Sueño de Anábasis

El sueño es una de las actividades mentales que más intrigan al ser humano. Con datos científicos, obras literarias y autores de diversas ramas del conocimiento, Elizabeth Arriaga analiza las diferentes facetas del sueño.

El sueño es una de las actividades mentales que más intrigan al ser humano. Con datos científicos, obras literarias y autores de diversas ramas del conocimiento, Elizabeth Arriaga analiza las diferentes facetas del sueño.

Elizabeth Arriaga


Todas las religiones, artes y ciencias son ramas del mismo árbol. Todas esas aspiraciones están encaminadas a ennoblecer la vida del hombre, elevándolo de la esfera de la mera existencia física y llevándolo hacia la libertad.

Albert Einstein

La obra de Sor Juana Inés de la Cruz se sustenta en su amor al conocimiento, como lo señala Octavio Paz en Las Trampas de la Fe. Sin embargo, en ese contexto histórico-social, el conocimiento fue percibido como lujuria, dicho por Umberto Eco en El nombre de la rosa.

Primero Sueño es la composición poética de mayor complejidad creada en el barroco español. Semejante a La Divina Comedia engloba el conocimiento de la época por medio de un sueño de anábasis; empero, tiene la característica singular de prescindir de guías espirituales, deja al alma sola en la compleja vastedad del universo como la que animó a Sor Juana.

Debido a esta exploración de las múltiples áreas del conocimiento –como a la travesía per se–, Primero Sueño se ha analizado desde las diversas perspectivas que comprende: a) es un prisma semiótico que refleja y refracta el espectro de luz que incide sobre él. Para los inquisidores y sus adláteres tuvo la generosidad de presentar el fenómeno de difracción, practicó el arte de la aberración; b) desde un punto de vista físico, sabía que los observadores fijos para cada sistema de referencia diferían en la medida del ángulo de la dirección de propagación, debía inclinar el paraguas para no empaparse si corría bajo la lluvia.

Sor Juana Inés de la Cruz aprendió ambos, arte y ciencia, desde la infancia y los mejoró al desenvolverse en un ambiente intrincado como fue la Corte Virreinal.

Su ciencia médica venía, en realidad, de la filosofía y la teología[1]

En el capítulo que Paz dedica a Primero Sueño, menciona la relación entre el silencio y el reposo con la actividad espiritual –tanto en vigilia como en el sueño–. El Oficio de Tinieblas de la liturgia católica explota nuestras atávicas fuerzas generadas en el encéfalo que inhiben y excitan en lato sensu.

«El sueño se define como un estado de inconsciencia del cual la persona puede ser despertada por estímulos sensoriales o de otro tipo»[2]. En este sentido, la fisiología del sueño establece una diferencia significativa con el coma, ya que en este último los estímulos no alteran la inconsciencia.

El sueño, a su vez, puede ser de dos tipos:

a) de ondas lentas que nos permite el reposo pleno del cuerpo al disminuir las funciones vegetativas del organismo –como la tensión arterial, la frecuencia respiratoria y cardíaca–; sin embargo, el mundo onírico está presente, pero debido al modo de reserva éste no deja impronta en la memoria; por ejemplo, en algunas ocasiones no escuchamos el despertador ya que estamos en una fase de ondas lentas y la respuesta a los estímulos sensoriales es menor;

b) de movimientos oculares rápidos (Rapid Eye Movement, REM) también conocido como sueño paradójico porque el tono muscular está muy disminuido como consecuencia de la potente inhibición de las zonas excitadoras del tronco encefálico, en tanto que el encéfalo está muy activo; incluso, el metabolismo cerebral general puede incrementarse en un 20 por ciento, es decir, es una paradoja la coexistencia de una intensa actividad interna con el reposo externo y sueño desincronizado, debido a que existe una falta de sincronía entre las descargas neuronales a pesar del incremento de su actividad. Cuando el despertar es espontáneo nos encontramos en una fase de sueño REM (estos períodos se incrementan de forma directamente proporcional al tiempo de sueño).

Sin embargo, hasta ahora no se ha dilucidado completamente el por qué o cómo ambas fases del sueño dan paso una a otra –como las hermanas día y noche en uno de los acertijos planteados por la Esfinge­–, ni se ha explicado por entero el ciclo sueño-vigilia. Al contrario, se han identificado áreas neuronales, neurotransmisores y mecanismos implicados, pero no la primera causa, el natural beleño, como lo denomina Sor Juana. La mención del beleño es frecuente en la literatura barroca: De violas, beleño y dormidera de Jerónimo de Lomas Cantoral; Góngora con Rumiar beleños; en Libro del buen amor de Arcipreste de Hita, etcétera.

El uso de Hyoscyamus niger (beleño negro) fue muy difundido en la época medieval por las propiedades farmacológicas de su principal alcaloide, la escopolamina, que a dosis terapéuticas actúa como depresor del sistema nervioso central (somnolencia, amnesia, fatiga y, paradójicamente, incapacidad de ensoñación a través de la reducción de las fases REM[3]). No obstante, a dosis mayores puede producir los efectos contrarios (excitación, inquietud, alucinaciones o delirios). Actualmente se utiliza en forma de parche transdérmico para prevenir la cinetosis, mal del viajero (mareo, náuseas y vómitos por movimiento).

No se conoce exactamente el papel que desempeña el sueño, pero sí se aprecian los efectos de su privación –una persona puede volverse irritable o incluso desarrollar psicosis tras un periodo de vigilia prolongado–. Cuando no existe un adecuado aporte de oxígeno al cerebro durante el sueño por causas mecánicas (por obstrucción al flujo de aire en la faringe), como en el síndrome de apnea obstructiva del sueño (presente generalmente en personas obesas), se manifiestan síntomas como: dolor de cabeza, somnolencia, alteración de la concentración, disminución de la libido, inclusive depresión.

El sueño continúa siendo la ruina de los cadmeos planteando enigmas de los que muchos se apartan –como respuesta a nuestro límbico impulso dicotómico: huir/pelear–, buscando refugio en la cueva de Platón, como el viajero plasmado por Jean-Auguste-Dominique Ingres en Edipo y la Esfinge. La pregunta es: ¿Vivimos en la apariencia de las esencias? El mundo de las ideas parece reflejarse en la película de nuestra vida en las ensoñaciones, en La ciencia del sueño de Jean-Luc Godard.

La actividad excesiva no controlada de una parte del sistema nervioso puede producir un proceso dominó, como se aprecia en las personas con la excitabilidad del sistema nervioso alterada (epilepsia) donde los estímulos emocionales y sensoriales (ruido, luz) intensos pueden desencadenar una crisis (proceso descrito de forma exquisita por Dostoevsky en El idiota).

Los efectos perceptibles surgen según la zona cerebral afectada, y son: las epilepsias focales que no suelen ser tan espectaculares como la de gran mal (la asociada comúnmente al término epilepsia, con crisis tónico-clónicas, convulsiones) y en muchas ocasiones sólo se aprecian con una observación meticulosa (breves períodos de amnesia, ataques de furia o ansiedad repentina, un momento de habla incoherente o repetición de una palabra, un tic).

Ahora bien, las alteraciones de los ciclos sueño-vigilia que se aprecian en personas que sufren depresión (insomnio –agravado por las preocupaciones reiterativas–, e hipersomnia, como forma de evasión de la realidad) están relacionadas con la actividad anómala neuronal mediada por neurotransmisores como la serotonina y la norepinefrina.  Además, dado que existe un sistema nervioso entérico (intestinal) con el mismo origen embriológico que el sistema nervioso central, los trastornos psíquicos afectan el funcionamiento del sistema digestivo.

El dualismo de Descartes acerca de la máquina corporal y la razón (señalado también por Paz y en el análisis Las máquinas animales de Descartes de José Gaos), el funcionamiento en paralelo de cuerpo y espíritu formulado por Gottfried Leibniz, el monismo materialista de Baruch de Espinoza, son caminos recorridos en la búsqueda de explicar la interacción entre las redes neuronales y los pensamientos.

Jean Piaget consideró que nuestras primeras actividades mentales infantiles eran puramente sensoriomotoras, es decir, sin capacidad de abstracción (un alma meramente sensible, en términos platónicos, retomados por Giordano Bruno). Las neurociencias no consideraban la experiencia consciente de forma místico-contemplativa, como la filosofía. Sin embargo, estudios clínicos recientes han avivado el debate entre cuerpo y alma-espíritu; por ejemplo, a través del papel de la actividad de la unión parietal temporal del hemisferio derecho en la elaboración de juicios morales y la alteración de éstos por medio de estimulación magnética transcraneal[4], o la correlación entre noción de autotrascendencia y la vasta red fronto-parieto-temporal (lesiones cerebrales en las regiones parietales posteroinferiores como fuente de experiencias espirituales[5]), y las experiencias místicas abordadas por Oliver Sacks en su libro Musicofilia, en el caso de Tony Cicoria.

Las experiencias sobrenaturales populares, como la subida del muerto, ahora se ven asociadas a patologías como la narcolepsia a través de sus fenómenos con alucinaciones hipnagógicas (en la transición vigilia-sueño) e hipnopómpicas (en la transición sueño-vigilia), así como la parálisis del sueño (lo que explica la incapacidad para movilizarse, la sensación de opresión, etcétera).

Existen otros trastornos del sueño que llevan consigo confusión y desorientación (epilepsia, terrores nocturnos –en estos últimos hay signos de actividad vegetativa: respiración y latido cardíaco rápidos, sudoración–) a diferencia de los de rápida recuperación del estado orientado y despierto (pesadillas). De forma similar se aprecian los síntomas positivos –alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento, agitación psicomotriz– de la esquizofrenia como manifestaciones de trastornos neurobioquímicos y no como posesiones demoníacas.

Existen patologías como el síndrome de Kleine-Levin, caracterizada por accesos clínicos de hipersomnia, hiperfagia (comen en exceso) e hipersexualidad. Durante los periodos de vigilia pueden ser letárgicos, apáticos e irritables. Aunque se ajuste a la descripción de cierto gato de tiras cómicas, estos casos demuestran las relaciones en el sistema límbico entre las necesidades básicas (instintos): Sexo, sueño, comida.

El sueño de la razón produce monstruos[6].

La serie de grabados Los caprichos, de Francisco de Goya, son la muestra del arte como estética, crítica y alegoría en la línea de los realizados por Durero –y Posadas–.  Freud y Jung rescataron la simbología de los sueños como expresión del inconsciente no atado a las reglas de la moralidad ni de la razón; contrario al sueño lúcido, totalmente espiritual e intelectual de Sor Juana. En El Sueño de la razón produce monstruos de Goya se aprecian búhos, gatos y murciélagos, asociados con la oscuridad por sus hábitos de caza, execrables para la iglesia por relacionarlos con otro tipo de criaturas noctámbulas: hechiceros y brujas.

Sor Juana menciona a las lechuzas que beben el aceite de las lámparas: aceite de oliva, como atributo de la diosa Atenea, un obsequio a los griegos y a los búhos agoreros (ambos estrigiformes) que han permutado sus papeles entre traducciones erróneas y pertenencias a la familia.

Las cosas que vemos –dijo Pistorius con voz apagada– son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente [7].

Paz señala la dicotomía homérica utilizada en Primero Sueño entre las puertas de marfil (los sueños verdaderos) y las puertas de cuerno (los sueños falsos, fantásticos). Los sueños de anábasis también están expresados en la mitología egipcia, a través del vuelo del Ba fuera de la envoltura física. El filósofo taoísta Zhuangzi, mediante su aforismo de la mariposa, plantea una cuestión que a los neurobiólogos les inquieta: ¿El mundo es como lo percibimos? ¿Es ilusión particular de acuerdo al bagaje de experiencias vitales y expectativas de la realidad, a la usanza de Campoamor? En este mundo traidor…

En el poema se tratan los simulacros exteriores transmitidos a la memoria, posteriormente a la fantasía, algo ampliamente tratado en la obra de Proust: la modificación de la memoria a través de la depuración del pasado. ¿Por qué omite Sor Juana el sentido común de los sentidos interiores, como señala Paz? El pragmatismo cotidiano y el intelecto superior tienen una separación artificial.

«Pincel invisible de la fantasía, figuras mentales, sin luz, vistosos colores»[8], en Primero Sueño la armonía superior expresada en una composición poética escrita en silva se ve en las esferas, cuerdas y el movimiento perpetuo en las pinturas de Remedios Varo. Allí se cumple la tercera agnición según Aristóteles: «Cuando uno, al ver algo, se da cuenta».

La luz de la cotidianeidad, de la física clásica, de la última escala según Ficino, encuentra ecos en Duchamp: «Hay colores que son focos luminosos, colores fuertes no sometidos a un mundo exterior. [En Delacroix], una silla, su brazo, beben insaciablemente la luz, el color»[9].

Se señala la luz deslumbrante del conocimiento total, así como el vértigo subsecuente y el final de la visión. Esto recuerda las visiones de Hildegarda de Bingen y su estudio por Oliver Sacks[10] como migraña, debido a la presencia de fosfenos (destellos en el campo visual) interpretados por la única mujer candidata a doctor de la iglesia como estrellas sobre Jerusalén. Retornamos a la percepción, al mundo perfecto de las ideas y al mundo espurio del demiurgo. Tanto Hildegarda de Bingen como Sor Juana abogaron por el conocimiento de las ciencias profanas como camino hacia las divinas.

Gaos señala las dos corrientes entre las que discurrió el pensamiento de Sor Juana: Intuicionismo –corriente agustina y franciscana– como el pensamiento integral, la percepción global, las metáforas; y el Racionalismo discursivo –corriente aristotélica, tomista y suarista[11]–  en cuanto al pensamiento secuencial, al análisis y a la lógica. Hasta la década de los noventa seguía en boga el concepto de la división de funciones de los hemisferios derecho e izquierdo con base en esta dicotomía maniquea, si bien cada hemisferio tiene funciones especializadas, trabajan en conjunto para procesar la información.

Retomando a Giordano Bruno y su alegoría del alma sensible como escalera de Jacob, el hombre no puede recluirse de forma indefinida: el sosiego corporal para la actividad espiritual puede darse en un entorno sensorial rico. El arte es ese nexo entre la ciencia, la filosofía, la religión y la belleza última de las cosas, que, a fin de cuentas, es su realidad. Basta ver la obra de Blake para recordar las categorías de la Lux de Ficino.

«La poesía del siglo XVII usó y abusó de las metáforas científicas casi tanto como de las mitológicas»[12]. Tres años antes de la muerte de Octavio Paz, dos científicos daneses descubrían un nuevo Phylum Cycliophora. Seguramente, Symbion pandora, con su singular ciclo de reproducción a través de sus larvas Prometeo y Pandora, habría hecho sonreír al Nobel y a la Fénix de México.

NOTAS


[1] Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe, 3ª edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1983, p. 475.

[2] Arthur Guyton y John Hall, «Estados de actividad encefálica: sueño; ondas cerebrales; epilepsia; psicosis», en Arthur Guyton y John Hall, Tratado de fisiología médica, 9ª edición, traducción de María José Moreno, México, McGraw-Hill Interamericana, 2000, pp. 825-833.

[3] Joan H. Brown y Taylor Palmer, «Agonistas y antagonistas de los receptores muscarínicos», en Goodman & Gilman, Las bases farmacológicas de la terapéutica, Vol. I, 9ª edición, traducción de José Rafael Blengio Pinto, Bernardo Rivera Muñoz y Santiago Sapiña Renard, México, McGraw-Hill Interamericana, 1996, p. 159.

[4] Rebeca Saxe, et al., Disruption of the right temporoparietal junction with transcranial magnetic stimulation reduces the role of beliefs in moral judgments, Cambridge, Massachusetts, Massachusetts Institute of Technology, 2010. Obtenido de http://www.pnas.org/content/early/2010/03/11/0914826107, consultado el 12 de mayo de 2010.

[5] Franco Fabbro, et al., The Spiritual Brain: Selective Cortical Lesions Modulate Human Self-Transcendence, Neuron, 11 de febrero de 2010. Obtenido de http://www.cell.com/neuron/abstract/S0896-6273%2810%2900052-8, consultado el 12 de mayo de 2010.

[6] Grabado de la serie Los caprichos de Francisco de Goya.

[7] Herman Hesse, Demian.

[8] Sor Juana Inés de la Cruz,  Primero Sueño.

[9] Joseph Barry, Vida y amores de George Sand, 3ª edición, traducción de Leonor Tejada, México, Lasser Press Mexicana, 1980, p. 308.

[10] Oliver Sacks, «Las visiones de Hildegard», en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, 4ª edición, traducción de José Manuel Álvarez Flórez, México, Anagrama, 2003, pp. 212-216.

[11] José Gaos, «El sueño de un sueño», en Historia Mexicana, núm. 37, México, 1960, p. 65.

[12] Octavio Paz, op. cit., p. 487.

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Elizabeth Arriaga Pulido (Cuernavaca, Morelos, 1983), estudió en la Facultad Escuela Superior de Medicina de la Universidad Autónoma de Morelos (UAEM) y continuó sus estudios en el Hospital General de México con la especialidad de Medicina Interna. Paralelamente ha tomado diversos talleres literarios  y actualmente trabaja en un ensayo sobre la evolución de pensamiento humano durante la instrucción académica.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

  1. Una pequeñísima observación: me parece que La ciencia del sueño no es de Godard sino de Michel Gondry

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