Vivir el cine

Otro mundo fílmico es posible, y existe: se llama Bollywood y está en la India. Ana Laura Magis Weinberg nos ofrece un vistazo a este cine, a esta vida diferentes, velados por las luces de Hollywood– que allá casi no brillan.

En general, quien tenga una pantalla y conexión a internet, compre películas piratas o vea la cartelera de vez en cuando, pensará que el cine, el que hay, del que hablamos, el que vemos una y otra vez, es Hollywood (más una pizca de «cine de arte» y otra de violencia asiática). Pero otro mundo es posible, y existe: se llama Bollywood y está en la India. Ana Laura Magis Weinberg nos ofrece un vistazo a este cine, a esta vida diferentes, velados por las grandes luces de Hollywood– que allá casi no brillan.

 

 

 

Ana Laura Magis Weinberg

 

 

In our country movies are a part of life, not a part of entertainment.

Shah Rukh Khan

 

Él es el segundo actor más rico del mundo: sólo lo supera Jerry Seinfeld, y juntos dejan atrás a los galanazos y veteranos hollywodenses. Los periódicos y tabloides acortan su nombre a SRK, y afuera de su casa hay decenas de personas perpetuamente apostadas con la única ilusión de verlo pasar unos segundos. Se estima que tiene entre 3.4 y 4.8 mil millones de fans, y como la población mundial asciende a 7 mil millones, esto significa que más de la mitad del mundo lo conoce; ni siquiera la religión más grande del mundo –el cristianismo, que tiene 2,200 millones de creyentes– tiene más adeptos que el buen SRK. Si combinamos a todos los cristianos, musulmanes y judíos (3,814 millones), resulta que Dios es menos popular que esta estrella. Sin embargo les apuesto que ninguno de ustedes ha escuchado su nombre.

Quizá haya que aclarar: Shah Rukh Khan es un actor de Bollywood, el cine de la India. Y no los culpo si no lo conocen: él mismo dice que procura viajar a Estados Unidos con frecuencia, pues con su apellido musulmán siempre lo detienen en aduanas y le dan así un golpe de humildad. Queda claro que el mercado de SRK no está en occidente.

Las grandes películas de Bollywood se estrenan en fechas importantes: los galanes (hombres fuertes que se valen el nombre de heroes) se estrenan en las grandes fiestas hinduistas o musulmanas, otras películas de mucho presupuesto se estrenan en fiestas cristianas, y las que no tienen futuro quedan relegadas a los fines de semana cualquiera. En general se estrena una película por semana, que dura quince días en cartelera para dar lugar a otras. En esas semanas sus videos pasan un par de veces en la tele (de por sí saturada con la música de los éxitos anteriores y venideros): todo este ritmo sin la intervención del cine (o más bien la cultura) de Estados Unidos.

Bollywood tiñe todo el quehacer de la India. El país tiene dieciocho idiomas oficiales, pero la mayoría de la población habla hindi. La gente lo aprende, más que en las aulas, a fuerza de ver las películas más esperadas del año. Y junto con Bollywood hay otras catorce regiones que producen cine propio. La India es el país que más cine produce en el mundo, con un promedio de 1,000 películas por año (más del doble que Hollywood y diez veces más que México). Se producen películas en quince idiomas que varían en presupuestos, temas, tratamientos y públicos.

La globalización ha llegado a la India, pero no es del todo homogénea. Por un lado se pueden comprar Sabritas y Cocas en el súper, o se puede ir a McDonald’s (aunque no venden carne de res ni de cerdo): la globalización económica está presente. Lo que no existe es la colonización cultural. En mis nueve meses de vivir ahí sólo vi una película occidental en el cine (la cuarta entrega de Twilight), y la única vez que escuché una canción en inglés fue cuando apareció un video de Justin Bieber, expirado y sólo en el canal de paga, nunca en la televisión abierta.

No se me ocurre quién puede ser el equivalente de Shah Rukh Khan en Hollywood. ¿Brad Pitt? ¿Leonardo DiCaprio? No estoy buscando a un actor guapo, ni al símbolo de una generación; lo que quiero es alguien famoso. En los comentarios de alguna página sobre SRK, un indignado clamaba que la persona más famosa del mundo es Michael Jackson, y que ni siquiera él puede tener tantos millones de adeptos como el ícono bollywoodense. La razón por la que éste es tan famoso es por la manera tan sui generis en la que se puede ser famoso en la India.

¿Cuántas veces al día vemos la cara de un famoso, ya sea en el póster de su nueva película o anunciando un reloj? Dudo que lo veamos más que un par de veces, y seguro no lo vemos a diario; sin embargo no hay un pasillo del súper en la India donde no aparezca Shah Rukh Khan, anunciando desde talco hasta cuadernos, y una vez que empiezan las lluvias, impermeabilizantes. Los famosos venden de todo, dependiendo de su imagen (los jóvenes anuncian pantalones y los veteranos relojes, las mujeres sopas y cremas para aclarar el tono de piel). Shah Rukh Khan no es rico por su trabajo como actor (pues cobra 5 millones de dólares por película, mientras que Robert Downy Jr. recibe 31), sino por lo que gana con sus distintos contratos publicitarios.

En la India se vive el cine de una manera diferente que en Hollywood (y los países que consumen sus productos, como México). El cine está en el cine desde las salas que cambian su cartelera cada semana hasta las que llevan diez años pasando la misma película, pero también está en la música y en todos los productos cotidianos. El cine se vive a diario cuando te lavas las manos o tomas un refresco; cuando en el tren alguien le sube el volumen a las canciones. El cine se lleva en la ropa, apareciendo de improviso con frases de una película o un actor; y queda ligado, gracias a la publicidad musical y las coreografías, a ciertos gestos que se asocian a los títulos de los blockbusters. Quizá recuerdan la escena en Slumdog Millionaire donde el joven protagonista nada en mierda para poder saludar a su actor favorito, la estrella del momento Amitabh Bachchan. Yo lo esperé durante dos horas al rayo del sol para verlo pasar unos segundos entre su coche y la mezquita donde habría de grabar un comercial. La gente atiborraba la calle y se conmocionaba cada vez que aparecía un auto, y una vez que lo vimos fue imposible dejar de gritar. Es muy diferente encontrarte a alguien que ves a veces en una pantalla a encontrarte a uno que, a fuerza de ver todo el tiempo, sientes que ya es tu mejor amigo.

Pero, así como en Bollywood no existe Hollywood, Mumbai no tiene lugar en Los Ángeles. El consumo del cine de la India ha subido no porque occidente lo vea ávidamente sino a fuerza de los migrantes que buscan mantener lazos culturales con su país. Quizá cuando hablo de Shah Rukh Khan imaginan a Irfan Khan, el único actor que ha logrado mantenerse en ambos terrenos (en general suelen trabajar o en Bollywood, como SRK, o en Hollywood, como los protagonistas de Slumdog Millionaire). En México es imposible seguirle el ritmo a Bollywood, en parte porque se mueve muy rápido, pero sobre todo porque el acceso es limitadísimo: no existe en cines ni en Netflix: hasta la pequeña comunidad que lo consume está un par de años atrasada. Bollywood en occidente no pasa de cine de culto.

Esto se debe a que la India no promociona su cine (como lo hace el gobierno francés, por ejemplo), además de que éste se produce para autoconsumo. Pero la ausencia de Mumbai en el escenario mundial se debe sobre todo a la hegemonía de Los Ángeles. Alguien podría decir «¡pero es que Bollywood promueve valores con los que no nos podemos identificar, en cambio Hollywood es universal!», y creo que ahí está el problema. La colonización cultural de Hollywood es tan grande que opaca incluso a industrias más grandes que ella, pero esto no es lo grave. Lo grave es la ilusión a la que nos hemos acostumbrado de creer que la representación hecha en otro país nos atañe también a nosotros, y de pensar que cuando Hollywood plasma valores estadounidenses, como «defender la libertad», esos valores deben resonar en nuestras propias creencias.

La ficción es un fenómeno interesantísimo. Hay estudios que demuestran que a fuerza de imaginar cosas de una manera nuestro cerebro se convence de que pasaron en realidad, y ésa es sólo la punta del iceberg: lo imaginado resulta más importante, convincente y real que la realidad misma. La ficción es uno de los elementos que nos hacen humanos y es la manera mediante la cual nos explicamos el mundo. La ficción es, a fin de cuentas, la fuerza que cambia al mundo (si no pregúntenle a los inocentes tiburones que están al borde de la extinción a partir de 1975, año de Tiburón). Y sin duda la manera más común de consumir ficción es el cine.

Creo que hay que prestar atención a Bollywood por la misma razón que hay que prestar atención al cine de todo el mundo y no sólo al de Estados Unidos: porque vale la pena asomarnos a otras culturas y otras representaciones: a nadie le hace mal ampliar sus horizontes. Pero sobre todo, hay que volvernos hacia Mumbai para darnos cuenta de que hay otras maneras de generar y consumir películas. El cine nacional no tiene por qué estar relegado a las salas de arte. Si Bollywood florece en la India no es por falta de películas en el mundo, sino porque un país se dio cuenta de que las ficciones que les vendían no los representaban y decidió hacer algo al respecto generando sus propios relatos. México ya tiene actores, industria de producción, e incluso un director «aclamado por la academia». Quizá habría que seguir este ejemplo para construir un cine nacional que de verdad se vea, para empezar a construir ficciones nuestras, no importadas, que nos representen en el mundo, pero sobre todo ante nosotros mismos.

 

Recomendaciones

Escribí este artículo a partir de mi propia experiencia viviendo en la India, aunque saqué las cifras concretas de Internet. Como Bollywood es bastante desconocido en el mundo de habla hispana, dejo aquí algunos vínculos (en inglés) donde se profundiza en diversos temas. Si están interesados en el fenómeno que es Bollywood, recomiendo como primera aproximación la película Bombay Talkies, una serie de cortos que exploran la relación del cine con la vida cotidiana, incluyendo la del hijo que lo deja todo para ir a que Amitabh Bachchan le bendiga un dulce a su padre. No es mi película favorita (ésa es Delhi Belly) ni la que más años ha estado en cartelera (Swadesh, estelarizada por nuestro amigo SRK), pero creo que es la mejor representación del fenómeno que es Bollywood.

Para conocer a Shah Rukh Khan:

http://www.wealthx.com/articles/2014/comedian-jerry-seinfeld-tops-wealth-xs-hollywood-and-bollywood-rich-list/

http://www.bbc.com/news/world-radio-and-tv-15820465

Sobre Bollywood:

http://www.ibtimes.com/bollywood-100-how-big-indias-mammoth-film-industry-1236299

Para la escena de Slumdog Millionaire:

https://www.youtube.com/watch?v=NyD8MXNpOyU

Y para saber quién diablos es Irfan Khan:

http://www.segenma.com/wp-content/uploads/2013/10/2011_12largeimg214_Dec_2011_173628210.jpg

 

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Ana Laura Magis Weinberg (Ciudad de México, 1988) es lectora profesional, traductora de hobby, y en sus ratos libres quisiera ser escritora.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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