Tejido y bosque poético: un acercamiento a «fungus skull eye wing»

Por  |  0 Comentarios

fungus_

Yeni Rueda

 

 

Vivir fuera de las grandes metrópolis alimenta —en la mayoría de las ocasiones— actitudes mucho más reflexivas orientadas a la observación cuidadosa de nuestro entorno, facultades que nos han dado tantos alcances creativos, científicos y tecnológicos. Incluso, en ciertos momentos pareciera que sólo podemos disfrutar orgánicamente de nuestra humanidad cuando tenemos contacto con la naturaleza.

Me atrevo a hacer esa afirmación pues desde hace un año vivo en las laderas de un bosque profundo y siempre activo. Acá, en lugar de los gritos histéricos de las calles o el doloroso chillido de un claxon, escucho el paso del viento entre las ramas de los árboles, cuando la neblina desciende y las gotas de lluvia caen. Cuando esto sucede, trato de imaginar cómo sería vivir inmerso en ese bosque que veo en el horizonte.

En realidad, no tengo que imaginármelo. Puedo saberlo o sentirlo a través de un libro que respira y reverdece entre las manos frías del lector. Me refiero a fungus skull eye wing de Alfonso D’Aquino con traducciones de Forrest Gander, editado por Copper Canyon Press y que reúne —en su mayoría— poemas inéditos hasta la aparición de esta edición bilingüe. Y es que una de las grandes virtudes que siempre encuentro en los poemas escritos por D’Aquino es la invitación a abstraernos a través de los pequeños detalles naturales para encontrarnos a nosotros mismos en ellos, como se puede notar en uno de los poemas más enigmáticos del libro, «13»:

 

Me detengo y levanto una piedra

y este gesto que he realizado infinidad de veces

no sólo en mí sino en cuantos fueron antes de mí

y en los que serán

este gesto de detenerme a medio paso

a levantar una piedra

la misma y otra cada vez

me conmueve más allá de mí mismo

y al mirar en mis dedos

los hilos (violetas) que en ella se concretan

y la forma que tiene

mis ojos se entrecierran fijamente

y descubro

en su peso maravilloso en el hueco de mi mano

en su lívido color de piel insomne

y en las venas sólo por un momento

entrevistas que la cruzan

 

Sumergirse en la poesía de Alfonso D’Aquino es meter los dedos en el cuerpo y sacarlos llenos de tierra. Y entre esos granos negros y acuosos, se pueden ver los destellos de los minerales que se encuentran aprisionados en el subsuelo o de las esporas, que caprichosas se mueven en el bosque para asirse a la tierra húmeda. En cada uno de los poemas hay una conexión entre el cuerpo humano, lo vegetal y lo mineral, o como Gander lo llama the non human world. Es como si a través de cada verso, se fusionara una parte corpórea de la voz poética y de nosotros junto con el mundo natural, una simbiosis que encontramos en «Redes»:

 

bajo mi piel de planta

bajo mi cara de animal

bajo mis huesos de piedra

bajo mi carne que es tierra

dentro de esta red de sal a ras cubierto

con el mantillo redivivo del que nazco

disociado de todos mis compuestos

húmedo hebroso verdezco

 

Escribir en este momento sobre el trabajo que Alfonso D’Aquino y Forrest Gander han hecho en este libro encaja muy bien con su carácter intemporal. Aunque fue publicado hace tres años, los versos no pierden vigencia puesto que no se ciñen a modelos editoriales de mercado o temas coyunturales sino a una búsqueda temática que reafirma las aspiraciones literarias en ambos poetas, quienes durante tantos años han escrito e investigado sobre los mismos temas: la naturaleza que los rodea, las piedras, estrellas y las serpientes.

Pero también han llevado, junto con su amistad y las coincidencias temáticas una larga relación de traducción, ya sea por cuenta propia o con el apoyo del programa desarrollado por la US Poets in México, una organización que hace posible encuentros en los que poetas norteamericanos y mexicanos dan talleres, conferencias y trabajan en sus propios textos en lugares tan particulares como Xalapa o Tulum. Esta persistencia en el trabajo continuo nos permite tener poemas certeros, bien trabajados, sin ningún espacio a la improvisación. Son, como la planta que se riega con cuidado y paciencia para que llegado su momento florezcan alcanzando su mayor esplendor.

Respecto a la traducción de textos literarios nos podemos encontrar con posturas polarizadas aunque generalmente recae la idea negativa de trasladar un texto de un leguaje a otro. Okakuro Kakuzo en El libro del té se refiere a la traducción como una traición al original, la compara con el revés de un bordado: podemos ver el vestigio de los hilos pero no los colores ni el dibujo en su máximo esplendor. Entonces, para él, la traducción es sólo el revés del original y aun cuando sea extraordinaria siempre será más opaca que la primera.

Una visión menos pesimista se puede encontrar en «Movimiento de traslación: una conversación», dialogo textual publicado en la revista Tierra Adentro, en donde las también poetas y traductoras Robin Myers y Tedi López Mills hacen una interesante reflexión sobre sus experiencias personales en esta actividad literaria. Quisiera rescatar una opinión de la traductora Karen Emmerich citada por Robin Myers que se contrapone a la idea de pérdida y que me servirá como punto de partida para abordar el trabajo realizado por Gander en el libro de D’Aquino: “[…] en lo personal no considero que la traducción  sea de ninguna manera un acto violento o destructivo, y creo que hablar en esos términos muchas veces termina siendo ingenuo e insincero… Según lo veo yo, la noción de la traducción como daño o pérdida puede hacer daño en sí misma. Veo cada traducción como una ganancia: puedes ganar poco o mucho, pero siempre que se traduce una obra literaria, sales con más, no con menos’”. El trabajo realizado por Gander está lleno de estas ganancias.

En primera instancia, no se trata de una simple traslación gramatical de un lenguaje a otro. La poesía de D’Aquino tiene una musicalidad muy particular en donde confluye el ritmo de las rimas y el verso libre. Esto le da una personalidad propia dado que hace una verdadera transformación al lenguaje a nivel semántico, sonoro y gramatical. De la misma manera siempre hay una intención gráfica en la composición textual que corresponde con el significado del verso. Estos elementos pueden notarse desde los versos de «Acanto», con los que abre el libro:

 

No se mueve la estatua                                 The statue doesn´t

sino su sombra                                              but its shadow fits

que a lo largo del día                                      throughy the day

se hace redonda                                             making a circle

 

 

Va trazando una raya                                    It traces its own way

entre las piedras                                            acrosss the stones

y sus dedos alargan                                       fingering forward

la línea ciega                                                  along a blind edge

 

 

Por la luz que desciende                                The light slanting

sobre su espalda                                            over its shoulder

ha dorado las ramas                                       tints the branches

rojiza pátina                                                  with a reddish patina

 

Se trata de una urdimbre poética compleja, con varios niveles de trabajo que sólo un traductor conocedor de ciertas claves literarias puede descubrir. Leyendo las versiones en inglés, pareciera que Gander más allá de traducir el poema lo reconfigura para dotarlo de la mismas particularidades que lo hacen tan especial en el idioma español. El poder contar con una edición bilingüe nos permite identificar estas características que enriquecen considerablemente el trabajo de traducción y reconfiguración de los versos en inglés.

Si pensamos en la analogía de los bordados que usa Okakura Kakuzo para referirse a la traducción, lo que hace Gander es su interpretación del bordado lingüístico de D’Aquino con sus propios materiales. Así, ninguno es el revés del otro, sino dos poemas individuales que se hacen uno. Esto sólo puede ser posible gracias al conocimiento y sincronía que ambos poetas han logrado construir a lo largo de los años. Al final, como no sucede con otros libros bilingües de poesía, ambos autores han creado un volumen único que destaca por su cuidadosa construcción —tanto literaria como editorial— características que son muy difíciles de encontrar entre la avalancha de libros de poesía que se publican todos los días.

Pero, más allá del contenido o la forma, se trata de un libro vivo en sus imágenes, en su diseño y en su interacción con el lector. Un libro que no sólo se lee, sino que se ve y se siente. Un ejemplo del primer punto —el de ver— sería el poema «Esporas», en donde la intención gráfica de los versos se hace más evidente. En este sentido D’Aquino es un pintor lingüístico que aprovecha los recursos del diseño gráfico del poema para redoblar el significado y ubicar estas células lingüísticas dispersas en la hoja para que en su conjunto germinen en la mente del lector. Pero la vida en los libros de D’Aquino no sólo se da por lo que se ve, o se escucha sino por estimular una apreciación mucho más profunda del ejercicio poético, rastreando las raíces que lo conforman a través de una lectura cuidadosa, y sin prisas que nos permita apreciar cada una de sus distintas posibilidades. Dentro de esta línea podemos ubicar el poema «Zagreo», que retoma la figura del primer avatar dionisiaco relacionado con los cultos órficos vinculados con elementos naturales. Este ha sido un motivo constante en la obra de D’Aquino y en cada libro en el que lo coloca ofrece una nueva visión del dios griego.

La lectura de fungus skull eye wing  nos otorga la experiencia de entrever los misterios que se esconden entre los hongos, la tierra y el cuerpo. No es una experiencia única del yo poético, sino que invita al lector a ser parte de este descubrimiento. El lector debe ser activo, casi un detective interesado por reconocer las referencias culturales, o los términos científicos, o las características propias de un mineral. Sólo a través del conocimiento de estas claves del poema se puede alcanzar su plena valoración. Y, en todo caso ¿no es así como deberíamos vislumbrar todo lo que nos rodea? El gran acierto de este libro, más allá de una apreciación individualista de tal o cual fenómeno, está en el despliegue de las pequeñas maravillas que desde un destello nos invitan a revelarlas en el mundo con nuestra propia luz.

 

 

_________

Yeni Rueda López (Morelos, 1990). Narradora y editora de Revista Moria. Fue fundadora y co-organizadora de Lateralia|Festival de Edición Independiente en Morelos. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías y publicaciones periódicas así como en la plaquette Tres gotas de agua (Simiente, 2013).

 

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *