¿Por qué leemos lo que leemos?

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Traducción y canon

 

Pocas veces pensamos en la traducción como factor determinante de lo que leemos. No obstante, es el filtro del idioma lo que da forma al canon en cada país y cada lengua. Julia Constantino reflexiona sobre la importancia de la traducción en la conservación, transformación e incorporación del canon literario a las diferentes culturas del mundo.

 

 

 

Julia Constantino

 

 

¿Por qué leo lo que leo? Sin intentar emular a personajes como Calvino, Eco y otros asociados con preguntas de este tipo, creo que puede haber varias respuestas falsamente sencillas. Porque es lo que me gusta, porque me lo recomendaron, porque es parte de alguna lista de lecturas obligatorias, porque es lo que cualquier persona «mínimamente educada» (sic) debe leer, porque es necesario para una investigación, porque me lo prestaron, porque no tenía otra cosa a la mano. Convertiré algunas de estas expresiones en un sencillo y burdamente obvio «porque es lo que podía leer», en el sentido de disponibilidad; pero no sólo por estar físicamente presente o por tener acceso a las páginas, sino porque está escrito en algún idioma en el que tengo competencia lectora: «puedo leer en X idioma». Pese a este factor básico e ineludible, quizá pocas veces se reflexiona sobre el hecho de que «leer en X idioma» es también una manera de contar con una puerta de acceso, mediante la traducción a ese idioma, a lo escrito en muchos otros que quizá desconozca o en los que no me considere suficientemente competente. «Leer en X idioma» define y delimita el conjunto de obras entre las cuales uno puede hacer sus elecciones de lectura y estudio y, aunque no lo parezca a primera vista, esto contribuye a determinar los textos que se colocarán en el centro de una cultura o conservarán su sitio ahí gracias a una acumulación de lecturas que les darán presencia, identidad y valor, lo que me lleva a observar la importancia de la relación entre los dos términos centrales del título: traducción y canon.

Hoy en día es común observar que la leyenda «traducido a Y cantidad de idiomas» se coloca en la portada o publicidad de los libros como si eso anunciara… ¿calidad? ¿difusión? ¿importancia? No hay que descartar la relevancia de la frase como si se tratara tan sólo de «mera estrategia comercial»; eso sería negar que el conocimiento y la literatura también son productos que consumimos, aunque a veces no nos guste verlo así. Los textos literarios, tema en el que quiero centrarme aunque sea de manera general, son productos que consumimos, que difundimos, que compartimos, que disfrutamos, que estudiamos, que efectivamente adquieren una capa de relevancia y valor social y cultural cuando sabemos que dan la vuelta al mundo en lenguas distintas. Sí, se trata de números y ventas. Sí, también se trata de la capacidad de los textos de tener una vida más larga y extensa y de exportar temas, ideas, historias, pero también estilos, estructuras, recursos, modos de usar la lengua, incluso a través de la traducción. Esta primera capa es una primera manera de vislumbrar, aunque sea de manera aparentemente superficial, la forma en que la traducción puede participar en la conformación de un canon, no sólo en las principales lenguas y tradiciones de origen europeo y «occidental», sino quizá en otros espacios lingüísticos y culturales, pues, de otra manera, ¿cómo entender eso de «traducido a» una cantidad de idiomas cuando se supera con creces el número de las lenguas europeas? El eurocentrismo de los ámbitos académicos, editoriales y traductológicos sigue teniendo gran fuerza, sin embargo la cantidad de lenguas a las que se traducen algunos textos puede conducir a pensar en la circulación de los textos literarios, su presencia e influencia en ámbitos sociales y tradiciones lingüísticas y culturales que no siempre son tomadas en cuenta al pensar en «el canon». Los anuncios de la amplia difusión de las obras indican maneras quizá no tan elitistas o alambicadas de construir un canon, no sólo a partir de lo que las instituciones académicas señalan como estética o literariamente sobresaliente y recomendable, sino a partir del indicio de que una obra sea relevante por circular por una múltiple diversidad de colectividades lectoras.

La relación entre traducción y canon lleva claramente más allá de un aspecto numérico, que, por otra parte, no es nada soslayable si por ella se puede averiguar el número de sistemas socioculturales específicos que son afectados mediante la inserción de los textos por medio de traducciones. La asociación de estos dos conceptos y fenómenos puede analizarse al menos a partir de tres líneas de relación y posible exploración: traducción y canon literario, canon de textos traducidos y canon de modos de traducir.

Si tomamos en cuenta los planteamientos polisistémicos de Itamar Even-Zohar y nos centramos en la función que desempeña la literatura traducida en el polisistema literario, ésta, cuando llega a sistemas literarios o culturales jóvenes, débiles o en crisis, permite que los sistemas a los que llega se nutran, fortalezcan o renueven a través de la incorporación de repertorios (recursos literarios), modelos (modos de escritura) o títulos concretos provenientes de otras literaturas, cosa que, dice Susan Bassnett, ya ocurría en el caso de las traducciones del griego al latín (4). Entre las posibles consecuencias de esto se encuentra la conformación de un canon de literatura del mundo que abarca no sólo obras concretas que pueden volverse parte de la lista de aquello que se espera que toda persona lea, sino también estructuras/modelos de escritura y repertorios que se ven influidos por maneras de escribir que cuentan con la fuerza y garantía obtenidas en los sistemas literarios fuente y que pueden trasladarse con relativa seguridad a la práctica literaria de cualquier sistema cultural de destino. En estos casos, los textos traducidos tienden a llegar al nuevo sistema ya construidos y presentados como parte de un «canon de literatura extranjera» que es deseable incorporar para «tener acceso a grandes obras de la literatura universal» (sic y sic), y para acercar a la cultura de destino a obras que ya son reconocidas, lo cual también implica que contienen algo deseable y que se considera que será útil para el desarrollo de la literatura/cultura receptora. Asimismo se presupone que el sistema nuevo tiene la capacidad necesaria para traducir esas obras porque su lengua y cultura poseen una mezcla de solidez, flexibilidad y estado de madurez que, aunque incipiente, proporcionará el léxico y las estructuras lingüísticas, culturales y referenciales necesarias para llevar a cabo la labor de traducción. Es decir, el contacto entre un canon ya construido en la cultura fuente y el sistema de la cultura de destino muestra tanto la necesidad como la madurez de ésta; igualmente, así como se importa un canon, se muestra la disposición y deseo de aceptarlo para construir un canon de literatura traducida propio y para preparar y estimular la formación de un canon de literatura escrita en la lengua local.

Sin embargo, esta labor de fortalecimiento de un sistema literario a través de la adopción de textos y formas que surgieron en otros contextos no es completamente exclusiva de las llamadas literaturas jóvenes, débiles o en crisis –donde el proceso y relaciones descritas pueden verse con más claridad– y sí es un elemento fundamental para el desarrollo de todas las literaturas (Bassnett 26). En el caso de literaturas «más sólidas», la traducción cumple potencialmente con funciones parecidas, aunque quizá se enfrenta a una resistencia que producen la dinámica y el movimiento del sistema de destino mismo. En otras palabras, un sistema que en su interior no se petrifica y va generando y aceptando cambios puede suponerse lo suficientemente vivo y autosuficiente como para incorporar textos nuevos y «ajenos» y asimilarlos y moldearlos según las dinámicas de su sistema.

No obstante, vale la pena considerar que en cierta medida la prolongación de la vida de los sistemas «fuertes» es posible, de antemano, gracias a la presencia de literaturas marginales pero propias del sistema que contribuyen aportando elementos diferentes a un cierto sustrato de modos y textos conservadores y a la literatura traducida que se incorpora de forma directa a una noción de canon, tal como ocurre claramente en los sistemas «no fuertes», o indirectamente a través de influencias en las obras escritas en la lengua del sistema de destino, es decir, a través de obras influidas por obras extranjeras pero escritas en la lengua propia del sistema. Es decir, puede tratarse de obras traducidas que no logran convertirse ellas mismas en parte del canon porque el sistema «maduro» ya tiene un centro muy fuerte y casi impermeable para obras que no pertenecen a ese sistema y espacio, pero sí llegan a él a través de su influencia y contacto con textos locales que sí se vuelven canónicos. Pero si algo queda claro es que, por diversas vías, el proceso de la traducción y la literatura traducida son fundamentales para mantener viva la literatura local (Bassnett 108), en parte porque la traducción pone en contacto un canon existente con otras tradiciones y lo fortalece al ayudar a formar el canon de la literatura de destino o porque forma parte del proceso de construcción de alguno nuevo a partir de la elección de los textos que se traducirán. La decisión misma de qué se traducirá nunca es azarosa, sino que depende del reconocimiento de un canon preexistente tanto en la cultura fuente como en la cultura de destino, y de la coincidencia en ambas de algunos paradigmas estéticos, literarios y culturales.

Además, la traducción supone la posibilidad no sólo de conservar y reproducir, sino también de revisar y modificar el canon, pues, como señala Lawrence Venuti al hablar de las traducciones al inglés de textos de Catulo que hizo John Nott a fines del siglo XVIII: «[…] translation performed the work of cultural restoration by revising the canon of foreign literature in English, supporting the admission of some marginalized texts and occasionally questioning the canonicity of others» (1997, 94). Pero la traducción se asocia con el canon no sólo al abrir la puerta a textos marginales y cuestionar la canonicidad de los que ya están ubicados ahí, lo cual es sin duda de enorme importancia para la conformación y mantenimiento de los sistemas literarios, sino también al dar identidades diferentes a los textos, al representarlos de manera distinta y ofrecer facetas suyas que podían haberse ignorado o que hay que tomar en cuenta dependiendo de los diferentes emplazamientos espaciotemporales e históricos y políticos.

Por ejemplo, Venuti mismo, al hablar de la formación de identidades culturales mediante la traducción en el artículo de ese título en The Scandals of Translation: Towards an Ethic of Difference, señala que en algunas ocasiones los proyectos de traducción de títulos individuales, conjuntos de obras o incluso de lo que se considera una selección de títulos representativos de una tradición literaria conducen a la formación de un canon sobre la base construida deliberadamente por instituciones académicas y organismos editoriales que pueden tener objetivos sociales, económicos, culturales y políticos muy específicos, como ocurrió en el caso de la traducción de obras de la literatura japonesa al inglés en las décadas de 1950 y 1960. Venuti explica cómo la elección misma de los textos obedecía a una visión predeterminada de canon producida con base en la «coincidencia» de las obras con las expectativas de recepción que habían sido creadas de antemano como causa y efecto de un imaginario que ofrecía una versión específica de lo que eran la cultura y la literatura japonesas. A la elección de obras con base en su ajuste a expectativas específicas siguió una manera de traducir que, por producir, conservar y enfatizar una cierta versión de «lo oriental», parecía corresponder a lo que se esperaba de las obras y que también hablaba de la existencia de expectativas de traducción que se vinculaban con la presencia y construcción de otros tipos de canon: un canon de obras traducidas y un canon de modos de traducir.

Dentro de los estudios de traducción se discute periódicamente la relevancia de hablar de la literatura traducida como un corpus autónomo que tiene una vida propia e independiente de los textos base. Incluso insistir, como hacen algunas teóricas y teóricos, en el uso del término «texto base», y no «texto original», habla de que tanto a traducciones como a textos traducidos puede ubicárseles en un estatus similar, en el entendido de que no hay ningún texto completamente nuevo y sin deudas con obras y lecturas precedentes. Las discusiones sobre textualidades y autorías, que nos llevan a pensar en Barthes, Foucault y Derrida, permiten que se insista en la posibilidad de hacer circular las traducciones con una valoraciòn similar a la que se da a los textos base y con el pleno reconocimiento de que son traducciones. Esto puede sonar un poco paradójico, pero es una manera de no regresar a la falacia de tratar las traducciones como «originales» por adherirse a criterios de transparencia, fluidez e invisibilidad de la traducción y de quien traduce, que aminoran las capacidades, buscadas o no, de transformación de la traducción e incluso la neutralizan en lo que se refiere a temas como los de autoría, intertextualidad y canon. Esta manera de asociar traducción y canon, si bien ha sido comentada por gente como Bassnett, Venuti y André Lefevere, no ha sido estudiada con profundidad pese a que el surgimiento de la llamada world literature tiene muchos puntos de contacto con esta relación. Venuti dice al respecto que

To focus on translation is to redefine the study of literature in the most material ways. The production, circulation, and reception of translations does not simply involve crossing national boundaries, but also requires inserting texts into global networks that are inflected by national literary traditions, to be sure, but that reveal the national as constructed by international affiliations. These networks change from one historical period to another and, as we move further into the twenty-first century, enable modes of reception to multiply and overlap. The same source text may be translated into many languages, assimilated in varying degress to receiving cultural values. To understand the impact of translation in the creation of world literature, we need to examine the canons developed by translation patterns within receiving situations as well as the interpretations that translations inscribe in the source texts. To be productive, to yield the most incisive findings, this sort of examination must combine distant and close reading of translations to explore the relations between canons and interpretations. For most readers, translated texts constitute world literature, even if we are still in the process of learning how to read translations as translations, as texts in their own right, which are significantly independent of the source texts they translate. (2013, 207-208)

La posibilidad de hablar de un canon de textos traducidos que conforma esa world literature lleva también a observar la participación plenamente activa de las traducciones –que son al mismo tiempo comentarios críticos– en la construcción de textos nuevos hechos a partir de las interpretaciones que éstas hacen de los textos base.

Los patrones de traducción que menciona Venuti pueden verse bajo la luz del tercer tipo de canon que he mencionado y que es necesario vincular con el hecho de que, para Bassnett, las normas de escritura dominantes en distintas tradiciones, tiempos y espacios tienen que ver con el canon (31). Sin embargo, creo que es necesario ampliar esta idea a las normas de lectura y de traducción en distintos momentos históricos y observar que así como existen cánones de textos literarios que señalan cánones de escritura y también hay cánones de literatura traducida que pueden transformar o reforzar lo ya existente en los sistemas literarios de destino –a la vez que son un comentario sobre el canon del sistema fuente–, podemos hablar de convenciones de traducción que es válido considerar como parte de un tipo de canon. Hay que pensar que estas convenciones no surgen de la nada, sino de una serie de relaciones textuales, literarias y de otros tipos dentro de los sistemas. Cada traducción puede ser resultado de esas convenciones y también puede proponer, construir y establecer otras nuevas, incluso con el riesgo de que a veces algunas traducciones que se vuelven canónicas pueden crear precedentes contraproducentes al instaurar maneras de traducir que, a fuerza de repetición y de coincidencia con reglas conservadoras, anquilosan las normas y modalidades de traducción y hacen lo mismo con el canon en otros niveles (Bassnett 94).

Venuti habla de este tema en The Translator’s Invisibility, donde explora la forma en que la invisibilidad que anuncia el título es construida por una serie de objetivos y códigos en los que se basan tanto las teorizaciones como las prácticas de traducción. La fluidez y la legibilidad como maneras de acercarse transparentemente a «la voz del texto original» son palabras clave para definir la construcción de normas y de un canon de traducción en lengua inglesa que quizá es parecido al que rige las traducciones en lengua española. Al hablar de canon de traducción me refiero a las prácticas de traducción específicas que, en su conjunto y a partir de repeticiones que las naturalizaron, se han convertido en la manera «coherente y lógica» de traducir en momentos históricos particulares y que se han manifestado en traducciones concretas –productos finales– que fueron haciendo escuela y construyendo y delimitando expectativas, así como el concepto mismo de lo que debe ser una traducción.

Si bien hoy en día la fluidez y legibilidad hacen pensar casi inmediatamente en una visión comunicativa y pragmática de la lengua y la literatura, Venuti las asocia con la formación de una suerte de espíritu colectivo que requiere que la textura lingüística de los textos traducidos se acerque por completo a los parámetros de un uso en apariencia común y naturalizado del inglés. Es en apariencia, porque lo que hay detrás de la práctica y objetivos de esta manera de traducir es la colocación de maneras aceptadas como educadas e idiosincrásicas –y casualmente pertenecientes a una élite social y cultural– de traducción basadas a su vez en ideales de escritura, conocimiento, literariedad y comunicación que a menudo, si no es que siempre, surgen de relaciones de poder. Las traducciones que se han realizado a partir del supuesto de que toda traducción debe ajustarse a las necesidades de la lengua y cultura de destino para facilitar la comprensión y reconocimiento de quienes leen formaron la regla que determinaría la realización y aceptación de futuras traducciones. Por otra parte, se ha observado la constante búsqueda de traducciones y modos de traducir que se vinculen con las lecturas ya canónicas de las obras y permitan perpetuar tanto significados y formas de recepción como su valor/capital textual, literario y simbólico (Venuti 1995, 72). De esta práctica han surgido versiones que, a su vez, no sólo han incorporado los títulos al canon de la lengua de destino, sino que han colocado ahí traducciones concretas que, debido a las reflexiones, acciones y reconocimiento de los y las autoras y los y las traductoras, se han convertido en las traducciones canónicas de obras determinadas que en muchos casos sólo son conocidas y reconocidas a través de esa traducción específica (Venuti 1995, 63).

Esta canonización mediante un modo específico de traducción hace que, desde una perspectiva traductora y traductológica, la inserción de una obra traducida en algún canon vuelva más compleja la relación entre los dos conceptos, canon y traducción. Si bien la elección misma del texto por traducir habla de una aceptación o vínculo con un canon a partir de su fácil inclusión o de la forma en que un choque inicial entre obra y canon puede conducir a una leve transformación de éste y de los criterios que lo conforman, la conciencia de que no sólo se recibe la obra sino la manera en que fue traducida nos permite aterrizar en discusiones sobre modos de escritura, lectura y comprensión en un nivel quizá más profundo, donde hay que tomar en cuenta que, como señala Venuti al hablar de Schleiermacher: «translation strategies are situated in specific cultural formations where discourses are canonized or marginalized, circulating in relations of domination and exclusion» (102).

Es precisamente por estas relaciones de dominación y exclusión que Venuti y otras teóricas y teóricos de traducción reiteran la pertinencia de observar lo que ha ocurrido en algunos puntos de ruptura en la tradición traductora, como es el caso del modernismo angloestadounidense (Venuti 1997, 187-272). Si bien es innegable la existencia de patrones de traducción que han construido un canon que a su vez ha conducido a la inserción y circulación de ciertas obras en distintos cánones, también hay que reconocer que otras formas de traducir pueden corresponder mejor a nuevas relaciones texto-textualidad-autoría-canon-sistema. La fractura de patrones anteriores puede coadyuvar a la incorporación no sólo de títulos, modelos o repertorios marginales o nuevos, sino a la posibilidad de que los textos y los discursos circulen en dinámicas que, al apartarse la traducción de los acostumbrados caminos de transparencia, fluidez y legibilidad basados en relaciones de poder y dominación ya muy establecidas, conduzcan a la creación de cánones más heterogéneos y dinámicos.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Bassnett, Susan (2014), Translation, Routledge, Londres.

Even-Zohar, Itamar (1990a), «Polysystem Theory», en Poetics Today, vol. 11, número 1, Polysystem Studies (primavera), pp. 9-26.

_______ (1990b), «The Position of Translated Literature within the Literary Polysystem», en 

Poetics Today, op. cit., pp. 45-51.

_______ (2005),  «Polysystem Theory (Revised)», en Papers in Culture Research, Porter Chair of Semiotics, Tel Aviv. 

Venuti, Lawrence (1997), The Translator’s Invisibility. A History of Translation, Routledge, Londres.

_______ (2003), «The Formation of Cultural Identities», en The Scandals of Translation. Towards an Ethics of Difference, Routledge, Londres, pp. 67-87.

_______ (2013), «Translation Studies and World Literature», en Translation Changes Everything. Theory and Practice, Routledge, Londres, pp. 193-208.

 

 

 

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Julia Constantino es licenciada en Lengua y Literaturas Modernas (letras inglesas) y maestra en Literatura comparada por la UNAM. Es profesora de tiempo completo del Colegio de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde imparte clases desde 1994, entre ellas, «traducción y literatura estadounidense». Es autora de varios artículos sobre traducción y sobre literatura afroestadounidense. Entre sus intereses destacan la teoría de la traducción, la narratología, el feminismo, los estudios de género, la geocrítica literaria, la literatura afroestadounidense y la narrativa en inglés de los siglos XIX al XXI.

1 comentario

  1. Aline Menchaca

    Marzo 1, 2016 at 12:53 am

    Me gusto no sea si sea artículo, se ve mas bien como un trabajo completo de Investigación Literaria, felicidades por qué leemos lo que leemos por mil razones distintas, pero en mi caso por que quedo pendiente,o por que me lo recomendaron algún otro medio.

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