Surcando escalas de luz. Primera parte

Las relaciones que en distintas épocas, culturas y disciplinas se han encontrado entre lo grande y lo pequeño, lo observable y lo apenas imaginable, siguen siendo sorprendentes y en gran medida misteriosas. En esta serie de ensayos (de la cual publicamos la primera parte) se muestran los principios que cimentan la posibilidad de la cosmología como ciencia.

Mitología, palabra y ciencia[1]

 

Raúl Aceves

Gabriel Gómez López

Humberto Ortega Villaseñor

 

 

 Presentación

 

La idea de sumar esfuerzos de investigación se dice fácil, pero no lo es tanto. Implica colaborar exhaustivamente en torno a un objetivo común, aprovechando las capacidades y talentos de las personas involucradas sin distraerlas de aquellos temas y vocaciones individuales que resulten de su interés.

 Esto último ocurrió a los tres autores que firman este documento[2], quienes trabajaron en torno a una imagen-objetivo muy sencilla basada en el método de la complejidad: indagar y dirimir acerca de las relaciones que hay entre el macrocosmos y el microcosmos, cada autor desde su propia perspectiva. Este método abierto permitió ventilar incluso aspectos antagónicos, canalizando lo propio y lo complementario de cada aproximación hacia una unidad que a la vez se encontraba en cada parte.

Por esa razón, a pesar de las diferencias estilísticas y terminológicas, el lector notará que los tres ensayos que se presentan a continuación parecen no sólo dialogar entre sí, sino también gozar del don de la ubicuidad, esto es, de la capacidad para bastarse en sí mismos y luego entrecruzarse con los otros dos, como si los principios del pensamiento complejo (distinción, conjunción e implicación) estuviesen presentes en cada uno, haciendo plausible entonces pensar en una correspondencia armónica entre ellos como resultado.

Así, este procedimiento hizo posible abordar las cosmovisiones y los modelos míticos de los pueblos autóctonos que componen el mosaico pluricultural del orbe, a la vez de dar cuenta de  las nuevas propuestas de las ciencias cognitivas que intentan relacionar y sintetizar aportaciones físico-astronómicas en una visión integral del mundo y la realidad física.

En el presente siglo, la cosmología se ha constituido como una disciplina científica rigurosa y altamente racionalizada ligada estrechamente a la física teórica y a la astronomía. Por lo que no resulta extraño que pueda ser el objeto de estudio y la herramienta de aproximación del presente proyecto, en tanto que el objetivo de la cosmología moderna es precisamente la construcción de modelos de universo.

Los tres análisis en el fondo buscan hacer aproximaciones comparativas para ligar la mitología y las cosmovisiones con la cultura, el arte y la ciencia de nuestro tiempo, en una visión relacional, comparatista e interdisciplinaria. Las imágenes que ilustran el trabajo mantienen la misma tensión y correspondencias. Al final del ensayo aparece una nota explicativa sobre ellas.

 

 

I. Los mapas cósmicos

 

 Raúl Aceves

 

«Lo de arriba es como lo de abajo», reza un antiguo aforismo del Kybalión de la filosofía hermética. «El hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios», asegura la Biblia. El chamán tribal viaja en estado de trance entre el cielo y la tierra como intermediario de los seres humanos en sus tratos con los dioses o los ancestros, tal como lo describe la mitología de muchos pueblos primigenios. Por su parte la ciencia nos dice que el átomo es un microuniverso y que en los cromosomas está contenida toda la información genética necesaria para fabricar un ser vivo. La espiral perfecta del caracol obedece a las mismas leyes matemáticas que la espiral de las galaxias, y la Regla de oro de la geometría subyace a todas las creaciones de la naturaleza como un código sagrado.

«Brana de la undécima dimensión», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

«Pulsar de la nebulosa de viento», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

Las leyes que rigen el movimiento de los astros son las mismas que rigen los destinos humanos, es lo que afirma la astrología, antigua ciencia que proviene de los antiguos sumerios y caldeos y estudia las relaciones entre el macrocosmos estelar y el microcosmos terrenal. Por su parte, la magia escudriña en las correspondencias y analogías existentes entre diversos factores, como son los elementos, las direcciones, los colores, los días, los dioses o fuerzas naturales, las fases lunares, las plantas, los animales, los minerales, etc., para establecer nexos causales entre lo macro y lo micro y operar sobre dichas situaciones por medio de rituales y fórmulas mágicas. Las nuevas teorías científicas de vanguardia, como la de la Resonancia morfogenética, de Rupert Sheldrake, la Teoría holográfica, la Teoría de los fractales, la Teoría del campo unificado (derivada de la física cuántica) y otras más, se relacionan de alguna manera con este concepto clave del reflejo del macrocosmos en el microcosmos.

 Los místicos hindúes al hablar del concepto del atman como esencia espiritual del ser consciente individual, donde se refleja el Brahma o Gran Padre universal, nos dicen que el universo está contenido en el ser humano. El Árbol de la vida o Axis mundi que une a través de un eje vertical el cielo, la tierra y el inframundo se corresponde en el cuerpo humano con la cabeza, el tronco y las extremidades: el hombre es una metáfora del árbol y viceversa. Los poetas de todas las culturas han explotado hasta el cansancio el mecanismo de la prosopopeya, es decir, las metáforas y analogías que se desprenden de esta correspondencia entre el ser humano y el universo: se compara la belleza femenina con la belleza de la naturaleza, se habla de las cambiantes emociones como si se hablara de la climatología, y todos los seres se convierten en espejos de los demás. Con este recurso poético se humaniza el universo entero: la luna se convierte en mujer, el sol se transforma en rey, la lluvia se convierte en llanto, el mar se cubre con una piel nerviosa y las estrellas son ojos centelleantes. Al revés también funciona el mecanismo: los dientes se transforman en perlas preciosas, los labios en gajos frutales, los ojos en gemas preciosas y las manos en gacelas delicadas. Todo puede ser metáfora de todo en esta galería de espejos infinitos, en este universo autorreflejante que convierte la identidad en un juego interactivo, más que en definiciones aisladas del conjunto.

El ser nace de la interacción con los demás seres, y Dios, el ser esencial, existe en la medida en que interactúa consigo mismo y con los demás seres emanados de su actividad creadora. Sin adentrarnos más en los escabrosos territorios de la teología y la filosofía gnóstica, tan solo quisiera retornar al punto de partida: el ser vivo es el que se mueve e interactúa con el resto de la creación, de lo contrario estaría muerto o no manifestado y oculto. El juego interactivo entre lo macro y lo micro es el propio juego de la conciencia, que se da cuenta al mismo tiempo de su mismidad, es decir, de su ser individual, y de la otredad, es decir, del campo universal de la realidad, la cancha de pelota donde los dioses y los hombres ponen a jugar las fuerzas o energías que deciden los destinos, o sea, los resultados de las acciones.

Entre los mesoamericanos el juego de pelota era una metáfora del juego cósmico en el que participaban tanto los jugadores astrales, los dioses o astros, como los jugadores terrenales, los hombres: de nuevo aquí vemos la interacción del macrocosmos y el microcosmos. Otra metáfora esculpida en piedra basáltica es el Calendario azteca o Piedra del Sol, donde se registra tanto el tiempo mítico de los dioses-astros como el tiempo histórico de los destinos humanos. Y en el plano urbanístico-arquitectónico de la ciudad de Teotihuacan vemos la reproducción del mapa de la Vía Láctea a lo largo de la Calzada de los Muertos.

Decían los antiguos que había que observar el cielo para saber lo que ocurría en la Tierra, y los filósofos decían que el cielo interior era el espíritu y la tierra era el propio cuerpo. Los alquimistas usaban símbolos metálicos (mercurio, plata, plomo, oro), químicos (sal, azufre) y astrológicos para referirse a los misteriosos procesos de transmutación interior de la energía vital, que purificaban a partir del estado más denso y terrenal, el plomo, hasta llegar al estado más etéreo y espiritual, el oro. Los poetas realizan una transmutación parecida al operar alquímicamente sobre la materia densa de las palabras hasta convertirla en materia espiritualizada.

Interacción, reflejo, metáfora, transmutación son algunos de los procesos que ocurren entre los campos del macrocosmos y el microcosmos. Así como hay un DNA o código genético biológico, ¿habrá también un código genético de la psique?, ¿y un código genético de las culturas?, ¿y un código que relacione lo micro y lo macro a nivel universal?, ¿y un código que unifique a todos los campos del conocimiento? Por lo pronto ya existen algunos códigos simbólicos que pretenden dar respuestas, a nivel macro y micro, a muchas de estas preguntas fundamentales: el I Ching chino, la Cábala hebrea, el Tarot o Libro de Totegipcio, las Runas céltico-nórdicas, el Tzolkin maya, el Tonalpohualli tolteca-mexica, y otros.

«Fundación del espacio cuántico», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

«El árbol de la materia universal», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

Los calendarios sagrados, como el Tzolkin maya o el Tonalamatl mexica son al mismo tiempo mapas cósmicos del tiempo mítico y del tiempo histórico, del tiempo celeste y del tiempo terrestre, dividido en grandes eras o edades universales, que luego se subdividen en períodos más pequeños, hasta llegar a la unidad básica que es el día (kin, en maya). Ciclos dentro de otros ciclos. Como un inmenso estanque de olas concéntricas, el tiempo se despliega a partir de un centro u origen simbolizado por la semilla o por la mágica cifra cero, el huevo cósmico. A este origen los mayas le llaman Hunab Ku, los toltecas-mexicas Ometeotl, los cristianos Dios, y los científicos Big Bang. Los mapas cósmicos también se refieren al espacio sagrado, representado simbólicamente por las cuatro direcciones o rumbos del universo y el centro, ombligo o eje del mundo, que sirve para unir verticalmente los diversos niveles o dimensiones de la realidad manifestada: los trece cielos, la tierra, y los nueve  niveles del inframundo, según la tradición mesoamericana.

Estos mapas cósmicos no sólo describen el tiempo y el espacio universal, sino que también sirven de mapas para el viaje espiritual a través de los diferentes niveles o dimensiones de la realidad creada, como lo atestigua el viaje extático de los chamanes y místicos de muchas culturas. No sólo hacen falta mapas para viajar por la realidad conocida, también por la desconocida, y esos mapas existen. Las cifras y los nombres de los días, a través de sus diversas combinaciones, simbolizan las cambiantes energías universales actuando sobre puntos específicos de las coordenadas del tiempo y el espacio; porque el universo también puede representarse matemáticamente como un campo de fuerzas y coordenadas en el cual se mueve y se transforma el espíritu humano al trazar la trayectoria de su viaje por el universo.

Estos códigos son esotéricos porque pretenden revelar lo oculto del cielo y de la tierra, así como el código genético de la vida fue algo totalmente esotérico hasta que el avance de la tecnología científica permitió finalmente el desciframiento del DNA. ¿Algún día avanzará también la ciencia y la tecnología espiritual lo suficiente, de manera que puedan descifrarse los códigos ocultos de la conciencia y de sus productos? La psicología de las profundidades o psicoanálisis se ha aventurado a descifrar este código oculto de la conciencia a través del lenguaje de los símbolos en muchos contextos: los sueños, los síntomas, los complejos, los mitos, los cuentos de hadas, la alquimia, etc. De Freud a Jung, de Fromm a Lacan, el intento ha sido el mismo: descifrar el simbolismo de la conducta y de la conciencia, tanto a nivel individual como colectivo. Es difícil decir si ya lograron llegar al fondo del asunto, o si crearon una Babel de teorías e interpretaciones que complicaron más el tema. Esta «gramática del símbolo» la han buscado también los lingüistas, los semióticos, los estudiosos de los mitos y las religiones, los críticos literarios, los filósofos, etc., y parece difícil que algún día lleguen a ponerse de acuerdo. Sin embargo persiste la esperanza de llegar alguna vez a descifrar este código oculto de la conciencia o espíritu humano, este lenguaje adámico de las culturas que encontraba en el microcosmos el reflejo perfecto del macrocosmos.

 

 

 

II. La tentativa de los físicos matemáticos: los macro-micro modelos

 

Humberto Ortega Villaseñor

 

La esencia de todo problema en torno a modelos de universo parece ser la necesidad de contar con una estricta formulación y aplicación del principio cosmológico al nivel conceptual cuando se están deduciendo las leyes, y simultáneamente, tener que explicar, por el mismo principio, el comportamiento de la totalidad de la materia, del espacio y del tiempo. En otras palabras, hemos de descubrir un modo consecuente de relajar la formulación, al describir el mundo tal como lo observamos.

Dickson, 1968 : 302

             

La Teoría de la relatividad de Einstein es la tentativa más acabada de modelo de universo que se ha producido hasta la fecha: «si suponemos que la luz se mueve a velocidad constante sea cual sea el movimiento de su punto de origen, ¿cuáles serían las consecuencias?» (Einstein, citado por Asimov, 1959: 125).

 

«En torno a la mecánica cuántica», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

«Mecánica de le conciencia», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sintetiza Asimov:

Las consecuencias las expuso Einstein con ayuda de unas matemáticas claras y directas.  Según él, no podía existir movimiento absoluto, ni falta absoluta de movimiento.  La Tierra se mueve de una cierta manera al comparar su posición espacial con la del sol; de otra distinta, al compararla con la posición de Marte, pongamos por caso.  Es más, al medir longitudes, masas o incluso tiempos, el movimiento relativo entre el objeto medido y el observador que mide, influye en los resultados de la comparación (Asimov : 126).

Materia y energía –dijo Einstein– son aspectos diferentes de la misma cosa.

La materia se puede convertir en energía y la energía en materia.  Lo que sucede con la radioactividad es que un trozo diminuto de materia convertida es tan pequeño, que no puede pesarse con los métodos corrientes. En cambio, la energía creada por ese trocito de materia es lo bastante grande para detectarla. En 1915 [Einstein] publicó un artículo que ampliaba sus teorías y exponía nuevas ideas acerca de la gravitación. Las teorías de Newton, según él, no eran suficientemente precisas y la imprecisión se ponía claramente de manifiesto en la vecindad inmediata de grandes masas, como la del Sol… Los rayos luminosos al pasar cerca del sol se apartarían de su trayectoria rectilínea.  El eclipse de 1919 demostró que la predicción era correcta… ( Asimov : 126).

Sin embargo, la Teoría de la relatividad es cierta bajo ciertas condiciones de operación del universo, que son las más estables. El mismo Einstein reconocería parte de las deficiencias del modelo al aceptar cómo las formas absolutas fueron superadas por medio de un campo o fondo dinámico, no homogéneo:

La victoria sobre el concepto de espacio absoluto o sobre el de sistema inercial sólo fue posible porque el concepto del objeto material gradualmente fue reemplazado como concepto fundamental de la física por el del campo. Bajo la influencia de las ideas de Faraday y de Maxwell, se desarrolló la noción de que toda la realidad física tal vez podría ser representada como un campo cuyos componentes dependían de cuatro parámetros de espacio-tiempo. Si las leyes de este campo están en covariante general, es decir, si no dependen de una elección particular de sistema coordinado, entonces ya no es necesaria la introducción de un espacio independiente (absoluto). Lo que constituye el carácter espacial de la realidad, es entonces, simplemente, la cuadrimensionalidad del campo. No hay espacio vacío, es decir, no hay espacio sin campo (Einstein, 1969)[3].

La moderna teoría del campo recorrería un largo camino. «Aunque hoy un campo, a primera vista, parece una pura abstracción, la teoría funciona asombrosamente bien, sobre la base de que lo que es matemáticamente posible también puede ser físicamente posible, y lo que es físicamente posible por lo general ocurre» (Dickson, 322).

La relación matemática entre las partes de ese universo serían parcialmente definidas por las teorías del caos, de los fractales y el paradigma holográfico cuyos modelos físicos también resultaron, a la larga, parciales: cada parte del mundo es definida no por su separación respecto de otras partes, sino por su resonancia con relación al todo, siendo el nudo gordiano de la materia, la repetitividad de sí misma (Oliver, 1992 : 212, 220 y 224).

Sin embargo, el matemático-filósofo James York en su legendario análisis Period Three implies Chaos (que proporciona a la ciencia del caos su nombre) comprobó que cualquier ecuación consistente en un único parámetro y ciclo intercambiable entre los tres estados en cualquier punto necesariamente produciría ciclos de cualquier posible tamaño y longitud y un comportamiento completamente caótico. Con lo cual, demuestra que los mismos procesos iterativos que forman las figuras autorreflejadas de la naturaleza resultan impredecibles y no se pueden controlar (Oliver, 200, 224).

Hasta hace muy poco habíamos usado la línea como cimiento para entender el universo. La Ciencia del caos utiliza una geometría diferente llamada fractales (término del modelo acuñado por Benoit Mandelbrot (1982), basado en un principio básico consistente en que cada parte de un fragmento se parece al todo en el que reside.   Algunos sistemas de esta geometría son mas autorreflejables que otros, posiblemente porque «las fuerzas que dan forma o figura a la totalidad se parecen a las fuerzas que dan forma o figura a una simple curva»… por ende, «un sistema se verá más autoreflejable cuando iguales fuerzas actúen a muchos niveles de la escala»… No obstante ello, se reconoce… «que en los sistemas naturales, la estructura del sistema en su totalidad está reflejada en cada una de sus partes…» (Oliver, XX y 224)[4].

Del estudio de la forma en que operan los átomos, surgiría la Teoría de los cuanta, que intenta contestar  parte de lo que quedó sin resolver de la Teoría de la relatividad, mediante el estudio de los puntos que viajan al pasado y que salen del campo de la electricidad.

El concepto de campo de información cuántica ha sido introducido por Bohm (1975) en conjunción con la ecuación de onda de Schrödinger.  Al igual que los campos «no maxwellianos», estos campos de quanta poseen propiedades no comunes (por ejemplo, acciones a distancia que no son locales). Así, resulta claro que los físicos contemporáneos tienen muchas teorías elaboradas, y algunos datos experimentales que soportan la hipótesis de los campos de quanta como diferentes de los campos de fuerza y campos potenciales clásicos (Rein, 1998 : 22)[5].

«Colisión de neutrinos», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

«Mirabilis, estrella de neutrones», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

 

 

 

Sin embargo, aparentemente, estos planteamientos no han podido determinar las causas ni dar explicaciones de por qué los átomos salen del campo y viajan a una velocidad más rápida que la velocidad de la luz, rompiendo la barrera del tiempo:

La imposibilidad de una localización exacta en combinación con la determinación del impulso y el interrelacionado carácter dualista onda-partícula puede interpretarse como un desafío que pidiera una revisión crítica de las concepciones aceptadas de espacio y de tiempo. En su análisis de las transiciones electrónicas entre estados estacionarios dentro del átomo, Niels Bohr ya dijo que tales procesos «trascendían el marco del espacio y del tiempo» (Jammer, 186)[6].

Esto ha impedido a los físicos de frontera trasladar avances a la escala macro, es decir a los modelos de universo, desaprovechando los aportes de otros campos disciplinares que evidencian cambios abruptos de operación de las condiciones del universo que definitivamente alteran sus leyes en períodos muy largos de tiempo (por ejemplo, crestas pronunciadas que registra la geología, la paleontología, la etología, la geografía, la meteorología, la economía, la propia historia, etc.).

Falta también articular en sentido contrario, es decir, lo micro a partir de los avances del conocimiento de la dimensión macro y reconocer algo muy simple y que forma parte de la propia sustancia de las cosas: los hoyos negros, en que cesa el movimiento y en los que, sin embargo, hay materia prendida. Si existe materia a nivel atómico, es lógico pensar que, por principio de dualidad, exista también antimateria, entendiendo con ello que es factible la existencia de luz sin que se produzca velocidad. Si hay movimiento a nivel atómico, tiene que existir el no-movimiento, sólo que, por razones obvias, este último resultará imperceptible.

Hay una peculiar pregunta que se presenta sea cual sea el origen de la materia que se decida adoptar; es el problema de la anti-materia, en que se invierten los signos de las cargas eléctricas. Los anti-protones tienen carga negativa, y los anti-electrones (positrones) tienen carga positiva. En todos los demás aspectos, la antimateria es exactamente como la materia y, desde cierta distancia, no hay modo de saber cuál es cuál: por lo que sabemos, la galaxia de Andrómeda bien podría estar hecha de antimateria. Quizás el cruzamiento que logra McCrea pueda adaptarse para que nos conduzca a unas regiones de materia y antimateria distribuidas más o menos uniformemente por el universo (Dickson, 323, 324).

Los planteamientos de frontera no llegan a articular que las categorías de tiempo y luz como elementos del mismo ente, formados de la misma cosa; pero que esa cosa no es sino otro modo de operar las condiciones macro y micro-universales en conjunto.

La creación de materia a partir de la nada ha causado más antagonismos que todos los otros problemas juntos, y ha sido tildado de recurso a la magia. Si hemos de considerar mágico todo lo observable de lo que no se conoce ninguna explicación científica, entonces a largo plazo la existencia de la materia es mágica en todas las teorías (Dickson, 324)  (….) No se está hablando de algún proceso de conversión, ni de creación a partir del caos, ni a partir de campos, ni a partir de energía, sino simplemente, a partir de nada.  Es éste un proceso del cual no puede la ciencia ofrecer ninguna explicación. Para una explicación, una causa, habremos de buscar en otras partes, que no en la ciencia (325).

En realidad, muchos esfuerzos hechos –incluyendo los del propio Einstein– han sido insuficientes para combinar la relatividad general con las teorías del caos, de los fractales y los quanta desde el punto de vista físico, resultando un dilema infranqueable que parece presentar descubrimientos y aportaciones macrocósmicas que no concuerdan con los descubrimientos y aportaciones microfísicas. Esta situación persiste a principios del presente milenio[7]. Si a esto añadimos los avances producidos en la biología molecular y las llamadas neurociencias, que podrían hacernos pensar que nos acercamos a un modelo más o menos articulado y dinámico, el panorama resulta todavía más disperso [8].

El problema reside, por una parte, en la estrechez de las herramientas y grado de especialización de los diversos planteamientos que se afanan por estudiar al objeto, en este caso, al universo. Esto ha llevado al abordaje del objeto segregado del entorno mayor y al ensamblaje por separado de lo micro y lo macro. Por la otra, las propias limitaciones del instrumento de percepción en cuanto a tiempo: el método científico basado en una cognición y racionalidad secuenciales (de hemisferio cerebral izquierdo), que requiere sujetar la complejidad de la realidad a causas eficientes[9], dejando fuera aquellos aspectos de orden natural que podrían colegirla como Ser en movimiento, como ente vivo y finito. Se trata de avances muy importantes, pero de hemisferio izquierdo, siendo que el hemisferio izquierdo adolece, en su forma de operar, de la imposibilidad de integrar la totalidad del modelo.

 

«Tierna fusión nuclear», (60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

«Semilla de la estrella enana», 60 x 40 cm), técnica mixta sobre papel amate, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante la calidad de los exponentes y las contribuciones que hemos revisado, tenemos que concluir por lo pronto que la naturaleza y sus leyes no han podido ser explicados como un todo integrado e interactuante por la ciencia de nuestros días. La camisa de fuerza que pende sobre la propia posición del investigador, que mira desde su particular punto de vista, y la insuficiencia del instrumento de análisis, que impide a los diversos edificios reflejar al ser en sus distintas expresiones dimensionales y temporales, son dilemas de conocimiento todavía por resolver al primer decenio de este siglo XXI. Cabe reconocer, sin embargo, que dichos modelos han resultado ser fragmentos que parecen acercarse a la realidad práctica de un viejísimo paradigma de la naturaleza: el llamado Número phi, paradigma que fuera hilvanado por numerosas tradiciones civilizatorias de la Antigüedad y que ha sido corroborado por contribuciones específicas de físicos, matemáticos y astrónomos de épocas más recientes.

Bien observa Vico respecto del axioma 2 de Platón:

122)  Es otra propiedad del espíritu humano que cada vez que el hombre no puede formarse una idea de cosas distantes y desconocidas, las juzga por lo que le es familiar y tiene a la mano. 123)  Este axioma señala la fuente inagotable de todos los errores acerca de los comienzos de la humanidad que han sido aceptados por naciones enteras y por todos los sabios (Platón, 54)[10].

 

 

Bibliografía

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___________, El Libro de Citas sobre Ciencia y Naturaleza, Assimov y Shulman (ed.), Lasser Press Mexicana, México, D.F., c1988, 1989.

Brante, Thomas; Fuller, Steve & Lynch William (ed.), Controversial Science: From Content to Contention, State University of New York Press, NY, 1993.

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Dickson, F.P., La Bóveda de la Noche, Fondo de Cultura Económica, México, c1968, 1975.

Einstein Albert, prólogo a Concepts of  Space, The History of Theories of Space in Physics, de Max Jammer, 2ª ed, Harvard University Press, Cambridge, 1969.

Feuer Lewis S., Einstein and the Generations of Science, Basic Books, Nueva York, 1974.

Ghyka Matila, Estética de las Proporciones en la Naturaleza y en las Artes,  Poseidón, Buenos Aires, c1953.

Gillies, Donald, Philosophy of Science in the Twentieth Century; four central themes, Blackwell, Oxford, c1993.

Granew, Peter, «Is Dead Matter Aware of its Environment?», en Frontier Perspectives, vol. 7, n°1, Fall/Winter, 1998.

Oliver, Dick, Fractal Vision: Put Fractals to Work for You, Sams Publishing, Carmel, Indiana, c1992.

Platón, La República, Libro VII.

McLuhan Eric & Marshall, en Leyes de los Medios, La Nueva Ciencia, Alianza Editorial Mexicana, México, c1990.

Mukhopadhyay, A.K., Some Reflections on «’Quo vadis Quantum Mechanics?’ Extending science further! Let us see where?», en Frontier Perspectives, vol.15, n°1, Spring/Summer, 2006, p. 12.

Nicolis Grégoire & Prigonine Ilya,  Exploring Complexity, 1989.

Rein Glen, «Biological Effects on Quantum Fields and Their Role in the Natural Healing Process», en Frontier Perspectives, vol.7, n°1, Fall/Winter 1998.

 

NOTAS

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[1] Este ensayo es un avance de investigación de dos proyectos colegiados que fueron registrados en el Programa de Mejoramiento del Profesorado de la Secretaría de Educación Pública de México (PROMEP), en agosto de 2010: “Literatura, géneros y otras expresiones del arte” y “Mitología y cosmovisiones: aproximaciones comparativas a la Literatura y la cultura”.  Dichos proyectos forman parte de tres líneas de generación o aplicación innovadora del conocimiento (LGAC) a cargo del Cuerpo Académico de Estudios Literarios del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara: Literatura y otras disciplinas, Literatura, cultura e identidad y Literatura, géneros y creación.

[2] Los autores son miembros del Cuerpo Académico de Estudios Literarios antes mencionado.

[3] Albert Einstein, en su prólogo a Concepts of  Space, The History of Theories of Space in Physics, de Max Jammer, 2ª ed., Harvard University Press, Cambridge, 1969, citado por McLuhan Eric & Marshall, en Leyes de los Medios, La Nueva Ciencia, Alianza Editorial Mexicana, México, c1990, p.52.

[4] Ver también a Grégoire Nicolis & Ilya Prigonine en Exploring Complexity, 1989, (citados por el propio Oliver, p. 190)… «Las leyes reversibles y deterministas que describen las interacciones elementales probablemente no estén narrando toda la verdad.  Esto nos conduce hacia una nueva visión de la materia, una que no es pasiva, como la descrita por la visión del mundo mecánico, pero que está asociada a la actividad espontánea (sic)»… «Este cambio es tan profundo, que nosotros creemos que podemos verdaderamente hablar de un nuevo diálogo del hombre con la naturaleza».

[5] Como explica McLuhan  (55),  «Max Planck, Warner Heisenberg y Louis de Broglie introdujeron nuevos componentes del espacio acústico en la física con las nociones de quanta, indeterminación, resonancia y mecánica ondulatoria. Heisenberg simplificó la presentación general de la mecánica cuántica, abandonando el principio de continuidad en la geometría riemanniana o euclidiana, e introdujo la sugestión de la longitud más corta para enfrentarse a ciertas dificultades de la electrodinámica cuántica».

[6] Granew se cuestiona sobre este tenor, “¿Qué debemos entender por dilatación del tiempo?  ¿Cómo es posible que protones alejados unos de otros puedan correlacionar sus acciones adhiriéndose a los límites de velocidad de comunicación de la observador arbitrario?” (1998 : 50).

[7] Para corroborarlo se sugiere consultar el singular diagnóstico que hace el investigador hindú A.K. Mukhopadhyay sobre el estado de la cuestión en el caso de la física cuántica.

La mecánica cuántica es la más exitosa teoría del siglo veinte. Sin embargo, por sí misma es incapaz de acomodar la paradoja de las probabilidades y el determinismo de la naturaleza. A dicha teoría le urgen ‘ventanas’ para evitar que se sofoque, ya que, como lo ha admitido el mismo Heisenberg, es una teoría de sistema cerrado (…) El problema superficial consiste en determinar cómo los fenómenos cuánticos microscópicos se encuentran relacionados con la emergencia de la realidad macroscópica y cómo es que la realidad microscópica emerge de las realidades sub-cuánticas o sub-microscópicas. Los problemas más profundos están de alguna manera vinculados con la apertura de este dominio o campo a realidades más profundas  (2006 : 12).

[8] La conciencia no es solamente neurocéntrica, sino que además es independiente de las neuronas.  La conciencia reside en donde no pueden detectarse neuronas.  La conciencia ciertamente puede ser algo más allá del cerebro. Puede citarse evidencia de ello en los neurofenomenología (p.e., experiencias fuera de cuerpo, autoscopía, etc.) y en la conducta neuronal (p.e., amor, altruismo, búsqueda desinteresada por la verdad).  La conciencia supracortical como conciencia del ser es la piedra angular de una experiencia estable de la conciencia independiente del cerebro por una conciencia cerebral que es atrapada por los medios de la propia conciencia (…) La existencia de la conciencia supracortical nulifica la consideración de que no hay nada por encima o fuera de la corteza cerebral (Mukhopadhyay, 17).

[9] Mario Bunge lo explica así: «La aristotélica enseñanza de las causas duró en la cultura oficial de Occidente hasta el Renacimiento. Al nacer la ciencia moderna, fueron echadas de lado las causas formales y finales, por considerarse que estaban más allá del alcance del experimento, y las causas materiales se dieron por sentadas en conexión de todos los acontecimientos naturales, aunque con un significado definitivamente no aristotélico» (citado por Eric McLuhan, 62).

[10] Platón, La República, Libro VII, p. 54, citado por McLuhan, Eric, op.cit., p. 97.

Nota acerca de las imágenes que ilustran esta tríada ensayística

La pequeña muestra pictórica que ilustra este esfuerzo colectivo de investigación está compuesta por nueve pares de cuadros abstractos que buscan celebrar la liga entre lo divino y lo humano presente en la mitología, el arte y la ciencia. Por esa razón, el criterio de partición de planos, diseño y gradación cromática de cada pareja de pinturas está resuelto en sección áurea, número fi o divina proporción. Fórmula que resulta ser una bella y elegante relación geométrico-matemática capaz de sintetizar las leyes que rigen los aspectos de proporcionalidad, ritmo e invariabilidad que manifiestan por igual todos los seres (animados e inanimados) en su crecimiento, es decir, toda la materia en evolución.

Este conocimiento llegó a constituir un saber profundo e integrador de la realidad en diversas civilizaciones de la Antigüedad, como lo prueban testimonios culturales de importancia mayúscula en el campo de la arquitectura, escultura, pintura, música, poesía y artes escénicas de muchos pueblos a lo largo de los siglos. Sin embargo, con el paso del tiempo dicho saber caería en desuso, convirtiéndose en un tema marginal o secundario propio de la historia del arte o de la estética.

Estamos convencidos de que la sección áurea no sólo debe recuperar su filiación en el mundo del arte, la mitología o la simbología, sino que también debe ocupar un sitio crucial en el orden científico de nuestros días para subsanar las inconsistencias de campos de conocimiento desligados a la fecha, como pueden serlo la astronomía y la física. Como hemos visto, los descubrimientos logrados por ambas líneas investigativas de frontera son notables, pero buscan explicar la realidad desde su propia perspectiva, dando lugar a contribuciones parciales o fragmentarias, precisamente por no coincidir los eventos que tienen lugar a nivel cósmico con las aportaciones teóricas microfísicas.

La sección áurea es entonces un puente, un eje articulador. Razón por la cual, las unidades de cada serie de imágenes representan un evento cósmico específico que se liga a otro de carácter subatómico. A pesar de producirse en diferentes dimensiones o escalas de la realidad macro y micro, dichas imágenes resultan parecidas o complementarias entre sí, dado que son un vínculo que entrecruza los diversos lenguajes, tratamientos y contenidos de los tres ensayos presentados.

Las 18 obras originales miden 60 x 40 centímetros y fueron pintadas en técnica mixta a espátula sobre papel amate hecho a mano por Humberto Ortega Villaseñor en el año 2010.  Fueron exhibidas bajo el título Paradojas  del Multi-verso en la Galería Célica de la ciudad de Ljubljana, Eslovenia, durante el Séptimo Festival Internacional de Literatura, Arte, Cultura y Ediciones “Review within Review”, evento internacional realizado del 21 al 27 de septiembre de 2010, en diversos recintos del circuito histórico Skocjan-Ljubljana-Sezana-Trst-Trieste, República de Eslovenia e Italia.

 

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

  1. La noción de escala ha sido profundizada en mis libros “Escalas de la Realidad” y “Escalas cooperantes: unidad de lo micro, lo meso y lo macro.” Ambos se basan en investigaciones sobre la percepción visual, el color y el movimiento, que expongo en mi libro De la Visión al conocimiento. Los tres están en venta en internet. También he publicado muchos artículos que si lo desean los puedo enviar por este medio.
    Cordialmente
    Dardo Bardier

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