalacaín el aventurero[4].

Al igual que el ilustre personaje barojiano, Wolfe Tone resultó ser más bien víctima de los odios, rencores y horrores propios de una Guerra civil. A partir de 1795, Irlanda se desangra en una guerra fratricida entre protestantes orangistas y defenders católicos, un auténtico preludio de lo que a menor escala se repetirá en el Ulster en 1969. De guerras inciviles, como afirma el politólogo irlandés Padraig O´Malley, sabemos irlandeses y vascos[5]. Es un reguero de sangre que viene salpicando el suelo irlandés desde el siglo XVII y el solar vasco desde el siglo XIX. El problema irlandés, como el vasco, también hace referencia a ese «¿quiénes somos nosotros?».

La primigenia formulación identitaria nacional irlandesa, la de los presbiterianos ilustrados de Belfast, buscaba un referente lockeano. Posteriormente, el nacionalismo irlandés se orientó hacia un etnocentrismo celta anglófobo que acudía a la llamada de las Voces Ancestrales del siglo XVII y que ofrecía muy poco a los aliados naturales de Inglaterra en Irlanda: los protestantes irlandeses. Por el contrario, el referente euskaldún hispanófobo, la guerra aranista contra España, fue el eje que vertebró, desde un primer momento, la ideología nacionalista vasca, me atrevería a decir, hasta la actualidad. El sueño de los Irlandeses Unidos, el de unir a los irlandeses de las tres confesiones: disidentes, protestantes y católicos bajo una común raigambre republicana y cívica, al margen de sus creencias e ideologías, fue un sueño imposible que, paradójicamente, comienza a vislumbrarse en Irlanda del Norte, en donde republicanos, nacionalistas y unionistas comparten por primera vez el poder en la isla. Un camino que los vascos ya venimos recorriendo desde 1979.

Wolfe Tone no se concibió a sí mismo como «padre del republicanismo irlandés». La idealización absoluta de su figura vino, de hecho, bastante después de su muerte. En concreto, el artífice del mito de Tone fue su hijo William, quien en 1826 escribió una biografía de su padre, bajo el título de Life´s. En ella, William afirma que su padre fue el fundador de los Irlandeses Unidos y jugó un papel primordial en los acontecimientos que se vivieron en Irlanda a partir de 1790. Nada de lo que se describe en la obra se acerca a la realidad, pero lo cierto es que el relato romántico de un héroe, cuya vida era sacrificada en los altares de la patria irlandesa, se ofrecía como un modelo de exaltación nacionalista del gusto de Thomas Davis y el círculo de intelectuales de la joven Irlanda a mediados del siglo XIX, quienes popularizaron el culto a la figura de Wolfe Tone.

Lifé´s se convierte en una especie de biblia patriótica para los nacionalistas irlandeses. Yeats lo llegó a considerar como uno de sus libros favoritos; sobre Tone llegó a decir que lo consideraba como «uno de los santos patrones de la nacionalidad irlandesa»; mientras que Patrick Pearse, a través de su lectura, elevó a Tone a la categoría de un Cristo feniano enviado a Irlanda a revelar la verdad patriótica a los irlandeses. En palabras del propio Pearse: «Fue el nacionalista irlandés más importante. Creo que fue el irlandés más ilustre de todos los tiempos»[6].

Tone fue ante todo un hombre que ansiaba promoción política y social en la Irlanda de fines del siglo XVIII, cuyo destino se encontraba en manos de un estrecho círculo de aristócratas protestantes anglicanos desde la firma del Tratado de Limerick en 1697. Tal y como Tone escribió en su diario de 1796, antes de intentar su fallida revuelta: «Espero lograr una gran reputación en mi país, después de todo»[7]. El resentimiento, nos recuerda Savater, es un factor a tener en cuenta a la hora de entender la eclosión de ideologías de poder[8]. Esto último se amolda bastante al caso de Wolfe Tone, mientras que en Patrick Pearse nos encontramos con una suerte de paradigma freudiano, el perder para ganar de Jon Juaristi o la necesidad de matar al padre. El padre de Pearse era inglés[9].

Dicha aristocracia, la de los Swift o Molyneaux, se observaba como la «legítima nación irlandesa». Guardiana de las libertades instauradas tras la Revolución gloriosa de 1688, frente a los peligros de la autocracia papista y la conspiración sucesoria de los Estuardo, encarnada en Irlanda por la masa católica desposeída.

Wolfe Tone pertenecía a una familia presbiteriana irlandesa acomodada, pero junto a muchos compatriotas católicos había sufrido gran parte de las Leyes Penales (Penal Laws), que sólo a mediados del siglo XVIII, comenzaron a desaparecer del ámbito legal irlandés. Aún en 1792, los católicos irlandeses no tenían derecho a voto, no podían desempeñar cargo público alguno, ni sentarse en el parlamento.

Wolfe Tone crece por tanto en un ambiente de gran efervescencia política. En 1782, el parlamento irlandés declaraba su independencia legislativa con respecto a Inglaterra. El bloque opositor patriota de Henry Grattan, aliado de las milicias cívico- patriotas de los Volunteers (Voluntarios), reclamaba una readecuación política más justa de Irlanda dentro de la estructura Imperial británica. Los ecos del proceso revolucionario francés se tradujeron, a su vez, en un afianzamiento de la oposición whig, que reivindicaba una urgente reforma parlamentaria y la extensión del sufragio a la gentry católica y protestante. Era un periodo en el que Guillermo de Orange era visto como un paladín de defensa de las libertades cívicas frente al absolutismo monárquico, antes de convertirse en un icono etnicista lealista. De hecho, en el Londonderry de 1789 católicos y presbiterianos irlandeses celebraban juntos el triunfo de Guillermo de Orange en la batalla de Boyne. Cualquiera se atrevería a decírselo hoy día a los Apprentice Boys,  logia orangista de Derry/Londonderry.

Un periodo, en definitiva, en el que los sectores más avanzados de la oposición parlamentaria irlandesa veían con agrado las reflexiones de un paisano ilustre, Edmund Burke, que pregonaba la necesidad de que la propia Ascendancy liderara este proceso de reformas parlamentarias, orientadas a una democratización de la vida política irlandesa. Las reflexiones de Burke, inspiradas en su escrito político más famoso, Reflections on French Revolution (1790), no ocultaban el temor y el prejuicio cultural de gran parte del protestantismo irlandés. Incluso, para Edmund Burke, la convulsión revolucionaria francesa habría de traducirse, necesariamente, en Irlanda, en una Vendé papista anti-protestante, de ahí que tuviera que ser la Ascendancy quien liderara el proceso de reformas[10].

La cuestión católica seguía siendo un tema profundamente espinoso, incluso para la élite liberal protestante de la época. Existe, entre los Irlandeses Unidos una evidente tensión psicológica que choca con sus principios ilustrados y deístas. La mentalidad planter (colonial), seguía viendo al nativo católico irlandés como un «salvaje jacobita», esto es, un aliado potencial de una monarquía católica extranjera. Es más, pocos liberales protestantes apoyaban sin remilgos la emancipación católica.

En este ambiente crece y madura intelectualmente nuestro personaje. En su niñez dublinesa, Tone recuerda con nostalgia los desfiles de los milicianos patriotas, y la guerra que por aquel entonces sostenía el Imperio en América contra los franceses. Ello despertará una temprana fascinación por lo militar y un gran espíritu de aventura. «Es en el ejército, donde la República existe», afirmará años más tarde.

En 1781 ingresa en el Trinity College, bastión universitario protestante, donde mostrará una creciente inclinación por los preceptos liberales de Hume o Robertson. Sin embargo, no existe nada que ayude a entender su radicalismo político posterior. De hecho, futuros militantes de los Irlandeses Unidos, como Thomas Addis Emmet, recuerdan a un joven de brillante oratoria en la Historic Society, más dado a perseguir mujeres, acudir a la ópera o batirse en duelos de honor, que a sesudas reflexiones intelectuales. Tal y como nos recuerda el historiador Thomas Barlett: «En último término, no existía nada en su bagaje educativo o en su propia experiencia londinense, que indicase que Tone iba a decantarse por la senda revolucionaria»[11].

Su salida universitaria viene jalonada de continuos fracasos en el ámbito profesional. Entre 1786 y 1789, Wolfe Tone vive prácticamente al margen de la vida política irlandesa. Intenta sin éxito enrolarse en el ejército británico como soldado de fortuna en América, llega a entrever la posibilidad de establecer una colonia militar en las islas Hawái, para finalmente probar suerte en Londres como abogado. Una ocupación que el propio Tone destetaba y que no llegó a ejercer.

Desesperanzado por su suerte, Wolfe Tone decide regresar a una Irlanda que empieza a mirar con preocupación los sucesos de la Francia revolucionaria. La controversia suscitada entre Burke y Thomas Paine a cuenta de la Revolución, fascina sobremanera a un Wolfe Tone que decide probar suerte en política, tomando contacto con los numerosos clubs whigs independientes que proliferaban en lrlanda. Sobre dicha controversia, Tone anotará años más tarde en su diario: «Esta controversia, y el gigantesco cambio que derivó de ella, cambió la escena política en Irlanda. La nación se encontraba profundamente dividida en dos facciones. La Aristocracia y los Demócratas. Me puse del lado demócrata desde el primer instante»[12].

Pese a la temprana exaltación de los postulados de Thomas Paine, las coordenadas ideológicas de Wolfe Tone nos descubren un liberal de tono más bien conservador, cercano a Burke; en suma un whig irlandés convencional. Lo que esencialmente le separaba del bloque opositor whig era un claro matiz anti-aristocrático y un genuino compromiso con la emancipación de sus compatriotas católicos. Será el posterior destierro el que circunstancialmente le lleve a defender un ideario republicano y separatista; un creciente resentimiento anglófobo, desligado de principio metafísico alguno y que no encuentra cabida en su discurso hasta 1795. Como afirma el historiador irlandés R. F.  Foster:

El nacionalismo como tal, no formaba parte del discurso de los Irlandeses Unidos. Eran liberales internacionalistas, iban en contra de la forma de gobierno aristocrático irlandés, de sus privilegios, más que contra Inglaterra. Incluso cuando la anglofobia afloró entre ellos, carecía de connotación étnica alguna. El gusto de parte de la aristocracia protestante irlandesa por una arcadia celta osiánica perdida, era concebido por los radicales liberales presbiterianos irlandeses como algo «estúpido» y «salvaje». Los Irlandeses Unidos eran modernistas, apelaban a la posteridad y no a los ancestros. Buscaban sus referentes en Hutcheson, Locke, en América y, sobre todo, en Francia.[13]

 El propio Wolfe Tone llegará a definir a la Ascendancy  irlandesa como «poco más que un monopolio esclavista […] un infame sistema corrupto de prebendas y privilegios»[14].

En marzo de 1790, Wolfe Tone escribe su primer panfleto, A review of the Conduct of Administration during the seventh session of Parliament (una crítica a la actitud de la Administración durante la séptima sesión del Parlamento).

Al tiempo que se declaraba como un «whig independiente», Tone lanza toda su oratoria en contra de las medidas de un gobierno que situaba sus intereses al margen de los del pueblo. Para la tradición política whig, términos como pueblo o nación, eran fácilmente intercambiables. Si bien el propio Wolfe Tone utiliza el término nación en sus escritos con cuatro acepciones diferentes, se entendía como nación aquel cuerpo político que expresaba los intereses generales, frente al privilegio nobiliar o aristocrático. Esta noción típicamente liberal o roussoniana es la acuñada por los Irlandeses Unidos, que por nación irlandesa entendían a la comunidad política formada por la clase propietaria católica y presbiteriana. A ello volveremos más tarde.

El hecho, sin embargo, es que dicho panfleto le sirvió a Wolfe Tone para entrar en contacto con las figuras más ilustres de los futuros Irlandeses Unidos: William Drennan, Peter Burrowess, Whitley Stokes, Thomas Emmet (hermano este último de Robert, líder de la fallida revuelta de 1803) y Thomas Russell. Lazos políticos que se afianzan tras la publicación del segundo panfleto de Wolfe Tone pocos meses más tarde. En su Spanish war (Guerra con España), Wolfe Tone hace un llamamiento a los irlandeses para que hagan causa común con Gran Bretaña en guerra con España. En concreto, afirma que «Irlanda tiene la obligación de seguir a Gran Bretaña en guerra. Cualquier perjuicio o beneficio para uno, es a su vez beneficio o perjuicio para otro»[15].

Como puede observarse, Wolfe Tone sigue sin atisbar horizonte separatista alguno para Irlanda. Es más, en su diario Wolfe Tone refleja una particular veneración por el nuevo círculo de intelectuales liberales de Belfast. En particular por Thomas Russell y William Drennan, auténticos padres fundadores de los Irlandeses Unidos en octubre de 1791, y cuyas convicciones políticas eran más radicales que las del propio Wolfe Tone. Resulta más que probable que El Argumento a favor de los Católicos Irlandeses, en septiembre de 1791, fuese escrito por Wolfe Tone a instancias de ambos. El panfleto resume las ambiciones políticas de los futuros Irlandeses Unidos, organización creada un mes más tarde bajo los auspicios de William Drennan.

En el panfleto se reclamaba lo siguiente: en primer lugar, poner fin a la influencia legislativa inglesa. En segundo, una reforma parlamentaria en la que el peso de los intereses populares fuera mayor. Por último, se consideraba que la reforma parlamentaria no era practicable, sino incluía a los católicos. Wolfe Tone firmó el panfleto, de nuevo como un «whig independiente» leal al rey de Irlanda, Jorge III, y por ende de Inglaterra[16].

En realidad, tales reclamaciones no iban mucho más allá de la Declaración de Dunganon, realizada por los partidarios de Henry Grattan en 1780, que afirmaba aquello de que «toda pretensión de vincular a este reino procedente de cualquier institución que no sea la monarquía, los Lores y los comunes de Irlanda es anticonstitucional, contrario a derecho y agravio»[17]. El propio Gobierno de Pitt no era hostil en principio a reformas parlamentarias. Coqueteó en varias ocasiones con ella y con la total emancipación católica. En febrero de 1793 la práctica de las leyes penales fue derogada. A los católicos se les concedía el derecho a voto, aunque la representación parlamentaria les seguía siendo vedada.

Por el contrario era, en este contexto, la propia Ascendancy irlandesa la más hostil a todo tipo de reformas. El libre acceso del campesinado católico a la compra de tierras en plena crisis agraria amenazaba con reproducir un enfrentamiento civil sectario en el campo irlandés. Por si fuera poco, la más que probable guerra contra la Convención francesa hacía temer una revuelta social católica a gran escala.

Por el momento, la Irlanda católica permanecía fiel a la llamada de fidelidad monárquica lanzada por su Iglesia, que veía con auténtico pavor la orgía de sangre revolucionaria jacobina francesa. Es más, sólo diversos sectores de la gentry católica irlandesa simpatizaban con las aspiraciones de la élite liberal presbiteriana de Belfast. De tal forma que Tone, con su Argumento, se ganó el favor del Comité Católico fundado en 1792, que liderado por John Keogh pretendía presionar al parlamento irlandés para que a la clase propietaria católica irlandesa se le reconocieran sus derechos políticos. De hecho, Tone fue interlocutor del Comité en la oposición parlamentaria.

En octubre de 1791 se fundaría en Belfast la Sociedad de los Irlandeses Unidos. La Sociedad decía haber creado la nación irlandesa y decía aspirar a la «unión cívica de los irlandeses de distintas confesiones religiosas». En su declaración de principios políticos de la Sociedad de Irlandeses de Dublín (diciembre de 1791) también se reafirmaba la idea de «crear una sociedad unida de la nación irlandesa». Al tiempo que «nosotros y nuestros compañeros de Belfast, hemos comenzado esta unión cívica, que ha hecho de Irlanda una nación»[18]. La declaración no hace mención alguna a una ruptura con Inglaterra.

No obstante, el iluminismo vanguardista jacobino de los Irlandeses Unidos se incrementará, en la medida en que la vorágine sectaria comience a marcar la pauta de la política irlandesa. En 1796, Wolfe Tone, por aquel entonces exiliado en Francia, decía negociar una posible invasión francesa de Irlanda «en nombre de la nación irlandesa»[19].

1792 marca el firme compromiso de Wolfe Tone en pro de la emancipación de sus compatriotas católicos. Wolfe Tone es uno de los pocos Irlandeses Unidos genuinamente inmerso en la campaña lanzada por el Comité Católico, aunque como él mismo reconoció nunca había conocido a ningún católico irlandés anteriormente. Él era consciente de que en realidad la emancipación católica era vista con gran recelo por parte de la mayoría de presbiterianos del Norte de Irlanda.

En una memorable reunión de los Irlandeses Unidos, celebrada en Belfast (octubre de 1791), el reverendo presbiteriano William Bruce afirmó su temor ante la posibilidad de que la emancipación católica supusiese una vuelta a la Inquisición, además de un gran peligro para las propiedades de los protestantes y, en general, «abriría la puerta a un gobierno en manos de católicos ajenos a la noción de libertad y su extensión»[20].

La mentalidad planter (colonial, protestante) explica el rápido trasvase de gran parte de los Irlandeses Unidos protestantes a las logias orangistas, cuando la rebelión de los Defenders (sociedad agraria secreta católica de ideología jacobita) se adueña del campo irlandés a partir de 1795. Esta afiliación masiva del protestantismo del Ulster a las logias orangistas se afianzará en 1830 con la penetración en Irlanda del evangelismo presbiteriano, y más aún, a fines del siglo XIX cuando el nacionalismo católico irlandés se afianza como movimiento de masas. El propio Wolfe Tone no escapa de este estereotipo xenófobo. Su compromiso con el Comité Católico, no le impide describir a los Pats (término despectivo para designar a los católicos irlandeses) como gente «ignorante y propensa a la bebida», a la jerarquía católica como gente de «baja alcurnia, bajos instintos y malos hábitos» al catolicismo en su conjunto, como «un ritual sin sentido» o tachar a los Defenders de «chusma indecente»[21].

A partir de 1793 la proyectada alianza política entre la clase propietaria católica y presbiteriana comienza a resquebrajarse. Wolfe Tone expresa su indignación ante el hecho de que el Parlamento de Dublín niegue cualquier representatividad política a la gentry católica: «A través de su exclusión del parlamento, toda la gentry católica, todos ellos hombres de elevado espíritu, es ultrajada e insultada»[22].

Bajo la óptica de Wolfe Tone el papismo había dejado de ser una amenaza en Irlanda. Si el campesinado francés se había sacudido el yugo católico, otro tanto podía hacer el irlandés. Estaba firmemente convencido de que «la amenaza papista», en la Irlanda de fines del siglo XVIII, era más bien un espantajo recurrente de la aristocracia anglicana irlandesa para mantener sus privilegios, más aún cuando la amenaza sucesoria de los Estuardo había sido finalmente derrotada en Escocia en 1745. Creía además que la emancipación católica no era en absoluto incompatible con la lealtad a Gran Bretaña. En palabras del propio Wolfe Tone: «Los católicos irlandeses son buenos y leales súbditos de la Corona. Los verdaderos enemigos de la Unión, son aquellos que argumentan que la libertad católica es incompatible con la lealtad, y quienes reducen tal cuestión a la terrible alternativa de resistencia o esclavismo»[23].

A mediados de 1793 Inglaterra declara la guerra a la Francia revolucionaria. La atmósfera política se torna irrespirable en Irlanda. Las milicias cívico patriotas son prohibidas, acusadas de filo jacobinismo francés y sustituidas por milicias gubernamentales. Los Irlandeses Unidos son acusados de sedición y de incitación a una revuelta social católica. La cuestión católica queda totalmente postergada. Wolfe Tone saldría al paso de las acusaciones tachándolas de falsas y añadiendo que «la conexión entre ambos países resultaría beneficiosa en términos de igualdad comercial e igualdad ante la ley», reiterando su fidelidad absoluta al rey Jorge III[24].

En la práctica, Wolfe Tone no hacía sino reafirmase en los mismos criterios ya postulados en octubre de 1791. Tal y como indica en una misiva a Thomas Russell: «Tan solo he propuesto una reforma parlamentaria en contra de la excesiva influencia legislativa inglesa, no he dicho una sola palabra que suene a separatismo»[25].

La situación no hace sino empeorar a lo largo de 1794, ante el exultante poderío militar francés en el continente. Los Irlandeses Unidos fueron prohibidos a principios de 1795 y la mayor parte de sus líderes pasaron a la clandestinidad o al exilio. El propio Wolfe Tone se decidió por tomar la segunda alternativa y junto con su familia se dirigió a Filadelfia –cuna de la recién forjada República norteamericana–.

En su breve estancia en Estados Unidos, Wolfe Tone alimentó dos sentimientos que le acompañaron hasta sus últimos días: una creciente anglofobia y un visceral resentimiento anti-aristocrático. La guerra contra Francia le hizo entrever que Inglaterra «encarna todos los vicios de la Aristocracia [y Francia] todas las virtudes de una democracia»[26]. A muchos nacionalistas irlandeses les sorprendería saber que en noviembre de 1798, tras su captura, Wolfe Tone exigió ser ejecutado como soldado de la República francesa.

En los Estados Unidos Wolfe Tone repite en innumerables ocasiones que la razón última de su exilio «es la tiranía y el mal gobierno de su país». Su inesperada reputación revolucionaria le abre la puerta a numerosos contactos que simpatizan con la causa revolucionaria francesa y el ideal republicano por el que Wolfe Tone se va inclinando. En febrero de 1796, Wolfe Tone decide viajar a Francia con el objeto de entrar en contacto con los Irlandeses Unidos exiliados en el país.

A lo largo de este tiempo, Wolfe Tone carece de información sobre lo que acontece en Irlanda. Hacía septiembre de 1795 diversos condados del Ulster se encuentran al borde de una guerra civil entre católicos y protestantes. La situación era particularmente explosiva en el condado de Armagh, donde la clase propietaria campesina protestante ve amenazada su situación ante la presión insistente del campesinado católico hambriento de tierras y dispuestos al pago de rentas más elevadas.

A la crisis agraria habría que unir la de la industria textil norteña, donde la competencia laboral se traduce en intermitentes, pero constantes enfrentamientos sectarios. Los campesinos protestantes se organizan en los Peep O´Day Boys (la banda del alba) famosa por aterrorizar a los católicos del norte de Irlanda.

Tras la batalla del Diamante (Loughgall, Armagh), los Peep O´Day Boys se transforman en la Orden de Orange. Orientada, como su juramento indicaba, a la defensa de la Corona británica mientras ésta fuera fiel a los intereses de la Ascendancy protestante. A partir de aquel momento lealismo y protestantismo quedarán intrínsecamente unidos en Irlanda. Para entonces, los Irlandeses Unidos habían muerto como movimiento político y social. La mayor parte de la gentry protestante del Ulster se enroló en las milicias gubernamentales o en la Orden de Orange, ante el empuje de la rebelión de los Defenders que fagocitó los restos de la organización de los Irlandeses Unidos.

Los Defenders eran una organización agraria secreta católica, al estilo de los Whiteboys o los Ribbomen que tanto proliferaron en la Irlanda del siglo XVIII y XIX. De marcado tinte milenarista encuentra su iconografía básica en la derrota católica de la Batalla de Boyne (1690), en el tratado de Limerick (1697) y el apoyo que gran parte de la aristocracia católica irlandesa dio a la sucesión de Jaime II al trono de Inglaterra. Muchos Defenders se definían a sí mismos como «republicanos». Reclamaban el apoyo de la Francia revolucionaria en la medida que ésta era vista como una causa católica. El Catecismo de los Defenders era el siguiente: «¿Estás comprometido con la causa? ¿Qué causa? A la Unión de todas las naciones para destronar a todos los reyes, y a volver a instaurar la religión verdadera perdida por la reforma. ¿Quién nos envía? Simón Pedro, la cabeza de la Iglesia»[27].

Roy Foster calcula que en 1795 los Defenders contaban con cerca de 100 mil voluntarios, mientras que en el punto álgido de la rebelión, en mayo de 1798, esta cifra pudo alcanzar los 120 mil[28]. Para entonces, en Irlanda la ensoñación liberal de los Irlandeses Unidos había muerto a favor de una cruenta guerra civil sectaria, que hasta 1798 se cobrará la vida de cerca de 60 mil irlandeses de ambas confesiones. El ensueño, no obstante, seguía vivo en la mente de los exiliados, y en particular en Wolfe Tone, quien negocia con el Directorio la posibilidad de un apoyo militar francés a una insurrección republicana. Es en marzo de 1796 (y sólo entonces) cuando pronuncia la ya célebre frase: «La verdad es que odio el propio nombre de Inglaterra, la odiaba antes de mi exilio y la odiaré siempre»[29].

En cualquier caso, la anglofobia de Wolfe Tone no constituye el principio de dogma político alguno (a diferencia de Patrick Pearse). Inglaterra es maldita para Tone porque su gobierno constituye el sostén básico del Antiguo Régimen y la facción aristocrática irlandesa opuesta a la República de las luces. En su llamamiento a la nación irlandesa (septiembre de 1796) la anglofobia se argumenta desde preceptos estrictamente liberales, racionales e ilustrados: «Es Inglaterra quien degrada a nuestra gentry. Es Inglaterra quien mantiene a nuestro campesinado en la miseria. Es Inglaterra quien compra nuestra legislación con métodos corruptos. Es Inglaterra quien fomenta nuestras disensiones religiosas, es Inglaterra en definitiva quien apoya la facción aristocrática»[30].

Llegado a este punto y entusiasmado por el fervor militarista francés, Wolfe Tone no duda en reinventar su propia figura política. Tanto Napoleón como el general Lazare Carnot sucumben al hechizo oratorio de un Wolfe Tone convencido de que Irlanda y Francia poseen intereses comunes en su guerra contra Inglaterra. Wolfe Tone comienza a observarse como un jacobino republicano de larga tradición renunciando a su pasado whig británico.

El Directorio francés se muestra favorable a enviar una flota de guerra hacia la costa irlandesa que aseste un golpe de muerte a Inglaterra en su retaguardia. El entusiasmo de Tone es absoluto. Marianne Elliot argumenta que el repentino fervor jacobino republicano de Tone fue, ante todo, un resorte psicológico necesario ante el hecho de embarcarse en una empresa de dudosa viabilidad. De hecho, en noviembre de 1796, muy poco antes de partir hacia las costas irlandesas, Wolfe Tone escribirá en su diario aquella famosa frase repetida hasta la saciedad por futuras generaciones de republicanos irlandeses y que, paradójicamente, contradice toda su trayectoria política anterior:

Subvertir la tiranía de nuestro execrable gobierno, romper la conexión con Inglaterra, la fuente de todos nuestros males y reafirmar la independencia de mi país, éstos son mis objetivos. Unir a todo el pueblo de Irlanda, abolir la memoria de pasadas disensiones y sustituir por el común denominador de irlandeses las visiones entre católicos, protestantes y disidentes. Esos fueron siempre mis objetivos.[31]

 Más sospechosa es aún su repentina simpatía por el modelo de gobierno del Directorio francés, una auténtica dictadura jacobina sin los excesos terroristas del Comité de Salud pública, pero con un sufragio censitario de márgenes tan estrechos que hubiera sido repudiado por antiguos militantes de los Irlandeses Unidos, como Thomas Russell o William Drenann. Wolfe Tone simpatizaba con «este gobierno fuerte, donde el ejército era el espíritu de la República»[32].

Es difícil discernir con exactitud cuál era por aquel entonces el modelo de gobierno que Wolfe Tone defendía para Irlanda. Más aún cuando hablamos de un espíritu vitalista romántico, poco dado a disquisiciones teóricas. Lo que sí parece cierto es que durante la fallida expedición naval francesa en la bahía de Bantry (diciembre de 1796), el viejo espíritu militar que afloraba en su adolescencia se adueña de nuevo de Wolfe Tone. Se recrea en la idea de verse engalanado como militar de alto rango en el futurible ejército ciudadano de «la república irlandesa». Según él, una adecuada recompensa por sus años de exilio y sacrificios por la patria. A diferencia de Pearse, Wolfe Tone no quería morir para apaciguar a «los fantasmas de la nación». Él nunca ocultó que pretendía formar parte de la élite dirigente revolucionaria en una Irlanda republicana[33].

La expedición naval francesa a la bahía de Bantry se ahogó en un caos comparable a la Armada Invencible de Felipe II. A este respecto W. B. Yeats comentará en el centenario del desastre que «el mar siempre ha sido aliado natural de John Bull». No obstante, la desastrosa experiencia no desanima a Wolfe Tone, quien consigue la promesa del propio Napoleón de intentar una nueva aventura militar en las costas irlandesas, tras su pintoresco retorno a Francia. Durante su nueva estancia en Francia, Wolfe Tone conoce personalmente a Thomas Paine, de quien Wolfe Tone no hará un retrato excesivamente favorecedor, describiéndolo como un personaje propenso a la bebida, vanidoso y obsesionado con la ruina personal de su gran rival intelectual, Edmund Burke.

Wolfe Tone centra sus esfuerzos en la preparación de una nueva expedición militar naval francesa, que se hace realidad en noviembre de 1798. Esta vez se logra desembarcar en Irlanda, pero la expedición es derrotada en Buncrana (Irlanda) y Wolfe Tone es finalmente arrestado por efectivos de la Armada Imperial Británica.

Acusado de sedición es condenado a muerte por un tribunal británico. Wolfe Tone no rechaza los cargos, pero exige que sea ejecutado haciendo honor a su condición de rango en el ejército francés. Su causa es desestimada y se le condena a morir en la horca. Muere el 19 de noviembre de 1798, producto de una herida auto-inflingida.

Su declaración constituye un auténtico testamento político sólo por conocer su sentencia de muerte. En ella Wolfe Tone reiteró que por encima de cualquier otro criterio, su objetivo era el «de elevar a tres millones de compatriotas míos a la condición de ciudadanos»[34]. Fue la ambición de un liberal que jamás llegó a concebirse como padre del republicanismo irlandés, ni siquiera como un gran pensador político.

Robert Emmet fue el último en morir en nombre de los ideales de los Irlandeses Unidos tras la fallida insurrección de 1803[35]. Con los sucesos de 1798, los nacionalistas irlandeses, antecedidos por Thomas Moore, el Byron irlandés, iniciarán su particular bucle melancólico. El recuerdo de 1798 quedará sellado en la mente de los intelectuales de la joven Irlanda, con baladas de abandono patrio, como el diálogo fantasmagórico del bardo celta Napper Tandy (miembro de los Irlandeses Unidos), en The Most Disgraceful Country (el país más desgraciado del mundo), quienes sacralizarán la idea de una nación «que veía cómo ahorcaban a hombres y mujeres vestidos de verde»[36].

La memoria de los acontecimientos de 1798 fue bastante diferente para los protestantes irlandeses. El recuerdo venía marcado por los millares de cabezas protestantes ensartadas en las picas de los Defenders en Wexford por mayo de 1798. Para los protestantes del Ulster, 1798 fue una nueva rebelión jacobita que trajo el recuerdo de las matanzas de planters (colonos). Con la irrupción del nacionalismo irlandés como ideología de masas, la siege mentality (mentalidad de sitio) protestante no hará sino afianzarse.

Tal y como afirma el historiador irlandés Hereward Senior:

La rebelión de 1798 se asemejó mucho más a una guerra civil entre irlandeses que a una guerra de independencia. Tuvo su inicio en el intento, por parte de los radicales liberales de Belfast, de desafiar la autoridad de gobierno de Dublín. Sin embargo, cuando la política tomó un rumbo violento, el viejo modelo de alianzas por el que venían tradicionalmente dirimiendo las disputas irlandesas, no hizo sino reafirmarse aún más. Por un lado, la Corona británica, la gentry protestante y la masa social presbiteriana del Ulster. Por otro, el campesinado católico y sus potenciales aliados en el exterior. El radicalismo liberal del Ulster, como el de gran parte de la clase media propietaria, ya había madurado cuando el campesinado católico se encontraba políticamente inactivo y desorganizado. Cuando el campesinado católico despertó de su letargo, el radicalismo liberal protestante murió y el orangismo ocupó su lugar. En lo sucesivo, el nacionalismo irlandés pasó a ser un patrimonio prácticamente exclusivo de la población católica irlandesa.[37]

En 1803, tras la fallida revuelta de Robert Emmet, la hermana de William Drennan (uno de los fundadores de los Irlandeses Unidos), Tiers, antigua simpatizante de los Irlandeses Unidos, llegó a escribir: «Me sentí aterrorizada por una procesión católica, empiezo a temer a esta gente… y creo que como los judíos, llegará un día en que reclamarán su tierra prometida»[38]. En 1798 la amenaza jacobita parecía más real que nunca. A partir de entonces, el protestantismo del Ulster engrosará de forma masiva las filas de la Orden de Orange, abandonando las ideas de Wolfe Tone.

 

NOTAS

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[1] Hans Kohn, Historia del nacionalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 34.

[2] Oración de Patrick Pearse ante la tumba de Wolfe Tone, Bodenstown, 1913.

[3] Sófocles, Antígona, Madrid, Alianza Editorial, 1997.

[4] Pío Baroja, Zalacaín el Aventurero, Madrid, Alianza Editorial. 1987.

[5] O´Malley, The Uncivil Wars (Ireland Today), Boston, Beacon Press, 1990.

[6] Tom Dunne. Theobald Wolfe Tone a colonial outsider (An analysis of his political philosophy), Cork, Tower Books, 1982, p. 123.

[7] Ibídem, p. 134.

[8] Fernando Savater, Panfleto contra el Todo, Madrid, Alianza Editorial, 1978.

[9] Jon Juaristi, El Bucle Melancólico (Historias de nacionalistas vascos), Madrid, Espasa- Calpe, 1997.

[10] Predominio, primacía; élite dominante o clase dirigente. La expresión original, acuñada en 1792, era exactamente Protestant Ascendancy. Como clase social, su aparición está estrechamente ligada a la colonización (plantation), que tuvo lugar en los siglos XVI y XVII, y que se endureció bajo el mandato de la República puritana de Cromwell. La clara situación de discriminación y exclusión de los católicos se recrudeció tras la victoria protestante en la batalla de Boyne (1690). Vinculada a la Corona Británica y dotada de grandes privilegios, era una activa participante en la vida política y social irlandesa, incluso poseía títulos nobiliarios pese a su origen plebeyo.

[11] Thomas Barlett, Life of Theobald Wolfe Tone, Dublin, Dundalgan Press, 1997, p. 10.

[12] Henry Bolan, Wolfe Tone, London, Gill and Macmillan, 1991, p. 17.

[13] R. F. Foster, Modern Ireland (1600- 1972), London, Penguin Books, 1989, p. 264.

[14] Marianne Elliot, Wolfe Tone (Prophet of Irish Independence), New York, 1989, p. 200.

[15] Thomas Barlett, op. cit., p. 21.

[16] Tom Dunne, op. cit., p. 57.

[17] J. A. Hurtley, Diccionario Histórico Cultural de Irlanda, Barcelona, Ariel, 1996, p. 78.

[18] Tom Dunne, op. cit., p. 39.

[19] Ibídem, p. 42.

[20] Ibídem, p. 57.

[21] Marianne Elliot, op. cit., p. 132.

[22] Ibídem, p. 200.

[23] Ibídem, p. 236.

[24] Henry Bolan, op. cit., p. 17.

[25] Ibídem, p. 23.

[26] Marianne Elliot, op. cit., p. 132.

[27] R.F. Foster, op. cit., p. 272.

[28] R.F. Foster, ibídem, p. 278.

[29] Henry Bolan, op. cit., p. 85.

[30] Tom Dunne, op. cit., p. 51.

[31] Marianne Elliot, op. cit., p. 247.

[32] Henry Bolan, op. cit., p. 134.

[33] Tom Dunne, op. cit., p. 78.

[34] Marianne Elliot, op. cit., p. 393.

[35] Miembro del movimiento de los Irlandeses Unidos y jefe de una insurrección fallida. De 1800 a 1802 estuvo en Francia participando en los preparativos de una insurrección contra los británicos, que había de contar con el apoyo francés. Consciente del más que probable fracaso de su empresa, el joven Emmet siguió adelante, dando por bueno el valor simbólico de su gesto. Si su intentona y su figura han pasado a la historia de Irlanda, ha sido sin duda por las circunstancias románticas que rodearon al suceso y, sobre todo, por el discurso que pronunció minutos antes de escuchar la sentencia de muerte del tribunal que lo juzgó. De hecho, su fraseología redentora sirvió de inspiración patriótica a Patrick Pearse en la rebelión de Pascua de 1916 (Pearse citaba frecuentemente a Emmet como modelo patriótico a seguir), si bien quien contribuyó decisivamente a rescatar su memoria fue Thomas Moore, poeta irlandés y amigo íntimo de Emmet, con baladas de corte romántico y nacionalista, al estilo de Breathe not his name (no os dignéis siquiera a nombrar su nombre): «Que nadie escriba mi epitafio, que se relegue al olvido mi memoria; y que mi tumba permanezca sin inscripción alguna, hasta que otros tiempos y otros hombres puedan hacer justicia a la rectitud de mi proceder. Cuando mi país ocupe su lugar entre las naciones de la tierra, entonces y no antes se escriba mi epitafio».

[36] Balada romántica irlandesa de mediados del siglo XIX. Una casaca verde era parte de la indumentaria de los Irlandeses Unidos.

[37] Hereward Senior, Orangeism in Ireland and Britain, London, Routledge, 1966, p. 236.

[38] Conor Cruise O´Brien, States of Ireland, London, Hutchinson, 1972, p. 223.

Bibliografía:

Conor Cruise O´Brien, States of Ireland, London, Hutchinson, 1972.

Fernando Savater, Panfleto contra el Todo, Madrid, Alianza Editorial, 1978.

Hans Kohn, Historia del nacionalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

Hereward Senior, Orangeism in Ireland and Britain, London, Routledge, 1966.

J. A. Hurtley, Diccionario Histórico Cultural de Irlanda, Barcelona, Ariel, 1996.

Jon Juaristi, El Bucle Melancólico (Historias de nacionalistas vascos), Madrid, Espasa- Calpe, 1997.

Marianne Elliot, Wolfe Tone (Prophet of Irish Independence), New York, 1989.

O´Malley, The Uncivil Wars (Ireland Today), Boston, Beacon Press, 1990.

Pío Baroja, Zalacaín el Aventurero, Madrid, Alianza Editorial. 1987.

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Henry Bolan, Wolfe Tone, London, Gill and Macmillan, 1991.

Thomas Barlett, Life of Theobald Wolfe Tone, Dublin, Dundalgan Press, 1997.

Tom Dunne, Theobald Wolfe Tone a colonial outsider (An analysis of his political philosophy), Cork, Tower Books, 1982.

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Iñaki Vázquez Larrea es profesor titular de Sociología en la Universidad Católica San Antonio (UCAM) y miembro de CRONEM (Centre for Research on Nationalism, Ethnicity and Multiculturalism), University of Surrey ( Guilford, UK).

 

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Posted by Revista Cuadrivio

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